domingo, 3 de mayo de 2020

UNA SALIDA INTELIGENTE Y ORDENADA DE LA CUARENTENA

La cuarentena en la Provincia de Entre Ríos ha tenido hasta ahora un resultado positivo en la contención de la propagación de la pandemia de Covid-19. Pero también ha tenido, y seguirá teniendo en el futuro, impactos colaterales negativos tanto desde el punto vista sanitario como económico y social, deterioro que a su vez repercutirá luego indefectiblemente en las condiciones de salud y de calidad de vida de nuestra población. 
Urge por lo tanto implementar gradualmente una mecanismo inteligente y ordenado de flexibilización de la cuarentena, una transición planificada que evite una salida anárquica por parte de la sociedad, ante la imperiosa necesidad de buscar alternativas que morigeren la ya preocupante caída en los niveles de empleo, ingresos y actividad económica. 
Entre Ríos tiene registrados oficialmente hasta el día 2 de Mayo sólo 27 casos positivos, localizados en 9 departamentos (10 localidades). 8 departamentos y la enorme mayoría de las localidades no presentan casos confirmados. 5 permanecen en estudio y 591 ya han sido descartados; en tanto que en total se han estudiado 623 casos. Realidades diferentes y heterogéneas, desde el punto de vista territorial, demográfico, sanitario, social, habitacional, etc. no pueden abordarse con instrumentos homogéneos. Medidas uniformes aplicadas de manera generalizada en todo el territorio nacional pudieron tener sentido en una primera etapa, pero ya es hora de aplicar herramientas más sofisticadas, aplicadas a las exigencias que se derivan de las peculiaridades de cada territorio, en la escala provincial, departamental, local, e incluso barrial. 
Una pandemia y sus consecuencias son asuntos demasiado graves para mirarlos con el lente reduccionista de cualquier especialidad, por valiosa que sea. Aún al interior de la salud pública y la medicina, parecería que no estamos viendo los impactos negativos causados por la cuarentena en el agravamiento de otras patologías, tales como las enfermedades cardiovasculares – la principal causa de muerte en nuestro país – como consecuencia de diagnósticos o terapias que no se realizan a tiempo. Y obviamente no puede dejarse de considerar el impacto negativo en los determinantes sociales de la salud que causará el agravamiento de la crisis económica como consecuencia de las restricciones que la cuarentena impone a muchas actividades. 
Es por eso que se impone una mirada más amplia, que articule con sentido práctico las perspectivas de diversas disciplinas, evalúe costos y beneficios, determine el balance del intercambio de problemas que siempre está implícito en la acción de gobierno, y de la que se desprendan decisiones efectivas y eficientes, articulando de manera coherente todos los sectores y niveles del gobierno. 
Entre Ríos tiene en este sentido varias ventajas: 
1.- Su condición de territorio cuasi insular, que durante décadas le jugó en contra y condicionó negativamente sus posibilidades de desarrollo (junto a la vigencia de absurdas hipótesis de conflicto con Brasil, digamos todo), puede en esta ocasión ser un elemento a favor. Es posible controlar de manera muy estricta y rigurosa los accesos a la provincia. Si el virus entra, se lo puede rastrear, identificar a las personas contagiadas y a sus contactos y aislarlas preventivamente. 
2.- Hay pocos casos, sólo 27 hasta ahora, y ningún muerto. 
Se impone por lo tanto que comencemos a implementar una transición desde esta cuarentena medieval, indiscriminada, hacia esquemas más flexibles y adecuados a cada realidad territorial. Debe haber un plan provincial para esta nueva etapa, pero también acciones específicas y diferenciadas a escala departamental, local, y hasta barrial. 
Dado que no podemos cuidarnos ni protegernos de lo que no conocemos, y hacerlo de manera indiscriminada es demasiado costoso, un componente esencial de ese plan consiste en continuar e incrementar el programa de testeos, rastreando los contactos de todas las personas infectadas y realizando tests PCR, así como a todos los casos sospechosos que estén o ingresen a la provincia. A tal efecto deberían disponerse postas sanitarias en todos los accesos al territorio provincial y conformarse equipos de salud abocados a rastrear la totalidad de los posibles contactos de las personas infectadas, a los efectos de su identificación y testeo. Esos equipos podrían estar dirigidos por profesionales e integrados por agentes sanitarios y de ser necesario también por estudiantes avanzados de ciencias de la salud. También debería planificarse un muestro en todo el territorio provincial, con tests serológicos en muestras poblacionales representativas, lo que permitiría, junto a los resultados de los tests PCR, tener un panorama global más certero de la situación epidemiológica. 
Especial atención debería prestarse a las personas de mayor riesgo, no sólo por razones de edad, sino también por presentar patologías pre-existentes o por pertenecer a grupos de por sí vulnerables en función de déficits sociales y habitacionales (villas y asentamientos) o estar expuestos en mayor medida a riesgos de contagio (personal de salud, de seguridad, de geriátricos, etc.). Es necesario informar con claridad a la población que - por ejemplo – una persona de 40 años desocupada, con diabetes, que vive en una vivienda precaria de un asentamiento presenta mayor riesgo que una persona de 70 años con ingresos medios y estables que vive en una vivienda adecuada. En este sentido cabe alertar acerca de la urgencia de promover acciones concretas para mejorar en la emergencia las condiciones de los más de 400 barrios populares relevados por el Renabap en nuestra provincia (villas y asentamientos), en términos de acceso a agua potable y saneamiento, a energía segura, gestión de residuos, etc. También urge reglamentar y aplicar sin demora el artículo 24 de la Constitución Provincial, que garantiza el derecho a la alimentación y a un ingreso mínimo indispensable para la subsistencia. 
Las campañas de información deberían poner énfasis en la necesidad de no discontinuar tratamientos ni diagnósticos de enfermedades crónicas (cardiovasculares, oncológicas, respiratorias, etc.). En todos los niveles deberían identificarse las actividades económicas que podrían reiniciarse, con la elaboración e implementación de estrictos protocolos de higiene y bioseguridad, tanto para trabajadores como para clientes y proveedores. 
Las condiciones de seguridad en el espacio público a los fines recreativos y en los sistemas de transporte público también deberían enumerarse y exigirse de manera rigurosa. Una especial atención debería darse a la cuestión de la seguridad vial. Sería razonable no naturalizar que debemos volver a una supuesta “normalidad” de una pandemia que causó 19 muertos por día el año pasado en la Argentina. La pandemia y la cuarentena podrían en este sentido aprovecharse como una oportunidad para retomar muchas actividades pero con nuevas acciones de prevención, y sobre todo con una nueva conciencia, que brinde mayor seguridad vial. Adicionalmente, logros en este sentido constituirán un formidable aporte para descomprimir las demandas de atención de nuestro sistema de salud. 
Algunos municipios de nuestra provincia están dando pasos en el sentido de buscar mecanismos de transición como los que comentamos. Ni la Nación ni la Provincia pueden dejarlos solos. Por el contrario, deben ayudarlos, no sólo con la distribución equitativa y transparente de recursos, sino también con la toma de decisiones consultadas y acordadas; pero sin tirarles por la cabeza la responsabilidad de medidas que no les corresponden. 
Hagamos de esta crisis una oportunidad para aprender entre todos a gestionar mejor problemas complejos.-
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viernes, 1 de mayo de 2020

LAS CURVAS QUE NO VEMOS…

Por José Antonio Artusi 
“Aplanar la curva”. Si hubiéramos escuchado esta expresión hace un año habríamos mirado con asombro e intriga a nuestro interlocutor. De qué nos estaría hablando?. Hoy la escuchamos a diario y sabemos perfectamente de qué estamos hablando. Pero detrás de esas 3 palabras se esconden varios problemas. Para empezar, no es “la” curva, son “las” curvas. El Covid-19 no es el único corona virus, los corona virus no son los únicos virus, los virus no son los únicos organismos que causan enfermedades infecciosas, las enfermedades infecciosas no son las únicas, ni las más relevantes, las enfermedades no son los únicos problemas de salud; salvo que consideremos, por ejemplo, a la siniestralidad vial una “enfermedad”, causante de 19 muertes por día en promedio el año pasado en la República Argentina. 
Todo esto suena obvio una vez que lo decimos, pero esa obviedad parece no estar presente en muchos análisis ni en las consideraciones que subyacen tras el diseño de las políticas públicas. Las bajas cifras de muertes por Covid-19 en Argentina hasta ahora pueden aumentar, obviamente, y pueden explicarse razonablemente como producto de la eficacia de las medidas de distanciamiento físico y aislación adoptadas de manera relativamente temprana en nuestro país. Ahora bien, lo que no estamos observando correctamente son las demás curvas. Las medidas adoptadas hasta ahora para contener la propagación de la pandemia pueden tener – y van a tener – consecuencias no buscadas en muchos otros problemas de salud, y en muchos otros problemas en general. Como todo medicamento, la cuarentena tiene una determinada acción terapéutica, pero también tiene contraindicaciones, advertencias, precauciones, interacciones, acciones colaterales y secundarias, reacciones adversas, y siempre existe el riesgo de sobredosificación. 
Toda acción produce determinados resultados, unos esperados y otros inesperados; unos buscados y otros no buscados, unos positivos y otros negativos. “El remedio puede ser peor que la enfermedad” dice el refrán. Carlos Matus tiene varias frases profundizando esta idea, la del intercambio de problemas. “La idea de solución de un problema esconde el contra-balance de los efectos colaterales indeseables”. “El acto de intervención no es limpio, genera otros problemas. Hacer política es intercambiar problemas”. “El proyecto de gobierno es una oferta de intercambio de problemas”. 
Que surjan resultados no buscados, esperados o no, de la aplicación de cualquier decisión no quiere decir necesariamente que sean negativos. De hecho la cuarentena está teniendo efectos no buscados positivos. Uno de ellos debe ser la disminución en la cantidad de lesiones y muertes debido a la siniestralidad vial. No tengo datos oficiales al respecto (¿no debería haberlos?), pero suponiendo una hipótesis (¿conservadora?) de reducción del 50% con respecto al año pasado, tenemos que una cuarentena de 50 días habría evitado 475 muertes como consecuencia de accidentes de tránsito, más del doble que las muertes por Covid-19 hasta el 30 de Abril. Este dato invita a pensar en varias cuestiones. Primero, en que teníamos una pandemia que habíamos naturalizado, al punto de llegar a invisibilizarla, o a no considerarla un problema de salud pública. Pero, cómo no considerar un problema de salud pública a la principal causa de muerte en los jóvenes?. No debería acaso ser acaso uno de los problemas prioritarios? Segundo, esa naturalización implica, conscientemente o no, cierto grado de creencia en que se trata de un problema en buena medida irresoluble, fuera de nuestro alcance, al que hay que resignarse o a lo sumo atacar desde lo asistencial, con más y mejores recursos de salud para atender a los lesionados en los siniestros. Sin embargo, la experiencia comparada muestra con abrumadora evidencia empírica que no es un problema irresoluble, que se puede atacar con políticas públicas adecuadas, y que además la forma más eficiente y eficaz – como en tantos otros casos – es prevenir más que curar. Tercero, la cuarentena, con su consiguiente impacto colateral positivo en este aspecto, nos debe servir como una oportunidad para entender que no sería saludable volver a una supuesta normalidad en la que aceptemos con resignación que haya 19 muertos por día en accidentes viales, y muchos más lesionados demandando una enorme cantidad de recursos del sistema de salud, muchos de ellos con secuelas de por vida que afectarán negativamente su calidad de vida y la de sus familias. ¿No deberíamos estar pensando ya, aprovechando realmente la crisis del Covid-19 como una oportunidad, en repensar nuestros sistemas de movilidad y aumentar significativamente las condiciones de seguridad vial de nuestras calles y rutas? Algunos países y algunas ciudades lo están haciendo, no sólo por la cuestión de la seguridad vial, que en otras latitudes no es un problema tan grave, sino también por la necesidad de mejorar los esquemas de movilidad en general a la luz de las exigencias de la pandemia que en alguna medida van a perdurar, incluyendo el transporte público colectivo, los espacios para peatones, las bicicletas, etc. La peor alternativa sería que no sólo dilapidemos esta oportunidad sino que, en vez de volver a la “normalidad” anterior, involucionemos hacia un escenario de mayor inseguridad vial aún, en el que – por ejemplo - como consecuencia del temor a utilizar el transporte público se dé una consiguiente mayor utilización caótica de vehículos automotores individuales, mayormente motos – el medio más inseguro - antes que autos como consecuencia de la crisis económica. El riesgo está, dependerá de nosotros planificar y gestionar en la dirección adecuada. No se me escapa que la seguridad vial y la movilidad en general van de la mano con otras cuestiones como la planificación de los usos del suelo, pero dejemos por ahora el tema en ese punto. 
Volvamos a las curvas epidemiológicas. El 30 de Marzo el Dr. Victor Steng, un neumonólogo de Atlanta, publicó en su cuenta de Twitter la siguiente imagen:  
El texto del twit decía: “A medida que nuestros amigos y colegas desafían las líneas del frente, también debemos prepararnos para una serie de réplicas. Es muy difícil planificar tan lejos mientras estamos en modo de supervivencia. Debemos prepararnos temprano y elaborar una estrategia para nuestra respuesta al daño colateral del COVID19”. Como en toda curva epidemiológica, en el eje horizontal está el tiempo y en el vertical, en este caso, algo así como la “huella de salud” de la pandemia. En respuesta a una pregunta, el Dr. Steng expresa que el gráfico “simplemente ilustra un concepto, para iniciar una conversación. El eje y no se basa en datos reales (todavía), pero espero que veamos efectos cuantificables que se extiendan mucho más allá del pico inicial. Vea cómo las tasas de mortalidad en Estados Unidos se mantuvieron elevadas después de la pandemia de 1918”. María García Gil elaboró y publicó la siguiente versión del gráfico traducida al castellano: 
Aparecen 4 curvas, la primera (morada) es la de la morbilidad y mortalidad inmediata del Covid-19. A esa parecería que la estamos controlando bastante bien por ahora, pero urge ver cómo salimos de la cuarentena de la mejor manera posible. 
La segunda (verde) es la del impacto de la restricción de recursos en la atención urgente de pacientes no-Covid. Esta, dado que el sistema de salud no ha colapsado, ni está por ahora cerca de hacerlo, no parece ser significativa en este caso; al menos por ahora. Es más, dado que aparecen externalidades positivas como la que comentábamos en relación a la disminución de la siniestralidad vial, esta curva parece ser la menos preocupante. De todos modos, habría que preocuparse si la curva del Covid se dispara y si el pico tiende a coincidir con una salida de la cuarentena en la que se genera la reaparición (o agravamiento) de problemas como la demanda de atención por parte de lesionados en accidentes viales o hechos de violencia. En un artículo anterior comentábamos la sugerencia hecha por profesionales del NHS británico en este sentido, disminuir la demanda de atención por parte del sistema de pacientes no-Covid, por la vía de prevenir accidentes y emergencias, ilustrada en este gráfico: 
La tercera curva (azul) es la del impacto de la interrupción de diagnósticos y cuidados en pacientes con enfermedades crónicas. Esta sí es preocupante ya, por varias razones, comenzando con que contiene a la principal causa de muerte en nuestro país, las enfermedades cardiovasculares, que generan cerca de 100.000 muertes al año. El 23 de Abril Adolfo Rubinstein nos alertaba en su cuenta de Twitter: “… pacientes con enfermedades serias como la enfermedad coronaria no están recibiendo las prestaciones diagnósticas y terapéuticas que necesitan para su cuidado por temor a ir al hospital. Un ejemplo dramático es la caída a la mitad de la angioplastia primaria, procedimiento de elección para el tratamiento del infarto agudo de miocardio, de acuerdo a distintos reportes. Lo más alarmante es que las camas hospitalarias y de terapia intensiva no sólo NO están desbordadas sino que están SEMIVACÍAS por la suspensión de prácticas programadas. Reflejo del “daño colateral” del Covid19 sobre patologías crónicas. ¡Panorama terriblemente preocupante!” 
Una nota de Martín de Ambrosio en el diario La Nación se hace eco este problema, el de la tercera curva (https://www.lanacion.com.ar/sociedad/coronavirus-argentina-consultas-medicas-tardias-otro-riesgo-nid2357469). Se señala allí que “lo que durante mucho tiempo fue como un mantra repetido por los médicos y las instituciones de salud (“ante los primeros síntomas, consulte") en momentos de pandemia de coronavirus es casi una utopía para todo lo que no sean los síntomas gripales . Pero los procesos de algunas enfermedades subyacentes continúan y una consulta tardía también puede generar graves daños a la salud general. Son tres las principales especialidades que ya están pidiendo a la población y a las autoridades sanitarias que no las descuiden, tras más de un mes de una cuarentena que se muestra exitosa para detener la diseminación del Covid-19: cardiología, oncología y neurología (por los accidentes cerebro vasculares)”. Y se enfatiza que “las consultas se han reducido al mínimo, un 10% de lo habitual, y personas que podrían ser atendidas de manera temprana para ganarle tiempo a la progresión de los síntomas, prefieren no salir de casa ante el miedo a la infección, muchas veces justificado por las comorbilidades (enfermedades previas). Los expertos alertan que de todos modos hay que empezar a tratarlos antes de que la mortalidad por causas no Covid se dispare.” El twit del Dr. Victor Steng tuvo 8200 “me gusta”, fue compartido 5300 veces, y recibió 202 respuestas. En una de esas respuestas, Petra Heitkamp señala: “Esta es una gran ilustración, gracias. Yo diría que en la tercera ola en países con una alta carga de TB, VIH, malaria, desnutrición, se verá un pico más alto de mortalidad y morbilidad debido a las interrupciones debidas a Covid19, posiblemente un pico más alto que la ola 1 en el gráfico”. Y en otro twit ejemplifica: “TB: las interrupciones en los servicios críticos conducirán a a) retraso en el diagnóstico; b) falta / tratamiento interrumpido y farmacorresistencia; c) Notificación baja en réplica. Y agrega un link a este artículo: https://www.forbes.com/sites/madhukarpai/2020/03/17/covid-19-and-tuberculosis-we-need-a-damage-control-plan/#722f0f8a295c , firmado por Madhukar Pai y titulado “COVID-19 Coronavirus y tuberculosis: necesitamos un plan de control de daños”, en el que se considera que “todos los que trabajan en TB tienen la oportunidad de ser proactivos para mitigar el daño. De lo contrario, terminaremos viendo grandes aumentos en la mortalidad por tuberculosis en los próximos meses. Agencias como la OMS y la Alianza Stop TB podrían establecer una unidad especial de control de daños de TB-COVID para mitigar los desafíos relacionados con COVID en los países con mayor carga de TB. Centrarse únicamente en COVID-19 puede dañar las ganancias muy frágiles que tenemos en TB. Por lo tanto, debemos asegurarnos de que los programas y la atención a las personas no se vean interrumpidos o afectados " dijo Lucica Ditiu, directora de Stop TB Partnership.” 
De modo tal que la pregunta de Néstor Pérez Baliño en Twitter es absolutamente pertinente: “Año 2018 (la del 2019 aún no se publicó); murieron 100 mil enfermos por patologías cardiovasculares, 66.000 respiratorias y 66000 oncológicas, 635 por día. Con anuncios de muertes diarias del COVID19, deberían publicar las muertes sobre las otras patologías?”. Como también lo son sus recomendaciones: “Necesitamos que el país funcione, de lo contrario tendremos más daños colaterales si seguimos con el aislamiento total. El aislamiento físico global fue útil en esta etapa temprana, pero ya no es la estrategia que se puede sostener en el tiempo; hundirá la economía, será cada vez menos respetada e inducirá actitudes autoritarias y discriminadoras”. 
La cuarta curva (roja) es la del impacto en las condiciones de salud mental y el daño por la situación socio-económica. Esta también es sumamente preocupante, sabemos sin lugar a dudas que la cuarentena va a profundizar una grave crisis económica, y que vamos a tener en el corto plazo una sociedad más empobrecida, con vastos sectores de la población por debajo de la línea de pobreza y de indigencia, con especial incidencia en la población infantil. Las mujeres – sobre todo las mujeres pobres - podrían estar también especialmente afectadas. Un informe del Fondo de Población de las Naciones Unidas señala que “a medida que la pandemia de COVID-19 continúa provocando estragos, el número de mujeres que no pueden acceder a planificación familiar y que se enfrentan a embarazos no planeados, violencia por razón de género y otras prácticas nocivas podría dispararse a razón de millones de casos durante los próximos meses”. El estudio revela la enorme magnitud de la repercusión que está teniendo la COVID-19 en las mujeres a medida que los sistemas de salud se ven desbordados, se cierran establecimientos sanitarios o se limitan los servicios que ofrecen a mujeres y niñas; asimismo, muchas de ellas optan por saltarse importantes revisiones médicas por miedo a contraer el virus (https://www.unfpa.org/es/press/nuevas-proyecciones-del-unfpa-predicen-consecuencias-catastr%C3%B3ficas-para-la-salud-de-las). En nuestro país, como señala Adolfo Rubinstein, “la cuarentena tiene consecuencias muchas veces invisibilizadas en el contexto de la epidemia de COVID-19. Una de las más preocupantes es la violencia de género que, en ya 23 casos desde el aislamiento obligatorio, terminaron en FEMICIDIO.” 
No se trata de optar de manera binaria y simplista – como pareció indicarlo el Presidente Fernández – entre la vida y la economía. Ojalá fuera tan sencillo. Lamentablemente, la pobreza y sus consecuencias directas e indirectas tienen un enorme impacto en los determinantes sociales de la salud, en la configuración de “las causas de las causas” de los problemas de salud. Y tienen impactos negativos sinérgicos, que proyectan sus efectos a largo plazo; además de generar obviamente problemas en la coyuntura. Y además, sabemos que los más afectados por los daños colaterales de la cuarentena en el plano económico y social son los que antes de la cuarentena ya la estaban pasando mal, los más desposeídos. 
Jesse O´Shea, especialista en enfermedades infecciosas, publicó esta versión del gráfico de Victor Steng, con ligeras modificaciones (y otros colores), en donde la primera curva, la del Covid, aparece con un rebrote; con el siguiente texto: “COVID19; Carga de enfermedad y huella de salud. Este brote tendrá un impacto sin precedentes en la sociedad. Tenemos que pensar y estar preparados para cada ola, comenzando ahora.” 
Este profesional también hizo la siguiente reflexión, acompañada de un sugerente gráfico: “La romantización de la cuarentena es un privilegio de clase. El COVID19 impacta desproporcionadamente en aquellos que están más marginados y privados de sus derechos por la sociedad.” 
De lo anterior se desprende que las decisiones a tomar en relación a la cuarentena no pueden tomarse mirando un único monitor, desde un único punto de vista hegemonizado por la visión de infectólogos y especialistas en Covid-19. 
Como lúcidamente señalara Andrés Malamud, “una pandemia es un asunto demasiado serio para dejarla en manos de los sanitaristas”, y “la pandemia es sinfónica. Abordarla con un único instrumento sería desafinado.” 
En ese sentido, también son atendibles las advertencias de Eduardo Rubinstein: “Sin duda los tiempos que se vienen van a ser muy difíciles. Por eso creo que sería bueno que el presidente añadiera a su comité de expertos, además de médicos, a economistas, cientistas sociales y psicólogos independientes que aporten una mirada más amplia ¡Y lo digo como médico!”. 
Pero cuidado, no caigamos en el error de pensar que decimos la palabra mágica “interdisciplina” y problema solucionado. Al respecto, Carlos Matus, el gran teórico chileno de la planificación estratégica situacional, plantea en su libro “Teoría del juego social” que “el economista que formula políticas económicas y el médico que hace políticas de salud en el ámbito público, con su formación en facultades universitarias verticales, nos parecen estar en su campo de competencia, a pesar de la frecuencia de sus fracasos en la gestión pública. Pero, no es así. Sólo tienen competencia para realizar una práctica profesional intradepartamental. No tienen la formación necesaria para ejercer la práctica social horizontal. Sabemos que un problema de salud no es únicamente un problema de medicina, sino que al mismo tiempo es político, económico, organizativo, ecológico, etc. Sin embargo, actuamos como si el sentido común pudiese procesar esas direcciones transdepartamentales”. Y más adelante agrega: “Aún no comprendemos que se necesita una ciencia de la acción y caemos en el simplismo de la interdisciplinariedad”. 
Deberíamos aprovechar esta oportunidad para construir rápidamente estrategias que nos ayuden a evitar caer en ese simplismo y a aceptar la complejidad y conflictividad inherente de los problemas que debemos solucionar, aplicando a tal fin herramientas de políticas públicas que maximicen la eficiencia y la eficacia sin por ello dejar de lado ni por un instante nuestras irrenunciables raíces democráticas y republicanas.-
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domingo, 26 de abril de 2020

Ingreso ciudadano universal o empleo mínimo garantizado (liberación o dependencia)

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Venía escribiendo en Twitter un hilo con párrafos de 10 libros de mi biblioteca (en papel) que se refieren al ingreso ciudadano universal (IBU). Y el otro día me llega este reportaje a Agustín Salvia, que me motivó a escribir otro hilo acerca de algunos conceptos que allí se vierten: 
 Copio, pego y edito acá algunos de esos tweets. Al final, un bonus track con algunas respuestas que tuve y algo que Eduardo Levy Yeyati escribió en su propia cuenta. 
Salvia expresa con claridad y sinceridad un pensamiento conservador y paternalista, antiliberal, que está profundamente arraigado en algunas franjas de la sociedad argentina. Diseñar políticas públicas basadas en esa matriz de pensamiento sólo llevará a profundizar nuestro atraso y decadencia y a condenar a los pobres a situaciones de sometimiento y falta de oportunidades de verdadero acceso al disfrute efectivo de una democracia social plena, entendida – siguiendo a Hipólito Yrigoyen – como aquella que no sólo garantiza las libertades políticas sino que entraña a la vez la posibilidad para todos de poder alcanzar un mínimum de felicidad siquiera (Mensaje al Congreso Nacional, 31 de agosto de 1920). Y está claro que la posibilidad de alcanzar ese mínimo de felicidad está indisolublemente unida a la de acceder a “las condiciones materiales de la libertad”, como lúcidamente tituló Daniel Raventós su libro sobre el IBU. El IBU no sólo es viable, sino imprescindible; y no sólo en la emergencia. El IBU es mucho más que un programa de ingresos, no es un "plan", ni una dádiva, ni un subsidio, sino un derecho de ciudadanía, universal e incondicional, justificado de manera brillante por Thomas Paine a fines del siglo XVIII. 
Decir que el IBU sólo integra a las personas como consumidores es ignorar la abundante evidencia empírica que arrojan muchos experimentos; en los que se demostró que mejora la capacidad individual para elegir entre diversas formas de empleo o auto empleo, aumentando este último. Además, pasa por alto que el consumo que un IBU permite, como su nombre lo indica, es básico, suficiente para acceder sólo a bienes y servicios quepermiten satisfacer necesidades elementales para la subsistencia, aquellas que Maslow situó en la base de su famosa pirámide. El trabajo precario garantizado, con remuneraciones que con suerte sólo permiten no caer en la indigencia, encima a cargo de municipios y organizaciones sociales, sólo significa profundizar la dependencia y el clientelismo. Alternativas como ésa - obviamente preferibles de todos modos a no hacer nada, digámoslo por las dudas - no dignifican sino que, al contrario, agravan la estigmatizacion y la exclusión de los pobres, además de caer en la “trampa” de la pobreza, condenándolos a ser eternamente pobres o casi, y retroalimentado el círculo vicioso de la perpetuación intergeneracional de la pobreza. Estar obligado a aceptar, para poder subsistir, un empleo mínimo garantizado que no requiera capacitación, realizando alguna tarea que puede tranquilamente automatizarse, muy probablemente en condiciones inseguras o insalubres, sujeto a la discrecionalidad del jefe de una seudo cooperativa o un municipio, es denigrante, no construye ciudadanía ni brinda posibilidades de desarrollo humano integral, y acerca al término “trabajo” a su origen etimológico, más que al significado virtuoso que tiene el trabajo digno, productivo y socialmente útil: La palabra trabajo viene de trabajar y esta del latín tripaliare. Tripaliare viene de tripalium (tres palos). Tripalium era un yugo hecho con tres (tri) palos (palus) en los cuales amarraban a los esclavos para azotarlos. 
No creo como algunos neoliberales que el IBU deba reemplazar al Estado de bienestar, todo lo contrario, quiero más y mejor educación pública y seguro nacional de salud; y un IBU sería un instrumento eficaz al servicio del aumento de la capacidad real de ejercer derechos humanos económicos y sociales desde una perspectiva de autodeterminación y libertad, en la que el Estado no imponga modelos de conducta como alternativas virtuosas de vida, como también muestran diversas experiencias en muchos países en las últimas décadas. Convengamos además que nuestro Estado de bienestar, que siempre fue un proyecto inconcluso, hoy deja mucho que desear y requiere profundas reformas. Algunas de esas reformas tendrían en un IBU un poderoso aliado, al mejorar algunos aspectos de los determinantes sociales de la salud y condiciones de acceso al sistema educativo. Pero advirtamos también que el IBU no es una panacea, y debe articularse de manera armoniosa con políticas de empleo y de desarrollo económico y social. De otra manera, obviamente se tornará inviable, pero en ese caso el riesgo será mucho mayor; nuestra propia capacidad de marchar hacia un horizonte de progreso y bienestar será lo que estará en jaque, de manera integral. 
Hay restricciones presupuestarias, es obvio, toda política pública las tiene, y está claro que el monto, que siempre es básico, en nuestro país podría ser muchísimo menor en principio que en otros países, y probablemente debería implementarse de manera gradual aprovechando e integrando lo que ya tenemos, que hace que no estemos tan lejos (AUH, asignaciones familiares, desgravaciones en el impuesto a las ganancias, seguro de desempleo, etc.); e, idealmente, de la mano de una reforma tributaria progresiva que elimine impuestos regresivos y distorsivos que castigan a trabajadores y consumidores y los sustituya por tributación al valor del suelo libre de mejoras, el que Milton Friedman consideraba que era el menos malo, la vieja idea de Henry George y los economistas liberales clásicos. Ya que estamos con Milton Friedman digamos que también es el autor de una idea bastante ingeniosa y sencilla para lograr algo parecido al IBU, el impuesto negativo a la renta. Rechazaré “in limine”, a lo Rosenkrantz, acusaciones de ser “neoliberal” por suscribir esas dos ideas, o sea el IBU y el impuesto al valor del suelo libre de mejoras. Es el impuesto negativo a la renta la mejor alternativa para instrumentar un IBU? Probablemente no; pero es una base para empezar a discutir. Es el impuesto al valor del suelo libre de mejoras el mejor impuesto? Sí, en eso economistas de las más variadas escuelas se han puesto de acuerdo. 
Hay tantos autores para refutar esa postura conservadora paternalista pobrista que no sé por dónde empezar; pero empiezo con Piketty: “... el ingreso ciudadano puede tener ventajas más refinadas. Por ejemplo, brinda una mejor garantía a los beneficiarios de transferencias sociales que están por encontrar empleo y, de esta manera, mejora su motivación al trabajo:...”. 
Y ahora algunas de las respuestas que recibí: “En el fondo de todo está el problema con la libertad. No les gusta, no se la bancan.” “Nunca explica por qué no es viable. Su oposición es ideológica, desde el paternalismo católico. Por lo menos es sincero.” 
Y finalmente, la reacción de Eduardo Levy Yeyati: “Dado que Agustín me cita, me veo obligado a corregirlo: como bien decía Martin Luther King, ninguna transferencia (universal o no) invalida la necesidad de dar trabajo (genuino, no como en el caso del empleo asegurado), sino que la complementa. Acá está un poco más desarrollado el punto:https://www.lanacion.com.ar/…/un-ingreso-universal-que-comp… . Por último, aclaremos que el mismo Martin Luther King decía que, tras darle un ingreso a los ciudadanos, había que darles un trabajo. Así, no ignoraba los efectos psicológicos del desempleo; sólo advertía que el trabajo en tanto realización no necesariamente debía asociarse a la subsistencia.”
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domingo, 29 de marzo de 2020

INGRESO CIUDADANO COMO RESPUESTA JUSTA Y NECESARIA

"Tenemos la convicción de que el acceso a los bienes esenciales es la condición necesaria para la existencia de una ciudadanía democrática, que garantice un horizonte de igualdad y dignidad para todas las personas. 
Es por ello que ante el drama que conmueve al país y el mundo se debería reorientar el actual esquema de protección social y transferencias de ingresos a las personas hacia un Ingreso Ciudadano (renta básica). Esto es garantizar el pago por parte del Estado de un Ingreso Universal e Incondicional. El Ingreso Ciudadano, entendido como una transferencia monetaria incondicional del Estado al universo de residentes en el país, que es de fácil instrumentación y tiene bajos costos administrativos. Evitaría los errores de selección –por ende, la discriminación- y facilitaría la mecánica de la distribución y el acceso directo de la población a dicha renta. 
Esta propuesta, cuya promoción circula con vigor en todo el mundo, ha sumado nuevas adhesiones ante la situación de emergencia económica y social derivada de la pandemia del COVID-19. A los clásicos argumentos a favor del Ingreso Ciudadano se suman dos: 
- La pandemia del Covid 19 profundiza la crisis económica que ya arrastraba la Argentina. En este contexto, es necesario desanclar los ingresos de subsistencia de los que reciben las personas en los mercados de empleo. El impacto negativo comprende prácticamente a todas las actividades. 
- La expansión de la pandemia y el miedo a futuras catástrofes epidemiológicas acelerará los procesos de robotización y automatización ya en curso, al tiempo que avanzará una mayor flexibilización de los contratos laborales. La caída de la demanda y el aumento de la oferta laboral aumentarán la precarización del empleo y el desempleo, golpeando con mayor impacto a la fuerza laboral más vulnerable pero también a los trabajos rutinarios más calificados. 
El escenario mundial y la economía local no permiten pensar en una pronta recuperación económica. Más bien, lo que cabe esperar es un fuerte cuestionamiento acerca de las formas en que están organizadas hasta ahora las sociedades democráticas capitalistas. La creciente dependencia de programas asistenciales y el aumento del control social sobre las personas son también argumentos para defender la rápida introducción de políticas como el Ingreso Ciudadano en Argentina. Este debate debe incluir una reformulación de la política tributaria en favor de impuestos progresivos que alcancen a la riqueza y a los más altos ingresos y una fuerte inversión en servicios sociales colectivos de acceso gratuito como la salud, la educación, la vivienda, el transporte público, etc. 
Hay equipos que vienen trabajando hace tiempo, como la Red Argentina de Ingreso Ciudadano (Redaic) — como parte de la BIEN (Basic IncomEarth Network), que viene fomentando este debate, elaborando proyectos y argumentos a favor del Ingreso Ciudadano. Hoy, muchos gobiernos y movimientos sociales en la mayoría de los países de Occidente están discutiendo la propuesta y realizando pruebas exploratorias sobre sus efectos. Creemos que es el momento de avanzar en esa dirección en Argentina y abrir así el camino para un cambio de paradigma económico y social en el país, que garantice como primera condición la existencia misma de todas las personas, que promueva la libertad para que desarrollen sus capacidades de generar ingresos propios, evitando el asistencialismo y el clientelismo. Sería deseable que esta política surgiera de un amplio acuerdo político, económico y social para que tenga una fuerte legitimidad social y política. 
Con estas convicciones, nos dirigimos a toda la sociedad argentina y convocamos a acompañar con firmas esta demanda a la clase dirigente para la inmediata implementación de un Ingreso Universal e Incondicional en el país, junto con una reforma tributaria progresiva y un programa de inversión en servicios sociales colectivos de acceso gratuito." 

Enviar firmas a 2020ingresobasico@gmail.com 

Primeras firmas: Alejandro Katz - Alicia Acosta - Alicia Cuñarro - Alicia Lissidini - Ana Sarchione - Ariel Seca - Armando Caro Figueroa - Arturo Avellaneda - Beatriz Sarlo - Beatriz Oulé - Carlos A. Suárez - Daniel Rodríguez - Eduardo Andriotti Romanin - Emiliano Suárez Perín - Fabio Quetglas - Facundo García Valverde - Gabriela Massuh - Gabriela Marzonetto - Gonzalo Condis - Graciela Fernandez Meijide - Guillermo Rozenwurcel - Javier Lindenboim - Jorge Olmos - José Manuel Maciel - José Antonio Artusi - Juan Martín Santachita - Julio Aguirre - Juan Antonio Avalos - Lucas Gonzalo Martin - Leonor Vila - Lidia Assorati - Marcelo Cavarozzi - Marcelo Plana - Mariano Schuster - Maria Maneiro - Marcos Benítez - María Gabriela Orden - Mario Alberto Perna - Mario Mazzitelli - Mario Morales - Martha Perín - Omar Mohorade - Osvaldo J. Acerbo - Oscar Gómez Coutrix - Pablo Alabarces - Patricia Pintos - Patricia Zangaro - Roberto Gargarella - Rubén Alberto Pallone - Rubén M. Lo Vuolo - Sergio Bechara Arcuri - Silvia Cornejo - Silvia González - Vicente Palermo - Wilkie González - Walter Neil Bühler  
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4 estrategias: Análisis masivos, aislamiento y seguimiento focalizados, aumentar capacidad de atención y reducir demanda por otras enfermedades




Por José Antonio Artusi 
Erik Larson (1) nos brinda una metáfora genial acerca de lo que estamos haciendo (y dejando de hacer) con los tests de corona virus: El chiste del tipo que pierde las llaves del auto en la playa de estacionamiento y la busca abajo de un farol. Uno le pregunta por qué está buscando ahí...; y responde: “Porque es el único lugar donde hay luz”. 
Así estamos, casi a ciegas, sin datos suficientes. Es imposible tomar decisiones acertadas sin contar con información adecuada y confiable para tener un diagnóstico mínimamente razonable del problema que enfrentamos que a su vez nos permita adoptar una estrategia eficaz y eficiente para resolverlo. En medicina, en la guerra, en salud pública, en urbanismo, en la vida; en nada. 
Larson (1) sostiene que “las cifras de hoy acerca de la epidemia no nos dicen nada acerca de la tasa de contagio o la mortalidad de la enfermedad a nivel global o local. Por qué? Porque, mayormente, no tenemos información acerca de la prevalencia de la infección y a qué velocidad el virus se está esparciendo en la población en general. En todo el mundo, hay sólo dos países que pueden razonablemente reclamar estar teniendo un abordaje científico de estos problemas en relación a este punto: Islandia y las Islas Faeroe. Ambos han hecho análisis de alrededor del 3% de su población (eso significa 6 veces más que Corea, 12 veces más que Italia, 14 veces más que Alemania y 100 veces más que los Estados Unidos)”. Nosotros podríamos agregar 381 veces más que Argentina. Larson exagera un poco? Es probable, no es que no tengamos información, es insuficiente. 
Es obvio que no podemos transformarnos en Islandia de la noche a la mañana por mero voluntarismo. Pero sí podemos (y debemos) aprender rápido algunas lecciones. Por si hacía falta la Organización Mundial de la Salud, lo expresó con un enfático “test, test, test”. (2) 
Por lo tanto, una primera prioridad en nuestro país debería ser tomar todos los recaudos para escalar significativamente la cantidad de análisis que se realizan por día, incluyendo muestras aleatorias y continuando obviamente con los casos sospechosos por presentar síntomas. Ello permitirá identificar seguramente gran cantidad de personas portadoras asintomáticas, a las que habrá que aislar, y cuyos contactos habrá que rastrear. Esto no es otra cosa que lo que el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, denomina “la columna vertebral de la respuesta” (2). Más análisis también permitirán identificar personas que no se han contagiado, y por ende esas personas – con todos los recaudos y cuidados que habrá que seguir teniendo – podrán comenzar a realizar tareas que no impliquen un aislamiento tan estricto como los casos positivos; evitando de esta manera una paralización tan fuerte de la actividad económica como la que estamos viviendo estos días, que podría llegar a tener consecuencias catastróficas, no sólo en los empleos e ingresos de las familias, sino también en la propia salud pública. No nos olvidemos en ese sentido de los determinantes sociales de la salud, de los que tanto se ha hablado en los últimos años. El aislamiento obligatorio de la totalidad de la población puede justificarse por algún tiempo pero es imposible de prolongar demasiado e implica daños colaterales que debemos evaluar detenidamente. El análisis del balance entre costos y beneficios nunca puede estar ausente en el diseño de las políticas públicas. 
Un grupo de profesionales de la salud (@lower_baseline en Twitter) del legendario NHS (Servicio Nacional de Salud británico) publicó una propuesta muy interesante (3), en la que a estas recomendaciones básicas de la OMS (test, test, test y más test como prioridad número uno más seguimiento de contactos y aislamiento) le agregan dos más. Es obvio que no tenemos un sistema de salud como el NHS (ojalá lo tuviéramos), pero los conceptos son válidos para cualquier país. 
La figura 1 muestra que si no hacemos nada el pico de la epidemia sobrepasa la capacidad del sistema de atención y éste se ve desbordado. Una tragedia. Obsérvese que la demanda de atención por Covid-19 no opera en el vacío, se suma a una demanda pre-existente por todas las demás patologías y problemas de salud, que en muchos casos ya son suficientes para colmar (o estar cerca de) la capacidad máxima de algunos hospitales. 
En la figura 2 vemos que si hacemos dos cosas lograremos (en teoría) aplanar un poco la curva pero aún así es probable que el sistema se vea sobrepasado. Esas dos medidas son distanciamiento social y análisis (tests). Lo primero lo estamos haciendo con la cuarentena (¿bien?) y lo segundo de manera absolutamente insuficiente. 
Lo que estos profesionales plantean es que además de distanciamiento social y muchísimos más tests YA necesitamos incrementar la capacidad del sistema de atención (servicio de neumonología, terapia intensiva, respiradores, etc.) ¿Estamos haciendo esto? Aún así es probable que el pico de la epidemia sobrepase la capacidad del sistema, como se ve en la figura 3. 
Y además necesitamos algo que no estamos haciendo: reducir la demanda que llega al sistema de atención por otras causas. Esa demanda puede estar bajando en alguna medida por menor siniestralidad vial, pero no tengo datos oficiales. De todos modos algunos medios ya están hablando de reducciones significativas en la cantidad de accidentes de tránsito y en las lesiones y muertes asociadas a ellos. El riesgo cierto que enfrentamos es que ni bien se aflojen las restricciones de la cuarentena volvamos a las andadas y tengamos nuevamente las pavorosas estadísticas de siniestralidad vial a las que nos habíamos acostumbrado y que nadie (o casi nadie) veía como un problema de salud pública. Al momento de escribir esto se informan oficialmente 19 muertes por Covid-19 en Argentina. Una cifra exactamente igual al promedio diario de muertes causadas por accidentes de tránsito en nuestro país el año pasado: 19; y hubo años peores, el 2019 fue el mejor en lo que va del siglo (quizás deberíamos decir el menos peor). Tengamos en cuenta además que – a diferencia del Covid-19 - los accidentes viales son la principal causa de muerte en la población joven. 
¿Que pasaría si el pico de la pandemia llega en Mayo o Junio, es superior a lo que preveían, y se suma a la demanda de atención de lesionados por accidentes con cifras parecidas a las del año pasado? ¿Qué pasaría si además le sumamos un brote de dengue peor que el de años anteriores, un incremento en los casos de otras enfermedades como la tuberculosis, enfermedades respiratorias en invierno, incremento en la incidencia de ciertas patologías como producto de la crisis socio-económica y las restricciones impuestas, etc., etc.? 
Pensando en la inevitable segunda etapa de la cuarentena podría evaluarse entonces un plan con 4 estrategias centrales: 1) Tests masivos 2) Cuarentena focalizada, con aislamiento riguroso de casos positivos y rastreo de contactos 3) Aumentar capacidad de atención del sistema reforzando servicios de neumonología y terapia intensiva 4) Disminuir demanda que llega al sistema por otras patologías y problemas de salud. De este último punto nadie está hablando. 
Cómo hacerlo? Consultemos a los especialistas. Pero en este caso no son los infectólogos. Mejor a los generalistas. A los integrantes del equipo de salud que hacen Atención Primaria, a los que están más ocupados por prevenir que por atender. Incluso de otras disciplinas por fuera del sistema de salud. Problemas complejos requieren miradas interdisciplinarias y enfoques intersectoriales. No le pidamos todo al Ministerio de Salud, los otros también tienen mucho por hacer en relación a la pandemia. Y no sólo el de Economía. Como diría Carlos Matus “la realidad tiene problemas, la universidad tiene departamentos y la planificación tiene sectores”. Pero al Covid-19 ni a ningún problema le interesa qué disciplina lo estudia ni qué organismo público es competente para combatirlo. 
No es un designio divino que tenga que haber casi un muerto por hora, seguramente joven, en un accidente de tránsito. Tiene que haber muchas cosas por hacer para mejorar la seguridad vial. Tiene que haber muchas cosas por hacer para prevenir el dengue (sin mosquitos no hay dengue). Tiene que haber mucho por hacer para que haya menos casos de otras patologías prevenibles, pongan el ejemplo que quieran. Tiene que haber mucho por hacer para mejorar la información, la educación, el trabajo, el hábitat y la alimentación de los sectores más vulnerables de nuestra sociedad en esta emergencia. Tiene que haber mucho por hacer para mejorar la seguridad y disminuir la violencia de todo tipo. Tiene que haber mucho por hacer para mejorar rápido las deficiencias sanitarias y ambientales más urgentes de nuestras ciudades. Tiene que haber mucho por hacer desde los determinantes sociales de la salud. 
Si hacemos algo de eso que hay que hacer no sólo habremos contribuido a tratar de evitar que la pandemia haga colapsar nuestro sistema de salud. Habremos aprovechado la crisis como una oportunidad para empezar a mejorarlo, para poner en crisis su absurdo, ineficiente e inequitativo diseño institucional, y para comenzar a construir entre todos con responsabilidad y solidaridad una sociedad mejor en la postpandemia.- 

Fuentes: 
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lunes, 23 de marzo de 2020

INGRESO BÁSICO DE EMERGENCIA

El diputado nacional Alejandro Cacace (UCR) ha presentado un proyecto de ley para implementar un Ingreso Básico Universal de Emergencia. Si bien la iniciativa no contempla una asignación estrictamente “universal”, y está pensada como una herramienta temporaria, es una excelente respuesta en la emergencia y pone al tema del ingreso ciudadano universal en el debate de la agenda pública. El ingreso básico universal, ingreso ciudadano, renta básica de ciudadanía, o cómo se llame, no es una idea nueva, ni es una idea “comunista”. 
Podríamos rastrear sus orígenes aún antes, pero el primero que la esbozó y justificó de una manera sistemática fue Thomas Paine a fines del siglo XVIII. Hunde sus raíces filosóficas e ideológicas en lo mejor del liberalismo progresista de Occidente. Bertrand Russell, Martin Luther King, y Milton Friedman, entre muchos otros, están entre sus impulsores, de una u otra manera. La implementación efectiva de esta idea se ha llevado adelante desde hace algunos años en Alaska con gran éxito, siendo el estado menos con menor desigual distribución del ingreso de los Estados Unidos. 
Tampoco es una idea nueva en Argentina. Hay propuestas concretas al menos desde proyectos del bloque radical firmados por Elisa Carrió y Elisa Carca en los 90. Si bien el proyecto de Ingreso Ciudadano a la Niñez de Elisa Carrió tampoco era universal en sentido estricto, sí lo era en el universo de la población infantil, y constituía una instancia superadora de la superposición de AUH, asignaciones familiares y deducciones impositivas que tenemos hoy. El INCINI implementado a tiempo habría significado un instrumento eficiente para reducir la incidencia de la pobreza extrema en la niñez. 
Hoy en todo el mundo la emergencia de la crisis del coronavirus está acelerando y estimulando el debate en torno a estos temas. A izquierda y derecha, demócratas y republicanos, Trump y Trudeau, gobiernos de diversos signos políticos están implementando o evaluando políticas públicas inspiradas en el concepto del ingreso básico universal. La idea del ex pre candidato demócrata Andrew Yang de otorgar a cada cada persona en los Estados Unidos un cheque mensual de 1000 dólares como derecho de ciudadanía y no como una dádiva o “plan” pudo haber sonado descabellada hasta hace poco, pero ya no. La crisis ha actuado como un gigantesco catalizador que ha acelerado los tiempos y ha hecho madurar ideas que parecían utópicas o futuristas. 
Proyectos como el del diputado Alejandro Cacace contribuyen a encontrar soluciones eficaces en la emergencia pero además ayudan a pensar estrategias para la postpandemia. Ni en las peores circunstancias se deja de planificar el futuro. Los ingleses diseñaron su Sistema Nacional de Salud en plena Segunda Guerra Mundial. Aprovechemos la crisis como una gran oportunidad para empezar a pensar y construir una sociedad mejor. 
#IBU 
#IngresoBásicoUniversal
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miércoles, 29 de enero de 2020

LA REFORMA QUE NO FUE

Roque Sáenz Peña01.JPG
Los primeros y los últimos intentos (frustrados) de reformas tributarias basadas en el impuesto al valor del suelo libre de mejoras en la República Argentina.
José Antonio Artusi 
Henry George escribió y publicó en 1879 su primer libro, “Progress and poverty” (Progreso y miseria). A pesar de no ser un autor conocido ni un acádemico, la obra se transformó en un éxito editorial pocas veces visto. Se vendieron millones de ejemplares y fue traducido a muchísimos idiomas. Se considera que llegó a ser en su tiempo uno de las tres personas más famosas de Estados Unidos junto a Mark Twain y Thomas Alva Edison. 
Sin embargo, tras su muerte la gravitación de las ideas de Henry George fue decayendo, y hoy es casi desconocido en muchos países. Por qué? El economista norteamericano Mason Gaffney tiene una teoría: Henry George defendió la justicia social y la eficiencia económica tan exitosamente que tenía que ser detenido. Así fue. Como? La economía neoclásica fue el instrumento. Raúl Girbau plantea que “la economía neoclásica es el idioma de la mayoría de los que participan en el discurso económico de hoy. Es el paradigma que arruina las tiernas mentes de los jóvenes. Además impide el florecimiento del pensamiento sembrado por los fundadores de la ciencia económica, los que son presentados como simples decorados en un jardín ornamental. La economía neoclásica tomó forma hace unos cien años atrás, cuando Henry George y sus propuestas de reforma eran un peligro político claro y presente y, a la vez, un reto para el establecimiento en el mundo de un nuevo pensamiento en materia económica. Pocas personas son concientes hasta qué punto los fundadores de la economía neo-clásica han cambiado la disciplina con el expreso propósito de desviar a George y evitar que los futuros estudiantes de economía conozcan sus argumentos. La estratagema fue semántica: destruir las mismas palabras en las que George se expresaba. Simon Patten lo expuso de manera sucinta. Nada agradaría más a un contribuyente que utilizar las teorías sobre el `single tax´ (una sola contribución al Fisco y librarse de todos los impuestos). Por lo tanto, esa doctrina económica tenía que ser eliminada” (1).
Al respecto, Héctor Raúl Sandler aporta la siguiente reflexión: “¿En que consistió el radical cambio contenido en la ciencia económica neoliberal? Nada más ni nada menos que en una mutación del paradigma de este conocimiento científico. En términos de Thomas Kuhn cabría decir que se llevó a cabo una “revolución científica”. El cambio de paradigma consistió en la eliminación de la tríada trabajo-tierra-capital como factores de la producción y su sustitución por el binomio trabajo-capital. A partir de los “neoclásicos” con aire científico se sostiene el disparate de enseñar que los factores de producción no son tres, sino tan solo dos: el trabajo y el capital. Es increíble, pero el “lavado de cerebro” ha sido tan profundo que nadie – ni en la cúspide ni el llano – recuerda a la tierra como el básico factor de producción, a pesar que sin él no puede haber no solo economía sino ni siquiera la vida. Como es lógico, borrada la tierra del paradigma de la producción, desaparece de la ecuación económica lo que no es cosa sino valor:
la renta económica del suelo. Este cambio altera por completo la ecuación necesaria para distribuir los “valores” producidos. El “valor” de la producción ha de ahora dividirse entre los “únicos” agentes que lo producen: trabajadores e inversores de capital. Esta eliminación fue de gravísimas consecuencias teóricas y prácticas. La ciencia económica clásica consideraba a la recaudación de la renta del suelo deber primordial del Estado de derecho, pues no solo constituye la base del tesoro público , sino que era el modo mediante el cual el gobierno asegura un acceso igualitario al suelo para todos los miembros de las sucesivas generaciones , dispuestos a ganarse el pan mediante el trabajo. El progreso económico – a la luz de la economía clásica - no debía verse frenado por la miseria de millones de hombres. La disponibilidad de tierra en un pie de igualdad, es para esta ciencia la condición material para la democracia y para el dictado de una legislación arreglada a derecho. Recaudar la renta del suelo elimina por principio la exacción mediante los impuestos, todos los cuales dada la nueva “formula” han de recaer sobre productores, inversores y consumidores” (2).  
En su libro Henry George, tal como lo señala Eduardo Conesa,  “defiende la idea de un impuesto único sobre la renta pura o "no ganada" de la tierra. Dicha forma de imposición permitiría al Estado apropiarse de aquella parte de la renta bruta total debida a las condiciones naturales de fertilidad y localización, dejando exenta la parte obtenida como consecuencia de las mejoras realizadas por el propietario mediante el trabajo y la inversión de capital. Este impuesto, según George, sería además el único admisible para la financiación de los gastos gubernamentales y permitiría, según él, la eliminación de los demás tributos, lo cual constituiría un aliciente para el comercio y para la industria y un beneficio para los obreros, forzando a su vez a los terratenientes a mejorar su propiedad.” (3) De esta manera sigue los pasos de David Ricardo y los economistas clásicos: “Se trata de argumentos atribuibles principalmente a David Ricardo con el impuesto a la tierra libre de mejoras. En este trillado tema, la vieja escuela liberal clásica se cubrió de gloria delante de los estudiosos de la economía y las ciencias sociales y políticas. En efecto, el impuesto a la tierra libre de mejoras puede ser la base de un sistema impositivo destinado a liberar las energías sociales, promover la eficiencia y el crecimiento, sin distorsionar la asignación de los recursos, y por sobre todo ello, tendiente a la materializar un ideal de justicia distributiva. El mismo David Ricardo decía en el libro citado: “un impuesto sobre la renta de la tierra no afectaría solamente a esta; recaería totalmente sobre los propietarios y no podría transferirse a los consumidores. El propietario no podría subir la renta porque dejaría inalterada la diferencia entre el producto obtenido en el terreno menos productivo y el cosechado entre los demás.” (3) También es pertinente recordar - siguiendo a Eduardo Conesa - que  “el padre de la Economía Política, Adam Smith, ya en el Libro V Capítulo 2 de la Riqueza de las Naciones de 1776, parece favorecer el impuesto a la renta de la tierra y hace referencias a la “ingeniosa teoría” de los fisiócratas franceses al respecto.” (3)
Las ventajas del impuesto al valor del suelo son muchas y bien conocidas en la teoría económica, pero no tiene a pesar de eso la difusión que debería tener. Entre los puntos a favor, que llevaron a economistas como Joseph Stiglitz y Milton Friedman a recomendarlo - éste último señalando que era el menos malo de los impuestos -, podemos reseñar la siguiente enumeración, basada en la que hace David Triggs (4):
1.- No se puede trasladar, a diferencia de los impuestos indirectos al consumo. El propietario del suelo debe pagarlo él mismo. No afecta el precio de los alquileres ni de la producción. Es más, puede hacer bajar el componente atribuido al suelo de los alquileres en la medida en que tiene a reducir su valor, por ende a disminiuir la renta percibida por el propietario, y por lo tanto a aumentar la oferta.
2.- El suelo no se puede esconder. La evasión fiscal se torna imposible.
3.- Se trata de un impuesto progresivo, que recae más pesadamente sobre quienes se benefician más de la comunidad, y más livianamente donde el beneficio es menor.
4.- El impuesto al valor del suelo libre de mejoras tiende a incrementar la cantidad de suelo disponible, en la medida en que desincentiva el mantenerlo vacante o fuera de uso.     
5.- Reduce la especulación inmobiliaria, dado que no tiene sentido esperar una ganancia debida a un incremento en los valores del suelo cuando tal ganancia es acompañada por un incremento en el impuesto. Si la alícuota del impuesto significara el 100% de la renta anual, el sitio no tendría valor. Esto es porque el precio del suelo expresa el valor capitalizado de un flujo anticipado de ingresos por renta.    
6.- Permitiría reemplazar otros impuestos perniciosos, regresivos y distorsivos, y reduciría el peso de la carga impositiva sobre las actividades productivas, contribuyendo a reactivar la economía y mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores.
7.- Estimularía la actividad económica en áreas hoy marginales, que serían destinadas a usos productivos por nuevos emprendedores. En nuestro país, tal como señala Conesa, “vastas extensiones de tierra en el Chaco, Formosa, Salta, Santiago del Estero, provincias con una recaudación bajísima en este impuesto, deberán ser aplicadas a las producciones más rentables. La mera posesión de tierras con agricultura extensiva para lucrar con la valorización de la tierra en el largo plazo dejaría de ser conveniente. Habría una gradual y beneficiosa transferencia de tierras a aquellos que la saben trabajar, como enseña la experiencia universal. Claro está que la mayor parte de esa producción adicional deberá ser exportada, lo cual potenciará el desarrollo del país. Se repetiría así el boom exportador de 1860-1914, época en que también el impuesto inmobiliario, llamado entonces contribución territorial directa, proveía el 60% de las finanzas provinciales”. (5)  
8.- Promovería el óptimo aprovechamiento económico del suelo y la mano de obra, dado que habría un mayor incentivo para que los productores más eficientes se empleen a sí mismos y contraten trabajadores en sitios con mayor potencial productivo.
9.- El impuesto no tendría un efecto distorsivo en las decisiones económicas. Aquellos emprendimientos que fueran viables antes del impuesto permanecerían viables con el impuesto establecido. Esto puede contrastarse con el impuesto a las ganancias, el IVA, o  el impuesto a los ingresos brutos, por ejemplo, que tornan inviables ciertas actividades económicas que serían viables sin el impuesto. Los efectos negativos en el empleo y en el nivel de salarios de los impuestos a los ingresos y al consumo son muy significativos. El impuesto al valor del suelo es el único que no genera lo que los economistas de habla inglesa denominan “deadweight loss”, que ha sido traducido de diversas maneras, pero sin lograr la contundencia del término: pérdida de eficiencia económica, etc. Los impuestos al consumo aumentan el precio pagado por los consumidores y disminuyen lo percibido por los productores, generando una menor demanda y producción del bien de que se trate. El impuesto al valor del suelo libre de mejoras deja intacto el precio pagado por el arrendatario y disminuye la renta del propietario, siendo parte de esta absorbida por el impuesto.  Eduardo Conesa señala en ese sentido que “el fundamento teórico del impuesto a la tierra libre de mejoras radica en la baja elasticidad de oferta de la misma tierra. Si la curva de oferta de tierra es una línea vertical, el impuesto deberá ser absorbido por el mismo propietario. Es imposible que el propietario lo traslade. Y para poder conservar su propiedad, no tendrá más remedio que hacerla producir más para poder pagar el impuesto y todavía tener un excedente. Es importante, sin embargo, que el impuesto se aplique solamente a la tierra libre de las mejoras que pueda efectuar el mismo propietario. Se trata de no desalentarlo a construir edificios, alambrados, silos, molinos, aguadas, canales y toda clase obras a ejecutar por el mismo dueño, tendientes a mejorar la productividad del predio de que se trate”. (3)
10.- La inversión especulativa en suelo se volvería menos atractiva mientras que la inversión en emprendimientos productivos sería más atractiva. 
11.- El impuesto constituiría un componente vital de cualquier sistema que grave el uso de los recursos naturales colectivos. La filosofía subyacente provee las bases para la implementación de medidas de protección ambiental.   
12.- El impuesto refleja el derecho natural relativo a la creación y distribución de riqueza, permitiendo a los productores disfrutar mejor de los frutos de su esfuerzo mientras que restituye a la comunidad aquello que deviene del esfuerzo comunitario o es atribuible a los recursos naturales comunes.    
La influencia y el impacto de las ideas de Henry George en el mundo académico y político en la República Argentina constituyen un tema todavía poco explorado. Nos limitaremos en este caso a reseñar brevemente dos intentos – quizás el primero y el último hasta ahora - de poner en marcha, a través de sendas leyes, políticas públicas basadas en la propuesta fundamental esbozada por Henry George: un impuesto al valor del suelo, libre de mejoras, como forma de recuperar para el Estado su renta mediante instrumentos tributarios, o al menos parte de ella. Nos referimos a un proyecto de ley enviado al Congreso por el Presidente Roque Saenz Peña durante su presidencia (1910-1914) y a otro presentado en 2016 por el diputado nacional Eduardo Conesa. En ambos casos fueron intentos fallidos, y de hecho son bastante poco conocidos; a pesar de que en el primer caso su impulsor fue el Presidente de la República y en el segundo un legislador oficialista, de la coalición del Presidente Macri.        
Con respecto al primero, Eduardo Conesa considera que “especial reconocimiento merece Roque Sáenz Peña, pues más allá de su adhesión intelectual a la idea, en ejercicio de la presidencia promovió dos proyectos de ley tan consistentes entre sí como la cara y la ceca de una moneda: uno, político, la ley del voto secreto y obligatorio, por el que es recordado y otro, que movilizaba la economía y respaldaba las bases económicas de la democracia. Sin ésta segunda ley, la primera podía ser peligrosa para la paz social y la estabilidad política del país. El segundo proyecto fue archivado por causa de su prematura muerte y olvidado por los siguientes hombres públicos, pero es de enorme actualidad. Su fin era asegurar la “democracia política” mediante una correlativa “democracia económica”, consistente en “igual derecho de acceso a la tierra para todos que quisieran trabajarla”. El proyecto establecía el impuesto a la renta de la tierra libre de mejoras, a pagar en todos los territorios nacionales (las 10 gobernaciones) que en su conjunto eran la mayor parte, del territorio argentino de entonces. Los antecedentes de este
proyecto provenían del decenio de 1820 durante el gobierno de Rivadavia”. (6)
Carlos Invernizzi, en su tesis doctoral de 1947, recuerda que “en  1909 el diputado socialista Juan B. Justo se ocupó del nuevo impuesto. Sostenía la conveniencia de aplicar a nuestra propiedad una imposición al mayor valor, demostrando de una manera irrefutable y con ejemplos evidentes, cómo se presenta en nuestro país el fenómeno de la valorización, que no se debe a la acción de los propietarios, sino al progreso humano.” En la mencionada tesis su autor considera que “un impuesto al mayor valor es evidentemente necesario, en países como la Argentina, donde la tierra aumenta rápidamente de valor por obra de la comunidad” y agrega que “el fenómeno no era desconocido tampoco para el Dr. Roque Saenz Peña, a cuya iniciativa directa se debe el proyecto de ley creando un “Impuesto sobre el mayor valor de la propiedad territorial”, presentado a consideración de la Cámara de Diputados el 28 de Junio de 1912, que ya había anunciado pocos días antes en su mensaje ante el Congreso, en la apertura del período de sesiones de 1912, con las siguientes palabras: “considero necesario crear un impuesto que falta en nuestro régimen financiero , impuesto que han adoptado con éxito otras naciones y cuya ausencia no abona la justicia distributiva con que debería estar establecido entre nosotros, me refiero al impuesto sobre la valorización de la propiedad, en cuanto ella no proceda de la obra o trabajo privado, sino del esfuerzo, colectivo. Están gravados todos los consumos y todas las industrias, las necesidades premiosas de la vida, tanto como el trabajo del hombre que le asegura moderadas ganancias, y no está el enriquecimiento obtenido sin esfuerzo, por la acci6n de la comunidad, que viene a premiar, sin merecimiento propio lo que constituye obra de todos.  Se impone así una reparación de tan notorio privilegio y si bien dentro de nuestro régimen constitucional la legislación solo podría alcanzar a la capital y a los territorios nacionales, debería
aplicarse a las regiones que lo sufragarán para llenar necesidades locales y en particular a las obras públicas". La idea no era una novedad en el accionar público de Saenz Peña. En tal sentido, Invernizzi recuerda que “con esta iniciativa, el Dr. Saenz Peña completó teóricamente su actuación anterior, porque ya en 1898 expuso, como asesor del gobierno de la provincia de Buenos Aires, en un alegato ante la Suprema Corte Nacional, los fundamentos de la contribución especial del mayor valor acrecido a la propiedad inmueble cuando resulta de la actividad directa del Gobierno. El origen de la cuestión fue la supuesta inconstitucionalidad del impuesto de mejoras, legislado en la llamada Ley de Desagües. La Suprema Corte se pronunció por la buena doctrina, estatuyendo la justicia y conveniencia de la participación de la economía colectiva en la valorización de la propiedad inmueble sólo a ella debida y ajena por completo a la actividad individual de los propietarios beneficiados.” (7)
Hubo también en esos años algunos intentos de llevar adelante reformas tributarias de cuño georgista a nivel municipal y provincial, en la Ciudad de Buenos Aires, Jujuy, Córdoba, Entre Ríos, etc.. No es nuestro propósito analizarlas detalladamente acá, pero es oportuno mencionarlo para dar cuenta de la penetración que habían logrado las ideas del autor de Progress and Poverty en ciertos ámbitos de la dirigencia política en nuestro país.   
Volviendo a las ideas de Juan B. Justo y de Saenz Peña, corresponde analizarlas no por separado, sino como la evidencia de cierta tendencia convergente de algunos sectores de las fuerzas políticas argentinas, que sin embargo no llegó a plasmarse más que en acuerdos teóricos o testimoniales. Al respecto, Roy Hora interpreta que “la mecánica del proceso de redistribución del suelo sugerida por Justo pone de relieve el gradualismo de su programa para el campo. Una agricultura dominada por productores familiares independientes formaba parte de su horizonte último, no de su propuesta para el presente. Y para avanzar hacia ese norte proponía un camino, la vía impositiva, que era el que también propugnaba el por entonces muy influyente Henry George quien, ubicado en la izquierda del arco liberal y republicano, ya en los años setenta venía predicando contra el interés terrateniente y en favor del impuesto único a la tierra como base del sistema tributario. Este énfasis en la captura de la renta como vía de reforma, que oponía clases productivas y clases parasitarias y dejaba en un segundo plano las relaciones de producción, nos recuerda que la perspectiva analítica del socialismo argentino sobre el problema de la tierra siempre fue más ricardiana que marxista. Su bestia negra era el rentismo, no el capitalismo.”   (8)
Sin embargo, la cuestión de la asimilación por parte del socialismo argentino de las ideas georgistas en las primeras décadas del siglo tiene otras interpretaciones. Es así que Daniel De Lucía señala que “en 1902 el líder socialista Juan B. Justo criticaba la teoría georgista de la renta en un par de artículos publicados en el diario socialista La Vanguardia. En el Congreso Internacional del Librepensamiento (1906) defendieron posiciones georgistas Juan Balestra, el diputado socialista Alfredo Palacios y el ex socialista, Nicanor Sarmiento. Este último difundió las ideas de George en la revista Universidad Popular y fundo un efímero Partido Liberal que en 1907 participó de la huelga de los inquilinos porteños, siguiendo el principio georgista que veía en el alquiler de las viviendas un tipo de renta espuria”; y recuerda que  “más allá de esta toma de distancia en términos políticos y sociales en las filas del Partido Socialista hubo muchos simpatizantes de las tesis georgistas, en particular en el área impositiva. Esto explica que el propio Justo, Mario Bravo, Nicolas Repetto, etc hayan formado parte de la fundación de la Liga Argentina por el impuesto único. Durante los años de auge del georgismo varias de las cabezas visibles de esta corriente provenían de las filas socialistas, entre ellos Cándido Villalobos, el máximo referente del georgismo vernáculo. El dirigente agrario Luis Denegri y otros georgistas que impulsaron la Liga Agraria en La Pampa provenían del Centro Socialista de Santa Rosa, una las primeras ciudades del país que tuvo una municipalidad socialista. En un folleto de 1915 el diputado socialista Antonio De Tomaso presentó un proyecto de reforma impositiva para el agro según el modelo de la legislación de Nueva Zelanda y Australia que había sido inspirado en las tesis de George. Como se sabe De Tomaso y Federico Pinedo liderarian en los años 20 una fracción socialista liberal que en 1927 formaría el Partido Socialista Independiente en donde se dejaría sentir el eco georgista en algunos de sus postulados programáticos”. (9)
Con respecto al proyecto de ley de Saenz Peña, Héctor Sandler plantea que, en relación a Henry George, “en nuestro país su doctrina coincidía con los principios propugnados por la Revolución de Mayo. Fue receptada por los más entusiastas reformadores sociales, entre los que se destacara de modo principal el presidente Roque Saenz Peña. En extraordinaria iniciativa envió al Congreso un proyecto de ley para que el gasto público fuera soportado, en primer lugar, por el cobro anual de la “renta del suelo”. No tratado por causa de su prematura muerte, el país cambió de rumbo. En los 1930, se copió el sistema implantado en los Estados Unidos en 1913. Se estableció como fuente de recursos para el gasto público los “impuestos a los réditos”, matriz del agobiante sistema actual que castiga a los trabajadores e inversores de capital real y premia a la especulación con el valor del suelo. Esto acarreó la pobreza creciente de los trabajadores y paralizó a la inmigración. A partir de 1943 otro fue el rumbo adoptado, generando magnos conflictos sociales que hasta hoy perduran. Estos efectos fueron previstos por Henry George”. (10). En otro trabajo Sandler asevera que el “revolucionario” proyecto de Saenz Peña estaba “destinado a cambiar la economía argentina”,  y era “necesario para dar cabal sentido al otro proyecto gemelo ordenando la vida política con la ley del voto secreto universal y obligatorio. Es justo recordar aqui que las ideas de George eran en su esencia las de Manuel Belgrano, las que inspiraron a los patriotas de Mayo, quienes trataron de consolidar la revolución política y social con la revolución económica mediante la Ley de Enfiteusis de 1826. (2)
Es interesante recordar que la frustrada iniciativa del Presidente Roque Saenz Peña tiene un antecedente menos conocido aún, que tuvo como protagonista a su padre, Luis Saenz Peña, cuando ocupara la primera magistratura de la República. Al respecto, Ezequiel Grisendi nos recuerda que “en una breve nota publicada en Mundo Argentino, revista dirigida por el periodista y editor uruguayo Constancio C. Vigil, el arquitecto Ángel Silva (h) aseguraba a mediados de la década de 1910, que la presencia del georgismo en Argentina distaba de ser reciente. Contrariamente a lo que sostenían sus numerosos detractores, formaba parte de una larga serie de discusiones sobre la naturaleza y el alcance de los impuestos que ya habían concentrado el interés de los sectores dirigentes argentinos. En 1894, el entonces Presidente de la nación, Luis Sáenz Peña, había dispuesto mediante un decreto impulsado por su Ministro de Hacienda, José A. Terry, la creación de una comisión técnica para evaluar las posibilidades de una reforma tributaria que contemplara el valor de la tierra libre de mejoras, uno de los principios doctrinales del georgismo. Silva lamentaba, veinte años después, aquella oportunidad obturada por las presiones de los grandes terratenientes y los obstáculos presentados por la burocracia de la administración nacional”. (11)
Veamos ahora el último intento, el de Eduardo Conesa en 2016 (y otro proyecto similar en 2017). En un proyecto de ley que consta de 25 artículos Conesa propone establecer “un impuesto progresista a la tierra libre de mejoras a nivel nacional, y simultáneamente, la derogación de varias gabelas distorsivas y/o contraproducentes vigentes en nuestro país, tales como los impuestos a los ingresos brutos y los impuestos inmobiliarios provinciales y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En los fundamentos de la iniciativa su autor considera que “estos impuestos retrasan el crecimiento económico de nuestro país, disminuyen los salarios reales y frenan la actividad económica. El impuesto a la tierra libre de mejoras aquí diseñado compensaría con substanciales ingresos la recaudación de los impuestos derogados, así como también la recaudación del impuesto sobre los bienes personales y del impuesto a la ganancia mínima presunta. Además, debería ser aceptado por las legislaturas de las provincias y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y recaudado por los fiscos provinciales. Los contribuyentes propietarios de los lotes respectivos en las distintas provincias y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires tendrían la ventaja de computar el impuesto a la tierra libre de mejoras como pago a cuenta del impuesto nacional a las ganancias”. Por otra parte, “tendría consecuencias sinérgicas importantes para el aumento de la producción agropecuaria, la expansión de la industria de la construcción, la creación de empleos, el aumento de los salarios reales en un 6%, la mejora en la recaudación impositiva provincial, municipal y nacional. Además de promover la correspondencia fiscal, la reducción de la evasión y la justicia distributiva conjuntamente con la eficiencia económica”, y enfatiza que “para que el impuesto a la tierra libre de mejoras que propone esta ley no resulte en una sobrecarga insoportable para los contribuyentes, su pago debería ser considerado como pago a cuenta del impuesto a las ganancias, y debería estar acompañado de la derogación del impuesto a los ingresos brutos a nivel provincial y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y a los bienes personales y del impuesto a la renta mínima presunta, en relación a los inmuebles alcanzados por el impuesto propuesto. De esta manera, esta iniciativa legislativa sería extremadamente conveniente para las provincias, pues reduciría de una manera formidable su subordinación de facto al gobierno nacional.” (5)
Esta valiosa iniciativa careció, lamentablemente, de suficiente apoyo político como para prosperar. Solamente figuran como co-firmantes del proyecto los diputados Carlos Gastón Roma (Tierra del Fuego – Unión PRO) y Héctor María Gutiérrez (Buenos Aires – UCR).
Constituye, de todos modos, un valiosísimo antecedente que forma parte de una larga serie de intentos de lograr una profunda reforma tributaria en nuestro país sobre la base del concepto general de gravar las rentas del suelo y desgravar la inversión de capital y el trabajo. Antecedente que habrá que reflotar algún día, junto a otros que no hemos analizado aquí, para producir esa reforma tan necesaria si queremos realmente asegurar el progreso y erradicar la miseria.

Arroyo Urquiza, Entre Ríos, Argentina, Enero de 2020.-   

Bibliografía
1. Girbau, Raúl. LA ECONOMIA NEO-CLÁSICA, UNA ESTRATAGEMA CONTRA LA CIENCIA ECONOMICA. http://elrelativismojuridico.blogspot.com/. [En línea] 18 de Marzo de 2011. [Citado el: 29 de Enero de 2020.] http://elrelativismojuridico.blogspot.com/2011/03/la-ciencia-economica-neo-clasica-una.html.
2. Sandler, Héctor Raúl. LA EDUCACIÓN SUPERIOR Y NUESTROS PROBLEMAS SOCIALES. http://ensenanzaderecho.jursoc.unlp.edu.ar/. [En línea] [Citado el: 29 de Enero de 2020.] http://ensenanzaderecho.jursoc.unlp.edu.ar/documentos/economiapolitica/sandler-hector-raul.pdf.
3. Conesa , Eduardo Raúl. El impuesto a la tierra libre de mejoras, recursos naturales, hidrocarburos y el federalismo en la Argentina. elDial.com - DC18FC. [En línea] 20 de Julio de 2012. [Citado el: 29 de Enero de 2020.] http://www.eduardoconesa.com.ar/pdf/a-2014h.pdf.
4. Triggs , David. Progress Without Poverty. https://www.henrygeorgefoundation.org/. [En línea] [Citado el: 29 de Enero de 2020.] https://www.henrygeorgefoundation.org/courses/on-line-learning/progress-without-poverty/all-pages.html.
5. Conesa, Eduardo Raúl. IMPUESTO A LA TIERRA LIBRE DE MEJORAS. https://www.hcdn.gob.ar/. [En línea] 2017. [Citado el: 29 de Enero de 2020.] https://www.hcdn.gob.ar/proyectos/textoCompleto.jsp?exp=4765-D-2016&tipo=LEY.
6. Conesa , Eduardo Raúl. Proyectos de ley presentados por el diputado nacional Eduardo Conesa. http://www.eduardoconesa.com.ar/. [En línea] 2017. [Citado el: 29 de Enero de 2020.] http://www.eduardoconesa.com.ar/pdf/l-2017.pdf.
7. Invernizzi, Carlos. Impuesto al mayor valor de la propiedad inmueble. bibliotecadigital.econ.uba.a. [En línea] 1947. [Citado el: 29 de Enero de 2020.] http://bibliotecadigital.econ.uba.ar/download/tesis/1501-0397_InvernizziC.pdf.
8. Hora, Roy. ¡Cómo pensaron el campo los argentinos? Y cómo pensarlo hoy, cuando ese campo ya no existe. Buenos Aires : Siglo Veintiuno Editores, 2018.
9. De Lucía, Daniel. ¡Ni capitalismo rentista, ni socialismo! Losliberales georgistas. UTOPÍA, IDENTIDAD E INTEGRACIÓN. EL PENSAMIENTO ALTERNATIVO EN LA ARGENTINACONTEMPORANEA. [En línea] 2013. [Citado el: 29 de Enero de 2020.] https://es.scribd.com/doc/169812744/145574551-Hugo-Biagini-a-a-Roig-Eds-El-Pensamiento-Alternativo-en-La-Argentina?fbclid=IwAR3aRxJd42L7q4fwAyJSkDjjq3NA-yzvpY_Qe8Of2p7ABC_8NwvIlm2LTVo.
10. Sandler , Héctor Raúl. El Peligroso Misterio de porque el Derecho Bárbaro de los Romanos genera DESIGUALDAD y VIOLENCIA. http://elrelativismojuridico.blogspot.com/. [En línea] 20 de Diciembre de 2017. [Citado el: 29 de Enero de 2020.] http://elrelativismojuridico.blogspot.com/2017/12/el-peligroso-misterio-de-porque-el.html.
11. Grisendi, Ezequiel. Contra nuestro feudalismo: Intelectuales y política en la expansión del georgismo en Argentina (Córdoba, 1914-1924). Nuevo Mundo Mundos Nuevos. [En línea] 1 de Diciembre de 2015. [Citado el: 29 de Enero de 2020.] https://journals.openedition.org/nuevomundo/68743.

   
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