Por José Antonio Artusi
Ovidio Cátulo
González Castillo, conocido como Cátulo Castillo, nació el 6 de agosto de 1906
y murió el 19 de octubre de 1975. Sebastián Piana nació el 26 de noviembre de
1903 y murió el 17 de julio de 1994. Los dos llegaron y se fueron de este mundo
en Buenos Aires.
Juntos compusieron
en 1941 “Tinta roja”, tango con letra de Castillo y música de Piana. Fue
grabado por vez primera por la orquesta de Aníbal Troilo con la voz de Francisco
Fiorentino, para el sello RCA Víctor.
Posteriormente sería interpretado por otras orquestas y cantantes: Rubén
Juárez, Susana Rinaldi, Roberto Goyeneche con la orquesta de Aníbal Troilo, Alfredo
Zitarrosa, Adriana Varela, Cacho Castaña, Andrés Calamaro, una versión instrumental
de Osvaldo Pugliese, etc.
Sebastián Piana explicó de esta manera la génesis: “Es uno de los temas que más se tocan de mis 500 obras. “Tinta roja”,
originariamente fue un tango instrumental. Como necesitaba dinero para hacerle
un regalo a mi señora, voy sólo con la música en mi mente, a ver a un editor
amigo. Luego de tocar el tema, le pedí 150 pesos, a cuenta de la futura
edición. Mañana te lo traigo listo, le dije, aunque en realidad no tenía
nada compuesto. Ese mismo día, por suerte, se me terminó de ocurrir la música.
Claro, no tenía que ajustarme a una letra. Al editor le gustó. Me comentó: -Le
hace falta letra, ¿por qué no lo ve a Cátulo, a ver si se la hace? Cátulo
Castillo, que también era músico, al otro día concluyó la letra: -Sebastián, le
puse el nombre de "Tinta roja" -me dijo.”
José María Otero
señala que “Cátulo Castillo fue más que un poeta. Violinista, jovencísimo
director de orquesta que se plantó en Europa con sus músicos, compositor
tempranero, les puso música a páginas tangueras de su padre, Don José González
Castillo: Silbando, Acuarelita del arrabal, Organito de la tarde, Juguete de
placer, Aquella cantina de la ribera. Recién a la muerte de su progenitor
(hombre de teatro, poeta) se decidió a ocupar el sitial que le había dejado
éste y pasó a ser uno de los más importantes que ha tenido el tango. Su obra en
ese sentido habla por sí sola. La intensidad de su escritura estuvo en
ebullición continua. Siempre.”
Y con relación a
Piana Otero nos dice que era “enorme compositor, pianista, director, amigo
del barrio, fue colaborador de su padre (Cátulo y Piana le pusieron música
a Silbando). Y en 1941 pergeñaron este tango que muestra el derroche de
sabiduría estilística de ambos. Tinta roja, grabado de inmediato por la
orquesta de Pichuco, con la impagable voz de Fiorentino, se convirtió en un
éxito inmediato. Y perdurable”.
A propósito de la
letra Manuel Adet sostuvo que “un poema se construye con detalles. No es una explicación y muchas veces
lo más importante es lo que se sugiere, aquello que se insinúa sin necesidad de
más palabras. Las penas son negras, el fondín es gris y las referencias a la
sangría y el carmín. El juego de colores es deliberado y discreto, como también
es discreta y, si se quiere, pudorosa, la nostalgia, el recuerdo de ese tiempo
que se fue para siempre y, como en los sueños, sólo recordamos objetos, colores
que, por supuesto, están cargados de sentidos, de significados. El estribillo
merece una especial atención: “¿Dónde estará mi arrabal? / ¿Quién se llevó mi niñez?
/ ¿En qué rincón luna mía/ volcás como entonces tu clara alegría? / Veredas que
yo pisé/ malevos que ya no son/ bajo tu cielo de raso/ trasnocha un pedazo de
mi corazón”. Las tres primeras preguntas son las que desvelan a los poetas, a
los filósofos y a los hombres de todos los tiempos. Castillo las repite, pero
con tono de tango: el pasado es el arrabal, la memoria es la niñez y el rincón
tiene el tono de la luna y su limpia alegría. La mención a la vereda, a los
malevos, al propio arrabal es una constante de nuestros grandes poetas, desde
Homero Manzi a Jorge Luis Borges. Como todo creador, Cátulo Castillo posee sus
obsesiones y la búsqueda de las palabras exactas que la expresen”.
Yoli Fidanza comenta que “Cátulo Castillo pone en boca del
protagonista de su tango, todo el dolor de la añoranza, todas las preguntas
comunes al hombre, la infancia perdida, los sueños, la identidad que un barrio
presta…Es angustia el tiempo dónde quedó atrapada la inocencia, es angustia
existencial y es búsqueda del sentido de la vida”.
Oscar del Priore destaca la complejidad de la línea melódica de la
música de Piana: “no es una simple sucesión de notas; es una arquitectura de
tensiones. Piana utiliza intervalos que no eran comunes en el tango de la
década del 20. La melodía sube y baja con una amplitud que exige al cantor una
técnica casi de ópera, pero con el sentimiento del arrabal."
Las versiones
entonadas por Fiorentino y por Goyeneche son las más conocidas y probablemente
las que más reverencian los tangueros. Y las de Alfredo Zitarrosa y Andrés
Calamaro tienen quizás la virtud de haber acercado “Tinta roja” a otras
generaciones y a otros públicos.
La música de Piana y la letra de Castillos son lo
suficientemente sólidas y flexibles como para soportar la elegancia clásica de
Fiorentino, la contundencia expresiva de Goyeneche, la austeridad milonguera de
Zitarrosa y la hibridez moderna de Calamaro. Pocos tangos admiten tantas
lecturas sin desvirtuarse, Por eso “Tinta roja” no envejece: se deja volver a interpretar
una y otra vez.
Sin los versos de
Cátulo Castillo “Tinta roja” seguiría siendo un tango memorable. Y sin los
acordes de Sebastián Piana sería un poema digno de figurar en la antología de
la mejor poesía argentina del siglo XX. Pero juntas, letra y música son otra
cosa, y llevaron al tango a una profundidad expresiva pocas veces lograda.
Paredón, tinta roja en el gris del ayer
Tu emoción de ladrillo, feliz
Sobre mi callejón, con un borrón
Pintó la esquina
Y el botón que
En el ancho de la noche
Puso el filo de la ronda
Como un broche
Y aquel buzón carmín y aquel fondín
Donde lloraba el tano
Un rubio amor lejano
Que mojaba con bon vin
¿Dónde estará mi arrabal?
¿Quién se robó mi niñez?
¿En qué rincón, luna mía
Volcás, como entonces
Tu clara alegría?
Veredas que yo pisé
Malevos que ya no son
Bajo tu cielo de raso
Trasnocha un pedazo
De mi corazón
Paredón, tinta roja en el gris del ayer
Borbotón de mi sangre infeliz
Que vertí en el malvón
De aquel balcón que la escondía
Yo no sé
Si fue negro de mis penas
O fue rojo de tus venas
Mi sangría
Porque llegó y se fue tras el carmín
Y el gris fondín lejano
Donde lloraba el tano
Sus nostalgias de bon vin.
Fuentes:
Adet, Manuel. "Tinta roja." El Litoral. 2014.
https://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2014/09/13/escenariosysociedad/SOCI-04.html.
Del Priore, Oscar, and Irene Amuchástegui. Cien tangos fundamentales.
Buenos Aires : Aguilar, 1998.
Otero, José María. "Tinta roja." Tangos al bardo. Julio
24, 2020. https://tangosalbardo.blogspot.com/2020/07/tinta-roja.html.
Publicado en el diario La Calle el 22 de
febrero de 2026.

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