Por José Antonio Artusi
Se cumplen 240 años de la fundación de la ciudad de
Concepción del Uruguay, el 25 de Junio de 1783, por Tomás de Rocamora. Este año
se cumplen también 170 años de la Constitución Nacional, 150 años de la
creación de la Municipalidad de Concepción del Uruguay, y 40 años de la
recuperación de la democracia.
Las efemérides pueden servirnos,
más allá de las formalidades y los protocolos, para conocer mejor nuestra
propia Historia; pero sobre todo para reflexionar y tratar de aprender de ella,
de modo tal de poder sacar conclusiones válidas que arrojen luz sobre el presente
para poder construir un futuro mejor.
Concepción del Uruguay tiene
muchos problemas pero también enormes potencialidades. Por su riquísima
Historia, por sus merecidos títulos, Concepción del Uruguay no puede resignarse
a un estado de cosas que no tenga alguna equivalencia al menos con nuestras logros
de otros tiempos. Tenemos nosotros,
todos los uruguayenses, la obligación de construir de aquí en más los hitos que
puedan en algún momento futuro ser las glorias del pasado y motivo de legítimo
orgullo para quienes nos sucedan.
El Cabildo uruguayense fue el
primero en adherir a la Revolución de Mayo. Aquí se resistieron los embates
contrarevolucionarios de los realistas. De aquí salió Ramírez para luchar por
el federalismo. Acá estuvo Artigas en el Congreso de Oriente, ratificando
principios republicanos. Aquí se fundaron el primer colegio laico y la primera
escuela normal de mujeres de la Argentina. En la Plaza Ramírez Urquiza se
pronunció contra la tiranía rosista y nació el germen de la unidad y la
organización nacional bajo el manto protector de la Constitución y el imperio
del Estado de derecho.
Luego, pasaron cosas; el
magnicidio de Urquiza, la pérdida de la condición de ciudad capital de la
provincia de Entre Ríos justo en el año del centenario; y tantos otros sucesos
que en definitiva fueron marcando un sendero de pérdida de protagonismo en el
escenario provincial y nacional, y otros que fueron señalando caminos de
progreso y recuperación, hasta llegar a nuestros días.
El peso de ese riquísimo legado
nos obliga a rebelarnos contra la medianía y la decadencia en todos los
órdenes. Debemos fijarnos objetivos ambiciosos pero realizables. Tenemos muchas
condiciones, naturales y culturales, para aspirar a un futro de progreso y
prosperidad; pero esas condiciones no operan por sí solas. Hay que combinarlas
con esfuerzos coordinados y perdurables a través del tiempo.
Hace 25 años, al formular el Plan
Estratégico de Concepción del Uruguay, el equipo técnico liderado por el
urbanista Freddy Garay consideró que la ciudad tenía una serie de problemas que
podían agruparse en cinco ejes. Así, el primer eje (estructura económica)
contenía un diagnóstico en el que figuraban cuestiones tales como la fragilidad
de los principales sectores productivos, un desarrollo inferior a las
potencialidades brindadas por el parque industrial, la zona franca y el puerto,
y desajustes en el desarrollo del sector terciario. En el segundo eje (estructura
ambiental) se enfatizaban problemáticas vinculadas con la actividad productiva,
conflictos ambientales relacionados con déficits de infraestructura básica, la
vulnerabilidad en sectores inundables y el escaso desarrollo de la vegetación
en el medio urbano. El tercer eje (estructura social) planteaba que existían
restricciones que impedían que amplios sectores de la población alcancen
condiciones de vida aceptables y que los programas sociales eran insuficientes
para atender las dificultades de los sectores más vulnerables. En el cuarto eje
(estructura urbana) se priorizaban las dificultades para garantizar la
implementación de los planes, una pérdida significativa del patrimonio
histórico construido, la falta de criterios claros para el crecimiento de la
ciudad y el debilitamiento del transporte público colectivo. Finalmente, en el
quinto eje se hacía un crudo y duro diagnóstico del Estado Municipal: “en su
plantel de personal tiene una estructura rígida y sobredimensionada, con
superposición de funciones y sin el perfil de los puestos requeridos”; “en el
área administrativa se detecta elevado gasto en personal y falta de
transparencia, desequilibrio de la estructura remunerativa e ineficiencia en la
función”; “la falta de compromiso y dedicación laboral provoca deficiente
atención a la comunidad, la baja capacitación y profesionalización del personal
provoca una baja producción”. Insisto, por las dudas, a todas estas cosas no
las digo yo, están en un documento oficial del PECU publicado en el marco de un
convenio entre la Municipalidad y el Consejo Federal de Inversiones.
Es obvio que en 25 años pasaron
muchas cosas, para mal y para bien, y que debe necesariamente haber habido
avances en algunas cuestiones y retrocesos en otras; pero de todos modos está
claro que muchos de esos problemas persisten, aunque sea parcialmente, e
incluso algunos se han agravado. Más cerca en el tiempo, el año pasado, en el
marco del proceso de revisión del Código de Ordenamiento Urbano, el equipo
técnico del Instituto de Gestión de Ciudades consideró que “Concepción del
Uruguay debe animarse a pensar en grande y aprovechar su gran potencial para
posicionarse como una ciudad intermedia de referencia en la región y en el
país, en un proceso sostenido de participación ciudadana, construcción de
acuerdos y fortalecimiento de la autoestima local”.
Los problemas que vienen desde
hace mucho, y los más nuevos, y los del futuro que es necesario evitar,
requieren diagnósticos claros y propuestas adecuadas. Quienes pretenden
gobernar la Municipalidad de Concepción del Uruguay harían bien en elaborarlas
y ofrecerlas prolija y detalladamente al electorado, o sea al soberano. Y los
ciudadanos haríamos bien en reclamarlas, y en exigir luego que quienes
gobiernen tengan a esas propuestas como su hoja de ruta. Para que a 240 años de
su fundación, lo mejor de la Capital Histórica de Entre Ríos y Cuna de la
Organización Nacional esté por venir.-
Publicado en el diario La Calle
el día 25 de Junio de 2003.-
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