martes, 15 de febrero de 2022

EL 3 DE FEBRERO DE 1852

Por José Antonio Artusi 

El 3 de Febrero pasado se cumplieron 170 años de la batalla de Caseros, hito trascendente de la historia argentina sobre el que vale la pena reflexionar, intentando desentrañar su significado profundo. El 3 de Febrero de 1852, con la victoria del Ejército Grande comandado por Urquiza sobre las fuerzas de Rosas, se abre una nueva etapa y se deja atrás otra. Más allá de las virtudes y defectos personales de los protagonistas, sin ignorar sus  contradicciones, por encima de sus aciertos y errores al calor de circunstancias apremiantes, lo que hoy nos importa es entender qué representaron, qué encarnaban. ¿Qué significaba Rosas y su régimen? ¿Qué significaba Urquiza y quienes lo acompañaban en aquella gesta, entre ellos el boletinero Sarmiento?

Rosas representaba el atraso y la decadencia, la reacción negadora de los ideales revolucionarios, liberales e igualitarios de Mayo, el rechazo a la modernidad y la Ilustración, la perpetuación perversa de las rémoras medievales del orden colonial hispánico, el autoritarismo, la perpetuación en el poder, la suma del poder público, la dilación de la Organización Nacional, la falta de una Constitución que asegurara el sistema federal, representativo y republicano, la falta de libertades y garantías, la censura y la represión clandestina, la idealización de la muerte de los adversarios y su demonización, el centralismo porteño disfrazado hipócritamente de federalismo, la impostura nacionalista, el aislamiento internacional, la limitación al libre comercio, la tergiversación de la sabia ley de enfiteusis de Rivadavia, la primacía del latifundio ganadero primitivo que condenaba al gaucho a la sumisión y a la ignorancia, el culto a la personalidad, el clericalismo y la falta de libertad religiosa, la confusión entre Estado e Iglesia, el desprecio por la educación popular, el clientelismo y la demagogia populista.

Urquiza y Sarmiento, con sus coincidencias y desencuentros, con sus matices y limitaciones, propios de la condición humana y del tiempo histórico que les tocó vivir, encarnaban en lo sustancial la antítesis de aquella tendencia reaccionaria y oscurantista. Representaban el progreso y la modernización del país, la recuperación y concreción de las nobles aspiraciones de los mejores herederos del legado de la Revolución de Mayo, la superación de la falsa antinomia entre unitarios y federales y la posibilidad de convivir civilizadamente en una sociedad pluralista, dejar atrás las retrógradas instituciones de la dominación española, la posibilidad de ir construyendo gradualmente una democracia representativa, la limitación de los mandatos (Urquiza y Sarmiento fueron Presidentes durante 6 años y a ninguno se le ocurrió reformar la Constitución para buscar la reelección), la concreción de la tan dilatada y necesaria Organización nacional bajo el manto protector de una Constitución liberal y progresista que garantizara derechos y promoviera la prosperidad, la libertad de prensa y las garantías individuales, el verdadero federalismo y la unión nacional, la apertura al mundo y el libre comercio, la nacionalización de la aduana y la libre navegación de los ríos para fomentar el desarrollo del interior, la inmigración y la colonización agraria, el fomento de la agricultura y la industria, la innovación científica y tecnológica al servicio de la producción, la vida democrática de los municipios en los pueblos que surgieran al calor de las colonias agrícolas, la integración del territorio nacional por el ferrocarril y las comunicaciones, la libertad de cultos y el laicismo, la consideración de la educación pública, laica, gratuita y obligatoria como uno de los pilares ineludibles de la democracia y el desarrollo. Y también el coraje de atreverse a decir verdades políticamente incorrectas antes de tiempo, y de actuar en consecuencia, a riesgo de que sus contemporáneos no los supieran comprender. A Urquiza ese coraje le costó la vida y a ambos, en diversa proporción, las diatribas feroces y falaces de revisionistas y mitristas.

Que algunas de aquellas magníficas aspiraciones hayan quedado truncas o a medio hacer es harina de otro costal, y en todo caso es un fracaso imputable sobre todo a aquellos que obstaculizaron su tarea, o a los que los sucedieron. 

Como expresara magistralmente Oscar Fernando Urquiza Almandoz en páginas del diario La Calle hace 20 años, “Caseros significó la libertad, pero ello no bastaba. Un pueblo es realmente libre cuando sus hombres sólo tienen que inclinarse ante la Constitución y la ley. Los argentinos la reclamaban desde Mayo… Libertad, organización constitucional, educación, son las rocas inconmovibles que sirven de pedestal a su estatua de predestinado. Principios que forman un todo indivisible y configuran la magnífica verdad de sus ideales. Educación para la libertad y organización para los libres… El triunfo de Urquiza debe ser valorado en su justa dimensión. Si Caseros hubiera sido un fin en sí mismo; si el único objetivo de Urquiza hubiese sido derribar un gobierno para reemplazarlo por otro o ungiese él como sucesor de Rosas, para gobernar a su antojo, sin frenos legales, persiguiendo al adversario y conculcando libertades, no valdría la pena levantar estatuas ni exaltar ahora aquel suceso”. 

A 170 años de Caseros vale la pena exaltar aquel suceso. Para que las lecciones del pasado nos ayuden a construir un futuro mejor, como el que soñaron Urquiza y Sarmiento.-    

 

Publicado en el Diario La Calle el Domingo 13 de Febrero de 2022.


Post Scriptum

Mucho se ha escrito, ya sea en términos laudatorios o condenatorios, de la significación histórica de Caseros, y de los comandantes que se enfrentaron en el campo de batalla.

Recurro a las visiones de diversos autores para abonar los argumentos que esbocé en el artículo que publicó el diario.  

Tuve la inmensa suerte de tener como Profesor de Historia en el Colegio del Uruguay – el heredero de Urquiza, primer colegio laico del país - a Oscar Fernando Urquiza Almandoz, ese extraordinario historiador y docente que tanto hiciera por la investigación rigurosa y la difusión de la historia lugareña. Es interesante rescatar algunos de sus testimonios, publicados por el diario La Calle el 3 de Febrero de 2002, a 150 años de la batalla que nos ocupa: “… Caseros no fue un fin en sí mismo. Fue tan sólo una etapa. Como antes lo había sido el Pronunciamiento, como después lo será el Acuerdo de San Nicolás. El norte, el objetivo final de la revolución de Urquiza contra Rosas fue la libertad y la Constitución Nacional. El predominio de la finalidad propuesta y una conducta consagrada al servicio de la causa, hicieron que Urquiza no fuera un revolucionario más; que no pasara simplemente a integrar esa tradición luctuosa y triste de América, de hombres levantados en armas con propósitos y juramentos que glorificaban su rebelión, pero que, en definitiva, caían en el sensualismo de un gobierno más pernicioso e ilegal que el depuesto. Urquiza no fue, pues, un apóstata. Tuvo la gloria de cumplir su promesa ante el país, causa y fin de su revolución contra Rosas, la libertad y la organización constitucional.”  

También es muy ilustrativo tener en cuenta los conceptos de uno de sus biógrafos, Isidoro Ruiz Moreno, cuando se refiere a la trascendencia de Urquiza: “Figura extraordinaria, en el cabal sentido del término como fuera de lo común, fue don Justo Urquiza. Dotado de fuerte carácter y de claros objetivos, puso ambos factores en acción para el logro de sus empeños. Pacificó la anárquica Provincia de Entre Ríos primero y luego organizó a la misma Confederación Argentina, que convertida en república constitucional, logró unificar definitivamente. Buscó, además, conquistar el Desierto – lo que anunció como candidato presidencial en 1868 -, plan que hubiese completado la geografía nacional, pero las etapas del progreso requieren su tiempo. Cuando se tiene en cuenta lo que era nuestra Argentina en aquellos años, y se considera la transformación que realizaron los esfuerzos que condujo, no puede considerarse de otra manera al General Urquiza sino como a una de las figuras más grandes de la Patria, a despecho de los errores que cometió, que poco pesan en el balance de su existencia… El tiempo transcurrido desde entonces permite aquilatar sin pasión los resultados dejados por la acción del General Urquiza en beneficio de la República Argentina. La gloria por sus beneficios realizados, inigualados en el país durante el transcurso de su prolongada actuación – Libertad, Constitución y Unidad Nacional – son de proyección permanente, a despecho de humanas falencias, lo que permite consagrarlo como a uno de sus más claros próceres”. Es pertinente también observar la caracterización que hace el mencionado autor del régimen rosista: “El Gobernador de Buenos Aires concluía en 1850 otro período de mando (iniciado en 1835); y firme su poder, sin adversario alguno que lo amenazara, el General Juan Manuel de Rosas había alcanzado el cenit de su mando. Nada podía conmoverlo: el sometimiento a su voluntad de toda la Confederación era absoluto. Comenzó entonces un movimiento tendiente a perpetuarlo sin ningún tipo de límite, ni de facultades ni de términos, sin renuncias y reelecciones. La suma del Poder Público con que fuera investido en su Provincia debía extenderse formalmente a todas las demás… El vasallaje imperante hasta en la vida cotidiana (vestidos, adornos, colores, celebraciones religiosas, festivales populares, atalaje de caballos), lo demostraba concluyentemente… Gozando de la suma del poder público, Juan Manuel de Rosas era el Estado, como le Roi Soleil otrora. Jueces y legisladores le estaban subordinados, y como carecía de sucesor – había sido propuesta como tal su hija, lo que no prosperó – le fue concedida por ley, como se ha visto, la Dictadura vitalicia… Las manifestaciones que se le dirigían no pecaban por falta de elogios y adjetivos superlativos.”     

Complementando lo anterior, podríamos considerar lo que Luis Alberto Romero escribió sobre el gobierno de Rosas hace 10 años, enfatizando entre otros rasgos la pretensión de unanimidad, la permanente propaganda oficial y oficiosa, el terrorismo de Estado o paraestatal y el culto a la personalidad, rasgos típicos de tantas tiranías a lo largo de la Historia: “… la opinión unánime era construida cotidianamente. Para evitar las disidencias, desaparecieron las asociaciones, clubes, tertulias o cenáculos de sociabilidad política, que habían florecido desde 1810. Lo mismo ocurrió con la prensa opositora, muy activa al comienzo del régimen. La prensa adicta, escrita en registros cultos o populares, exponía una militancia sin fisuras. En la calle, los opositores eran individualizados por la manera de hablar o de vestirse - lo testimonió Echeverría en El Matadero - , y la cinta punzó era impuesta a hombres y mujeres. Las fiestas públicas, celebrando las fechas patrias o simplemente en homenaje al gobernador o a su hija -alguien la propuso como sucesora del padre- combinaban el entretenimiento con la exaltación simbólica de la figura de Rosas. En suma, hoy un ministro de Cultura y Medios lo habría aprobado. Pero además, la opinión unánime se respaldaba en la intimidación o eliminación de los enemigos, los tibios y los indiferentes. Se realizaba a través de las autoridades locales, de la policía o de la Mazorca, una asociación civil privada, integrada en su mayoría por policías, que asesinaba a quienes eran señalados por el gobierno. En ciertas coyunturas, como en 1840 o 1842, en Buenos Aires el terror fue masivo e indiscriminado. El de Rosas no fue ni el primer ni el último régimen que combinó apoyo popular masivo y terror represivo.” Es muy interesante detenerse a reflexionar acerca de lo que este autor manifiesta en relación a la movilización y participación regimentada de las masas y la elección de un enemigo al que atribuirle todos los males, al que por otra parte se deshumaniza – en este caso la difusa y ominosa categoría de “salvajes unitarios”, para quienes sólo cabía la muerte - como estrategia de consolidación de un poder hegemónico, característica que va luego va a ser distintiva de los movimientos y tendencias fascistas del siglo XX: “La lucha facciosa se potenció con la creciente movilización de los sectores populares, urbanos y rurales. Los enfrentamientos políticos, muy violentos, alteraron profundamente la vida social. La apelación al orden, que Rosas asumió, tenía un amplio apoyo en buena parte de la sociedad, particularmente entre los sectores propietarios, incluyendo a muchos que a la larga engrosarían el bando opositor. La singularidad de la fórmula rosista consistió en llegar al orden por la vía de la exacerbación y canalización de la movilización popular facciosa. Con ella disciplinó y expurgó a las elites. Muchos descubrieron, entonces y después, que la politización unánime, administrada, canalizada, convocada y desconvocada, se parecía mucho a la despolitización. Solo requería de un enemigo contra quien dirigirse. Un enemigo permanentemente derrotado pero, como la hidra de mil cabezas, siempre renaciente. Tal la función de los “unitarios”, denominación con la que el discurso del régimen englobó las más diversas formas de oposición.”

En esta línea de pensamiento se podrían enmarcar los argumentos de Juan José Sebreli para caracterizar a Rosas como un bonapartista o un protofascista, cuando considera que “…el movilizador de masas fue el rosismo, que fue un protofascismo, en un momento donde no existía nada parecido en Europa ni América. Fue un régimen totalitario en sentido estricto… Es la desaparición de los límites entre sociedad civil y Estado. La vida cotidiana, hasta los aspectos más íntimos, como la sexualidad, es controlada y existe una ideologización de todo.” O cuando plantea que “el caso de Rosas es realmente muy curioso. Es una especie de fascismo avant la lettre. Fue un típico bonapartista, con elementos mucho más fascistas de lo que pudieron haber sido los bonapartistas del siglo XIX, Bismarck o Napoleón III, con esa puesta en escena de toda una ciudad que es típica de los totalitarismos del siglo XX… La imaginería, la ciudad pintada de rojo, las divisas, el retrato de Rosas en todas partes, incluidas las iglesias… Es decir: la introducción de la política en la vida cotidiana, la desaparición de los límites entre lo privado y lo público. Eso lo hace por vez primera Rosas. En ese sentido, es casi un caso único en el siglo XIX. Ni los bonapartismos europeos llegaron a ese punto.”

Sarmiento supo ver las íntimas relaciones entre las estructuras socio – económicas y culturales con los modos de organización y dominación política. Por eso en el Facundo se pregunta lo siguiente, tratando de comprender y caracterizar correctamente al régimen de Rosas: “¿Dónde, pues, ha estudiado este hombre el plan de innovaciones que introduce en su gobierno, en desprecio del sentido común, de la tradición, de la conciencia y de la práctica inmemorial de los pueblos civilizados? Dios me perdone si me equivoco, pero esta idea me domina hace tiempo: en la estancia de ganados, en que ha pasado toda su vida y en la Inquisición, en cuya tradición ha sido educado.” Y por eso su programa, coincidente con el de Urquiza, será su contracara; la colonización agropecuaria,  el acceso a la tierra, el libre comercio, la educación pública y el laicismo. Las palabras que el genial sanjuanino eligió para su epitafio en notable síntesis no podrían ser más esclarecedoras: “Una América toda, asilo de los dioses todos, con lengua, tierra y ríos libres para todos”.

Conviene otorgar un párrafo aparte a la ley de enfiteusis de Rivadavia, generalmente mal interpretada y valorada, y al papel que tuvo Rosas en su administración. Recurrimos en ese sentido a la obra del uruguayo Andrés Lamas. En las primeras palabras del prólogo de su libro “Rivadavia y la legislación de las tierras públicas”, seguramente sorprendentes para muchos, Manuel Herrera y Reissig sostiene que “la República Argentina puede reclamar el honor de haber sido, con Francia, la cuna de las ideas del Impuesto Único en el mundo”. El prologuista se refiere a las ideas en las que los fisiócratas franceses – Quesnay, Turgot -, habían sido pioneros, complementadas luego por los aportes teóricos de los economistas clásicos liberales británicos – Adam Smith, David Ricardo – y perfeccionadas, sistematizadas y explicadas con claridad más tarde por el norteamericano Henry George, a partir de la publicación de su célebre obra “Progreso y Miseria” en 1879. Henry George advirtió con lucidez el rol de la renta del suelo en los procesos de crecimiento de las economías capitalistas, y demostró contundentemente cómo si no median eficaces políticas tributarias el crecimiento económico puede llevar al aumento de la riqueza pero también de la pobreza. El remedio que propuso George fue precisamente dejar de gravar por completo el trabajo y la inversión de capital e imponer tributos solamente al mayor valor del suelo generado por la comunidad, recuperando de esa manera para el Estado los ingresos no ganados percibidos por el propietario del suelo sin que éste haya realizado ningún tipo de esfuerzo. De ahí la denominación de impuesto único, el “single tax”. Henry George era partidario también del más amplio libre comercio, entre persones y entre países. Las ventajas del impuesto al valor del suelo libre de mejoras (único o no, hoy seguramente sería imposible prescindir absolutamente de todos los demás impuestos) han sido reconocidas por la enorme mayoría de los economistas, entre ellos muchísimos premios Nobel. Uno de ellos, Milton Friedman, llegó a decir que era “el menos malo” de todos los impuestos. Dos ventajas clave de este tributo son que se trata del único impuesto que no puede trasladarse a los precios – por el contrario, tiende a aumentar la oferta y por ende a reducirlos – y que es el único que no genera pérdida de eficiencia económica.  Refiriéndose a Rivadavia, continúa Herrera y Reissig en el prólogo del libro de Lamas diciendo que “la obra más grande, más original y más trascendente de aquel ilustre argentino… no es su obra política, constitucional, administrativa, docente y cultural… sino aquella gran reforma, aquella gran conquista que todavía, cien años después, no han logrado alcanzar las naciones más libres y avanzadas de la tierra: la libertad económica fundada en la liberación de la tierra, supremo desiderátum de las Democracias…”. En su libro Andrés Lamas nos dice que la legislación agraria de Rivadavia “tenía por base la conservación del dominio natural y directo del Estado sobre las tierras públicas, que declaraba inalienables. Conservando con la propiedad, la libre disponibilidad de sus tierras, el Estado podía proceder, sin reato alguno, a su mejor distribución, consultando las necesidades y las conveniencias generales; el bienestar y el aumento de la población, la extensión, la diversidad y el perfeccionamiento de las culturas, la buena distribución de la riqueza, y con ella la justicia social y las condiciones esenciales de la organización política de una sociedad democrática. Mediante la propiedad de la tierra, el Estado recibía, por medio del canon con el que la entregaba al cultivo, la renta que le correspondía; y como esta renta nace del trabajo social, Rivadavia esperaba, y con razón, que ella llegaría a ser, con el transcurso del tiempo, la fuente única de los recursos del tesoro público, suprimiéndose, en consecuencia, los impuestos que gravan el trabajo y los capitales individuales.” En síntesis, este autor oriental llega la conclusión de que “la absorción por el Estado del valor social de la tierra creado por el esfuerzo colectivo, el reconocimiento de la igualdad de derechos a la tierra, la proscripción de todos los impuestos sobre el trabajo y el capital y sobre todas las formas de la actividad económica, la libertad de trabajo en todas sus manifestaciones y el libre cambio en su sentido más lato y absoluto, es decir, no sólo entre las naciones, sino entre los individuos, tales fueron los propósitos y finalidades del sistema agrario de Rivadavia de 1826, como son las del impuesto único…”. De esta manera, lo que la tesis de Lamas y las expresiones de Reissig nos están mostrando es un Rivadavia adelantado a su tiempo, casi podríamos decir un georgista antes que Henry George.

Eduardo Conesa abona esta teoría, al expresar que “en nuestro país, en el decenio de 1820, bajo la presidencial del liberal Bernardino Rivadavia, un entusiasta de los economistas ingleses de la época, hubo un intento frustrado de establecer este sistema, por la vía del derecho de enfiteusis. Se trataba de un arrendamiento a largo plazo que hacía el Estado de la abundante tierra fiscal. El largo plazo pactado en los contratos tenía el propósito de estimular al arrendatario o enfiteuta a invertir en mejoras. El Estado arrendaba la tierra fiscal a cambio del pago de un canon anual por parte del enfiteuta. Este canon hacía las veces de un impuesto. Con el advenimiento de la dictadura de Rosas en los dos siguientes decenios, el sistema fracasó, y fue definitivamente abandonado en el decenio de 1850”. Además, Conesa considera que la “omisión de un impuesto liberal a la tierra libre de mejoras” es la principal objeción a formular a la Generación del 80; y  - tras recordar el frustrado proyecto del Presidente Roque Saenz Peña (ver “La ley Saenz Peña que no fue”) -, señala no obstante que “muchos otros brillantes hombres de la gloriosa generación de 1880 defendieron esta idea progresista”, pero aclara que “en rigor se remonta al decenio de 1820 cuando la propuso el ilustrado y entusiasta de la naciente ciencia de la Economía Política… Bernardino Rivadavia con su ley de enfiteusis”. Evidentemente, ningún país del mundo estaba en ese entonces, en condiciones de llevar adelante una reforma de ese tipo en toda su dimensión y alcance, mucho menos la Argentina anárquica y desarticulada de aquel momento.

Veamos ahora el papel de Rosas en esta cuestión. Recurrimos para ello a los datos y consideraciones de Horacio Giberti: “Teóricamente la ley se proponía una distribución racional de la tierra, una diversificación de la producción rural, fomentando la agricultura y la creación de una nueva clase media que enfrentara a la oligarquía terrateniente. Pero al ser llevada a la práctica esta ley produjo su propia negación: no fueron los inmigrantes labriegos, con los que soñaba utópicamente Rivadavia, quienes se repartían la tierra, sino precisamente la gran oligarquía terrateniente y hacendada… Basta leer la lista de enfiteutas para comprobarlo… Los inmigrantes que quería Rivadavia, por supuesto, no llegaron nunca a ocupar esas tierras. Es fácil prever cómo se sabotearía el proyecto de inmigración, si observamos que la comisión para organizar la contratación de inmigrantes europeos – creada por decreto de Rivadavia del año 1824 – estaba presidida por el primo de Anchorena, Juan Pedro Aguirre, e integrada entre otros por el propio Juan Manuel de Rosas. En un debate de la Legislatura llevado a cabo en Enero de 1829, el general Viamonte combatió la cláusula de la ley que prohibía a los enfiteutas adquirir nuevas tierras… Tomás de Anchorena sostuvo el proyecto de reforma en el sentido en que lo promulgaba Viamonte. De este modo la ley de enfiteusis perdía hasta su último rasgo progresista, para convertirse lisa y llanamente en el gran negociado de la burguesía terrateniente bonaerense… Durante el gobierno de Rosas no le resultaría muy difícil a esta misma oligarquía, que seguía vinculada al gobierno, conseguir que éste les concediera la propiedad privada de las tierras que les habían sido entregadas en carácter de enfiteusis. El despojo quedaba de ese modo legalizado. En 1837 vencían los diez años de plazo otorgado a la enfiteusis: se aumentaba a partir de entonces el canon al doble. El gobierno de Rosas, mediante un decreto del 19 de mayo de 1836, vendió 1.427 leguas – de las otorgadas en enfiteusis – a 253 adquirentes…”. Emilio Coni publicó en 1927 un trabajo en el que señala, en relación a la ley de enfiteusis, que “dos hombres solamente la habían estudiado, y superficialmente, Andrés Lamas, panegirista de Rivadavia, y Nicolás Avellaneda...” y resalta la “opinión francamente contraria a la enfiteusis de todos los hombres de valor que actuaron después de Caseros y que habían sido testigos del sistema. Mitre, Sarmiento, Tejedor, Alberdi y Vélez Sarsfield, por no citar sino a los principales, fustigaron a la enfiteusis con frases lapidarias y la calificaron de perniciosa”. Es evidente que aquella reforma rivadaviana fracasó estrepitosamente, por diversas razones que tuvieron que ver con su tergiversación y no con los principios y marco teórico que la inspiraron, pero de todas maneras el nombre de la enfiteusis quedó desprestigiado, y probablemente además muchos de los gobernantes posteriores a Caseros no entendieron su verdadera significación y alcance. Mitre llegó al despropósito de tildarla de comunista. Por ende, más allá de que ni Urquiza ni Sarmiento la reivindicaron expresamente, sí comparten con Rivadavia, - y en se sentido se alejan de Rosas - la aspiración de transformar el campo argentino por medio de la facilitación del acceso a la tierra, la inmigración, la colonización en unidades productivas diversificadas, la promoción de la agricultura y el comercio, la democracia municipal, la educación rural, etc. Si las realizaciones efectivas de ambos no alcanzaron las dimensiones de sus anhelos fue por la resistencia que encontraron, y por las falencias de quienes los sucedieron. Ricardo de Titto recuerda las propias palabras de Sarmiento al respecto: “Enfrentado al latifundismo –“una oligarquía con olor a bosta”– promueve la pequeña propiedad: “La posesión es el germen fecundo de la población. Donde este derecho no fue respetado, el capital, el favor y la corrupción del poder distribuyeron la tierra entre especuladores y poderosos y permaneció por siglos inculta, despoblada e indivisa”.” No obstante, las colonias santafesinas, San José y sus desprendimientos en Entre Ríos, y Chivilcoy en Buenos Aires, entre otras colonias y pueblos, quedaron como testimonio del potencial de transformación del campo argentino. En alguna medida, sigue siendo una asignatura pendiente, aunque con problemas y desafíos de diferente índole.                          

Pero volvamos, para ir finalizando, a Justo José de Urquiza. En ocasión del centenario del nacimiento del prócer uruguayense, con motivo de la iniciativa de erigir un monumento que rindiera homenaje a su memoria, ni Mitre pudo evitar reconocer - quizás un poco a desgano, o tal vez valorando sinceramente tras tantos años la estatura histórica de Urquiza  -  que “el libertador de la República que derribó en Caseros la bárbara tiranía y que inició posteriormente la organización constitucional de la República, era merecedor a este honor póstumo”. Y por lo tanto sumó su adhesión a la idea de “realizar el monumento nacional que el país debe a la memoria del vencedor de Caseros y del libertador de la República.” 

Finalmente, recordemos las palabras de Sarmiento, a 12 años de la tragedia de San José, publicadas en las páginas del diario El Nacional de Buenos Aires: “El General Urquiza ha sobrevivido a su muerte violenta. La Constitución Argentina y la reunión de la República bajo las mismas instituciones de Gobierno, lo tienen a su frente. Y si el 3 de Febrero perpetúa el día en que fueron tronchadas las cadenas, el de su muerte serviría sólo para deplorar un crimen inútil, pues que la gloria legítima resiste la destrucción del tiempo, que es lo único que puede alcanzar el puñal”.- 

   

 Bibliografía

Caligaris, Hugo. «El escritor Juan José Sebreli contra todos.» Revista ADNcultura , 3 de Enero de 2009.

Conesa, Eduardo, y Luis Alberto Rey . Economía Polìtica Argentina. Buenos Aires: Prosa Editores, 2020.

Coni, Emilio Angel. La verdad sobre la enfiteusis de Rivadavia. Buenos Aires: Universidad de Buenos Aires, 1927.

de Titto, Ricardo. «Domingo ayer...Sarmiento hoy.» Clarín. 15 de Febrero de 2022. https://www.clarin.com/opinion/domingo-ayer-sarmiento-hoy_0_a6kSflBL8c.html (último acceso: 15 de Febrero de 2022).

Giberti, Horacio C. Historia económica de la ganadería argentina. Buenos Aires: Solar / Hachete, 1970.

Hora , Roy. «El latifundio como idea: Argentina, 1850-2010.» Universidad Nacional de La Pampa. s.f. https://cerac.unlpam.edu.ar/index.php/pys/article/view/3016/3495 (último acceso: 12 de Febrero de 2022).

Lamas , Andrés. «Rivadavia y la legislación de las tierras públicas.» Anáforas - Biblioteca digital de autores uruguayos. Universidad de la República. s.f. https://anaforas.fic.edu.uy/jspui/handle/123456789/48335 (último acceso: 13 de Febrero de 2022).

Revista Ñ. «Juan José Sebreli: “En la Argentina son todos populistas”.» 16 de Noviembre de 2012.

Romero, Luis Alberto. «Reelección: una obsesión de Rosas.» Centro de Estudios de Historia Política. Universidad Nacional de San Martín. 2012 de Febrero de 2012. http://www.unsam.edu.ar/escuelas/politica/centro_historia_politica/romero/rosas%20perfil.pdf (último acceso: 12 de Febrero de 2022).

Ruiz Moreno, Isidoro J. . Vida de Urquiza . Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Claridad, 2017.

Urquiza Almandoz, Oscar Fernando. Hechos, personajes y costumbres de nuestro pasado. Entre Ríos: el autor, 2010.

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domingo, 13 de febrero de 2022

LA LEY SAENZ PEÑA QUE NO FUE

Por José Antonio Artusi

Roque Saenz Peña nació el 19 de Marzo de 1851 y murió el 9 de Agosto de 1914, en Buenos Aires. Fue el Presidente de la República desde el 12 de Octubre de 1910 hasta su muerte, aunque había pedido licencia por razones de salud en 1913. Es el único argentino que comparte con su padre haber ejercido la presidencia. Es conocido, sobre todo, por haber impulsado, en acuerdo con el líder radical Hipólito Yrigoyen, la ley electoral identificada con su nombre, una trascendente reforma política que mejoró notablemente las practicas electorales e integró a diversos partidos en el sistema representativo. Es prácticamente desconocido, sin embargo, como el Presidente que alentó otro proyecto de ley, lamentablemente frustrado, que habría significado una reforma progresista destinada a complementar de manera armónica la primera, la que conocemos como la “ley Saenz Peña”.    

De que se trataba ese proyecto que no prosperó, la ley Saenz Peña que no fue?

Recurrimos al economista Eduardo Conesa para describirla y valorarla: “Saenz peña presentó al Congreso una ley muy avanzada… En efecto, presentó… una ley de impuesto al valor venal de la tierra libre de mejoras para los territorios nacionales que hubiera abaratado las tierras y facilitado el acceso a ella de los millones de inmigrantes llegados a nuestro país… Cabe recordar que el impuesto al valor venal de la tierra libre de mejoras como elemento progresista dentro del liberalismo fue propiciado por los fisiócratas liberales franceses ya en el siglo XVIII. También por el economista ultraliberal David Ricardo en Inglaterra en 1817. Y en los Estados Unidos por el político y escritor liberal Henry George en su libro Progreso y Miseria, de 1879, pero esta vez como “impuesto único”… La muerte de Sáenz Peña en 1914 impidió cristalizar la reforma… Esta reforma ultraliberal, democrática y progresista fue sostenida además por muchos miembros del Partido Autonomista Nacional y, por supuesto, por los socialistas democráticos como Juan B. Justo… Especial reconocimiento merece Roque Sáenz Peña, pues más allá de su adhesión intelectual a la idea, en ejercicio de la presidencia promovió dos proyectos de ley tan consistentes entre sí como la cara y la ceca de una moneda: uno, político, la ley del voto secreto y obligatorio, por el que es recordado, y otro, que movilizaba la economía y respaldaba las bases económicas de la democracia… El segundo proyecto fue archivado por causa de su prematura muerte y olvidado por los siguientes hombres públicos, pero es de enorme actualidad. Su fin era asegurar la “democracia política” mediante una correlativa “democracia económica, consistente en “igual derecho de acceso a la tierra para todos los que quisieran trabajarla”… Quizá hubiese sido otra la historia económica argentina en la segunda parte del siglo XX si se hubiese sancionado un impuesto al valor de la tierra libre de mejoras en lugar del impuesto a los réditos, o si, como proponemos en este proyecto de ley, un impuesto a la tierra libre de mejoras que opere como pago a cuenta del impuesto a las ganancias”. (Conesa se refiere al proyecto de ley que presentó en tal sentido en 2016 siendo diputado nacional)       

Pero veamos lo que el propio Saenz Peña dijo sobre la cuestión, en el mensaje al Congreso en 1912: “considero necesario crear un impuesto que falta en nuestro régimen financiero, impuesto que han adoptado con éxito otras naciones y cuya ausencia no abona la justicia distributiva con que debería estar establecido entre nosotros, me refiero al impuesto sobre la valorización de la propiedad, en cuanto ella no proceda de la obra o trabajo privado, sino del esfuerzo colectivo. Están gravados todos los consumos y todas las industrias, las necesidades premiosas de la vida, tanto como el trabajo del hombre que le asegura moderadas ganancias, y no está el enriquecimiento obtenido sin esfuerzo, por la acción de la comunidad, que viene a premiar sin merecimiento propio lo que constituye obra de todos. Se impone así una reparación de tan notorio privilegio.”

Que quien pronunciara estas palabras, de una actualidad tal que duelen, sea rotulado como conservador es una muestra más de las confusiones y desvaríos ideológicos que priman en nuestro país.-  


Publicado en el diario La Calle de Concepción del Uruguay el Domingo 6 de Febrero de 2022.-                   

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martes, 1 de febrero de 2022

GOBERNAR ES POBLAR

Por José Antonio Artusi

“Gobernar es poblar”, nos enseñó Alberdi. Lamentablemente, a 138 años de su muerte, todavía no hemos aprendido la lección. Argentina tiene un enorme territorio en el que viven algo más de 45 millones de personas, con una densidad de 16 habitantes por kilómetro cuadrado. Si la comparamos con la densidad de algunos países desarrollados veremos que es muy baja, 25 veces menor que la de Israel, 12 veces menor que la de Suiza, 8 veces menor que la de Dinamarca.

En realidad nuestro país no sólo está poco poblado sino “mal poblado”, con notorios desequilibrios entre zonas despobladas y áreas metropolitanas densas y con graves problemas muy difíciles de resolver. Santa Cruz tiene una densidad de 1,5 habitantes por kilómetro cuadrado y la ciudad de Buenos Aires, un distrito enteramente urbanizado, 15407.     

En un documento de la Fundación Alem publicado el año pasado se señala que “existe un gran desequilibrio y falta de estructuración regional que se refleja en una enorme desproporción entre áreas metropolitanas, especialmente el AMBA, que concentran tanto oportunidades como déficits estructurales acumulados durante décadas y regiones poco dinámicas que expulsan población por falta de oportunidades”.

Entre Ríos tiene una densidad poblacional ligeramente por encima del promedio nacional, aún así muy baja, casi 18 habitantes por kilómetro cuadrado. Las comparaciones son odiosas, dice el refrán, pero a veces sirven para dimensionar nuestra realidad, para recordar las asignaturas pendientes, y para tomar conciencia de nuestras posibilidades de desarrollo.

El territorio de Israel, buena parte desértico, donde viven más de 9 millones de personas, entraría más 3 veces y media en el de Entre Ríos, en el que habitamos poco más de 1,4 millones. Benelux, tal como se denomina el acuerdo entre Bélgica, los Países Bajos y Luxemburgo, tiene un territorio ligeramente menor en superficie al entrerriano. Viven en esos 3 países europeos casi 30 millones de personas. El territorio suizo es apenas superior a la mitad del de Entre Ríos. Viven en el país alpino más de 8 millones de habitantes.

Los países del Benelux exportaron en 2020 casi 900 veces más que las exportaciones originadas en Entre Ríos. Los Países Bajos, con un territorio que es prácticamente la mitad de Entre Ríos, son el segundo exportador mundial de productos agropecuarios, sólo por debajo de Estados Unidos. Bélgica, con un territorio que es poco más de un tercio del entrerriano, exportó en 2020 por un valor 292 veces mayor a las exportaciones de nuestra provincia. Luxemburgo, con una superficie menor a la mitad de la que tiene el Departamento Uruguay, cuya ciudad cabecera es Concepción del Uruguay, exportó en 2020 bienes y servicios por un monto más de 100 veces mayor a las exportaciones entrerrianas. 

Entre Ríos tiene recursos naturales de sobra para aspirar a ser un territorio desarrollado y próspero, que brinde calidad de vida y oportunidades a muchos más de los que hoy la habitan. Clima templado, suelos fértiles, recursos hídricos abundantes, ríos caudalosos que brindan agua potable, energía hidroeléctrica, vías navegables, riego, recursos ictícolas y atractivos turísticos. Está localizado en una ubicación estratégica en el corredor que une las principales áreas metropolitanas del Mercosur. A esos recursos naturales, no creados el hombre, hace falta aplicarles trabajo y capital para generar riquezas.

Pero ni las inversiones ni las personas vendrán si no se pone en marcha un plan estratégico de desarrollo que identifique correctamente las razones de nuestro atraso y que remueva los obstáculos que impiden el crecimiento desde hace décadas. Economía del conocimiento, investigación y desarrollo, innovación aplicada a los procesos productivos, agricultura de precisión, ganadería bovina y porcina, avicultura, industria frigorífica, incorporación de valor y calidad a la producción de alimentos, energías renovables, forestoindustria, servicios educativos y sanitarios, industria 4.0, turismo, etc.; todo con el más celoso cuidado del ambiente y la salud, potenciando el desarrollo de ciudades pequeñas e intermedias, que brindan las ventajas de la vida urbana y todavía están a tiempo de evitar los males de las grandes áreas metropolitanas: las oportunidades están. Depende de nosotros aprovecharlas. Poblemos Entre Ríos. Hagamos de nuestra provincia la Entre Ríos que Urquiza sonó.       


Publicado en el diario La Calle el día 30 de Enero de 2022.-


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miércoles, 26 de enero de 2022

THOMAS PAINE Y MILTON FRIEDMAN


 Por José Antonio Artusi

 Me referí la semana pasada a Thomas Paine, y dije de él que fue “uno de los pioneros más lúcidos de una propuesta que se ha vuelto a debatir intensamente en todo el mundo: el ingreso ciudadano, o ingreso básico universal”. Es posible, pero muy infrecuente,  vincular las ideas de Thomas Paine con las de alguien más cercano en el tiempo y con el que no se lo suele emparentar, el economista estadounidense Milton Friedman. Reivindico a menudo al menos dos de sus planteos: la consideración del impuesto al valor del suelo libre de mejoras como el “menos malo”, en sus propias palabras, el argumento de Henry George; y la propuesta de un impuesto negativo a la renta, quizás la forma más simple y práctica de implementar un sistema de ingreso ciudadano de carácter universal e incondicional. Suelo encontrar respuestas que denotan cierta sorpresa frente a mi defensa de ideas esgrimidas por un economista al que se rotula como “neoliberal”, al que por lo tanto hay que cancelar sin más trámite. Es en esos momentos cuando me acuerdo del consejo de Raúl Alfonsín, “no sigan a hombres, sigan a ideas…”. Y en esas dos ideas, al menos, Milton Friedman no se equivocó. Por el contrario, son un marco conceptual plenamente vigente, que espera la lucidez y el compromiso de gobernantes que los hagan realidad por medio de políticas públicas concretas. No debería ser necesario que aclare – pero por las dudas lo hago – que mi coincidencia con esas dos propuestas no es en absoluto incompatible con diferencias con otras, y aún más, mi rechazo a algunos de sus posicionamientos políticos.  

Milton Friedman nació el 31 de Julio de 1912 en New York y murió en San Francisco el 16 de Noviembre de 2006.  Recibió el Premio Nobel de Economía en 1976. Curiosamente (o no tanto), es rarísimo o directamente imposible encontrar entre sus seguidores conservadores adhesiones a alguna de estas dos ideas. El propio Friedman lo advirtió en su momento, y a propósito del impuesto negativo a la renta manifestó que la iniciativa fue recibida “con considerable (aunque lejos de unánime) entusiasmo en la izquierda y con considerable (aunque, de nuevo, lejos de unánime) hostilidad por la derecha”.       

En una entrevista en 1978 Milton Friedman declaró que “todos los impuestos son antagonistas de la libre empresa, pero de todos modos necesitamos impuestos. Entonces la cuestión es, cuáles son los impuestos menos malos? En mi opinión, el impuesto menos malo es el impuesto a la propiedad sobre el valor de la tierra libre de mejoras, el argumento de Henry George de hace tantos, tantos años…”. Y agregó que el siguiente menos malo es el impuesto a los ingresos por encima de un mínimo no imponible con una tasa fija.

En un interesante reportaje imaginario a Henry George publicado en La Nación en 2009, Juan Carlos de Pablo lo presenta como “el padre de la criatura, el norteamericano Henry George (1839-1897)… que en “Progreso y pobreza”, publicado en 1879, propuso precisamente reemplazar todos los impuestos por uno a la tierra”; y le hace decir que “los modernos entusiastas del impuesto a la tierra… le prestan atención al hecho de que ese impuesto, al ser independiente del nivel de producción, no distorsiona las decisiones privadas y maximiza los esfuerzos del productor. Esa es la razón por la cual entusiasmaba tanto a Milton Friedman”.    

La otra idea, el impuesto negativo a la renta, se trata de un crédito fiscal que – como todos – puede reducir el monto del impuesto a pagar por el contribuyente. Pero, a diferencia otros créditos fiscales, se otorga incluso si el ciudadano no debe pagar nada de impuesto.  

Una forma sencilla de implementar un impuesto negativo a la renta (o mejor dicho, a las ganancias)  podría consistir en  establecer un ingreso ciudadano, de carácter absolutamente universal e incondicional, que reciben todos los habitantes adultos. Adicionalmente podría pensarse en un ingreso ciudadano a la niñez, de menor cuantía, como el que propuso en su momento Elisa Carrió, sustitutivo de la AUH y otros subsidios condicionados (los famosos “planes”, que caen en la “trampa de la pobreza”, vale decir que desincentivan el trabajo y la formalidad laboral), las asignaciones familiares y las deducciones por hijo en el impuesto a las ganancias. El impuesto tendría un mínimo no imponible y una tasa nominal fija. La persona que no recibe ningún ingreso recibiría el 100% del ingreso ciudadano como transferencia mensual. Por debajo de determinado monto de ingresos, que daría como resultado un monto a pagar menor a la cuantía del ingreso ciudadano, la persona recibiría como transferencia neta la diferencia. Por encima de ese monto de indiferencia, que daría como resultado un monto a pagar mayor al ingreso ciudadano, la persona debería abonar la diferencia en su pago del impuesto. Lo interesante del sistema es que la combinación de una tasa nominal fija, no progresiva, con un mínimo no imponible y con un ingreso ciudadano igualitario como crédito fiscal es que las tasas reales del impuesto a pagar se transforman automáticamente en progresivas, vale decir aquellos que ganan más pagan un porcentaje mayor de sus ingresos, sin necesidad de tablas escalonadas que suelen generar problemas y en algunos casos desincentivan a los trabajadores a trabajar más. Hay un antecedente muy reciente e ilustrativo al respecto de empleados de Toyota en nuestro país. La reforma propuesta debería abarcar la eliminación de diversos impuestos, entre ellos el monotributo. Todos estarían en igualdad de condiciones en el mismo régimen. Ello no quiere decir que todos pasarían a pagar ganancias. Es evidente que resulta clave en este sentido la determinación de 3 variables: el monto del ingreso ciudadano o crédito fiscal, el mínimo no imponible, y la tasa del impuesto. Resultaría muy interesante que especialistas en la cuestión hagan simulaciones con información estadística actualizada para analizar el impacto de diversas hipótesis combinando diferentes valores para esas variables.

Mucho menos estudiada, por no decir no estudiada en absoluto, es la idea de aplicar el mismo concepto básico de la tributación negativa al impuesto al valor del suelo libre de mejoras, generando en este caso un crédito fiscal a aplicar sobre dicho impuesto. También aquí el tributo debería tener un mínimo no imponible y una tasa nominal fija. La persona que no es propietaria de ningún bien inmueble recibiría el 100% del crédito fiscal. La persona que posee un inmueble valuado por debajo de determinado monto, que daría como resultado un monto a pagar menor al crédito fiscal, percibiría como transferencia neta la diferencia. La persona que posee uno o varios inmuebles, cuyo valor sumado supera ese monto de indiferencia, que daría como resultado un monto de impuesto a pagar mayor al crédito fiscal, debería abonar la diferencia en su pago del impuesto. También aquí la combinación de una tasa nominal fija, no progresiva, con un mínimo no imponible y con un crédito fiscal dan como resultado que las tasas reales del impuesto a pagar se transforman automáticamente en progresivas, vale decir aquellos que son propietarios de suelo de mayor valor  pagan un porcentaje mayor de su patrimonio.

Eduardo Conesa propuso en 2016 siendo diputado nacional una reforma tributaria en la que el impuesto al valor del suelo libre de mejoras podía computarse a cuenta del impuesto a las ganancias. Incorporando una cláusula en este sentido los dos impuestos negativos mencionados – a las ganancias y al valor del suelo – se vincularían de manera sistémica, generando diversas posibilidades de combinaciones. Podría ser que el impuesto al suelo abonado por el propietario sea mayor que su liquidación de ganancias, y por lo tanto directamente no pagaría este tributo. O podría ser que resulte menor, en cuyo caso descontaría el monto abonado en concepto de impuesto al suelo de su liquidación de ganancias. En este caso, la tasa real del impuesto a las ganancias sería aún menor.

Una reforma tributaria de este tipo debería implicar la eliminación por completo (y en algunos pocos casos la reducción) de diversos malos impuestos, tanto nacionales como provinciales: monotributo, bienes personales, ganancia mínima presunta, retenciones a las exportaciones, aranceles desmedidos a las importaciones, ingresos brutos, sellos, etc.   

Se pasaría de esa manera a un esquema en el que desaparecerían tributos regresivos y distorsivos y el sistema se basaría mucho más en los que Milton Friedman consideraba los dos menos peores impuestos. Y nos habríamos aproximado muchísimo a lo que propuso Thomas Paine en 1795. Estaríamos en presencia de algo que para muchos es una utopía pero que se debate cada vez más en el mundo desarrollado: un ingreso ciudadano financiado por la recuperación de la valorización del suelo. En Corea uno de los candidatos presidenciales para las elecciones del próximo 9 de Marzo, Jaemyung Lee, tiene entre sus propuestas medidas de este tipo.

Un documento del Observatorio Fiscal de la Pontifica Universidad Javeriana de Bogotá de 2020 titulado “El impuesto negativo a la renta de Friedman: ¿un camino para hacer realidad la renta básica?” (en algunos países el término “renta básica” es utilizado para referirse al ingreso ciudadano o ingreso básico universal) finaliza diciendo que “las ideas de Milton Friedman, fallecido en 2006, podrían ayudar a que sectores en pugna se pongan de acuerdo para nivelar la cancha a favor de los más pobres y contribuir así a sacar a más ciudadanos de la pobreza. Si de privilegian los intereses de quienes más necesitan de estas miradas, es una idea que fácilmente podría ponerse en práctica. Veremos si lo hacen”. Quizás el primer paso consista en elevar la calidad del debate, y no dejarnos llevar por las etiquetas y los rótulos, sino más bien analizar las ideas por sus méritos intrínsecos, despojados de prejuicios.-


Publicado en el diario La Calle el dìa 23 de enero de 2022.-

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miércoles, 19 de enero de 2022

CALLES QUE FALTAN: THOMAS PAINE

 Por José Antonio Artusi

Se cumplirán el 29 de Enero 285 años del nacimiento de Thomas Paine, en Thetford, Inglaterra, en 1737. Murió en Nueva York el 8 de julio de 1809. Revolucionario,  republicano, liberal, fue uno de los padres fundadores de los Estados Unidos, protagonista importante de la Revolución Francesa, autor de textos que tuvieron enorme influencia en las ideas y en las luchas políticas de su tiempo, y uno de los pioneros más lúcidos de una propuesta que se ha vuelto a debatir intensamente en todo el mundo: el ingreso ciudadano, o ingreso básico universal. Sin embargo, su nombre es prácticamente desconocido y se lo recuerda muy poco.

Por qué deberíamos homenajearlo nosotros?. La trascendencia de sus aportes, el ejemplo de su conducta, y la vigencia imperecedera de sus escritos quizás deberían ser causa suficiente, pero podríamos agregar que además de eso tuvo una influencia gravitante, aunque indirecta, en muchos de nuestros próceres. Se sabe que Artigas y San Martín conocieron algunos de sus libros. Es evidente la influencia de las teorías del inglés en la política de tierras de Artigas; y San Martín cruzó los Andes con varios ejemplares de obras de Paine en sus alforjas. A la independencia había que asegurarla con la fuerza de las armas, pero también con la luz de las ideas.

Thomas Paine advirtió con genialidad, anticipándose de alguna manera a Henry George y a otros, que había ciertos bienes comunes creados por la naturaleza que debían ponerse a disposición de todos en condiciones de igualdad, y que la privatización originaria de los recursos naturales y el suelo había generado una suerte de desposesión que se había transmitido de generación en generación, imposibilitando de esa manera el afianzamiento de una sociedad genuinamente democrática e igualitaria. Paine no creyó que el remedio consistiera en la socialización de los medios de producción, sino en la garantía de un piso común de oportunidades, una suerte de indemnización universal de esa desposesión originaria, que concrete las condiciones materiales de la libertad, y en cuyo marco las personas puedan obtener legítimamente todo el producto de su esfuerzo y su trabajo. Se trata de una posición en línea con los postulados del liberalismo clásico, el de Adam Smith entre otros, que veían en la concentración de la propiedad de la tierra y en la especulación inmobiliaria uno de los factores que atentaban contra el desarrollo de un sistema capitalista competitivo y con igualdad de oportunidades. En propias palabras de Paine: “El cultivo de la tierra es una de las mayores mejoras naturales jamás hecha por la invención humana. Ha decuplicado el valor de la tierra. Pero el monopolio de la propiedad agraria que empezó con el cultivo ha generado también el mayor daño. Ha desposeído a más de la mitad de los habitantes de todas las naciones de su herencia natural, sin ofrecerles a trueque, como debería haberse hecho, indemnización alguna por esa pérdida, lo que ha generado una suerte de pobreza y de desdicha que no existían antes. Al abogar a favor de los así desposeídos abogo por un derecho, no predico caridad”.

Bertrand Russell, otro inglés egregio, dirá de él, explicando de alguna manera su falta de reconocimiento póstumo: “Para nuestros tatarabuelos era una especie de Satán terrenal, un infiel subversivo, rebelde contra su Dios y contra su rey. Se ganó la hostilidad de tres hombres a quienes no se suele relacionar: Pitt, Robespierre y Washington. De éstos, los dos primeros trataron de matarle, mientras el tercero se abstuvo cuidadosamente de salvar su vida. Pitt y Washington lo odiaban porque era demócrata, Robespierre, porque se opuso a su régimen del Terror. Su destino fue siempre ser honrado por los pueblos y odiado por los gobiernos.”

Quizás haya llegado la hora de honrarlo, por pueblos y gobiernos, tomando sus ideas como insumos para construir una verdadera democracia republicana, en la que los ideales de la libertad, la igualdad y la fraternidad no sean meras expresiones vacías.-


Publicado en el diario La Calle el día 16 de Enero de 2022.- 

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LA REFORMA TRIBUTARIA QUE ARTURO ILLIA NO PUDO CONCRETAR

Por José Antonio Artusi

En menos de 3 años la gestión presidencial de Arturo Illia tuvo logros notables, que hoy parecen casi increíbles: Crecimiento del PBI del 10,3% en 1964 y del 9,1% en 1965. Crecimiento del PBI industrial del 18,9% en 1964 y 13,8% en 1965. Disminución de la deuda externa de 3.400 millones a 2.600 millones de dólares. Crecimiento del salario real un 9,6% entre 1963 y 1964. Descenso de la desocupación de 8,8% en 1963 a 5,2% en 1966. Apertura de mercados externos, inversión record en educación pública, ley de medicamentos, etc, etc..   

Importa analizar esos logros e indagar en las causas que los originaron, pero vale la pena también asomarse a lo que pudo haber sido y no fue, el ambicioso programa de reformas que estaba previsto o en marcha y que lamentablemente quedó trunco por el nefasto accionar de los sectores que alentaron, propiciaron y consumaron el golpe de Estado que lo desalojó del gobierno, vale decir las fuerzas armadas, la burocracia sindical con la anuencia de Perón, sectores empresariales,   periodistas, etc..

Eduardo Conesa considera que “el economista que primero y mejor señalara en nuestro país los efectos perniciosos de las sobrevaluaciones cambiarias fue Don Raúl Prebisch quien afirmara en 1956: “Hay que dar incentivos para que la actividad privada produzca más y mejor. La inflación ha contribuido poderosamente a destruir esos incentivos. El funesto propósito de reprimir sus consecuencias mediante el tipo de cambio artificialmente bajo ha privado de estímulo a la producción agropecuaria llevándola a una grave postración”…”. Y enfatiza que “particularmente interesante en este punto fue la gestión del Dr. Arturo Illia. Este presidente por consejo directo de Prebisch indexó el tipo de cambio con un sistema que se denominó “crawling peg”, adoptado por muchos países con inflación que, sin embargo, no querían cometer el grave error de sobrevaluar su propia moneda y matar así la gallina de los huevos de oro, que son las exportaciones.”

Es interesante resaltar que los inmensos logros de esa gestión se obtuvieron en un escenario signado por términos de intercambio sumamente desfavorables. En efecto, Conesa incluye a la de Illia “entre las presidencias más castigadas por los términos de intercambio”.          

Para Eduardo Conesa la gestión de Illia “fue brillante. Indexó el tipo de cambio para  evitar que la inflación lleve a la sobrevaluación cambiaria y de esta manera promover las exportaciones. Puso en marcha las grandes inversiones que en los sectores básicos de la economía se habían efectuado en la época de Frondizi. Por eso, la economía argentina, ya liberada de la foreign exchange constraint, en los años 1964 y 1965, pudo alcanzar tasas de crecimiento altísimas del orden del 8% anual. Además… los salarios reales se mantuvieron altos durante el gobierno de Illia, lo cual fue consecuencia también de las fuertes inversiones del período de Frondizi y de la misma remoción de la limitación externa al crecimiento llevada a cabo por el desarrollismo frondicista.”           

Arturo Illia tenía perfectamente en claro que la democracia política necesitaba bases materiales, económicas, para afianzarse y consolidarse. En su primer mensaje al Congreso manifestó: “La esencia de la democracia no queda debidamente expresada por estructuras meramente jurídicas o por líricas afirmaciones de dignidad humana o de igualdad de los hombres ante la ley...El propósito

de perfeccionamiento de nuestra democracia...no podrá lograrse a no ser que estemos resueltos a aceptar modificaciones sustanciales en las actuales estructuras económico-sociales de nuestro país".

Es particularmente interesante analizar la reforma tributaria que se intentó implementar durante su gobierno, iniciativa lamentablemente frustrada por su derrocamiento pero que iba a tener – paradójicamente – algunos elementos que iban a ser rescatados por la gestión del dictador Onganía. José Antonio Sánchez Román señala que “a mediados de la década de 1960, el gobierno de Arturo Illia propuso primero un impuesto nacional a la renta potencial de la tierra. Es decir, se trataba de un gravamen que afectaba a lo que se consideraba rentabilidad “normal” de la tierra de acuerdo a una evaluación previa y no sobre los beneficios reales obtenidos. El objetivo era reemplazar el impuesto a los réditos para el campo y aumentar la productividad, al estimular a los propietarios a incrementar su producción hasta los niveles de rentabilidad “normal” o superiores. Los propietarios y algunos economistas y políticos vieron en este gravamen un peligroso impuesto al patrimonio… La propuesta de Illia encontró una resistencia frontal de los propietarios rurales (y en general de todos los representantes empresariales). El sucesor de Illia, el gobierno autoritario de Onganía, introdujo un impuesto a la renta potencial, como parte de las políticas económicas de su ministro Adalbert Krieger Vasena. El impuesto era más moderado que el diseñado por la administración Illia y su objetivo declarado era “modernizar” el campo antes que contribuir a una mayor justicia social. A pesar de estas características, y de las credenciales conservadoras del gobierno, los propietarios rurales se opusieron a la reforma, que finalmente se implantó en 1969 en una versión muy moderada”. Debe quedar claro que gravar la renta de la tierra es en cierto sentido similar a gravar su valor, pues éste no es otra cosa que la renta capitalizada.  

Silvia Lazzaro considera que “desde la Secretaría de Estado de Agricultura y Ganadería se realizó un certero diagnóstico respecto a los principales problemas que afectaban directamente al desarrollo de la actividad agraria: proteccionismo indiscriminado a la industria y distorsión en el desarrollo agropecuario; falta de equilibrio de la capitalización del sector; política impositiva contraproducente; crédito limitado a la actividad rural; mayores precios que no se tradujeron en aumentos de producción; detención del proceso de subdivisión de la tierra; leyes de arrendamiento en vigencia que no estimularon la mayor productividad; acción colonizadora limitada; reducción de la superficie dedicada a la producción agrícola, tendiendo a formas más extensivas de explotación;

estancamiento o disminución de la densidad ganadera; tendencia negativa de los rendimientos unitarios de los principales cultivos de la región pampeana; baja rentabilidad de la empresa agropecuaria; reducción del salario rural; paulatina destrucción del suelo; y enseñanza agrícola estancada y en algunos casos anacrónica, entre los principales problemas que se presentaban como desafíos a enfrentar.” “En este contexto, - continúa la mencionada autora - las principales líneas de acción que se propuso el gobierno apuntaron a problemas tales como el régimen impositivo; la tenencia de la tierra; el crédito agrario; la capacitación técnica; y a tratar de lograr un reajuste en la política de desarrollo de la industria, sugiriendo al respecto la necesidad de coordinar más estrechamente el crecimiento industrial y el agrario, en tanto éste requiere cada vez más insumos de origen industrial. El núcleo de las instancias a cumplir, en lo que hacía a la política agraria, se asentaba en el propósito de evitar la inversión especulativa en tierras y la subutilización de la capacidad productiva de las mismas, sobre todo en relación con la capacidad potencial de la tierra, lo que posibilitaría un crecimiento acelerado de la producción agropecuaria pampeana... Los aspectos sobre los que se hacía especial referencia eran el régimen impositivo, la tenencia de la tierra, el crédito industrial y el ajuste de la política de desarrollo industrial. En materia impositiva el objeto básico sería la incentivación de la inversión de capital y trabajo para el logro de una mayor productividad rural; para ello los impuestos directos a la producción agrícola, así como los que gravan la renta real de la empresa rural, deberían ser sustituidos progresivamente por otros que graven la unidad de superficie aprovechable de acuerdo con su productividad potencial. De esta manera se esperaba que los empresarios rurales se vieran alentados a producir al máximo de sus reales posibilidades por razones de propia conveniencia, al recibir el producto íntegro de esa mayor producción, "...y quienes así no lo hagan sufrirán una gradual descapitalización por acción del impuesto, lo que inducirá a transferir el bien a quien se encuentre más capacitado técnica y económicamente para obtener de ella toda la renta que potencialmente es factible que produzca...Además la tierra perderá parte de su valor especulativo haciéndose así un bien más fácilmente asequible."

Estaba en marcha, como se ve, una reforma tributaria que si bien estaba limitada al suelo rural podía perfectamente luego complementarse con normas que se aplicaran al mayor valor del suelo urbano, cada vez más significativo. La asequibilidad al suelo para trabajar y para vivir habría tenido de esa manera un impulso significativo. Lamentablemente, dicha reforma, y otras de carácter progresista y transformador que la complementaban, quedó trunca. Buena parte, por no decir todos, de los problemas que Illia identificó como trabas para nuestro desarrollo y la democracia social siguen ahí, la enorme mayoría de ellos agravados por décadas de marchas y contramarchas y políticas desacertadas. Durante su gestión presidencial se pusieron en marcha iniciativas basadas en ideas que planteaban correctamente la raíz de los problemas y formulaban los remedios adecuados.   

Es nuestra responsabilidad rescatar esas ideas y actualizarlas para que sirvan como insumo en el diseño de políticas públicas que hagan realidad la gran revolución pacífica y democrática por la que Arturo Illia luchó toda su vida.    

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Conesa, Eduardo y Rey , Luis Alberto. 2020. Economía Polìtica Argentina. Buenos Aires : Prosa Editores, 2020.

Lázzaro, Silvia. 2003. El problema agrario durante el gobierno de Arturo Illia. Memoria académica. [En línea] 2003. [Citado el: 19 de Enero de 2022.] https://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.10767/pr.10767.pdf.

Sánchez Román, José Antonio. 2014. Impuestos y terratenientes en la Argentina: Un balance . Memoria académica. [En línea] 2014. [Citado el: 19 de Enero de 2022.] https://memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.6727/pr.6727.pdf.

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sábado, 15 de enero de 2022

CALLES QUE FALTAN: JULIO ARGENTINO ROCA

 

Por José Antonio Artusi

El Concejo Deliberante de Trelew ha sancionado una ordenanza por la que se retira la denominación “Julio Argentino Roca” a una de sus principales calles.

La cultura de la cancelación y las políticas identitarias postmodernas (o antimodernas) están haciendo estragos en Occidente. Una de las formas que estos desvaríos adquieren en Argentina consiste en la demonización de la figura de Roca. Como todo hombre público, cometió errores y tuvo aciertos, pero a veces da la impresión de que se lo combate y descalifica más por los segundos que por los primeros, aunque no se lo reconozca explícitamente. Roca encarnó como pocos la fuerza progresista y modernizadora - con sus luces y sombras, como en todo el mundo - del liberalismo capitalista del siglo XIX, y muchos nostálgicos del viejo orden - colonial, feudal, reaccionario y clerical - no se lo perdonan. 

Roca nació en Tucumán el 17 de Julio de 1943 y murió en Buenos Aires el 19 de Octubre de 1914. Entre 1856 y 1858 estudió en el Colegio del Uruguay. Hay cosas para criticarle a Roca? Por supuesto. Seguramente muchas. Yo me centraría en la falta de una política que garantice el acceso generalizado a la tierra para vivir y para trabajar. En eso toda la generación del 80 falló rotundamente. Algunos como Sarmiento y más tarde Roque Saenz Peña, siguiendo a Belgrano, Rivadavia y Esteban Echeverría, lo vieron claramente, y quisieron solucionarlo, pero no pudieron.

De todos modos, como militar y como presidente de la República en dos ocasiones Roca  tuvo también muchísimos logros que lo hacen merecedor de un lugar destacado en nuestra Historia. La brevedad de estas líneas me obliga a seleccionar uno de tantos, y en ese caso me inclino por la sanción y aplicación de la ley 1420 de educación pública, laica, gratuita y obligatoria. Hemos dicho en otra oportunidad que “el día que se promulgó la ley 1420, el 8 de Julio de 1884, el Presidente de la Nación, su Ministro de Instrucción, el diputado autor del proyecto de ley y el Presidente de la Cámara de Diputados compartían una inusual coincidencia: todos habían sido alumnos del Colegio del Uruguay, el “heredero de Urquiza”. Casualidad? No creo. Tengo para mí que ese día dió uno de sus frutos más brillantes la semilla plantada por el Organizador de la Nación 35 años antes al fundar en Concepción del Uruguay el primer colegio laico del país y al procurar que tuviera los recursos necesarios y los mejores profesores de los que se podía disponer en ese momento. Se logró así, tras numerosos contratiempos y conflictos, una norma que iba a resultar fundamental como uno de los pilares de la Argentina moderna y republicana, que nunca dejó de recibir, abierta o veladamente, los embates reaccionarios de los nostálgicos de la Argentina colonial y autoritaria. La ley que Sarmiento no había podido lograr como Presidente, pero claramente inspirada en sus ideas, con el apoyo decidido de Leandro Alem y otros dirigentes progresistas de la época, se tornaba realidad”. El Presidente, por las dudas, era Roca. Mucho más tarde, en 1947, durante los acalorados debates parlamentarios que se suscitaron ante la derogación de la ley 1420, el diputado Silvano Santander diría a modo de balance: “Los árboles, dice el Eclesiastés, se juzgan por sus frutos. ¿Cuáles han sido los resultados de esta ley? Una Argentina alfabetizada, sin problemas raciales y religiosos”.

Quizás sea un buen momento para ir contra la corriente, como hay que ir a veces, y proponer que algún espacio público de Concepción del Uruguay lleve el nombre de Julio Argentino Roca. No hay nada en la ciudad que lo alojó como estudiante en su adolescencia que recuerde su nombre.  Y como una ironía del destino, sí tiene una calle que recuerda a uno de los más férreos y enardecidos opositores de la ley 1420.   


Publicado en el diario La Calle el día 2 de Enero de 2022.-

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sábado, 1 de enero de 2022

LA VIGENCIA DEL PROGRAMA ECONÓMICO DE RIVADAVIA

Por José Antonio Artusi

Se discute intensamente de impuestos por estos días en la Argentina. Lamentablemente, sin demasiada claridad ni rigor conceptual. Cuesta una enormidad lograr que se entienda que es necesario tanto “bajar” la carga como “mejorar” la matriz tributaria, vale decir que se trata de un problema cualitativo, además de cuantitativo, que no todos los impuestos son iguales, que generan muy distintos efectos en la actividad económica y en la distribución de los recursos. La Historia, como tantas veces, nos puede resultar útil para poner las cosas en perspectiva y para extraer lecciones que nos sirvan para entender el presente y para construir el futuro.

Héctor Raúl Sandler en su libro “A la búsqueda del tesoro perdido” nos da algunas pistas interesantes para encontrar en nuestro pasado, y más específicamente en las ideas y la obra de gobierno de Bernardino Rivadavia – en especial su ley de enfiteusis - ciertas claves que nos permitan entender las razones de tantos fracasos de nuestro país, luego de haber estado durante algún breve período entre los más avanzados del mundo. La tesis central de este autor es que “ninguna reforma… podrá concretar la democracia republicana con una simultánea vigencia de los derechos humanos fundamentales…, si previamente no se logra establecer un derecho positivo que asegure a todos sus habitantes – existentes y por venir – un idéntico derecho de acceso a la tierra y al mismo tiempo, como la otra cara de una misma moneda, si la misma legislación no establece que la base del tesoro público del Estado… sea la recaudación de una alícuota parte del valor de mercado del suelo del territorio argentino”. (Sandler, 2008)

¿Qué tiene todo esto que ver con los impuestos?; se preguntará el lector. Sigue diciendo Sandler que “esta propuesta implica necesariamente la eliminación progresiva de la miríada de impuestos que gravan al trabajo y a la inversión de capital real, a la producción y al consumo”.  ¿Y qué tiene que ver todo esto con Rivadavia?; continuará preguntándose el lector. Volvamos a Sandler: “…”La República Argentina puede reclamar el honor de haber sido, con Francia, la cuna de las ideas del Impuesto Unico en el mundo”, dice el uruguayo Manuel Herrera y Reissig en su prólogo al libro de Andrés Lamas Rivadavia y la legislación de las tierras públicas… Idea traída por Manuel Belgrano en 1794 y recogida por Esteban Echeverría en su escrito La contribución territorial… La Ley de Enfiteusis argentina fue el fruto de un pensamiento que apuntaba al ideal de una democracia social, sin cuyo propósito la Revolución de Mayo se habría limitado a ser una mera secesión del imperio español. Sin embargo, establecer una democracia social con el recurso de enfiteusis probó ser una medicina demasiado fuerte para una sociedad con hábitos autoritarios que en su seno había crecido en demasía el latifundio. En el enfrentamiento entre quienes propugnaban ese ideal y la realidad llamada “la fuerza de las cosas”, ésta se impuso. Con esa ley, como hemos visto, se cometió el mayor fraude legis de nuestra historia. Dictada para generar la base de una democracia social, fue utilizada para organizar una estrecha y poderosa oligarquía terrateniente. Esta desgraciada experiencia explicaría por qué la miraron con verdadero encono y le atribuyeran los males que sufría el país los más denodados opositores de Rosas, hombres como Sarmiento, Alberdi y Mitre”. Este último, tergiversando por completo el espíritu y las disposiciones de la ley, llegó a decir una tontería que luego sería repetida muchas veces: “los que sostienen el enfiteusis son precisamente los que entran en las ideas del comunismo”. Combatida de un lado y del otro, la ley de enfiteusis rivadaviana terminó siendo una de las cuestiones más incomprendidas y tergiversadas de nuestra Historia. Unos y otros le adjudicaron los males del latifundio y la entrega  de la tierra pública, cuando fueron  precisamente su falta de aplicación de acuerdo a su espíritu y disposiciones originales los factores que originaron esos males. Héctor Sandler considera que “el régimen jurídico de la enfiteusis argentina quedó desvirtuado, entre otras cosas, por la falta de instituciones sin la cuales no podía funcionar… No había catastros adecuados, ni una división topográfica del territorio, ni un sistema de registro de la propiedad…, ni funcionarios  suficientes para montar organismos de este tipo, etc.”. Está claro que la enfiteusis de Rivadavia estaba referida a tierras públicas, que se entregaban en arriendo por plazos largos a cambio de un canon que se actualizaba periódicamente, pero es también verdad que constituye un antecedente conceptual válido de las iniciativas tendientes a gravar el valor de la tierra libre mejoras – y en especial el aumento de ese valor como consecuencia de acciones ajenas al propietario - como principal fuente de recaudación fiscal, en desmedro de otros tributos que gravan el trabajo y la inversión de capital. Continúa Sandler en ese sentido argumentando que “hay muy buenas razones, cuidadosamente expuestas y empíricamente probadas como verdad, que el fondo primordial del tesoro público – para que exista una economía de mercado libre y próspera – es la renta fundiaria. Esto es, el valor que adquiere la tierra por causa de la demanda… La base para calcular la prestación de la contribución territorial tiene que ser el valor de mercado del suelo – rural y urbano – sin consideración a las mejoras que sus propietarios hayan construido o construyan en el futuro sobre él. Así lo propuso el brillante presidente Roque Sáenz Peña en proyecto remitido a la Honorable Cámara de Diputados. Por causa de su prematura muerte no recibió tratamiento.”

Héctor Sandler considera que “la recaudación de la renta fundiaria no es un impuesto. Es una obligación que pesa sobre el propietario,… Salvando las diferencias, es semejante a la obligación que por causa de la mera asociación debe el consorcista de un consorcio inmobiliario al conjunto para que la administración haga frente a los gastos comunes”. Es importante resaltar, siguiendo al mencionado autor, que “el mayor valor del espacio, según el lugar del país y según la época que se considere, no es hechura de su ocupante individual… Es el producto del quehacer social. Toda vez que este mayor valor del espacio se manifiesta como un rédito de la tierra ha sido denominado renta fundiaria… Dos aspectos sobresalientes caracterizan la renta fundiaria: a) ella no depende de la actividad de un determinado propietario en particular y b) ella existe en función de la actividad cooperativa de la sociedad como grupo comunitario. Un terreno en el centro de la ciudad no vale un céntimo por el hecho de que el propietario nunca haya hecho nada en él… A la inversa, todo esfuerzo que haga el propietario no aumentará su valor rentístico en un solo centavo”.       

El economista Eduardo Conesa, diputado nacional entre 2016 y 2017 y autor de un proyecto de ley que habría sido una trascendental reforma tributaria, señala que “en nuestro país, en el decenio de 1820, bajo la presidencia de Bernardino Rivadavia, un entusiasta de los economistas ingleses de la época, hubo un intento frustrado de establecer este sistema por la vía de la enfiteusis. Se trata de un arrendamiento a largo plazo que hacía el Estado de la abundante tierra fiscal. El largo plazo pactado en los contratos tenía el propósito de estimular al arrendatario-enfiteuta para invertir en mejoras. El Estado arrendaba la tierra fiscal a cambio del pago de un canon anual por parte del enfiteuta. Este canon hacía las veces de un impuesto. Con el advenimiento de la dictadura de Rosas en los dos decenios siguientes, el sistema fracasó, y fue definitivamente abandonado en el decenio de 1850”.  (Conesa, y otros, 2020)    

Finalmente, veamos qué dijo Andrés Lamas en el libro citado por Sandler: “Mediante la propiedad de la tierra, el Estado recibía, por medio del canon con el que la entregaba al cultivo, la renta que le correspondía; y como ésta nace del trabajo social, Rivadavia esperaba, y con razón, que ella legaría a ser, con el transcurso del tiempo, la fuente única de los recursos del tesoro público, suprimiéndose, en consecuencia, los impuestos que gravan el trabajo, y los capitales individuales”. (Lamas , 1914)

Hoy está claro que no sería posible ni deseable volver a esquemas del tipo de la enfiteusis basados en la propiedad de la tierra por parte del Estado, y que no resulta razonable creer que se pueda contar, como quería Henry George, con un único impuesto; pero es igualmente evidente que sí resulta conveniente, hasta imprescindible, plantear profundas reformas tributarias que basen la recaudación fiscal en la renta del suelo y alivien las cargas al capital y al trabajo.  

En definitiva, tal como señala Manuel Herrera y Reissig en el prólogo al libro de Lamas, “la absorción por el Estado del valor social de la tierra creado por el esfuerzo colectivo, el reconocimiento de la igualdad de derechos a la tierra, la proscripción de todos los impuestos sobre el trabajo y el capital y sobre todas las formas de la actividad económica, la libertad del trabajo en todas sus manifestaciones y el libre cambio en su sentido más lato y absoluto, es decir, no sólo entre las naciones sino entre los individuos, tales fueron los propósitos y finalidades del sistema agrario de Rivadavia en 1826…”.

En ese sentido, la vigencia del programa económica de Rivadavia impresiona tanto como lo poco que se lo reivindica.-

Bibliografía

Artusi, José Antonio. 2020. La reforma que no fue. [En línea] 29 de Enero de 2020. [Citado el: 31 de Diciembre de 2021.] http://joseantonioartusi.blogspot.com/2020/01/la-reforma-que-no-fue.html.

Conesa, Eduardo y Rey , Luis Alberto. 2020. Economía Polìtica Argentina. Buenos Aires : Prosa Editores, 2020.

Lamas , Andrés. 1914. Rivadavia y la legislación de las tierras públicas. Buenos Aires : s.n., 1914.

Sandler, Héctor Raúl. 2008. A la búsqueda del tesoro perdido . Buenos Aires  : Instituto de Capacitación Económica, 2008.


Publicado en el diario La Calle el dìa 9 de Enero de 2022.-

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