Por José Antonio Artusi
Juan Antonio Mantero Camps nació
en Paraná el 28 de octubre de 1840. Su abuelo materno, Juan Francisco Esteban
Camps Zani, fue alcalde de Paraná y murió degollado en Santa Fe por tropas de
Rosas al mando de Oribe en 1842, por haber colaborado con el general José María
Paz.
Se casó en Concepción del
Uruguay el 26 de junio de 1861 con Rafaela Cabral. Murió el 10 de abril de 1892
en el distrito Genacito, Departamento Uruguay.
Estudió en el Colegio del
Uruguay y posteriormente se graduó de abogado. Tuvo una destacada participación
en la batalla de Cepeda y más tarde en Pavón. En 1863 fue designado archivero
en Concepción del Uruguay, bajo la administración del coronel Pedro Melitón
González como jefe político. Dirigió el periódico El Eco de Entre Ríos y también
participó en la redacción de El Uruguay. Es muy poco conocida su labor como
escritor; Luis Alberto Ruiz, en su Historia de la Literatura Entrerriana cita
sus obras: Sinopsis de la ciudad de Santa Fe, Historia del periodismo
argentino, Historia anecdótica del general Urquiza, Diccionario bufo –
político, y La cuestión presidencial. En 1872 estuvo entre los fundadores de la
Biblioteca Popular “El Porvenir”. Se desempeñó como profesor en los Cursos de
Derecho del Colegio del Uruguay, teniendo a su cargo la materia Derecho Civil.
En 1870 se sumó a la insurrección
de López Jordán. Es interesante recordar la caracterización que hace Oscar
Fernando Urquiza Almandoz de “los jordanistas”: “Un núcleo de jóvenes,
muchos de los cuales habían pasado por las aulas del Colegio histórico, donde
habían aprendido a amar la libertad y a amar la ley, consideraron que Urquiza, que
tanto había luchado por esa libertad y por esa ley para imponerla en el país, se
resistía a brindarlas a su provincia, a la que quería seguir dominando en su ya
extenso patriarcado. El juicio generalmente peyorativo ha sido el denominador
común con el cual se ha signado a los colaboradores de López Jordán. Se ha
venido repitiendo, palabras más, palabras menos, lo que cierta prensa
manifestara en aquellos momentos de pasiones desbordadas. “El partido
jordanista – decía en 1870 El liberal de Paraná – es el partido personalísimo,
compuesto de los elementos más impuros que hay en Entre Ríos… Famosos asesinos,
hombres avezados al robo y al pillaje, son sus miembros más caracterizados”.”
Urquiza Almandoz considera “equivocada
tal aseveración. Como en todo movimiento político – social donde se mueven
muchos personajes, el jordanismo tuvo hombres que se hicieron realmente
acreedores a tal juicio, pero, en verdad, aquellos que desempeñaron los papeles
más importantes dentro de él fueron personas espectables, con muchísimos
méritos. Rodearon a López Jordán en su momento… destacadas personalidades… tales
como Dámaso Salvatierra, Juan A. Mantero, Anastasio Cardassy, Benito G. Cook, José
Hérnández, Francisco F. Fernández, Evaristo Carriego, … y otros. Equivocados o
no en sus apreciaciones e ideales, dieron pruebas harto elocuentes de
honestidad, de desinterés, de espíritu de sacrificio”. Urquiza Almandoz encuentra
causas reales y causas ficticias para explicar el levantamiento jordanista. “Entre
las primeras: el largo gobierno del general Urquiza, que produjo el desgaste
del gobernante y el cansancio de los pueblos; un gobierno evidentemente
personalista que, si bien tuvo resultados altamente positivos para los destinos
de la provincia, a la postre, inexorablemente haría aflorar fuertes
resistencias; la imposibilidad de practicar elecciones en que se garantizara la
libertad de sufragio, etc. Entre las segundas: la creencia, a nuestro juicio
equivocada, de que Urquiza había resignado sus convicciones federales y que la
retirada de Pavón, su no intervención en el pleito que ensangrentó a los
orientales y su acatamiento a la autoridad nacional en la resistida guerra con
el Paraguay, no eran sino testimonios elocuentes de que “el general se había
vendido a los porteños”.
Fue designado ministro por López
Jordán, cargo que va a ocupar por pocos meses. Tras sumarse a la lucha armada,
en agosto de 1870 fue hecho prisionero por las fuerzas nacionales en Diamante. Urquiza Almandoz nos narra que “no obstante
la derrota del jordanismo en el combate de Ñaembé, los ánimos continuaron
exaltados… Durante el transcurso de 1872 Concepción del Uruguay continuó siendo
escenario de altercados y agresiones… Al morir a fines de ese año el
distinguido médico uruguayense doctor Vicente H. Montero, la policía violó su
correspondencia y papeles privados.” Inmediatamente se ordenó la prisión de
varios dirigentes, entre ellos Mantero, “bajo la acusación de hallarse
implicados en un plan de invasión jordanista”. También fue encarcelado en
diciembre de 1872 junto a otros redactores de El Eco de Entre Ríos, y en
febrero de 1873 “una partida antijordanista destruyó la imprenta donde se
editaba aquel periódico”.
En 1881 fue electo municipal,
y asumió en enero del año siguiente. En 1883 fue designado ministro de
Hacienda, Justicia e Instrucción Pública por el gobernador Eduardo Racedo. El
periódico porteño El Mosquito, en su edición del 6 de mayo de 1883, publicó un
retrato suyo y un artículo en el que se editorializaba de la siguiente manera:
“El Doctor Mantero ha entrado a la política por la puerta grande. Lleva al
gobierno el contingente de la opinión unánime de toda la provincia de su
nacimiento, opinión que se ha formado durante quince años alrededor de su
estudio de abogado. Tiene cuarenta y dos años y formó parte en el Colegio
Nacional del Uruguay de la pléyade de jóvenes que de todos los puntos de la
República congregó el general Urquiza, como presidente de la Confederación, con
el objeto de obtener la verdadera unión social de la familia argentina…
Estudiante todavía, salió del colegio para tomar las armas en Cepeda y Pavón,
llegando al grado de capitán de línea. Pero apenas concluyó la guerra, volvió
al colegio, donde concluyó sus estudios. Por repetidas veces se le quiso dar
ascensos para que continuase la carrera militar, los que siempre desechó… Como
ahora, la juventud entrerriana le sacó del trabajo el año 1870 para llevarlo al
ministerio que se formó a raíz de una popular revolución. Concluida ésta, volvió
de nuevo a ser abogado, no queriendo ceder en lo más mínimo ante situaciones
que consideraba ilegales… Al poner sus elementos de opinión a disposición del
general Racedo, se ha encontrado con que disponía de la mayoría de la provincia…
Hoy entra al ministerio con un prestigio inmenso y con la omnímoda confianza
del gobernador Racedo...”. Esa confianza no duraría mucho. Mantero renunció
al poco tiempo, enfrentado duramente con el gobernador por el traslado de la
capital provincial desde Concepción del Uruguay a Paraná. Racedo no le aceptó
la renuncia y lo destituyó. Urquiza Almandoz recuerda que “en una de las
tantas oportunidades en que el doctor Juan Antonio Mantero … escribió al
presidente Roca, le hizo presente que se oponía firmemente al traslado de la
capital a Paraná, no obstante poseer propiedades de su familia en esa ciudad… A partir del instante en que la Convención
aprobó el cambio de capital, el gobernador Eduardo Racedo, a quien todos
sindicaban como el verdadero iniciador y sostenedor de la innovación… dejó de
ser persona grata al pueblo de Concepción del Uruguay. La exaltación de los
ánimos llegó a extremos reprobables y la conjuración fue decidida. En efecto,
cuatro días después que se decretara el traslado de la capital, fue descubierto
un plan subversivo. Varios individuos, algunos de ellos reclutados en Paysandú,
debían asesinar a Racedo… Entre otros, fueron sindicados como dirigentes el
doctor Anastasio Cardassy, ex convencional por Concepción del Uruguay, y los
señores Seró, Escobar, Mariño y Pérez Colman”. No faltaron quienes acusaron
a Mantero de ser parte del complot. En una carta dirigida a Racedo, Antonio
Donovan le dijo que debía tratarlos “como a bandidos. Cardassy es un
miserable. Mantero es el principal instigador y bueno sería julepearlo
mandándole llevar…”.
Estuvo algún tiempo exiliado
en Paysandú y posteriormente se radicó en Buenos Aires, donde ejerció la
profesión de abogado en un estudio que compartía con el republicano exiliado
español Serafín Álvarez, uno de los precursores del socialismo argentino. Luego
regresó a Entre Ríos para ser administrador del Ferrocarril Central de Entre
Ríos.
Juan Miguel Seró, casado con
su hija Carmen Mantero, compró las tierras aledañas a la estación 1° de Mayo
del ferrocarril entrerriano y el 29 de septiembre de 1893 fundó Villa Mantero, en
homenaje a su suegro.
Eduardo Tibiletti expresó que Juan
Antonio Mantero “perteneció a una clase distinguida de hombres que jamás
buscaron las alturas del poder y que, llegados a él por la voluntad popular y
por sus merecimientos, lo abandonaron cuando comprendieron que su permanencia
en el mismo era contraria a su dignidad y a sus condiciones de ciudadano probo
y honrado”.
Fuentes:
Bosch, Beatriz. Historia
de Entre Ríos. Buenos Aires: Editorial Plus Ultra, 1978.
El Mosquito. "El Doctor Juan
A. Mantero." Mayo 6, 1883.
Ruiz, Luis Alberto.
"Historia de la literatura entrerriana." Autores de Concordia.
1993.
https://www.autoresdeconcordia.com.ar/uploads/Historia_Lit_Entrerriana_LAR.pdf.
Urquiza Almandoz ,
Oscar Fernando. Historia de Concepción del Uruguay - Tomo III. Concepción del Uruguay: Municipalidad de Concepción del
Uruguay, 1985.
Publicado en
el diario La Calle el 11 de octubre de 2026.










