Por José Antonio Artusi
Argentina se encamina a obtener niveles récord
de producción de petróleo y gas, de la mano del desarrollo de Vaca Muerta,
sobre todo a partir de la explotación no convencional. Las proyecciones a
futuro muestran niveles sostenidos de aumento de la producción, las
exportaciones y el superávit energético.
El auge de la formación Vaca Muerta en la
Patagonia ha convertido a las arenas silíceas entrerrianas, particularmente las
de los departamentos de Islas del Ibicuy y Victoria, en un insumo crítico para
la producción no convencional. Sin embargo, mientras las flotas de camiones
fluyen hacia el sur, la provincia asiste a la extracción de su riqueza natural
con una estructura fiscal que parece diseñada para otro siglo y otra realidad.
¿Estamos aprovechando el "boom" de
petróleo y gas de Vaca Muerta?
Actualmente, el sistema tributario se basa en
un canon por tonelada de arena vinculada al precio del gasoil. Es un mecanismo
administrativo, no una política de desarrollo. La incidencia de este canon
sobre el costo final de la tonelada de arena puesta en boca de pozo en Añelo es
marginal, apenas el 1,5% o 2%. Mientras tanto, la provincia sigue, como todas,
teniendo al Impuesto a los Ingresos Brutos como la principal fuente de ingresos
tributarios provinciales. Una aberración fiscal que castiga al que produce, al
que invierte y al que arriesga.
Resulta paradójico. Gravamos en cascada con
una gabela medieval al comerciante y al consumidor, encareciendo cada etapa de
la producción y fomentando la informalidad. Pero al mismo tiempo, permitimos
que la renta diferencial generada por un don de la naturaleza —la arena que nadie
fabricó en Entre Ríos, sino que heredó de eras geológicas— sea capturada casi
íntegramente por privados o se diluya en la ineficiencia logística.
Es aquí donde debemos rescatar las ideas
centrales del pensamiento liberal de los padres de nuestra Constitución de
1853. La arena de fracking no tiene valor por el esfuerzo del dueño del suelo,
sino por su escasez geológica y por la demanda externa generada por la técnica
del fracking. Es lo que la economía clásica define como renta pura del suelo.
Si la arena es, según nuestro Código de
Minería, una sustancia de tercera categoría que pertenece al dueño de la tierra,
la estrategia para capturar esa riqueza no debe ser un impuesto a la producción
(que desincentiva la inversión), sino un impuesto al valor del suelo libre de
mejoras.
La propuesta es tan disruptiva como lógica: en
lugar de fiscalizar cada camión en la ruta, la provincia debe tasar el valor de
mercado de los yacimientos. Un campo en Ibicuy con estratos de arena aptos para
Vaca Muerta no vale lo mismo que un bañado improductivo. Su valor fiscal debe
reflejar esa aptitud extractiva. Al tasar el suelo y no el trabajo ni las
mejoras, la provincia captura la renta antes de que se convierta en plusvalía apropiada
por quienes no la generaron.
Para llevar esto a cabo, no basta con voluntad
política; se necesita tecnología. La implementación de un Catastro
Multipropósito es una reforma estructural pendiente. No hablamos de un simple
dibujo de parcelas, sino de una base de datos dinámica que integre la geología,
la infraestructura y los valores de mercado en tiempo real.
Este catastro permitiría que el impuesto al
valor del suelo se aplique con precisión:
1. En lo minero:
Gravando la renta geológica de la arena, incentivando a los propietarios de
canteras a producir con eficiencia o a pagar por el privilegio de retener un
recurso estratégico. Si un productor instala una planta de lavado de arena
ambientalmente responsable, esa mejora no debería aumentar su impuesto. Lo que
se grava es el valor de la tierra, no el trabajo ni la inversión.
- En lo urbano: Eliminando la especulación con lotes baldíos
que gozan de infraestructura pagada por todos y abaratando la
construcción.
- En lo rural: Liberando de carga fiscal a las mejoras de los
productores.
Muchos industriales y comerciantes se
preguntarán: "¿Otro impuesto más?". La respuesta es: ¡No! Más bien
todo lo contrario, menos impuestos, pero mejores. El impuesto al valor del
suelo libre de mejoras no es otra cosa que el actual impuesto inmobiliario; en
realidad se trata de dos impuestos disfrazados de uno; el que grava el valor
del suelo, y el que grava las mejoras y construcciones. El primero es el menos
malo, diría el Premio Nobel ultraliberal Milton Friedman. El segundo penaliza
al que quiere invertir en construir y mejorar su propiedad. Y habría que
empezar a pensar de qué manera se puede comenzar un proceso gradual de
reducción de las alícuotas del impuesto a los ingresos brutos, con un horizonte
temporal a futuro que prevea su eliminación.
En nuestro país el economista Eduardo Conesa
ha estructurado gran parte de su propuesta macroeconómica de largo plazo —a la
que define como un "liberalismo desarrollista"— alrededor de una
reforma impositiva integral. Para Conesa, el sistema fiscal argentino actual
castiga al que produce y premia al que especula. Su propuesta busca invertir
esa lógica. Propone que sea un impuesto provincial, pero coordinado mediante
una ley marco nacional que permita computarlo como pago a cuenta del Impuesto a
las Ganancias. Esto alentaría la formalización de la economía.
Imaginemos el impacto: eliminar el impuesto
más distorsivo y regresivo de nuestra economía a cambio de un tributo sobre las
rentas “no ganadas” de la tierra que nadie puede esconder ni trasladar.
¿Por qué no lo proponen las cámaras
empresariales? Quizás por esa "confusión de identidad" entre el
productor y el propietario. Muchos temen que sea un nuevo gravamen que se sume
a la asfixia actual. El desafío es proponer un pacto fiscal inquebrantable: la
sustitución progresiva de las alícuotas del impuesto a los ingresos brutos hasta
su eliminación.
La renta de la arena, y de los recursos
naturales en general, se podría invertir en:
- Transición Energética: Investigación y desarrollo en
hidrógeno verde y biomasa, aprovechando nuestra escala agroindustrial y
nuestro potencial en energías renovables.
- Infraestructura Multimodal: Recuperar el ferrocarril y
potenciar la hidrovía, para que nuestra competitividad no dependa solo de
lo que hay bajo el suelo, sino de cómo nos movemos sobre él.
- Conocimiento: Financiar la aplicación de Big Data e IA a la
gestión pública y la planificación territorial para el desarrollo
sostenible.
Entre Ríos no puede seguir siendo una
provincia que mira pasar la riqueza por sus rutas mientras castiga con
impuestos absurdos a quienes crean valor. La arena de fracking nos ofrece una oportunidad
de oro —o de sílice— para comenzar a reformar nuestra matriz tributaria.
No se trata de "atacar" a la
propiedad privada, sino de defenderla en su forma más pura: el derecho de cada
entrerriano a quedarse con el fruto íntegro de su trabajo, mientras la sociedad
recupera para sí el valor que ella misma y la naturaleza han creado. Es hora de
pasar de un Estado que "recauda de lo que puede" a un Estado que
"recupera lo que le corresponde". Solo así, el boom de Vaca Muerta
dejará algo más que baches en las rutas: dejará una provincia moderna,
productiva y, sobre todo, justa.
Publicado en el diario La Calle el 14 de junio
de 2026.

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