Por José Antonio Artusi
Juan María
Gutiérrez nació en Buenos Aires el 6 de mayo de 1809 y murió en su ciudad natal
el 26 de febrero de 1878. Estudió ingeniería y derecho, y a los 27 años se graduó
de doctor en jurisprudencia. Sus intereses fueron amplios, a punto tal que en
una carta a Sarmiento le dirá: “Afortunadamente tengo un carácter maleable y
siempre me fue tan halagüeño el abrir un libro de poesía como otro de
matemáticas”. Su amigo Juan Bautista Alberdi lo caracterizó diciendo
que “no había nacido para político, pero le tocó serlo y ejerció tanto
influjo en la política como en las letras de su país”.
Comenzó a trabajar como
agrimensor e ingeniero en el Departamento Topográfico a la vez que colaboraba en
diversas publicaciones con críticas literarias y traducciones. Junto a Esteban
Echeverría y Juan Bautista Alberdi integró un grupo de intelectuales que sería
conocido como la Generación del 37. En su alocución en el Salón Literario
señaló: “No olvidemos que nuestros tesoros naturales se hallan ignotos,
esperando la mano hábil que los explote; la mano benéfica que los emita el
comercio y los aplique a las artes y a la industria; que la formación y origen
de nuestros ríos (…) aún son inciertos y problemáticos, que la tierra fértil,
virgen, extensa, pide cultivo, pero cultivo inteligente, y, en fin, que las
ciencias exigen ser estudiadas con filosofía, cultivadas con sistema…”.
Fue cesanteado y
encarcelado por la tiranía rosista. Tras permanecer cuatro meses encarcelado, en
1840 debió partir al exilio en Montevideo. Allí siguió participando en publicaciones
literarias y trabajó como topógrafo e ingeniero. En 1843 emprendió un viaje a
Europa junto a Alberdi y posteriormente se radicó en Valparaíso. En su etapa
chilena se dedicó a la docencia, siguió escribiendo y fue el primer director de
la Escuela Náutica.
Tras la caída de
Rosas retornó al país y se vinculó con Urquiza, con quien entabló una
fructífera relación. El gobernador interino de la provincia de Buenos Aires,
Vicente López y Planes lo designó ministro de Gobierno. En su breve gestión,
que duró sólo dos meses, alcanzó logros significativos: organizó el
Departamento Topográfico, creó la cátedra de estadística de la Universidad, y estableció
el Consejo de Obras Públicas. Como ministro defendió ardorosamente el Acuerdo
de San Nicolás, contra los embates de Mitre y Vélez Sarsfield. En la Sala de
Representantes expresó que Urquiza había “pesado las medidas y los medios
que tienen los pueblos para formar la confederación argentina, para
constituirse; y pesado todos los antecedentes, ha dado la única forma que en
estos momentos se puede dar a la República Argentina, sin perdonar medio alguno
para constituirla, que es a lo que todos aspiramos. Para este objeto preciso es
que haya alguna fuerza, un modo sin el cual nada haríamos. Todos nuestros
males, en cuanto a la organización, provienen de la falta de un poder, de una
fuerza que atase y diese consistencia a los elementos esparcidos. Estas son las
circunstancias —recalcó— que no tenemos que perder de vista un momento.
Cualquiera otro camino que se pretenda tomar, aunque sembrado de las flores más
fragantes, haría imposible la organización y cuando digo imposible es que creo
que de ese modo sería lanzar a la sociedad en la anarquía más espantosa”.
El 25 de mayo de
1852 estuvo entre los fundadores del Club del Progreso, “una asociación que
se denominó con palabra que fue dogma sagrado en Mayo de 1810, bandera
ideológica en la inauguración del Salón Literario, escudo de caballero cruzado
por santa causa para los jóvenes de la Asociación de Mayo: Progreso. Mágica
palabra recordada por Alberdi, Gutiérrez y Echeverría, durante toda su
juventud, en conferencias, estudios y versos vibrantes”, tal como lo evoca María
Schweistein de Reidel. Ese día recitó un poema en honor al vencedor de Caseros.
Fue convencional
constituyente por la provincia de Entre Ríos en Santa Fe en 1853. Si Alberdi
fue el proyectista principal de aquella sabia Constitución, que recogía no
pocos antecedentes de la rechazada Constitución de 1826, podríamos decir que
Gutiérrez fue el director de obra, junto a José Benjamín Gorostiaga.
Instalado Urquiza como
el primer presidente constitucional, el 5 de marzo de 1854, designó a Gutiérrez
como ministro de Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina. Ejerció
esa alta responsabilidad hasta el 1º de agosto de 1856. Le cupo el honor -
junto a Alberdi, a quien le encargó las gestiones diplomáticas en el Viejo
Mundo - de haber iniciado e inspirado el proceso que desembocó en el
reconocimiento por parte del reino de España de la independencia argentina, en
tratados que se firmaron en 1859 y se ratificaron en 1863.
María Schweistein
de Reidel recuerda que Gutiérrez, “con ayuda de Alberdi, ejecutor en el
extranjero de los pensamientos del Poder Ejecutivo de la Confederación, de
Urquiza, y del gobernador de Santa Fe, Gutiérrez comenzó a fomentar la
inmigración. En 1856 se fundó la Colonia Esperanza (Santa Fe) y al año
siguiente, Urquiza estableció la Colonia San José (Entre Ríos). Desde su
Ministerio, Gutiérrez inspiró un decreto extraño a los resortes de la
diplomacia: estableció un premio al autor de la mejor memoria sobre
clasificación de tierras públicas y leyes que reglamentaran esa clasificación”,
a la vez que resalta que “en el transcurso del mismo año dictó un decreto
sobre la construcción de un ferrocarril trasandino de acuerdo con el gobierno
de Chile, y meses antes había contratado los estudios para la realización del
Ferrocarril del Rosario a Córdoba. Navegación, comercio, ferrocarriles,
colonización y aún establecimiento de nuevas industrias, fueron constantes
preocupaciones para Gutiérrez. Las funciones a que le llamaron los urgentes
problemas económicos de la patria fueron más vastas que la limitación que le
impuso el título diplomático del Ministerio. No escatimó esfuerzos y
conocimientos para llevar a buen fin tareas a primera vista ajenas a su
jurisdicción”.
Entre 1858 y 1860
fue diputado nacional por la provincia de Santiago del Estero y al año
siguiente fue designado rector de la Universidad de Buenos Aires, cargo que
ejerció entre 1861 y 1873. Su progresista gestión es recordada por la creación del
Departamento de Ciencias Exactas y la incorporación de profesores europeos. También
presentó proyectos para la creación de la Facultad de Química y Farmacia y las
escuelas de Agricultura, de Comercio y de Náutica; preparó el reglamento
universitario y propuso que la enseñanza sea gratuita. Instauró un nuevo plan
de enseñanza y en 1871 se realizó la primera reforma universitaria.
Entre 1870 y 1873 fue
convencional en la Asamblea Constituyente de la provincia de Buenos Aires. En
1875 fue designado jefe del Departamento de Escuelas de la Provincia, cargo
desde el que proyectó escuelas de agricultura, comercio y náutica.
La producción
bibliográfica de Gutiérrez es vasta y heterogénea. Escribió desde críticas
literarias hasta poesías y biografías de personajes históricos, pasando por estudios
sobre las culturas indígenas y trabajos científicos en disciplinas diversas.
Fuentes:
"Gutiérrez, Juan María ." Cámara de Diputados de la Nación.
n.d. https://apym.hcdn.gob.ar/biografias/1104.
"Juan María Gutiérrez." Biblioteca del Congreso.
n.d.
https://bcn.gob.ar/algunas-paginas-en-las-colecciones-especiales/juan-maria-gutierrez.
Schweistein de Reidel , María. Juan María Gutiérrez.
La Plata: Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad
Nacional de La Plata, 1940.
Publicado en el diario
La Calle el 25 de enero de 2026.

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