sábado, 20 de marzo de 2021

Silvio Gallay presidirá el Comité Departamental de la UCR de Uruguay

Silvio Gallay sucederá a Felicitas Rodríguez en la presidencia del Comité Departamental de la Unión Cívica Radical de Uruguay. Tras la presentación de una única lista de candidatos para la renovación de autoridades partidarias del radicalismo en el ámbito departamental, denominada "Unidad Radical Uruguayense", se conoció este viernes la nómina de quienes integrarán tanto el Comité Departamental como la lista de delegados al Congreso Provincial de la UCR, que estará encabezada por la Presidente saliente, Felicitas Rodríguez. 

Silvio Gallay es un joven abogado egresado de la UCU, y se desempeñó entre 2015 y 2019 como concejal en la Municipalidad de Pronunciamiento. Actualmente preside la Juventud Radical del Departamento Uruguay. Gallay estará acompañado por Marta Bourband, de Concepción del Uruguay, como Vicepresidenta primera, y Jorge Pioli, de Basavilbaso, en la Vicepresidencia segunda. 

Reproducimos a continuación la nómina completa de candidatos que fuera presentada para su oficialización en la Casa Radical: 

Presidente: Silvio Martín Gallay 

Vicepresidente 1º: Marta Graciela Bourband 

Vicepresidente 2º: Jorge Oscar Pioli 

Secretaria: Marina Edith Fernández 

Prosecretario: Jonathan Ezequiel Bohl 

Tesorera: Paula Mariana Oga 

Protesorero: Raúl Anibal Rottoli

Secretaria de Prensa: Griselda Raquel Gabioud

Prosecretario de Prensa: Carlos Juan Burgos Leuze

Vocales: Rosa Ana Squivo, Sergio Gerardo Medail, Sandra Analía Ronconi, Luis Antonio Rodríguez, Miriam Paola Lemes y Roberto Ardaiz. 

La joven Brisa Martin, por su parte, sucederá a Silvio Gallay en la Presidencia de la Juventud Radical del Departamento Uruguay.- 

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martes, 9 de marzo de 2021

URQUIZA, FRONDIZI Y EL COLEGIO NACIONAL

Por Fidel Rodríguez
Este título puede parecer ambicioso, y demasiado abarcativo, pero no lo es, tampoco intenta comparar a dos hombres de Estado, sino el de señalar algunas  coincidencias o puntos de encuentro en sus políticas de Estado, que me  llevan a conclusiones fundadas y verosímiles, discutibles  y en algunos casos polémicas, pero que trato de basarlas en la realidad, respetando las distintas opiniones.
Comienzo la nota, por señalar las diferentes visiones de los viajeros antes y después de 1850, los primeros describen esta comunidad con crudeza como una ciudad muy pobre de casas miserables de adobe y paja con una escasa  población que rondaba los 3500 habitantes.
Los segundos en cambio, como el caso de Thomas Page, marino norteamericano, que visita esta región en 1852 y años más tarde, la ven como progresista, debido sin duda a la influencia positiva que tuvo la creación del Colegio del Uruguay, al punto tal que Page mandó a su hijo a estudiar a este colegio, al que consideraba similar a un college americano. Ello era así por cuanto en esa a época contaba con un cuerpo de profesores de excelente nivel, la mayoría de ellos europeos. 
En el Colegio del Uruguay  se brindaba una enseñanza laica, de calidad, inclusiva, igualitaria que nivelaba a ricos y pobres y a jóvenes que provenían de distintas partes del país, fue el primero en admitir a la mujer en sus aulas, como la recordada Dra. Teresa Ratto, primera bachiller una de las primeras médicas del país, que ingreso al Colegio gracias a los buenos oficios del Dr. Benjamín Zubiaur, Rector entre los años 1892-1898. Fue también el primero o uno de los primeros en adoptar prácticas deportivas al aire libre como  futbol, tenis, remo, gimnasia de grandes aparatos, atletismo, etc.
En el Siglo XIX hubo tres colegios que se destacaron, el Monserrat de Córdoba , el Nacional Bs As y el Colegio del Uruguay, pero este sobresalió por una cualidad que se advirtió rápidamente en los hechos, fue formador de ciudadanía activa , entendiendo por tal la educación que tiende a formar a  los jóvenes en las prácticas e ideas republicanas  que en definitiva consisten en subordinarse a la ley y al sistema institucional que ella crea  y no a la voluntad omnimoda del caudillo de turno, y en la gestión eficaz de los asuntos públicos, preparados para producir los cambios necesarios en la sociedad.
En definitiva sustituir las viejas prácticas de vasallaje  por el de personas con derechos y obligaciones, o sea ciudadanos, que implican la participación democrática y el respeto de la libertad y dignidad del individuo, pero también obligaciones.

La democracia y la república no nacen como un don de Dios o de la naturaleza, sino que hay que construirlas y cuidarlas con nuestras prácticas diarias razonables y responsables de gobernantes y gobernados, tampoco constituyen la panacea, pero si un sistema que permite escucharnos y corregir a diario nuestros errores, por supuesto el menos malo de los sistemas conocidos, como lo demuestran los países que les ha ido muy bien con la observancia de sus postulados.

Por lo tanto, la creación del Colegio no fue una obra de un alucinado,  sino de un visionario que lo pensaba como formador de clase dirigente, imprescindibles para  la organización nacional.
Ello explica la cantidad muy numerosa de dirigentes políticos y sociales que surgieron de sus aulas: tres presidentes constitucionales argentinos, Roca en dos oportunidades Victorino de la Plaza y Arturo Frondizi,  dos paraguayos, dos vicepresidentes, Hortensio Quijano, en dos oportunidades y Francisco Beiró, candidato electo en la formula Yrigoyen Beiró en 1928, que no pudo asumir el cargo debido a su fallecimiento, once ministros, ministros Uruguayos, catorce Gobernadores, Legisladores Nacionales y Provinciales, Tres presidentes de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, a ello se podría agregar a eximios juristas y hombres de derecho, a exploradores, a industriales, a investigadores, a docentes y teóricos, a poetas y escritores como Olegario Víctor Andrade, José Alvarez, Victoriano Montes, Diego Fernández Spiro, Cayetano Córdoba Iturburu , Carlos Mastronardi, entre otros.
Estos datos los he obtenido del reconocido historiador local Celomar Argachá en sus libros “Colegio del Uruguay Justo José de Urquiza” y “El Colegio del Uruguay a través de sus rectores”. También me he basado en la obra “Urquiza y su Palacio” del historiador también local, Profesor Orlando Busiello, ambos miembros del CCU, cuya lecturas recomiendo. 
Entre los hombres de estado que tuvieron destacada actuación en la república, destaco al Dr Arturo Frondizi, al que califico como hijo dilecto del Colegio, y esto no es una frase común, porque fue un hombre republicano y democrático y además porque intentó como Urquiza 100 años después dotar al país de un sistema económico que asegurara el crecimiento y el bienestar de los argentinos .
Sobre este aspecto me quiero detener, dejando de lado un poco lo político institucional. A mediados del siglo XIX, la argentina era un país pobre, muy pobre diría, fragmentado, escasamente poblado, diseminado en un territorio mucho más pequeño que el actual, la sexta parte aproximadamente y con la mayoría de su población analfabeta  que llegaba a un 80 % de su población general, sin escuelas, sin sistema educativo y con una escasa producción que se limitaba a los cueros, cebo, charqui,  tasajo etc.. A  partir de 1853 comienzan a producirse en el país además de una revolución política, una económica, que se revela en una extraordinaria expansión productiva, que colocaría a la argentina entre los primeros países del mundo.
Se construyeron puertos, ferrocarriles y también un gran cambio en materia de producción agropecuaria, la argentina empezó a producir granos , valga el ejemplo del trigo que hasta 1860 se importaba de EE. UU, sumado a los adelantos notables en materia de ganadería,  exportación de carnes, a ello se sumo la expansión ovina generada por la gran demanda internacional de lanas, especialmente por Inglaterra, Francia y Alemania. 

Terminado el Siglo XIX, el éxito del modelo agroexportador había generado un crecimiento veloz con ingresos per cápita altísimos, y una sociedad muy urbanizada, al punto de que Bs As llego a ser la mayor urbe del hemisferio sur  y  por otro, un grupo de personas bastante heterogéneo, con diversas culturas e idiomas pero que compartía la misma búsqueda de progreso.
*En este punto destaco la política inmigratoria, comenzaron a arribar al país oleadas de inmigrantes atraídos por los postulados de nuestra generosa constitución y por el hecho de que estaba todo por hacerse, ello dio lugar, un fenómeno muy particular de este país ,el nacimiento de la clase media, que en definitiva se constituyó en el motor de la argentina productiva y culturalmente destacada y en general  una sociedad muy abierta y móvil, de muchas oportunidades  

En efecto, la inmigración de fines del S. XIX  principios del XX,  fue sinónimo  de gente que venía con ganas de mejorar su condición. Eran personas con una sana ambición dispuestas a hacer un esfuerzo  muy grande, mayor incluso  al de aquellos compatriotas que se habían quedado, en ese sentido eran como un seleccionado de su país de origen.
Fue un cambio  sustancial, y en algunos casos  brutal: según el censo del INDEC de 1914, los inmigrantes representaban el 30%  de los habitantes de Bs As y eran casi la mitad  (74%) en Rosario.
Como EE. UU., la argentina tuvo un sueño poderoso y movilizador, y era el de ser un país de clase media. Si se comparaba con el resto de América Latina , nuestra sociedad era cualitativamente distinta justamente por tener un sector medio grande , poderoso y pujante , con un impacto no solo económico sino también cultural.
La gran mayoría compartía al menos  tres valores inquebrantables: el trabajo y el esfuerzo como condiciones sine qua non para cualquier  objetivo que se propusieron alcanzar, la familia como grupo de  pertenencia fundamental y la educación como un capital irrenunciable , crucial. Tan sólidos resultaron esos pilares que hasta la década del 90, a pesar de haber sufrido ya unos 50 años de turbulencias económicas y políticas, la Argentina todavía podía enorgullecerse de una gran clase media  que abarcaba al 75% de su población. 
Frondizi en 1958 advirtió como lo hizo Urquiza 100 años antes,  la necesidad de producir grandes  cambios económicos para lograr un sistema productivo que brindara bienestar a la comunidad y estabilidad política al sistema, y sin el cual no hay república ni democracia posible. 
Sus logros principales  fueron la política  petrolera, la petroquímica, la instalación de  automotrices y en general las inversiones extranjeras y la inserción del país en el mundo, cambios que generaron muchas resistencias, como todos los cambios, pero los que prontamente demostraron  un aumento notable en las actividades productivas. En este punto recuerdo las palabras del historiador  Dr. Félix Luna, en su conferencia magistral en el colegio en ocasión del sesquicentenario, en el que lo  calificó de prematuro, ya que sus políticas eran muy de avanzada para la época y para colmo, agrego , “el poder político lo tenia de prestado”.
Esto lo comprendió Frondizi hace mas de 60 años y lamentablemente los errores en que hemos incurrido como país al considerar que la riqueza solamente se distribuye y no se crea y acumula,  como resulta necesario en cualquier país capitalista con más o menos estado, con más o menos mercado, con mayor o menor intervencionismo,  pero siempre poniendo la lupa en la producción, y en gastar menos de lo que se produce,  lo contrario es lo que venimos sufriendo, altísimo déficit fiscal, inflación, agrandamiento insoportable del estado, presión tributaria insostenible y finalmente el fantasma tan temido, 45% de pobres, en uno de los países potencialmente más ricos del planeta.


Para llevar a cabo sus políticas, se rodeo de un grupo de colaboradores que precisamente también habían egresado del Colegio del Uruguay, como lo fueron sus ministros de educación y justica Dr. Luis Mac Kay, Ministro de trabajo y previsión social  David Bleger,  de defensa, y también  de obras y servicios públicos Justo Policarpio Villar ,  el ministro de guerra Adolfo  Solanas Pacheco, y  presidente de YPF con rango ministerial, el recordado Dr.Juan Jose Bruno .
A ello debe sumarse un hombre de gran confianza del presidente, el Dr. Héctor Buenaventura Sauret, en ese entonces Diputado Nacional por Entre Ríos, también alumno del Colegio. Esta cantidad de personalidades me obligan a referirme nuevamente al Dr.  Felix Luna, cuando  en el libro “Soy Roca”, reproduce lãs siguientes expresiones, atribuidas al Presidente Julio Roca “cuando ingreso a las reuniones de gabinete, me parece hacerlo al Colegio del Uruguay”, refiriéndose obviamente a sus colaboradores, en su gran mayoría condiscípulos  en el Colegio.
En síntesis, ambos fueron estadistas, entendiendo por tal aquellas personas que ponen todo su saber y decisiones al servicio del interés general representado por el Estado. Políticos que piensan en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones, en definitiva en soluciones a mediano y largo plazo, que no siempre son fáciles.
La visión económica de Urquiza y Frondizi coincidían en un punto, es necesario aumentar la producción, y el desarrollo del comercio, y la inserción de la argentina en el mundo,  dicho en términos vulgares, agrandar  el tamaño de la torta para  luego poder mejor distribuirla. Para ambos los grandes enemigos de la república eran la pobreza y la ignorancia. 
Concluyendo , afirmo que los uruguayenses somos privilegiados: tenemos la basílica en donde descansarán los restos de dos presidentes constitucionales,  a metros , el colegio del Uruguay ;  a una cuadra,  la casa de Urquiza, un verdadero Palacio , respecto del cual el CCU ha elaborado el proyecto del museo de la organización nacional, y en frente la pirámide que evoca el pronunciamiento del 1º de mayo de 1851, que preanuncia los grandes cambios que se avecinaban  en el país años después. Cuidemos estos monumentos históricos.
Por ello, resulto muy acertado el proyecto de la ex Diputada provincial, mandato cumplido por Felicitas Rodriguez que se plasmo en la Ley Nº10.314, que declara a esta ciudad capital histórica de Entre Rios, falta que se cumpla, para lo cual somos responsables todos los entrerrianos, sin distinción de partidos políticos, esperemos que así sea.


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martes, 2 de febrero de 2021

Un superávit mentiroso y una provincia inviable...

Por José Antonio Artusi
Los datos publicados en la página oficial de la Provincia de Entre Ríos referidos a la ejecución presupuestaria del 2020 nos permiten hacer algunos análisis y consideraciones que confirman, lamentablemente, algo que decíamos en Octubre del año pasado, y antes también: Entre Ríos es una provincia que recauda mal y gasta cada vez peor.
Uno de los datos novedosos que surge del mencionado informe es el insólito superávit que exhiben las cuentas públicas del fisco entrerriano el año pasado: un resultado financiero positivo de alrededor de 2000 millones de pesos, tras una década de déficits constantes.
Decimos que este superávit es mentiroso porque se explica básicamente por dos factores: uno más novedoso, el default de la deuda pública, y uno que es un mal crónico, la constante subejecución de la inversión en obra pública y bienes de capital.
Ambos tendrán consecuencias gravosas y repercutirán negativamente, afectando las posibilidades de emprender un camino de crecimiento y desarrollo sostenible.
El default es una decisión absurda pudiendo la Provincia haber cumplido razonablemente compromisos de deuda que el propio Gobernador Bordet contrajo. Es una medida desacertada, típicamente populista, que significa pan para hoy y hambre para mañana. Quizás, tomada al calor de espurias especulaciones electorales, dota a la administración en el corto plazo de más recursos, pero afecta negativamente a futuro la posibilidad de acceder a crédito barato para financiar las obras de infraestructura que permitan revertir la desinversión de décadas. 
El otro factor es menos novedoso, pero marca una tendencia preocupante; la cada vez menor incidencia de la inversión real directa en el total del gasto público provincial.
El gasto en “Construcciones” representó el año pasado solamente el 2,61% del gasto total. Se ejecutó el 26,48% de lo presupuestado. La participación del rubro Construcciones en el gasto total es la menor desde el 2015, cuando superó el 5%. En 2020 es prácticamente la mitad. La provincia invierte cada vez menos en obra pública, lo dicen datos oficiales.
En el rubro “Maquinaria y equipos” el panorama es aún peor. En 2020 se ejecutó sólo el 17,18% de lo presupuestado y esto representó sólo el 0,14% del gasto total, el menor porcentaje desde 2015, casi 3 veces menos que ese año. La provincia invierte cada vez menos en maquinaria y equipos.
Por el lado de la recaudación el panorama no es menos deprimente. El impuesto a los ingresos brutos, el más regresivo y distorsivo, representa el 63,77% de la recaudación de impuestos provinciales. Una provincia que recauda mal y gasta cada vez peor; así es una provincia inviable.
Urge diseñar e implementar reformas profundas, de raíz. Una reforma tributaria y una reforma del Estado. 
El peronismo no lo va a hacer. Hace 17 años que gobiernan, y lo hacen cada vez peor.
Es un desafío de los partidos de la oposición. 
Manos a la obra...
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domingo, 17 de enero de 2021

UNA SOCIEDAD DE BURBUJAS


Por José Antonio Artusi / La pandemia en todo el mundo y respuestas inadecuadas para enfrentarla, sobre todo en Argentina, han venido a agravar problemas preexistentes. 
Tendremos una sociedad más pobre y desigual, pero además una sociedad más desintegrada, con mayor exclusión y segregación; por lo tanto se trata de una sociedad que ve acentuados el aislamiento y el distanciamiento social, dos términos que se nos han sugerido hasta el cansancio como estrategias para enfrentar el virus.   
No nos referimos a las lógicas y razonables medidas de cuidado e higiene personal que nos llevan a evitar aglomeraciones y contactos físicos estrechos con otras personas, aludimos a la segregación y separación que se da entre grupos sociales diversos, antes un poco más integrados al menos en el espacio público. 
Pero la pandemia y la cuarentena boba sólo agravan y aceleran tendencias que vienen de antes y que reconocen causas estructurales más profundas, frente a las que no podemos oponer vacunas ni medicamentos. 
La creciente desintegración y segregación excluyente se observa claramente en 3 esferas: la vivienda, la educación y la salud. Urge revertir esta peligrosa tendencia a cristalizar una sociedad dividida en ghettos o burbujas que no se tocan entre sí, si es que queremos realmente construir una sociedad justa, democrática y desarrollada.         
Los sectores de alto poder adquisitivo viven cada vez más en barrios cerrados, tienen seguros médicos prepagos privados y recurren a escuelas privadas, a veces en establecimientos ubicados precisamente dentro de urbanizaciones cerradas. 
Los sectores medios viven todavía en buena medida en la ciudad tradicional (pero frecuentemente aspiran a dejarla para huir a barrios cerrados), tienen obras sociales sindicales vinculadas al empleo formal a veces combinadas con prepagas y oscilan entre la educación privada y la cada vez más rara escuela pública "prestigiosa".   
Los sectores medios / bajos viven en conjuntos de viviendas sociales y en periferias de la ciudad tradicional, combinan obras sociales sindicales y hospital público, y oscilan entre la escuela pública y las privadas religiosas. 
Los sectores bajos viven en la informalidad urbana, en las villas y asentamientos que eufemísticamente hemos dado en llamar "barrios populares"; recurren al hospital público y a escuelas públicas cercanas, cuando no han abandonado el sistema educativo.     
Para enfrentar estos problemas no se advierten por el momento estrategias claras de parte del gobierno. 
Revertir la segregación residencial y los enormes déficits habitacionales y construir ciudades más integradas y equitativas requiere una ambiciosa política nacional urbana articulada con una profunda reforma tributaria, que entre otras cuestiones se basen en recuperar y reinvertir la valorización del suelo generada por la acción del Estado, que hoy va a parar mayormente a la especulación inmobiliaria. Los anuncios del Plan Nacional de Suelo Urbano, con algunas estrategias bien direccionadas pero todavía en veremos, y las escasas precisiones con respecto a la implementación y financiación del Programa Nacional de Integración Socio Urbana de Barrios Populares muestran a las claras que se ha perdido prácticamente un año, y los relevos de funcionarios en el Ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat muestran una administración que no termina de encontrar un rumbo. 
El sistema de salud argentino es notoriamente disperso y desarticulado, con superposición desorganizada e ineficiente de subsectores y jurisdicciones. La pandemia generará, como lo han advertido diversos especialistas, y sobre todo por las respuestas inadecuadas y estrategias equivocadas, notorios problemas en otras patologías por la falta de consultas y tratamientos oportunos. Y eso agravará la ya de por sí preocupante tendencia a consolidar situaciones de salud muy disímiles, en función de la situación socio económica de las familias. 
Con respecto a la educación es obvio que asistimos a una verdadera tragedia, en la que el prácticamente absoluto cierre de las escuelas durante todo un año agravará la situación de los sectores más vulnerables, en este caso los niños más pequeños de familias pobres. En un contexto en el que so pretexto de cuidar la salud se destruyó la economía, y en el que prácticamente dos de cada tres niños es pobre, el abandono parcial del Estado de una obligación indelegable como es garantizar el derecho a la educación incrementará la deserción escolar, ahondará la brecha educativa entre quienes pueden acceder a dispositivos para la educación a distancia y quienes no, y acentuará la tendencia previa de sectores medios a abandonar la escuela pública y buscar refugio en las privadas, acentuando de esta manera la segregación en verdaderas burbujas, cada vez más distantes unas de otras. 
Quizás sea hora de recordar una de las tantas genialidades, en este caso además profética, de Sarmiento: "... vuestros palacios son demasiado suntuosos al lado de barrios demasiado humildes. El abismo que media entre el palacio y el rancho lo llenan las revoluciones con escombros y con sangre; pero os indicaré otro sistema de nivelarlo: la escuela". No hace falta decir que se refiere obviamente a la escuela pública, laica, gratuita y obligatoria, que brinda educación de calidad y forma ciudadanos que se sienten compatriotas.     
Revertir todas estas perniciosas tendencias, que se potencian entre sí, requerirán un conjunto articulado de políticas públicas coherentes que se mantengan en el tiempo y no meros parches circunstanciales; reformas profundas y estructurales en las políticas de hábitat y vivienda, de salud pública y de educación. 
Obviamente municipios y provincias pueden hacer mucho en este sentido, pero el esfuerzo central que se requiere demanda estrategias nacionales. Una política nacional urbana, una reforma a fondo del sistema de salud y una nueva reforma educativa acorde a las demandas del siglo XXI, articuladas inteligentemente con transformaciones en otros sectores; básicamente en materia tributaria y laboral. 
No habrá posibilidad de construir una sociedad democrática y desarrollada sin ciudades, escuelas y un sistema de salud que contribuyan a integrar a los ciudadanos y nos demuestren que no es utópico ni ingenuo pensar que todos podemos vivir en  libertad y con los mismos derechos y oportunidades.-  
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miércoles, 9 de diciembre de 2020

De códigos, planes y excepciones...

Por José Antonio Artusi
El Código de Ordenamiento Urbano de Concepción del Uruguay data de fines del siglo pasado. Fue una de las pocas líneas de acción que se implementó como consecuencia de la elaboración del Plan Estratégico (PECU), que estuvo coordinada por Freddy Garay.
Desde su sanción ha sufrido innumerables reformas espasmódicas, verdaderos parches, y numerosas excepciones, que lo han desnaturalizado y convertido en una norma ineficiente y débil, agravado esto por el hecho de que el proceso de planificación se discontinuó, se retomó brevemente en la reformulación del 2010 y se discontinuó nuevamente, hasta hoy.
Digámoslo claramente, no puede haber código sin plan. Por eso es saludable que el año que viene se discuta un nuevo código, en el marco de una actualización del plan.
Pero mientras tanto, resulta imprescindible detener por completo las excepciones al cumplimiento de las disposiciones del Código de Ordenamiento Urbano de Concepción del Uruguay. Si el año que viene se va a reformar íntegramente el COU hay que disponer una moratoria, basta de excepciones hasta tener nuevo código.
Y, ya que estamos , digamos que en el Código reformado hay que eliminar por completo la posibilidad de excepciones. Las normas están para cumplirse, y si no sirven se cambian, no es tan complicado. Es un absoluto disparate someter a los concejales a la disyuntiva de tener que decidir en qué casos se respeta y en qué casos no se respeta la norma que ellos mismos aprobaron.
Las excepciones reiteradas y permanentes generan varios problemas:
1) Erosionan el valor del código como norma de validez general y vulneran el principio de la igualdad ante la ley. Abren además una puerta peligrosa a futuros pedidos de excepciones que se van a intentar fundamentar en las anteriores. Si en un caso se otorgaron, con qué argumentos se negarán en otro?
Introducen un sistema de toma decisiones que es discrecional, probablemente arbitrario, y no sujeto a criterios objetivos explícitos.
2) Generan falta de estabilidad y previsibilidad en las reglas de juego; y por ende, aunque a priori no se vea claramente, atentan contra la posibilidad de alentar inversiones serias a largo plazo.
3) En muchos casos contribuyen elevar artificialmente los precios del suelo y a alimentar la especulación inmobiliaria, dado que generan expectativas indebidas sobre la valorización a futuro de los predios sujetos a posibles excepciones.
4) En otros casos fomentan la expansión urbana dispersa, desconectada, y de baja densidad, lo que generará problemas a futuro en términos de encarecimiento de las infraestructuras y la prestación de servicios, insostenibilidad ambiental, segregación residencial, etc.
5) Tornan inútil al COU como herramienta de planificación y de orientación del desarrollo urbano.
6) Dificultan la implementación de instrumentos de recuperación y reinversión de la valorización del suelo generada por las acciones públicas. El Municipio “regala” alegremente plusvalías inmobiliarias que pueden y deben ser recuperadas, porque surgen a partir de obras, servicios o decisiones administrativas a cargo del Estado. Acá suena a ciencia ficción, pero en ciudades como Trenque Lauquen se hace, no hay justificación posible para el verdadero despilfarro de recursos públicos que subyace en el festival de excepciones, aunque no se vea.
Es hora de comenzar a verlo. Y de actuar en consecuencia. Una moratoria de excepciones quizás podría ser un primer buen paso en la dirección correcta.
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miércoles, 25 de noviembre de 2020

“100 Trenque Lauquen”


Por José Antonio Artusi

El Sábado 3 de Octubre de 1868, 9 días antes de asumir la Presidencia de la República, Sarmiento brindó un discurso en Chivilcoy. Allí pronunció esta frase: “Les prometo hacer 100 Chivilcoy en los seis años de mi gobierno y con tierra para cada padre de familia, con escuelas para sus hijos”. La expresión “100 Chivilcoy” utilizada como metáfora de un programa de gobierno, basado en la inmigración, la colonización, la transformación agraria, la ocupación efectiva del territorio nacional unido por líneas férreas y comunicado por el telégrafo, la fundación de nuevas ciudades en un esquema que equilibrara la macrocefalia porteña, la promoción de la agricultura, la industria y el comercio, la participación ciudadana centrada en la autonomía municipal, y la educación pública, laica, gratuita y obligatoria.

En aquel memorable discurso Sarmiento también expresó lo siguiente: “He aquí mi programa, y si el éxito corona mis esfuerzos, Chivilcoy tendrá su parte en ello, por haber sido el pionero, que ensayó con mejor espíritu la nueva Ley de Tierras, y ha demostrado que la pampa no está condenada, como se pretende, a dar exclusivamente pasto a los animales, sino que en pocos años, aquí, como en todo el territorio, ha de ser luego asiento de pueblos libres, trabajadores y felices”

Sabrina Ajmechet se pregunta: “¿Cómo era Chivilcoy? ¿Y qué significaba que su plan de gobierno fuera hacer cien lugares semejantes?”. Y responde: “En principio, Chivilcoy era una región triguera, a diferencia de amplios territorios de la pampa destinados a la ganadería. La producción agrícola permitía la organización de los chacreros, aquellos farmers que había conocido en Estados Unidos. Que no era solo un modelo de explotación económica, sino una forma de organización social y política. Por un lado, la división de las parcelas hacía posible una gran igualdad social. A esto, se le agregaba la existencia de un mercado, de una comunidad –con su iglesia, su banco, su comisaría, su pulpería, sus asociaciones intermedias y sus escuelas. Siguiendo la idea de Tocqueville de una ciudadanía que se construye a partir de la práctica cotidiana, Sarmiento concebía al municipio como la escuela de la democracia, el lugar en el que esta se aprendía y ejercitaba. La sociedad de mercado se unía a una población letrada, lo que tenía como consecuencia un crecimiento más equitativo. Las escuelas sumadas a las tierras para todos aseguraban cierta igualdad. Así,  lo que se producía era una transformación simultánea de las esferas social, económica, cultural y política. Esto llevaba a que la agricultura no fuera, entonces, una forma de organización económica, sino una apuesta por construir una sociedad y una democracia virtuosa”. (Ajmechet 2018).

Todos sabemos que Sarmiento lo quiso como nadie, que sabía cómo hacerlo, y que su programa se llevó a cabo a medias.

Pues bien, así como Sarmiento pudo decir “100 Chivilcoy” en el siglo XIX, nosotros necesitamos decir “100 Trenque Lauquen” en este momento. Le debo la expresión a Sebastián Welisiejko, ex Secretario de Integración Socio Urbana de la Nación, que la pronunció en una charla que compartió con Héctor Floriani sobre la marginalidad urbana. Qué quiero decir con “100 Trenque Lauquen”, la versión contemporánea del “100 Chivilcoy” sarmientino? Una metáfora de un nuevo programa de gobierno, emparentado con aquel, que tenga a la reforma urbana, al derecho a la ciudad y a la vivienda para todos, y al logro de territorios más equitativos y prósperos como uno de sus rasgos centrales.

Y por qué Trenque Lauquen? Porque esta ciudad bonaerense es un ejemplo exitoso de políticas públicas aplicadas consistentemente a lo largo de varios períodos de gobierno en procura de esos objetivos. Porque en un país como el nuestro el acceso al suelo y a la vivienda y la construcción de un hábitat más justo e integrador aparecen como asignaturas pendientes que no podemos soslayar si queremos realmente construir una sociedad democrática y desarrollada, en la que se hagan realidad los derechos y garantías consagrados en la Constitución y las leyes, en la que todos tengan realmente la oportunidad de desarrollar proyectos de vida en condiciones de libertad e igualdad.

Qué ha hecho Trenque Lauquen para que la utilicemos en esta metáfora? Ha puesto en marcha una serie de programas y proyectos que la colocan a la vanguardia en nuestro país en materia de recuperación y reinversión de la valorización inmobiliaria que se genera en el precio del suelo como consecuencia de acciones generadas desde el Estado, básicamente inversión en obras públicas de infraestructuras y equipamiento, pero también por efecto de las modificaciones en la normativa y las decisiones administrativas referidas a la posibilidad de urbanizar, subdividir, construir de acuerdo a ciertos indicadores urbanísticos, admitir determinados usos, etc. Y esa estrategia es clave a la hora de encontrar mecanismos eficaces y viables de financiar el desarrollo urbano, teniendo en cuenta el principio del reparto equitativo de las cargas y beneficios que éste supone. En un país con altísimos niveles de déficit habitacional, con un problema estructural para brindar a sus ciudadanos acceso al suelo urbanizado en condiciones dignas, con el enorme desafío por delante de integrar a la ciudad a más de 400 barrios populares y a la vez detener de manera permanente el problema de la marginalidad urbana; es menester recordar lo que Joan Clos nos dijera en Mendoza en 2007, que el desarrollo urbano genera más valor del que cuesta. El problema en quien se queda con esa diferencia de valor.     

Juan Duarte y Luis Baer consideran, en relación a la experiencia de Trenque Lauquen, que    “algunas iniciativas municipales han avanzado en la implementación de la recuperación de plusvalías, como es el caso que aquí se presenta, por lo que ameritan su estudio y difusión.  En primer lugar, porque constituyen experiencias y casos de referencia con cada vez mayor visibilidad para el resto de los municipios del país. En segundo lugar, porque ponen de manifiesto la necesidad de contar con Planes de Ordenamiento Territorial y legislación específica (a escala provincial y nacional) que incorporen la recuperación de plusvalías urbanas como una política pública necesaria para el desarrollo de las ciudades desde un criterio de equidad y eficiencia. En tercer lugar, porque constituye un caso concreto y verificable de mejoramiento de la capacidad municipal para obtener fondos genuinos, especialmente de tierra para el desarrollo urbano y la regulación de la oferta y los precios del suelo. Por último, porque contribuye a la reflexión sobre las posibilidades de replicabilidad en otros municipios pequeños y medianos, aún en contextos donde la normativa de nivel superior resulte poco favorable a la implementación de este tipo de instrumentos. En este marco, el caso de Trenque Lauquen constituye una experiencia que ofrece la posibilidad de pensar logros, dificultades y desafíos que conlleva la aplicación de la Contribución por Mejoras, como instrumento de recupero de una parte de la valorización inmobiliaria atribuible al accionar del Estado”.  (Duarte y Baer 2014) 

A la hora de evaluar la experiencia, los autores mencionados señalan que “uno de los aspectos positivos de la experiencia es que, a pesar de las limitaciones normativas existentes, un municipio pequeño/medio (43.000 habitantes) logró recuperar plusvalías de manera eficaz y sencilla. Contra el imaginario instituido en la gestión pública que suele desalentar este tipo de iniciativas, la recepción de la CM entre los actores locales, incluyendo a los propietarios y agentes inmobiliarios, fue asimismo muy favorable. Si bien la gama de hechos imponibles es amplia, la CM se aplicó principalmente para la aprobación de loteos en la periferia de la ciudad donde antes no estaban permitidos. Es decir, se aplicó mayormente en los casos con mayores incrementos de precios del suelo, esto es, en la rezonificación de usos del suelo de rural a urbano. La CM facilitó así la recuperación de importantes recursos para el desarrollo y el financiamiento urbano. Como consecuencia de la aplicación del instrumento, se generó un importante stock de tierra urbanizada y urbanizable de propiedad municipal (dominio público y privado), al mismo tiempo que se produjo una cantidad importante de terrenos de propiedad privada que permitieron incrementar la oferta de suelo urbanizado. También merece destacarse la combinación entre instrumentos tributarios y de política urbana que abrió la posibilidad de recuperar plusvalías ad-hoc, por ejemplo mediante la compra de tierra a precio rural (con algo de expectativa de valorización) previo a su rezonificación a uso urbano. Finalmente, no debe menospreciarse la función estratégica que cumple la adquisición de una gran cantidad de tierra urbana que puede utilizarse para la concreción de diversas políticas públicas, como la construcción de equipamiento y de viviendas de interés social. Al disponer de terrenos urbanizados, los recursos públicos nacionales y provinciales en diferentes programas de vivienda pueden ser volcados hacia la construcción de vivienda de mayor tamaño y mejor calidad.” Y podríamos agregar, mejor localizadas, evitando esa perversa tendencia tan común en nuestro país a partir de los programas federales de localizar conjuntos de viviendas de interés social en periferias suburbanas, desconectadas, segregadas, lejos de todo, contribuyendo así a generar un notable encarecimiento de la provisión de infraestructuras y la prestación de servicios, problemas de movilidad, segregación residencial, falta de equipamiento, e inconvenientes de todo tipo.  

En una charla organizada recientemente por la Fundación Alem el Intendente de Trenque Lauquen, Miguel Angel Fernández, además de reconocer que obviamente no están exentos de problemas y que todos los días surgen nuevos desafíos, mostró algunos de los valiosos logros que pueden exhibir, en una verdadera política de Estado que va desde  la Ordenanza de Círculo Cerrado de Viviendas hasta la Ordenanza del Fondo Municipal de Tierras y la Aprobación del Plan Director de Ampliación Urbana, entre otras normas y programas.    

En Trenque Lauquen no hay “barrios populares” (ese eufemismo que hemos acuñado para referirnos a las villas y asentamientos informales que evidencian el fracaso desde hace décadas para facilitar a todos el acceso al suelo urbanizado en condiciones adecuadas) ni “barrios cerrados” (ese eufemismo, casí un oxímoron, que hemos acuñado para referirnos a urbanizaciones que reniegan de la ciudad y constituyen ghettos para quienes pueden afrontar el costo de esta segregación voluntaria). Tampoco hay conjuntos de viviendas sociales ubicados en periferias carentes de vida urbana. En otro artículo nos hemos referido a estos 3 modelos como la “NO ciudad”, la expresión residencial y territorial de  una sociedad cada vez más desintegrada y desigual, cada vez más injusta e insegura, insalubre e insostenible.

Para volver a tener “ciudades” en el verdadero y pleno sentido del término, ámbitos físicos de la búsqueda en común de un futuro mejor, para lograr un hábitat que contribuya a construir ciudadanía, a promover la prosperidad, la justicia social y la convivencia pacífica y solidaria, Trenque Lauquen puede ser un espejo muy valioso en el que mirarnos.

Necesitamos 100 Trenque Lauquen.    

 

 

Referencias bibliográficas

Ajmechet, Sabrina. «El campo que Sarmiento soñó desde Chivilcoy.» www.perfil.com. 27 de Octubre de 2018. https://www.perfil.com/noticias/elobservador/el-campo-que-sarmiento-sono-desde-chivilcoy.phtml.

Duarte, Juan Ignacio, y Luis Baer. «Recuperación de plusvalías a través de la contribución por mejoras en Trenque Lauquen.» Instrumentos notables de políticas de suelo en América Latina. Martim O. Smolka y Fernanda Furtado, editores. 2014. https://www.lincolninst.edu/sites/default/files/pubfiles/instrumentos-notables-politicas-de-suelo-america-latina-full_0.pdf (último acceso: 25 de Noviembre de 2020).

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viernes, 13 de noviembre de 2020

CONVERTIR A LA CASA DE URQUIZA EN EL “MUSEO Y CENTRO CULTURAL DE LA ORGANIZACIÓN NACIONAL”: UN SUEÑO POR EL QUE VALE LA PENA LUCHAR


Por José Antonio Artusi  

El Centro Cultural Urquiza ha tenido una excelente idea, convertir a la casona que mandara edificar Justo José de Urquiza frente a la Plaza Ramírez de Concepción del Uruguay en un Museo, al que proponen denominar “de la Organización Nacional”. Celebro fervientemente la iniciativa y propongo aquí, a título personal, algunos aportes al debate, con la intención de promover que la cuestión se instale fuertemente en la agenda pública de nuestra ciudad y adquiera progresivamente viabilidad.

El inmueble que nos ocupa, hoy destinado a oficinas de correo, se trata de un valiosísimo exponente del patrimonio histórico, urbanístico y arquitectónico uruguayense, con un enorme potencial para aportar a la revitalización del centro histórico de la ciudad y a su consolidación como un área jerarquizada de concentración de atractivos turísticos basados en la historia y la cultura, caracterizada por el indudable protagonismo del legado polifacético de Justo José de Urquiza; vinculado a la Organización Nacional, a la educación pública y laica, a la inmigración y la colonización agropecuaria, a la fundación de ciudades, al fomento del comercio y la industria, etc.. De más está decir que el Museo Municipal Andrés García y la Sala Evocativa de Malvinas podrían permanecer en el futuro complejo, incluso en mejores condiciones que en la actualidad.   

Se abre entonces una oportunidad que no debe ser desaprovechada. La legitimidad de las decisiones que se tomen debe estar alimentada y legitimada tanto por su encuadre en un proceso riguroso de planificación museológica y urbanística como en la más amplia participación ciudadana.

Al igual que el Mercado 3 de Febrero, la Casa de Urquiza no es una “isla”, forma parte inescindible del centro histórico de la ciudad, y debe por lo tanto aportar a su revitalización y mejora, integrándose de manera armoniosa con su entorno. Para ello hace falta primero tener un plan que establezca un diagnóstico, plantee objetivos y proponga estrategias. Cabe recordar en este sentido que en el último proceso de planificación que tuvo la ciudad, la reformulación del Plan Estratégico, hace ya 10 años, se propuso un proyecto identificado con el número 59 y denominado “Plan de Mejoramiento del Área Central”, incluyendo la renovación y puesta en valor de la peatonal y el distrito de protección histórica, entre otros ítems. A su vez, desde el punto de vista histórico y patrimonial, la casona integra un conjunto de lugares y edificios vinculados de manera directa con el accionar de Urquiza; junto al Colegio del Uruguay, su “heredero”, primer colegio laico del país; la Basílica de la Inmaculada Concepción donde descansan sus restos, la Plaza Ramírez, ámbito del Pronunciamiento del 1º de Mayo de 1851; etc. Queda claro entonces que el Museo y Centro Cultural propuesto podría contribuir a formar un circuito integrado por hitos que ayuden a valorar y comprender la actuación de Urquiza como un protagonista central de la Argentina del siglo XIX. Este circuito podría ser un interesante atractivo turístico pero también un valioso recurso educativo en todos los niveles, así como de apoyo a investigadores y divulgadores de nuestro acervo histórico.     

Cabe señalar que en el Plan Estratégico de Desarrollo de Concepción del Uruguay (Revisión 2010) se incorporó – en el marco del Eje 1 “Fortalecimiento de la Ciudadanía y la Equidad Social” – el Proyecto 8 “Centro Cultural Casa de Urquiza”, con el propósito de “desarrollar la Casa de Urquiza como un espacio referente de la actividad cultural e histórica de la ciudad”. La propuesta del Centro Cultural Urquiza, concretamente un museo, no es incompatible con este antecedente. En efecto, los museos modernos funcionan no sólo como repositorios de elementos de valor patrimonial y muestras permanentes sino también como verdadero centros culturales, en los que se desarrollan diversas actividades que combinan con sentido lúdico diferentes expresiones del arte y la cultura, de manera dinámica y atractiva tanto para residentes locales como para turistas, de todas las edades y procedencias.

De todas las alternativas institucionales para lograr el objetivo propuesto, la de propiciar la creación de un museo nacional parece la más indicada y conveniente. Por diversas razones, desde la disponibilidad de recursos hasta la obvia pertenencia a la esfera federal de un museo que va a estar consagrado a celebrar de manera central la Organización Nacional.

La oportunidad está. Hay que aprovecharla.


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viernes, 30 de octubre de 2020

TIERRA PARA VIVIR Y PARA TRABAJAR

Ni las usurpaciones ni la represión son el camino; hacen falta ideas y proyectos

José Antonio Artusi

Las tomas de tierras en áreas urbanas de nuestro país constituyen la manifestación visible de un problema estructural mucho más profundo: las dificultades o directamente la imposibilidad para acceder al suelo urbanizado por parte de sectores cada vez más amplios de nuestra sociedad, problema agravado a su vez por desequilibrios territoriales generados a partir de dinámicas económicas. Lo que no resuelven de manera eficaz ni el Estado ni el mercado lo resuelve, de la peor manera, la acción espontánea o inducida de familias desesperadas, en muchas ocasiones víctimas y rehenes de punteros políticos, organizaciones sociales y movimientos ávidos de utilizar las necesidades de los sectores más vulnerables de la población para satisfacer sus propios intereses.  

Este problema de larga data parece complejizarse y agravarse en esta coyuntura ante el surgimiento de una preocupante escalada de episodios de usurpaciones de tierras no sólo urbanas sino también rurales, privadas o fiscales, protagonizadas por dirigentes cercanos al oficialismo que esgrimen argumentos disparatados y sólo cercenan las posibilidades de entablar un debate serio y racional sobre la cuestión. Puede advertirse cierta inacción del gobierno nacional en ese sentido y la participación activa de movimientos políticos y sociales que les son afines, y aún de funcionarios públicos, por lo que la ciudadanía comienza a advertir que la inacción en este caso para prevenir o desalentar episodios de esta naturaleza sólo significa complicidad. En particular, las desafortunadas declaraciones del Sr. Presidente sobre el denominado “Proyecto Artigas” tampoco ayudan a clarificar la cuestión. Tal dislate no sólo es descabellado. También es reaccionario e irracional. Atrasa, política, económica, social, ambiental y tecnológicamente. Expresa un primitivismo clerical anti progresista que sólo puede significar frustración y decadencia.

La presencia efectiva del Estado para garantizar el goce de derechos constitucionales, entre ellos el de propiedad, es el reaseguro  para la paz social, y un requisito imprescindible de cualquier proceso que comience a dar soluciones justas y duraderas.

El gobierno nacional debe reaccionar con premura y claridad frente a esta problemática, evitando las señales erráticas y contradictorias que lamentablemente ha dado, condenando y evitando la utilización con fines espurios de las legítimas demandas de quienes no tienen posibilidad de acceder a una vivienda, pero a la vez poniendo en marcha un conjunto coherente de políticas públicas que apunten a la resolución paulatina del déficit habitacional; que comience precisamente por atender los requerimientos más urgentes y prioritarios.   

El acceso a la vivienda digna y adecuada constituye un derecho, inherente a la dignidad humana. Así lo legisla, además, el artículo 14 bis de la Constitución nacional incorporado en la reforma constitucional de 1957. A su vez, el derecho a la vivienda debe ser contemplado de manera integral y armónica junto a otros derechos económicos y sociales, en especial el derecho a un ambiente sano, equilibrado, y apto para el desarrollo humano, tal como lo dispone el artículo 41 a partir de la reforma de 1994.  

Sin una política nacional de vivienda y hábitat, armónicamente inserta en una estrategia de desarrollo sostenible y de equilibrio territorial, no habrá solución definitiva a los conflictos generados por las tomas de tierras, y las acciones represivas serán absolutamente ineficaces e insuficientes para abordar esta problemática. Desde hace décadas, la falta de acceso efectivo de manera universal a una vivienda digna, junto a la privación de otros derechos económicos y sociales, junto a la distribución cada vez más regresiva del ingreso- agravadas ahora por la pandemia y por las inadecuadas respuestas del gobierno nacional - han adquirido tal magnitud, ensanchando las brechas sociales, que ha generado una segregación social que afecta la convivencia pacífica entre los ciudadanos y corroe las bases mismas de la democracia republicana.

El Estado moderno debe ser un instrumento de realización y progreso para el pueblo y no un mero espectador de los movimientos del mercado o de los actores sociales. Debe cumplir un papel activo en la consecución de mejores condiciones de vida para sus habitantes, garantizando la efectiva igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos, más allá del lugar y las circunstancias en las que le tocó nacer a cada uno. Esas condiciones de vida están afectadas de manera significativa por la calidad del hábitat. La vivienda precaria y su entorno generalmente degradado  constituyen un eslabón fundamental en el círculo vicioso de la reproducción social del hábitat de la pobreza. Por el contrario, cuando las condiciones habitacionales mejoran, las familias y las personas se posicionan gradualmente para ir aumentando su capacidad de acceder a otros derechos sociales en el campo de la educación, el trabajo, la salud, la seguridad, etc.   

Algunas cifras nos dan una idea de la enorme magnitud del problema que enfrentamos: Argentina tiene un déficit de vivienda de más de 4 millones de hogares, incluyendo un déficit cuantitativo de 1,3 millón de hogares y un déficit cualitativo de 2,7 millones de hogares. Este es el resultado de procesos complejos y de largo plazo, incluyendo una acción inadecuada del Estado, con proliferación y dispersión de organismos y programas, asignación de soluciones en forma discrecional y poco transparente, crecimiento de la irregularidad y escaso acceso al crédito. Nuestro país tiene 3 millones de hogares en situación de informalidad viviendo en áreas urbanas (Secretaría de Infraestructura Urbana, 2016). El 71% de las zonas de marginalidad se localizan en los 32 principales aglomerados urbanos del país (Informe Nacional Hábitat III, 2016). El RENABAP relevó más de 4.300 barrios populares (villas y asentamientos) en todo el territorio nacional (Registro Nacional de Barrios Populares, 2018).

En el Documento de Política Nacional Urbana publicado por el gobierno nacional en Diciembre de 2019 se señala con razón que “la ausencia del Estado en la planificación y la gestión territorial ha contribuido a la expansión urbana de baja densidad y a la consolidación de un mercado de suelo urbano caracterizado por la usurpación, la especulación y la desigualdad. La escasez de instrumentos que regulen el mercado de suelo, junto con instrumentos de gestión local ineficientes e instituciones debilitadas, han favorecido el desarrollo de ciudades desiguales, socialmente excluyentes, espacialmente segregadas y ambientalmente insostenibles. En las últimas décadas, el déficit habitacional en Argentina se ha incrementado, los mecanismos de acceso al crédito han resultado insuficientes y los asentamientos informales se han convertido en la principal estrategia de acceso al suelo y a la vivienda de los sectores de menores ingresos.

Asimismo, el surgimiento de barrios cerrados no sólo da cuenta de un modelo de ciudad fragmentado socio-espacialmente, sino que su localización en áreas ambientalmente frágiles y vulnerables ha generado un alto impacto ambiental. Frente a este escenario, los gobiernos municipales y provinciales presentan un conjunto de retos dirigidos a abordar la fragmentación socio-espacial existente, mejorar la integración urbana y generar condiciones equitativas en el acceso al suelo y la vivienda. Los principales desafíos a enfrentar consisten en:

i) Integrar los asentamientos a la trama urbana;

ii) Reducir el déficit habitacional existente;

iii) Mejorar la provisión de servicios básicos y la accesibilidad, junto con la regularización dominial, el mejoramiento del hábitat y la vivienda;

iv) Facilitar una planificación urbana eficiente que promueva el uso racional y sostenible del suelo y la optimización de recursos;

v) Establecer instrumentos fiscales que regulen el acceso al suelo y vivienda;

vi) Establecer políticas, instrumentos y marcos normativos sobre la utilización y aprovechamiento de suelo vacante y el parque habitacional existente; y

vii) Desarrollar mecanismos jurídicos, administrativos y económicos que garanticen el acceso al mercado formal de alquileres.”

En este sentido debe rescatarse el valor del Documento de Política Nacional Urbana como marco orientador del diseño de las políticas públicas, y como un instrumento valioso para reafirmar la importancia de la dimensión espacial y territorial en el proceso de su formulación. Consideramos por ende que debería ser considerado como tal por la actual administración, más allá de haber sido elaborado durante la gestión del Presidente Macri.   

Los 3 primeros principios son particularmente relevantes para la cuestión que nos ocupa:

“I.-  Equidad en el acceso a la ciudad: Las ciudades equitativas son aquellas que, mediante un abordaje integral del hábitat, garantizan el acceso a vivienda, infraestructura, bienes y servicios urbanos, sociales, culturales y ambientales para todos sus habitantes.  

II.- Equilibrio territorial del sistema urbano y rural: Las relaciones funcionales sostenibles entre

las zonas urbanas y las rurales, así como la adopción de políticas que promuevan: la densificación de las ciudades; la conectividad territorial; la coordinación y cooperación administrativa; y el reconocimiento de la existencia de regiones con características geográficas y ambientales específicas, contribuyen a la cohesión y desarrollo territorial equilibrado.

III.- Integralidad en la lucha contra la pobreza y la desigualdad: Los asentamientos humanos demandan un enfoque integral entre las dimensiones económica, social, ambiental y espacial, este enfoque contribuye a la reducción de la desigualdad y la pobreza urbana y rural. Para lograrlo se requiere promover políticas e instrumentos que potencien la productividad, el emprendimiento y las oportunidades de empleo, de prosperidad y de mejores condiciones de vida.”

Con respecto a las propuestas que allí se indican, nos interesa especialmente enfatizar el valor de las siguientes:

-          “Eje temático A: Gestión integral, planificación urbana y ordenamiento territorial

Lineamiento 2: Re- equilibrar el territorio e incentivar la consolidación de un sistema de ciudades prósperas. Para lograr la integración de las zonas urbanas de manera eficiente y sostenible es necesario contar con un modelo territorial administrativamente equilibrado, basado en un sistema de ciudades policéntricas interconectadas funcionalmente y amables con sus entornos inmediatos.” Cabe señalar aquí la necesidad de contar con políticas específicas para las ciudades intermedias y pequeñas, en línea con la promoción de las economías regionales y la búsqueda de estrategias innovadoras de desarrollo en diversas zonas del interior del país. 

“Lineamiento 5:  Perfeccionar instrumentos de control y regulación del mercado de suelo urbano. Para llevar a cabo, eficiente y equitativamente, la gestión, regulación y control del mercado del suelo, es prioritario generar normas e instrumentos que les permitan a los gobiernos establecer reglas del juego claras entre los actores públicos y privados, direccionar las inversiones en el territorio, frenar las prácticas especulativas y tener mejor control sobre la dispersión urbana.”

Los instrumentos que se detallan en este ítem aparecen como herramientas adecuadas para recuperar y reinvertir las valorizaciones del suelo que se generan como consecuencia de las acciones del Estado, financiando de esta manera el desarrollo urbano (bancos de tierras, sistemas de contribución por mejoras, captación y redistribución de plusvalías urbanas, etc.) y evitando a su vez la generalización de procesos de especulación inmobiliaria y de presencia de elevadas superficies de suelo vacante en áreas urbanas consolidadas.

-          “Eje temático D: Acceso al suelo urbano y equidad sociohabitacional

Lineamiento 10: promover la integración socio urbana.  Para promover la equidad socio-habitacional y el acceso al suelo urbano es fundamental garantizar el acceso a infraestructura y servicios urbanos, incentivar la integración de los asentamientos informales a través de la urbanización integral y promover mecanismos y alternativas de producción de hábitat social adecuadas a las características sociales, territoriales e identitarias de los mismos.”

El gobierno nacional no ha dado todavía señales claras acerca de las estrategias a adoptar para la implementación efectiva de los ambiciosos objetivos que se derivan de la ley 27.453 de 2018, que crea el régimen de regularización dominial para la integración socio urbana de las villas y asentamientos relevados en el marco del Renabap, incluyendo mecanismos adecuados de financiación. El reciente traspaso de la Secretaría de Integración Socio Urbana del Ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat al ámbito del Ministerio de Desarrollo Social da cuenta de la existencia de marchas y contramarchas en el gobierno, que deben dar paso a un rumbo claro, producto de amplios acuerdos  sociales y políticos, que permitan comenzar a instrumentar programas y proyectos que forzosamente excederán el mandato de la actual gestión, y que deberán tener continuidad en el tiempo.

Con respecto al Plan Nacional de Suelo Urbano puesto en marcha por la actual administración consideramos que contiene algunos objetivos loables y estrategias a priori razonables, aunque claramente insuficientes. Nos preocupa, entre otras cuestiones, la capacidad efectiva de incidencia que tendrá  en el diseño de las políticas públicas de suelo a todo nivel, nacional, local y provincial, en función de los recursos financieros con los que cuente y de la falta de herramientas normativas que lo tornen más eficaz. Alertamos en este sentido acerca del riesgo que se podría configurar por la discrecionalidad en la asistencia del gobierno nacional a favor de algunos municipios en detrimento de otros. Y recordamos la necesidad de avanzar en la sanción de una ley nacional de ordenamiento territorial que otorgue a provincias y municipios instrumentos concretos e innovadores de gestión del suelo, más allá de la autonomía de la que gozan por mandato constitucional. Deberían volver a analizarse los anteproyectos elaborados en el marco del Cofeplan, que podrían constituir un aporte indispensable para retomar un debate legislativo que avance en la sanción de una norma en esta materia.   

“Lineamiento 11: garantizar el acceso a la vivienda. Para responder a las necesidades habitacionales de los sectores más vulnerables de la población es imprescindible formular políticas, planes y programas diversificados, integrales y articulados de vivienda en los distintos niveles de gobierno.”

La batería de instrumentos que se propone en este lineamiento es muy amplia, desde una ley nacional de acceso a la vivienda, hasta la diversificación de estrategias y modalidades para hacer efectivo el derecho a una vivienda digna y adecuada.

Cabe señalar que en el Informe de Gestión de la Secretaría de Vivienda del período 2015 – 2019 se incluye un diagnóstico del ecosistema de vivienda, algunas de cuyas consideraciones nos interesa mencionar: “El problema se concentra en los sectores más vulnerables, ya que el 60% del déficit corresponde a la población con menores ingresos. Tomando únicamente la demanda originada por el crecimiento vegetativo de la población, que es del 1%, deberíamos disponer de 200 mil soluciones al año para poder comenzar a impactar en alguna medida a reducir el déficit existente. A partir de la libre disponibilidad de los recursos del Fondo Nacional de la Vivienda (FONAVI), se creó el sistema de los planes federales, a través de los cuales el Estado ha insistido en financiar toda la oferta directa del mercado de viviendas sociales, generando un Estado meramente constructor. En muchos casos, bajo un sistema discrecional, clientelar, poco transparente, ineficiente y sin priorizar a las familias beneficiarias. El modelo consistía en un sistema de transferencias a las provincias y municipios para el financiamiento de soluciones habitacionales, que carecía de criterios de identificación y de segmentación de la demanda y de un sistema de recupero, para garantizar la reinversión en futuras soluciones habitacionales. Asimismo, dichos proyectos no contemplaban los Estándares Mínimos de Calidad para la Vivienda de Interés Social, como la localización, la provisión de servicios e infraestructura básica y acceso a equipamiento social. Esto resultó en conjuntos urbanos construidos en la periferia, alejados de los servicios de educación, salud, transporte público y seguridad y primordialmente lejos de las fuentes de empleo, impactando directamente en la calidad de vida de los beneficiarios. Como complemento del FONAVI y de los planes federales, se creó en el 2012 el Programa de Crédito Argentino (PROCREAR). Dentro de su administración no había representantes de la política de vivienda, estando desvinculado de las iniciativas vigentes, lo que generó superposición de los recursos del Estado que atendían a públicos similares. Así encontramos políticas públicas que promovieron un crecimiento no planificado de las ciudades,

una inversión ineficiente de los recursos públicos y comunidades poco integradas e inclusivas, sin parámetros de solidaridad o equidad social sobre los sectores más vulnerables. Mientras tanto, el sector privado aportó soluciones para los sectores de mayores ingresos de la sociedad, siendo que no existían políticas que incentivaran la inversión del privado en sectores de  medios y bajos ingresos. Asimismo, las graves y sucesivas crisis económicas que ha tenido nuestro país provocaron el colapso de los créditos hipotecarios que debieron ser salvados para recomponer las prestaciones, y al mismo tiempo, se afectó a la inversión privada, a las empresas constructoras y a cualquier esquema de ahorro previo para compra de vivienda. Observamos la inexistencia de crédito hipotecario sostenible, como también de un mercado privado de capitales activo en el financiamiento de soluciones habitacionales con esquemas de ahorro o de repago que resulten previsibles y sostenibles para escalar la cantidad de soluciones.”

Con respecto a los créditos hipotecarios para vivienda se señala en el mencionado informe que “con el objetivo de abordar los problemas de fondo y enfrentar el déficit de viviendas que solo aumenta hace décadas, la recuperación del crédito hipotecario en nuestro país fue un aspecto fundamental. Sabemos que el crédito hipotecario es la mejor herramienta para fomentar el acceso a la vivienda de los sectores medios, tal como lo han hecho en el mundo y en muchos países de la región. Por ello, trabajamos con el objetivo de incorporar mayores recursos de la banca pública y privada expandir el crédito hipotecario en condiciones accesible para población de ingresos medios y medio bajos, en el marco de una política inclusiva y sustentable. Para esto a partir de 2016 pusimos en marcha el sistema UVA, modalidad que ha demostrado ser exitosa hace tiempo en países de la región como Colombia y Chile, de forma que el crédito hipotecario volvió a ser una opción para muchas familias que buscaban ser propietarios, como también para quienes querían ampliar su casa o mudarse a otra vivienda. El sistema de crédito UVA consiste en una unidad de cuenta que permite otorgar créditos hipotecarios con cuotas ajustables, de valor semejante a un alquiler, lo cual permitió que aproximadamente 150 mil familias accedan a su vivienda en base a su ahorro y sus posibilidades reales de pagar las cuotas hipotecarias. El impacto de la crisis de 2018 y la posterior inestabilidad en las variables de la economía tuvieron efecto sobre el valor nominal de las cuotas de los créditos hipotecarios UVA. Ante ello, el Gobierno Nacional en esta instancia, tomó las medidas para proteger y acompañar a las familias que hicieron un esfuerzo muy grande por poder acceder al crédito luego de décadas de inexistencia de esa posibilidad.” Lamentablemente es enorme el retroceso que se ha verificado en materia de créditos hipotecarios para viviendas, por lo que urge retomar la senda de la estabilidad macroeconómica y el establecimiento de reglas claras que permitan recuperar y afianzar esta herramienta.   

Finalmente, como en muchos otros campos de las políticas públicas no se advierte en el sector de vivienda y hábitat un rumbo claro y estrategias definidas. El Poder Ejecutivo nacional pero también el Congreso tienen en esta materia numerosas asignaturas pendientes. Nuestro país carece de una ley nacional de ordenamiento territorial, el sistema de vivienda y hábitat tiene problemas y déficits normativos y de gestión que han sido mencionados, numerosos programas y proyectos están amparados en meras resoluciones y decretos, y la articulación en general de las acciones entre los diferentes niveles de gobierno deja mucho que desear. Cobran valor especialmente por ello algunas iniciativas parlamentarias que han presentado legisladores de la Unión Cívica Radical y de Juntos por el Cambio (proyectos de ley nacional de acceso a la vivienda, de generación de suelo urbanizado en ciudades de menos de 300.00 habitantes, de promoción de la construcción de viviendas promovidas, de impuesto al valor del suelo libre de mejoras, etc.). Esos proyectos están básicamente dirigidos a facilitar el acceso al suelo con destino a vivienda. Pero no hay que descuidar la dimensión del trabajo remunerado. La política de vivienda debe incluir espacios para actividades económicas, dentro o fuera de las parcelas; espacios destinados a actividades productivas, comerciales, o de servicios. Huertas, talleres, oficinas, locales, espacios para tele trabajo, etc.. Por otro lado, hay un enorme potencial para generar riqueza y empleos genuinos en la agricultura urbana y periurbana. No se necesita usurpar ningún campo ni matar ninguna oveja. Existen numerosos predios fiscales que podrían destinarse a tal fin, en el marco de un plan serio. Los municipios, con ayuda de las provincias y de la Nación, podrían generar sus propios bancos de suelo, tanto para vivienda y hábitat como para actividades económicas. Y el suelo privado ocioso en áreas consolidadas debe movilizarse para fines útiles a través de los mecanismos propuestos en algunos de los proyectos mencionados.

Argentina necesita una verdadera política nacional urbana, que incluya el ordenamiento territorial, la vivienda y el hábitat. Las políticas habitacionales, tradicionalmente relegadas en el concierto de las políticas públicas, deben tener la jerarquía que corresponde, dado que pueden aportar de manera significativa al logro de una sociedad más justa, democrática y sostenible. Para ello hacen falta debates respetuosos y racionales, convocando de manera amplia a la participación de los actores sociales, económicos y políticos involucrados, como modo de búsqueda de acuerdos sólidos que permitan afianzar la legitimidad y la eficiencia de las estrategias que se implementen.


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