domingo, 15 de febrero de 2026

URQUIZA Y LA GENERACIÓN DEL 37

Por José Antonio Artusi

La relación entre Justo José de Urquiza y la denominada “Generación del 37” fue fundamental para la organización nacional de la República Argentina. Echeverría, Alberdi y Gutiérrez, sobre todo, aportaron el marco teórico (los dos segundos también acción), y Urquiza fue el ejecutor que hizo que los ideales de Mayo – libertad, igualdad, progreso - se plasmen en la sabia Constitución de 1853. Se trata de uno de los ejemplos más brillantes de interacción virtuosa y sinérgica entre pensadores que marcan el camino aportando ideas adecuadas para los desafíos del momento histórico y decisores lúcidos y abiertos que las procesan, las aplican y las transforman en praxis con estrategia, paciencia, y férrea voluntad política.

Seis años antes de Caseros, cuando Urquiza todavía era el gobernador de Entre Ríos aliado a Rosas, Esteban Echeverría ya veía en él una alternativa estratégica para terminar con la tiranía del Restaurador de las Leyes coloniales y emprender el camino de la anhelada pero demorada organización nacional.  Desde su exilio en Montevideo, en 1846 Echeverría le envió un ejemplar de su obra cumbre, el “Dogma Socialista”. El mensaje era claro: Echeverría quería que Urquiza comprendiera que la lucha no debía ser entre unitarios contra federales, una dicotomía que él consideraba agotada y que no dejaba ver con claridad la gran contradicción fundamental, vale decir la que se daba entre la libertad contra la tiranía, entre la organización nacional contra la anarquía, entre el atraso colonial contra el progreso y el desarrollo.

En la carta que acompañaba el libro, Echeverría le expresó a Urquiza que solo él contaba con el poder político necesario para liderar un movimiento nacional capaz de unir al pueblo argentino en torno a una síntesis del pensamiento de Mayo, aunando la libertad con el progreso, todo bajo el amparo de una Constitución que asegurase la unidad nacional.

Urquiza fue muy respetuoso con Echeverría, pero en ese momento todavía no estaba listo para romper con Rosas. Sin embargo, no es aventurado pensar en el “Dogma Socialista” como una de las semillas fundamentales de una evolución trascendental en el pensamiento de Urquiza. Echeverría fue uno de los que incidió positivamente y lo ayudó a convencerse de la necesidad de dejar atrás falsos enfrentamientos.

Esteban Echeverría murió el 19 de enero de 1851, muy poco antes del Pronunciamiento. Beatriz Bosch enfatiza que el 1º de mayo de 1851, el mismo día del Pronunciamiento, Urquiza “elimina el lema inicuo de ¡"Mueran los salvajes unitarios!". Inspirábase, sin duda, en los referidos conceptos echeverrianos…”.

Si Echeverría hubiera resistido solo un año más, habría visto a Urquiza entrar triunfante en Buenos Aires tras la Batalla de Caseros. Probablemente, habría sido recibido con los máximos honores en el Palacio San José. Habría sido el abrazo emocionado entre el guerrero victorioso, el estadista visionario, el empresario próspero; con el poeta romántico, el doctrinario progresista de salud quebrada.

Pero Echeverría murió en la pobreza en Montevideo, casi solo. Urquiza no lo olvidó. Esa sensibilidad de Urquiza para con los suyos, incluso con aquellos que solo conoció a través de cartas, muestra una faceta del caudillo que a veces la historia oficial olvida. Echeverría murió dejando a su familia en una situación económica desesperante en Montevideo. Cuando Urquiza asumió el poder y comenzó a organizar la Confederación, no se olvidó del hombre que le había enviado aquel Dogma Socialista. A través de Juan María Gutiérrez, el mejor amigo de Echeverría, Urquiza hizo llegar ayuda financiera a los parientes del poeta. Fue una forma de decirle al mundo que, bajo su mando, el pensamiento no se pagaba con el exilio, sino con gratitud. Urquiza le encargó a Gutiérrez que indagara sobre el paradero de los restos de Echeverría en el Cementerio del Buceo en Montevideo. Lamentablemente, nunca pudieron encontrar sus restos. Urquiza entendió que el mejor monumento para Echeverría eran sus libros. Por eso, apoyó e impulsó a Juan María Gutiérrez para que comenzara a recopilar y publicar las Obras Completas del poeta.

Es curioso pensar que Urquiza, un hombre de campo, de negocios y de batallas, tuvo una delicadeza que los "civilizados" de Buenos Aires —que tanto lo criticaban— a veces no tuvieron. Mientras Sarmiento y Mitre se peleaban con el fantasma de Echeverría por nimiedades de liderazgo intelectual, Urquiza lo honró como al profeta que marcó el camino.

Alberdi lo resumió así: "Echeverría ha tenido la suerte de los que mueren antes de la aurora: no vio el sol, pero sus rayos ya iluminaban su frente."

Tampoco se conocieron personalmente Urquiza y Alberdi, y su amistad y sociedad política se forjó exclusivamente a través de cartas.

Polemizando con Sarmiento, Alberdi dejó en claro el vínculo político e ideológico que se había constituido entre Urquiza y los tres principales exponentes de la Generación del 37, vale decir él mismo, Echeverría y Gutiérrez: "He visto venir al general Urquiza a estas ideas, y por eso he abrazado su autoridad. La fusión política, adoptada por él, como base de su gobierno y de la Constitución, es principio que pertenece al credo de la Asociación de Mayo de 1838; y sería irracional de mi parte, atacar a un gobierno que adoptaba mis principios. Es el general Urquiza el que ha venido a nuestras creencias, no nosotros a las suyas, y lo digo en honor de ambos. Digo nosotros porque los tres redactores de esa creencia se hallan en el campo que usted combate. Echeverría no vive, pero su espíritu está con nosotros, no con usted y tengo de ello pruebas póstumas". Alberdi entiende perfectamente que sin Urquiza las “Bases” no habrían sido más que un libro en una biblioteca chilena.

Beatriz Bosch refiere que “correspondió también al presidente Urquiza la honra de lograr el reconocimiento de nuestra independencia por la madre patria. Con ese intento su canciller Juan María Gutiérrez imparte instrucciones precisas al ministro acreditado en Europa Juan Bautista Alberdi. El autor de Bases cumple su cometido en fecha simbólica. El 9 de julio de 1859.”

Al que sí pudo Urquiza conocer personalmente y trabajar codo a codo fue a Juan María Gutiérrez, que de esa manera fue un puente clave entre el pensamiento de la Generación del 37 y su gestión de gobierno. Tras la caída de Rosas, Gutiérrez se integró activamente a la vida política de la Confederación. Fue uno de los redactores de la Constitución de 1853 y ministro de Relaciones Exteriores del presidente Urquiza.

A Urquiza jamás le corresponderá el anatema que Carlos Matus dedicó a buena parte de las dirigencias latinoamericanas del siglo XX: “No saben que no saben”. Consciente de sus límites, supo reconocer el talento de los grandes pensadores, supo nutrirse de sus mejores ideas, supo evolucionar, supo que había que tecnificar la política y politizar la técnica; y tuvo el coraje, la lucidez y el sentido estratégico que se precisaban para legarnos la tan ansiada Organización Nacional.     

 

Fuentes:

Bosch, Beatriz. Urquiza y su tiempo. Buenos Aires : EUDEBA, 1971.

Mayer, Jorge M. Alberdi y su tiempo. Buenos Aires : Sudamericana, 1963.

Weinberg, Félix. "La Asociación de Mayo y el Dogma Socialista." En Polémica. Primer Historia Argentina Integral . Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1970.

 

Publicado en el diario La Calle el 1º de febrero de 2026.  

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JUAN MARÍA GUTIÉRREZ

Por José Antonio Artusi

Juan María Gutiérrez nació en Buenos Aires el 6 de mayo de 1809 y murió en su ciudad natal el 26 de febrero de 1878. Estudió ingeniería y derecho, y a los 27 años se graduó de doctor en jurisprudencia. Sus intereses fueron amplios, a punto tal que en una carta a Sarmiento le dirá: “Afortunadamente tengo un carácter maleable y siempre me fue tan halagüeño el abrir un libro de poesía como otro de matemáticas”. Su amigo Juan Bautista Alberdi lo caracterizó diciendo que “no había nacido para político, pero le tocó serlo y ejerció tanto influjo en la política como en las letras de su país”.

Comenzó a trabajar como agrimensor e ingeniero en el Departamento Topográfico a la vez que colaboraba en diversas publicaciones con críticas literarias y traducciones. Junto a Esteban Echeverría y Juan Bautista Alberdi integró un grupo de intelectuales que sería conocido como la Generación del 37. En su alocución en el Salón Literario señaló: “No olvidemos que nuestros tesoros naturales se hallan ignotos, esperando la mano hábil que los explote; la mano benéfica que los emita el comercio y los aplique a las artes y a la industria; que la formación y origen de nuestros ríos (…) aún son inciertos y problemáticos, que la tierra fértil, virgen, extensa, pide cultivo, pero cultivo inteligente, y, en fin, que las ciencias exigen ser estudiadas con filosofía, cultivadas con sistema…”.

Fue cesanteado y encarcelado por la tiranía rosista. Tras permanecer cuatro meses encarcelado, en 1840 debió partir al exilio en Montevideo. Allí siguió participando en publicaciones literarias y trabajó como topógrafo e ingeniero. En 1843 emprendió un viaje a Europa junto a Alberdi y posteriormente se radicó en Valparaíso. En su etapa chilena se dedicó a la docencia, siguió escribiendo y fue el primer director de la Escuela Náutica.

Tras la caída de Rosas retornó al país y se vinculó con Urquiza, con quien entabló una fructífera relación. El gobernador interino de la provincia de Buenos Aires, Vicente López y Planes lo designó ministro de Gobierno. En su breve gestión, que duró sólo dos meses, alcanzó logros significativos: organizó el Departamento Topográfico, creó la cátedra de estadística de la Universidad, y estableció el Consejo de Obras Públicas. Como ministro defendió ardorosamente el Acuerdo de San Nicolás, contra los embates de Mitre y Vélez Sarsfield. En la Sala de Representantes expresó que Urquiza había “pesado las medidas y los medios que tienen los pueblos para formar la confederación argentina, para constituirse; y pesado todos los antecedentes, ha dado la única forma que en estos momentos se puede dar a la República Argentina, sin perdonar medio alguno para constituirla, que es a lo que todos aspiramos. Para este objeto preciso es que haya alguna fuerza, un modo sin el cual nada haríamos. Todos nuestros males, en cuanto a la organización, provienen de la falta de un poder, de una fuerza que atase y diese consistencia a los elementos esparcidos. Estas son las circunstancias —recalcó— que no tenemos que perder de vista un momento. Cualquiera otro camino que se pretenda tomar, aunque sembrado de las flores más fragantes, haría imposible la organización y cuando digo imposible es que creo que de ese modo sería lanzar a la sociedad en la anarquía más espantosa”.

El 25 de mayo de 1852 estuvo entre los fundadores del Club del Progreso, “una asociación que se denominó con palabra que fue dogma sagrado en Mayo de 1810, bandera ideológica en la inauguración del Salón Literario, escudo de caballero cruzado por santa causa para los jóvenes de la Asociación de Mayo: Progreso. Mágica palabra recordada por Alberdi, Gutiérrez y Echeverría, durante toda su juventud, en conferencias, estudios y versos vibrantes”, tal como lo evoca María Schweistein de Reidel. Ese día recitó un poema en honor al vencedor de Caseros.

Fue convencional constituyente por la provincia de Entre Ríos en Santa Fe en 1853. Si Alberdi fue el proyectista principal de aquella sabia Constitución, que recogía no pocos antecedentes de la rechazada Constitución de 1826, podríamos decir que Gutiérrez fue el director de obra, junto a José Benjamín Gorostiaga.  

Instalado Urquiza como el primer presidente constitucional, el 5 de marzo de 1854, designó a Gutiérrez como ministro de Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina. Ejerció esa alta responsabilidad hasta el 1º de agosto de 1856. Le cupo el honor - junto a Alberdi, a quien le encargó las gestiones diplomáticas en el Viejo Mundo - de haber iniciado e inspirado el proceso que desembocó en el reconocimiento por parte del reino de España de la independencia argentina, en tratados que se firmaron en 1859 y se ratificaron en 1863.

María Schweistein de Reidel recuerda que Gutiérrez, “con ayuda de Alberdi, ejecutor en el extranjero de los pensamientos del Poder Ejecutivo de la Confederación, de Urquiza, y del gobernador de Santa Fe, Gutiérrez comenzó a fomentar la inmigración. En 1856 se fundó la Colonia Esperanza (Santa Fe) y al año siguiente, Urquiza estableció la Colonia San José (Entre Ríos). Desde su Ministerio, Gutiérrez inspiró un decreto extraño a los resortes de la diplomacia: estableció un premio al autor de la mejor memoria sobre clasificación de tierras públicas y leyes que reglamentaran esa clasificación”, a la vez que resalta que “en el transcurso del mismo año dictó un decreto sobre la construcción de un ferrocarril trasandino de acuerdo con el gobierno de Chile, y meses antes había contratado los estudios para la realización del Ferrocarril del Rosario a Córdoba. Navegación, comercio, ferrocarriles, colonización y aún establecimiento de nuevas industrias, fueron constantes preocupaciones para Gutiérrez. Las funciones a que le llamaron los urgentes problemas económicos de la patria fueron más vastas que la limitación que le impuso el título diplomático del Ministerio. No escatimó esfuerzos y conocimientos para llevar a buen fin tareas a primera vista ajenas a su jurisdicción”.

Entre 1858 y 1860 fue diputado nacional por la provincia de Santiago del Estero y al año siguiente fue designado rector de la Universidad de Buenos Aires, cargo que ejerció entre 1861 y 1873. Su progresista gestión es recordada por la creación del Departamento de Ciencias Exactas y la incorporación de profesores europeos. También presentó proyectos para la creación de la Facultad de Química y Farmacia y las escuelas de Agricultura, de Comercio y de Náutica; preparó el reglamento universitario y propuso que la enseñanza sea gratuita. Instauró un nuevo plan de enseñanza y en 1871 se realizó la primera reforma universitaria.

Entre 1870 y 1873 fue convencional en la Asamblea Constituyente de la provincia de Buenos Aires. En 1875 fue designado jefe del Departamento de Escuelas de la Provincia, cargo desde el que proyectó escuelas de agricultura, comercio y náutica.

La producción bibliográfica de Gutiérrez es vasta y heterogénea. Escribió desde críticas literarias hasta poesías y biografías de personajes históricos, pasando por estudios sobre las culturas indígenas y trabajos científicos en disciplinas diversas.     

 

Fuentes:

"Gutiérrez, Juan María ." Cámara de Diputados de la Nación. n.d. https://apym.hcdn.gob.ar/biografias/1104.

"Juan María Gutiérrez." Biblioteca del Congreso. n.d. https://bcn.gob.ar/algunas-paginas-en-las-colecciones-especiales/juan-maria-gutierrez.

Schweistein de Reidel , María. Juan María Gutiérrez. La Plata: Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata, 1940.

 

Publicado en el diario La Calle el 25 de enero de 2026.

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