sábado, 24 de enero de 2026

ESTEBAN ECHEVERRÍA

Por José Antonio Artusi

José Esteban Antonio Echeverría Espinosa nació en Buenos Aires el 2 de septiembre de 1805 y murió en Montevideo a los 45 años, víctima de la tuberculosis, el 19 de enero de 1851.

Fue uno de los escritores y poetas argentinos más talentosos del siglo XIX. Se lo considera el introductor del romanticismo en nuestro país, tras regresar de París, donde cursó diversos estudios entre 1825 y 1830. Pero fue también un pensador que se dedicó a cuestiones políticas y económicas. Integró un grupo de intelectuales y políticos que fue conocido como la Generación del 37, junto a Juan Bautista Alberdi y Juan María Gutiérrez, con quienes entabló una estrecha amistad y una postura ideológica común. Participó en el Salón Literario, tertulia creada por Marcos Sastre para debatir cuestiones culturales que no excluían la política. Félix Weinberg señala que “hizo Echeverría, desde esa tribuna y por vez primera en el país, un minucioso inventario de los factores negativos que en los más diversos ámbitos frenaban el progreso nacional al tiempo de verificar el divorcio enorme entre los propósitos transformadores de la Revolución de Mayo y la agobiante realidad, perduración de la Colonia”. Obviamente, Rosas no pudo tolerar la osadía de esos jóvenes comprometidos y mandó cerrar el Salón Literario en enero de 1838. El 23 de junio de ese año se realizó una reunión en la que se resolvió crear una nueva entidad, abiertamente política, a la que se denominó Asociación de la Joven Generación Argentina. Echeverría fue designado presidente y se le encomendó redactar un texto que condensara la doctrina del grupo. La primera versión de ese documento, denominada “Código”, apareció en el periódico El Iniciador de Montevideo en 1839. La Asociación había dejado de funcionar a fines de 1838, para evitar la represión del régimen rosista.  Weinberg recuerda que, ya en el exilio, “reeditó Echeverría en Montevideo el texto - un tanto retocado – del Código, al que ahora rebautizó con el nombre de Dogma Socialista, el cual, dicho sea de paso, apareció entonces por vez primera en forma de libro… Con la publicación del Dogma Socialista en setiembre de 1846 se cierra virtualmente el periplo de la Asociación de la Joven Generación Argentina. Según parece, Echeverría en ese momento intentó revivirla en Montevideo, pero no tuvo éxito”.                       

Beatriz Bosch señala que “el 19 de septiembre de 1846 Esteban Echeverría envía a Urquiza el recién aparecido Dogma Socialista, junto con una epístola incitadora. Ha de saludarlo cual “primer grande hombre de la República Argentina”, si llega a ponerse al frente de un partido nacional, a equidistancia de unitarios y federales. Que reactualice los principios democráticos de Mayo e instaure un sano régimen federativo basado en la soberanía e independencia de cada provincia. Que fortalezca el sistema municipal y garantice la fraternidad, la libertad, y la igualdad de derechos y deberes en todos y cada uno de los miembros de la familia argentina.” Pocas veces en nuestra historia un intelectual ha asesorado de manera tan brillante a un decisor político. Weinberg expresa que “Urquiza no respondió entonces; lo hizo unos años más tarde, con el Pronunciamiento y la campaña contra Rosas que culminó en Caseros. Echeverría falleció el 19 de enero de 1851 en Montevideo; no pudo, por lo tanto, verificar lo que fue una verdadera profecía suya. Los ideales de la Asociación orientada por Echeverría sobrevivieron en las Bases de Alberdi y en la laboriosa actividad de Gutiérrez, diputado del Congreso que en 1853 sancionó la Constitución Nacional. La Argentina moderna cuenta a Echeverría entre sus más tempranos y lúcidos propulsores”.    

Si, por lo antedicho, el pensamiento político de Echeverría es más o menos conocido, es mucho menos extendido el conocimiento del carácter y la significación que tuvieron sus ideas en materia de política económica. Héctor Raúl Sandler considera que “fue don Alfredo L. Palacios quien tuvo el acierto de designar a Esteban Echeverría “albacea” del pensamiento de Mayo… Por la fineza de su espíritu pudo catar Echeverría el pensamiento de Mayo como ningún otro. Pero vio también que el impulso de esta fuerza era inviable por causa del paralizante enfrentamiento entre unitarios y federales”. A la luz de este planteo, podríamos afirmar que Esteban Echeverría fue quien vio primero y con más lucidez ese enfrentamiento que en otra columna hemos denominado la gran “falsa contradicción fundamental” de la Argentina del siglo XIX. Continúa Sandler señalando que “a partir de esta comprensión y convicción aplicó todas sus energías espirituales en la tarea de bocetar los principios de orden a los que deberían ceñirse nuestras instituciones para que aquella fuerza, que impulsaba la emergencia de una patria diferente, alcanzar a ser una efectiva nueva nación en el mundo. En términos breves digamos que Echeverría fue propulsor de la democracia social argentina. NO cualquier democracia. Una que era posible para toda la humanidad, pero cuyo modelo ejemplar nosotros debíamos iniciar. Una democracia social de individuos muy individuales (si se me permite la expresión), en la que pudieran ser libre en todas las esferas de la vida, tratadas sin excepción en un pie de igualdad, y sobre todo, vivir unidos por un sentimiento fraternal. Con ese fin dedicó sus máximos esfuerzos – incluyendo sus obras literarias y poesías – a pensar sobre esos principios institucionales. La mayoría de ellos, vía el legado que cumplieran hombres como Juan Bautista Alberdi, fueron receptados en la Constitución de 1853. Sin embargo, este autor nos advierte acerca de la falta de atención que mereció el pensamiento económico de Echeverría: “uno de sus principios - quizás el más fundamental -… fue descuidado. Es posible que en los 1860 no pudiera ser receptado por falta de suficiente comprensión por parte de los hombres de la época, por dificultades materiales de toda índole o por el afán de hacer rápido a la nación, aunque sea mal, pero hacerla. Esta omisión no se sintió en las primeras décadas de vida institucional; pero a poco andar comenzaron a notarse sus efectos. Efectos que como bola de nieve se han ido agravando hasta llevar a la Argentina a situaciones que nadie alcanza a comprender. La omisión del principio rector imaginado por Echeverría generó el drama social argentino. Drama que en ocasiones se ha transformado en situaciones trágicas muy difíciles de superar. Mientras no sea encarnado en nuestro orden institucional no sólo le será difícil recuperarse a la Argentina sino que le será imposible evitar males mayores. El principio de orden social a que nos referimos, … fue proclamado por Echeverría en este lacónico y acertado artículo:

“El impuesto territorial es entre todos el más seguro, el más fácil de establecer, el que menos dificultad presenta para su recaudación y el que proporciona al Estado una renta fija”.

El párrafo pertenece a un texto incluido en sus Obras Completas denominado “Economía política. La contribución territorial”, en el que también dice que “entre nosotros la propiedad raíz ahora pocos años no tenía valor alguno, y a medida que la población ha ido extendiéndose en nuestros campos y explotándolos, ha ido tomando valor. Las tierras baldías y sin valor son nuevos agentes que deben ponerse en manos del hombre de industria para que sucesivamente pueda convertirse en riqueza esa tierra y demás agentes naturales de aquella. Aplicados los principios económicos a la propiedad territorial de nuestro país deben sufrir mil modificaciones aún en los impuestos”.   

Echeverría ve mucho más allá y más nítido que sus contemporáneos: “Verdad es que los campos y haciendas han tomado después de la revolución un valor infinitamente mayor que el que antes tenían, merced a la libertad de comercio; pero este valor no es debido a ninguna transformación en la cría de animales ni en los productos de nuestra industria, sino a la concurrencia del estrangero en demanda de esos frutos, y al aprecio y estimación que de ellos hace. Debemos esa riqueza, más a la naturaleza que a nuestra industria y trabajo”.

Pero, además, anticipándose a las taras proteccionistas y aislacionistas, señala con visión de futuro que “la industria que no se vale activamente a sí misma para producir, no es industria, es el apetito del salvaje que sólo se mueve para recoger el fruto o perseguir la caza”. Es imposible no sentirse tentado a agregar “en el zoológico”. Continúa Esteban Echeverría: “Por lo demás, lo que la industria requiere para prosperar no son restricciones y trabas sino fomento y libertad. Cada hombre puede ejercer la que le parezca y del modo que le convenga, con tal que no dañe el derecho de otro, que también lo tiene para gozar de la misma libertad. Otorgar privilegios, poner restricciones es destruir la igualdad y la libertad, sofocar las facultades del hombre violar un derecho sagrado, suyo, y atentar a la más sagrada de las propiedades, su sudor, su trabajo personal”.

Héctor Sandler se lamenta de que “este gran principio de orden, base necesaria para una economía de mercado en libre concurrencia y de una economía pública solvente, no fue receptado por la legislación dictada para concretar los mandatos de la Constitución Nacional de 1853 – 60. En consecuencia, la constitución del país real resultó, desde un principio, distinta a la diseñada y programada en nuestra magnífica ley fundamental”.

Sandler concluye que “tomar conciencia de los efectos del olvido de la institución recomendada por Echeverría es el primer paso, inevitable, para iniciar la reconstrucción de la Argentina”.

Por “impuesto territorial” Echeverría se refiere según el mencionado autor a aquel tributo que grava el valor del suelo, independientemente de cualquier mejora o construcción que su propietario desarrolla sobre él. No es otra cosa que un intento del Estado por recuperar lo que ha sido generado por el esfuerzo de la comunidad, o sea la valorización del suelo, a la par que se mantiene lo menos gravado posible -idealmente no gravado en absoluto - el fruto del trabajo y de la inversión de capital, que por otra parte no es más que trabajo acumulado. El pensamiento económico de Echeverría se inscribe de esta manera en una egregia tradición, que va desde los fisiócratas franceses y los liberales clásicos británicos, cuyo pensamiento fue receptado aquí por Belgrano y Rivadavia, hasta   economistas y políticos que intentaron rescatar y valorar ese legado doctrinario desde el siglo XIX hasta nuestros días      

Culminemos dejando que Echeverría nos vuelva a hablar con sus propias palabras:

“… el recurso precario de las importaciones y exportaciones estranjeras. Además, este impuesto indirecto no solo es precario sino monstruosamente injusto por que recae principal mente sobre el mayor número de consumidores, sobre los pobres. ¿Pero cuándo nuestros gobiernos, nuestros legisladores se han acordado del pueblo, de los pobres? ¿Cuándo han echado una mirada compasiva a su miseria, a sus necesidades, a su ignorancia, a su industria? Nada, absolutamente nada han hecho por él, y antes al contrario, parece haberse propuesto tratarlo como a un enjambre el ilotas o siervos”.

“Los habitantes de nuestra campaña han sido robados, saqueados, se les ha hecho matar por millares en la guerra civil. Su sangre corrió en la de la independencia, la han defendido, la defenderán, y todavía se les recarga con impuestos, se les ponen trabas a su industria, no se les deja disfrutar tranquilamente de su trabajo ni de su propiedad... Se ha proclamado la igualdad y ha reinado la desigualdad más espantosa: se ha gritado libertad y ella sólo ha existido para un cierto número; se han dictado leyes, y estas sólo han protegido al poderoso. Para el pobre no hay leyes, ni justicia, ni derechos individuales, sino violencia, sable, persecuciones, injustas. Él ha estado siempre fuera de la ley”.

“Y a juzgar por los resultados que han dejado en pos de sí, ¿cómo calificar la imperturbable serenidad e impavidez conque tantos hombres vulgares se han sentado en la silla del poder y arrastrado la pompa de las dignidades? ¿Se creyeron muy capaces, o pensaron que eso de gobernar y dictar leyes no requiere estudio ni reflexión y es idéntico a cualquier negocio de la vida común? La silla de poder, señores, no admite medianía, porque la ignorancia y errores de un hombre pueden hacer cejar de un siglo a una nación y sumirla en un piélago de calamidades. La ciencia del estadista debe ser completa, porque la suerte de los pueblos gravita en sus hombros”.

“No hay igualdad, donde la clase rica se sobrepone, y tiene más fueros que las otras. Donde cierta clase monopoliza los destinos públicos. Donde el influjo y el poder paraliza para unos la acción de la ley, y para otros la robustece. Donde sólo los partidos, no la Nación son soberanos. Donde las contribuciones no están igualmente repartidas, y en proporción a los bienes e industria de cada uno. Donde la clase pobre sufre sola las cargas sociales más penosas, como la milicia, etc. Donde el último satélite del poder puede impunemente violar la seguridad y la libertad del ciudadano. Donde las recompensas y empleos no se dan al mérito probado por hechos. Donde cada empleado es un mandarín, ante quien debe inclinar la cabeza el ciudadano. Donde los empleados son agentes serviles del poder, no asalariados y dependientes de la Nación. Donde los partidos otorgan a su antojo títulos y recompensas. Donde no tienen merecimientos el talento y la probidad, sino la estupidez rastrera y la adulación. Es también atentatorio a la igualdad, todo privilegio otorgado a corporación civil, militar o religiosa, academia o universidad; toda ley excepcional y de circunstancias.”

“La libertad es el derecho que cada hombre tiene para emplear sin traba alguna sus facultades en el conseguimiento de su bienestar, y para elegir los medios que puedan servirle a este objeto. El libre ejercicio de las facultades individuales no debe causar extorsión ni violencia a los derechos de otro. No hagas a otro lo que no quieras te sea hecho: la libertad humana no tiene otros límites.”

“El Estado, como cuerpo político, no puede tener una religión, porque no siendo persona individual, carece de conciencia propia”.         

 

Fuentes:

Bosch, Beatriz. "Urquiza o la Constitución." En Polémica. Primera Historia Argentina Integral. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1970.

Echeverría, Esteban. Obras completas. Buenos Aires: Carlos Casavalle Editor, 1874.

Sandler, Héctor Raúl. A la búsqueda del tesoro perdido. Buenos Aires: ICE, 2008.

Weinberg, Félix. "La Asociación de Mayo y el Dogma Socialista." En Polémica. Primer Historia Argentina Integral . Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1970.


Publicado en el diario La Calle el 11 y el 18 de enero de 2026.

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