lunes, 1 de julio de 2024

A 89 AÑOS DE LA GOBERNACIÓN DE EDUARDO TIBILETTI

Por José Antonio Artusi

Mañana se cumplirán 89 años de la asunción de Eduardo Tibiletti como gobernador de la provincia de Entre Ríos, el 1º de Julio de 1935, cargo que ejerció hasta idéntica fecha de 1939.

Eduardo Tibiletti nació en Concepción del Uruguay el 5 de octubre de 1871 y murió en Buenos Aires el 4 de enero de 1940. Cursó el bachillerato en el Colegio del Uruguay, institución de la que luego sería profesor y más tarde rector. Designado por el presidente Roque Sáenz Peña en 1911, ejerció esa responsabilidad hasta 1920.  Antes había obtenido el título de abogado en la Universidad de Buenos Aires. También ejerció la docencia en la Escuela Normal de Concepción del Uruguay y presidió la Asociación Educacionista La Fraternidad. En 1922 Tibiletti se radicó en la ciudad de Buenos Aires, donde entre otras actividades se dedicó al periodismo, desempeñándose en el diario “La Razón”, en el que habitualmente abordó cuestiones vinculadas con la educación.    

Enrique Pereira1 comienza así su reseña biográfica: “destacado docente, rector del Colegio Histórico, concejal de Concepción del Uruguay, convencional constituyente en 1932, era presidente de la Convención que lo eligió candidato a gobernador, como prenda de la flamante unidad partidaria”. En efecto, es necesario recordar que el radicalismo entrerriano logró en ese momento unificarse, finalizando un cisma entre antipersonalistas e yrigoyenistas que duró prácticamente una década, en la que ambos sectores constituyeron fuerzas políticas separadas, que competían con sus propios candidatos en las elecciones generales. Es así como la Convención provincial que se realizó el 21 de febrero de 1935 en el cine “Urquiza” de Paraná, que Tibilettí presidió y en la que resultó electo candidato, fue la primera con el radicalismo unido tras la división que había sufrido a mediados de la década del 20.

Tibiletti, antipersonalista, estuvo acompañado por el yrigoyenista Roberto Lanús, de La Paz, como candidato a vicegobernador. El sector antipersonalista había proclamado el 1º de diciembre de 1934 en Gualeguaychú su propia fórmula, integrada por Luis Jaureguiberry y Francisco Mihura, quienes renunciaron para facilitar la fusión del radicalismo. Por otro lado, un sector minoritario del yrigoyenismo no aceptó la unificación y presentó una fórmula propia, encabezada por Gregorio Morán, dirigente de sinuosa trayectoria.

En las elecciones del 17 de marzo de 1935, las primeras tras la reforma constitucional de 1933 que estableció la elección directa del gobernador, Tibiletti obtuvo el 50,78% de los sufragios, Juan Morrogh Bernard (Partido Demócrata Nacional) el 40,8%, Morán el 7,11% y Juan Nux (Partido Socialista) el 1,31%. El radicalismo se impuso en todos los departamentos menos en Gualeguaychú y Gualeguay.

Eduardo Tibiletti sucedió al gobernador Luis Lorenzo Etchevehere (1931 – 1935) y su gestión fue continuada a partir del 1º de Julio de 1939 por la de Enrique Fermín Mihura, quien a pocos días de finalizar su mandato fue desalojado del poder por el golpe militar del 4 de junio de 1943.

El gabinete del gobernador Tibiletti, conformado en ese momento por sólo dos ministerios, estuvo integrado por el uruguayense Luis María Rodríguez en la cartera de Hacienda y por Sebastián Mundani primero y José María Garayalde después en la de Gobierno.     

Sobre la gestión de gobierno de Tibiletti Enrique Pereira sostiene que se caracterizó por “la preocupación por solucionar problemas financieros de la provincia, acosada de alguna manera por el gobierno nacional fraudulento. Fue también tema sustancial la educación, continuando una labor que arrancaba desde 1914. El gobierno del doctor Tibiletti estimuló claramente el cooperativismo y la colonización”. El autor mencionado considera que “el gobernador no era un militante político en la acepción común del término, sino una respetada figura partidaria, a la que se apeló para sellar la unidad”, pero a la vez enfatiza que “se reveló como un gobernante de singular capacidad y perspicacia, que debió sortear situaciones de muy difícil solución”; y señala que “al finalizar su mandato el Dr. Tibiletti bajó al llano en medio del sincero respeto de todos sus comprovincianos”.

Beatriz Bosch2 analiza en particular la política agraria de Tibiletti: “la campaña comienza a despoblarse por la alternancia del distinto rinde de las cosechas. Los peones emigran a las provincias de Santa Fe y Buenos Aires. Más cuando antiguos moradores la abandonan, grupos de judíos víctimas de las persecuciones del nazismo alemán encuentran amparo y garantías en nuestra provincia”. La historiadora entrerriana recuerda “la plaga de la langosta, contra la que se lucha intensamente en 1935 y 1936. El desmonte avanza en las colonias oficiales entonces fundadas en Yeruá y en el distrito Potreros del departamento Uruguay. Algodón, papa y mandioca se siembra en el terreno libre. Se estimula la granja, instalándose un frigorífico regional para sus productos en Villa San José (Colón) en 1938”. Esta autora destaca que un “fomento especial alcanza a la zona del Delta. El refugio de matreros de antaño se transforma en un hermoso vergel. Alemanes, húngaros, holandeses, checoslovacos y suizos sanean los anegadizos y consolidan los bordes de las islas gracias a plantaciones de álamos, en tan gran número que singularizan ahora al paisaje”.

Manuel Macchi y Alberto Masramón3 brindan un enfoque similar al de los autores citados: “aunque sin la hechura política de sus antecesores, el Dr. Tibiletti tuvo otras dignísimas aptitudes que sirven para el arte de gobernar como fueron las que había desplegado en el periodismo y en la docencia… De su gestión es digno de recordar la acción desplegada en favor de la colonización y de la educación popular, así como el dictado de la ley 3201 sobre fomento de la zona del Delta, con lo que se mostró una exacta visión sobre la importancia y el futuro de esa rica zona entrerriana”. -        

 

1)      Pereira, Enrique. Mil nombres del radicalismo entrerriano, Santa Fe, UNL, 1992.

2)      Bosch, Beatriz. Historia de Entre Ríos, Buenos Aires, Plus Ultra, 1978.

3)      Macchi, Manuel y Masramón, Alberto. Entre Ríos – Síntesis histórica, Concepción del Uruguay, Sacha, 1977.

 

Publicado en el diario La Calle el 30 de Junio de 2024.-

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viernes, 28 de junio de 2024

JAMES MEADE Y EL “DIVIDENDO SOCIAL” EN “AGATHOTOPIA”

Por José Antonio Artusi

Se cumplen 117 años del nacimiento de James Meade, economista inglés que obtuvo el Premio Nobel en 1977.

James Edward Meade nació en Swanage el 23 de junio de 1907 y murió en Cambridge el 22 de Diciembre de 1995. Meade llegó a ser uno de los principales asesores en la gestión del primer ministro laborista Clement Attlee entre 1945 y 1951, en cuyo mandato se establecieron las bases del Estado de bienestar británico, y en particular del Servicio Nacional de Salud. Posteriormente Meade desarrolló una relevante carrera académica en la London School of Economics y en la Universidad de Cambridge.  

Philippe Van Parijs menciona a James Meade en su “Breve historia de la idea del ingreso básico”, en un capítulo titulado “De la militancia a la respetabilidad: Inglaterra entre guerras”, en el que – antes de referirse específicamente a Meade – señala que “recién en el siglo XX el ingreso básico universal se convirtió en un verdadero tema de discusión. En primer lugar, bajo nombres como “dividendo social”, “bono estatal” y “dividendo nacional” se desarrollaron propuestas para un ingreso básico incondicional en los debates de entreguerras en Inglaterra. En segundo lugar, después de algunos años de silencio, este tipo de ideas fueron redescubiertas y ganaron considerable popularidad en los debates sobre “demogrants” y esquemas de “impuestos negativos a los ingresos” durante las décadas de1960 y 1970 en Estados Unidos. En tercer lugar, surgió un nuevo período de debate y exploración cuando las propuestas de ingreso básico universal comenzaron a discutirse activamente en varios países del noroeste de Europa desde finales de los años 70 y principios de los 80. De manera bastante independiente, este siglo también vio la introducción del primer –modesto pero genuino– plan de ingreso básico universal del mundo mediante el nacimiento del Fondo Permanente de Alaska, que proporciona dividendos anuales a todos los habitantes de Alaska”.

Más adelante Van Parijs sostiene que “mientras que la popularidad del movimiento de crédito social primero aumentaba y luego disminuía en amplias capas de la población británica, la idea de un ingreso básico universal ganaba terreno en un pequeño círculo de intelectuales cercanos al Partido Laborista británico. Entre ellos se destacó el economista George D.H. Cole (1889-1959)”, quien en “varios libros defendió resueltamente lo que fue el primero en llamar un “dividendo social”. Cole señaló, su obra “Principios de planificación económica”, de 1935, que “el poder productivo actual es, en efecto, un resultado conjunto del esfuerzo actual y de la herencia social de inventiva y habilidad incorporadas en la etapa de avance y educación alcanzada en las artes de producción; y siempre me ha parecido correcto que todos los ciudadanos compartan el rendimiento de este patrimonio común, y que sólo el resto del producto después de esta asignación se distribuya en forma de recompensas e incentivos por el servicio actual en producción."

Sobre el aporte específico de James Meade a la evolución de estas ideas Philippe Van Parijs expresa que “políticamente menos activo, pero con una reputación internacional mucho más amplia que Cole, … el premio Nobel James Meade, defendió el “dividendo social” con aún mayor tenacidad. La idea de un dividendo social está presente en su “Esquema de una política económica para un gobierno laborista” (1935) y en varios otros escritos tempranos como ingrediente central de una economía justa y eficiente. Y se convertiría en un componente crucial del proyecto “Agathotopia”, al que dedicó sus últimos escritos (desde “Agathotopia” en 1989 hasta ¿“Pleno empleo recuperado?” en 1995): asociaciones entre el capital y el trabajo y un dividendo social financiado con bienes públicos son presentados allí como una solución a los problemas del desempleo y la pobreza”.

Walter Van Trier, por su parte, señala que “en 1988, en una conferencia organizada por la Lega Nazionale delle Cooperative e Mutue italiana, James Meade presentó el primero de una serie de artículos en los que describía el marco institucional de lo que consideraba un lugar suficientemente bueno para vivir, no un lugar perfecto. No es un lugar ni una utopía, sino una Agathotopía. Una característica importante, incluso indispensable, de este marco institucional, según afirma Meade, es “el pago por parte del Estado a cada ciudadano... de un ingreso determinado, llamado Dividendo Social. Estos ingresos están libres de impuestos y se pagan incondicionalmente a cada ciudadano, ya sea que esté empleado o desempleado, sano o enfermo, activo o inactivo y, según las tasas apropiadas, joven o viejo”.

Van Trier enfatiza que “no es descabellado pensar que a Meade se le ocurrió este peculiar dispositivo como resultado del debate británico sobre política social en la década anterior a la conferencia italiana y, por lo tanto, que lo añadió recientemente al conjunto de políticas e instituciones económicas que había considerado anteriormente en su carrera como potencialmente beneficiosas “para hacer frente a los inevitables choques entre tres objetivos económicos: primero, la libertad de elección de los ciudadanos en los mercados de empleo y para la satisfacción de sus necesidades (Libertad); en segundo lugar, evitar cualquier contraste intolerable resultante de pobreza al lado de grandes riquezas (Igualdad); y, tercero, el uso de los recursos disponibles de manera que produzcan el nivel de vida promedio técnicamente más alto posible (Eficiencia)”. Sin embargo, este autor argumenta que “el uso que hace Meade del término "dividendo social" para referirse a la idea de pagar una suma igual incondicionalmente a todos -o, si se quiere usar la terminología moderna, un "ingreso básico"- es anterior en casi medio siglo a la redacción “Agathotopia”. Así, ya se puede encontrar en los escritos de Meade de mediados de los años treinta. De hecho…, el "dividendo social" resurge con una regularidad tan desconcertante en los escritos de Meade a lo largo de su carrera que es difícil no concluir que, desde muy temprano, constituye una característica central de su visión sobre cómo hacer del mundo un lugar mejor para vivir”. –

 

Publicado en el diario La Calle el 23 de junio de 2024.-

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sábado, 22 de junio de 2024

SEGUNDA JORNADA DEL CICLO DE CONFERENCIAS DEL CENTRO CULTURAL URQUIZA “A 30 AÑOS DE LA REFORMA DE LA CONSTITUCIÓN NACIONAL”

         


Tuvo lugar el pasado miércoles 19 en el Salón “Alejo Peyret” del Colegio del Uruguay la segunda jornada del Ciclo de Conferencias “A 30 años de la reforma de la Constitución nacional” que lleva adelante el Centro Cultural “Justo José de Urquiza”.

El ciclo cuenta con los auspicios del Club del Progreso de la Ciudad de Buenos Aires, del Colegio del Uruguay, de la Universidad de Concepción del Uruguay, de la Cátedra de Historia Constitucional de su Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, de la Municipalidad de Concepción del Uruguay, de la Sección Uruguay del Colegio de la Abogacía y de la Secretaría de Cultura de Entre Ríos.

En esta oportunidad las disertaciones estuvieron a cargo de Hernán Rodríguez Vagaría y de Bernardo Salduna. Tras las palabras de bienvenida de Hugo Barreto, presidente del CCU, los disertantes abordaron el tema “El federalismo en el proyecto constitucional argentino”, con la moderación del vicepresidente de la entidad organizadora, Fernando Martínez Uncal.

Una numerosa concurrencia siguió con atención las palabras de los expositores, quienes al final de la charla respondieron preguntas y comentarios de algunos de los presentes.

Cabe destacar que la conferencia pudo seguirse en vivo y está disponible en el canal de YouTube del Centro Cultural Urquiza (https://www.youtube.com/@centroculturalurquiza3034).

Desde el Centro Cultural Urquiza se informó que la tercera conferencia, a modo de cierre del ciclo - que se enmarca en el 175º aniversario del Colegio del Uruguay - tendrá lugar el viernes 23 de agosto, y estará cargo de Ricardo Gil Lavedra y Alberto García Lema, destacados juristas con amplia trayectoria y experiencia en el campo del derecho constitucional. Entre otras muchas responsabilidades, Gil Lavedra integró el tribunal que juzgó a los comandantes de las juntas militares en 1985 y García Lema fue convencional nacional constituyente en la reforma de 1994.-     

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lunes, 17 de junio de 2024

ADOLF HITLER, WILLIAM SHIRER Y EL ANTISEMITISMO

Por José Antonio Artusi

Se puede ver en Netflix “Hitler y los nazis”, un excelente documental basado en los testimonios de William L. Shirer, un periodista norteamericano que vivió en Alemania y Austria en el apogeo del régimen nazi y que cubrió posteriormente el juicio de Nuremberg a sus jerarcas; autor, entre otros, de un libro clave para comprender por qué y cómo pudo pasar lo que pasó: “Ascenso y caída del Tercer Reich – Una Historia de la Alemania nazi”.

Adolf Hitler es suficientemente conocido, aunque nunca está de más recordar las trágicas consecuencias que acarreó su ideología perversa una vez que pudo hacerse del poder absoluto en Alemania y parte de Europa. En este momento en particular parece especialmente necesario estar alerta frente al surgimiento de tendencias reaccionarias que de una u otra manera, más o menos disfrazadas o maquilladas con nuevos atuendos y ornamentos, tienen puntos de contacto con la esencia del nazi fascismo.  Uno de esos puntos de contacto es, obviamente, el antisemitismo.   

William Lawrence Shirer nació en Chicago el 23 de febrero de 1904 y murió en Boston el 28 de diciembre de 1993. El diccionario biográfico de la Universidad de Iowa nos dice que “Shirer se ganó una reputación nacional informando desde Berlín durante el período anterior a la Segunda Guerra Mundial. Hizo una de sus transmisiones más famosas el 22 de junio de 1940, cuando informó de la firma del armisticio francoalemán en el bosque de Compiègne. Al gobierno de Hitler no le agradaron los intentos de Shirer de eludir la censura oficial. Cuando un amigo alemán advirtió a Shirer que pronto sería acusado de espiar para los Estados Unidos, abandonó Alemania en diciembre de 1940. Logró escapar con el contenido de un diario que llevaba desde 1934. Una vez en casa, Shirer publicó su best seller “Diario de Berlín” (1941) y realizó una gira de conferencias instando al apoyo estadounidense a Gran Bretaña”.  Más tarde, “Shirer regresó a Alemania en octubre de 1945 para cubrir el juicio del Tribunal Militar Internacional de Nuremberg. Describió la destrucción de Berlín y otras ciudades alemanas, así como el destino de los líderes nazis”.

Es interesante recordar algunos de los conceptos que Shirer presenta en su libro “Ascenso y caída del Tercer Reich”. En particular aquellos que se refieren al antisemitismo. Por ejemplo, cuando expresa que Hitler “iba a permanecer ciego y fanático hasta el amargo final; su último testamento, escrito pocas horas antes de su muerte, contendría una crítica final contra los judíos como responsables de la guerra que él había iniciado y que ahora estaba acabando con él y con el Tercer Reich. Este odio ardiente, que infectaría a tantos alemanes en ese imperio, conduciría en última instancia a una masacre tan horrible y de tal escala que dejaría una horrenda cicatriz en la civilización que seguramente durará tanto como el hombre en la Tierra”.

En otro pasaje de su obra Shirer, que también descolló como historiador, se refiere a las raíces profundas del antisemitismo en Alemania y argumenta que “es difícil comprender el comportamiento de la mayoría de los protestantes alemanes en los primeros años del nazismo a menos que uno sea consciente de dos cosas: su historia y la influencia de Martín Lutero. El gran fundador del protestantismo fue a la vez un apasionado antisemita y un feroz creyente en la obediencia absoluta a la autoridad política. Quería que Alemania se librara de los judíos y, cuando fueran expulsados aconsejó que se los privara de "todo su dinero en efectivo, sus joyas, su plata y su oro” y, además, "que sus sinagogas o escuelas fueran incendiadas, que sus casas fueran destruidas... y puestos bajo un techo o establo, como los gitanos... en la miseria y el cautiverio mientras incesantemente se lamentan y se quejan ante Dios sobre nosotros"; consejo que fue seguido literalmente cuatro siglos más tarde por Hitler, Goering y Himmler". Cabe destacar que en un pie de página el autor manifiesta que para evitar cualquier malentendido consideraba necesario puntualizar que él mismo era protestante.

William Shirer señala que “nunca se diseñó ​​un plan exhaustivo para el Nuevo Orden, pero de los documentos capturados y de lo que ocurrió se desprende claramente que Hitler sabía muy bien lo que quería que fuera: una Europa gobernada por los nazis cuyos recursos serían explotados para provecho de Alemania, que sometería como esclavos de la raza dominante germánica a otros pueblos y cuyos "elementos indeseables" - sobre todo, los judíos, pero también muchos eslavos del Este, especialmente la intelectualidad entre ellos - serían exterminados. Los judíos y los pueblos eslavos eran los Untermenschen, subhumanos. Para Hitler no tenían derecho a vivir, excepto algunos de ellos, entre los eslavos, que podrían ser necesarios para trabajar en los campos y las minas como esclavos de sus amos alemanes... La propia Europa, como lo expresaron los líderes nazis, debe ser "libre de judíos".” No deja de ser curioso que Hitler pretendía hacer realidad la etimología del término “eslavo”, vale decir volver a convertirlos, como en el antiguo imperio romano, en esclavos. Su odio hacia los judíos era tal que ni siquiera esa condición estaba prevista en su anhelada “solución final”, o sea el genocidio, la completa exterminación de un pueblo.

Shirer enfatiza que “en 1939 había unos diez millones de judíos viviendo en los territorios ocupados por las fuerzas de Hitler. Según cualquier estimación, es seguro que cerca de la mitad de ellos fueron exterminados por los alemanes. Ésta fue la consecuencia final y el costo demoledor de la aberración que se apoderó del dictador nazi en sus días de juventud en Viena y que transmitió a (o compartió con) tantos de sus seguidores alemanes”.

El Estado de Israel, no lo olvidemos, fue establecido en 1948 en la tierra ancestral del pueblo judío, entre otras razones, para garantizar que nunca más puedan reiterarse los horrores del Holocausto. –

 

Publicado en el diario La Calle el 16 de junio de 2024. -

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jueves, 13 de junio de 2024

EL FUTURO DE LA PLANIFICACIÓN TERRITORIAL

Por José Antonio Artusi

Carlos Matus comienza su libro “Teoría del juego social” con un párrafo perturbador e inquietante, sobre todo porque esas líneas, escritas hace ya más de cuarto siglo, continúan teniendo plena vigencia, en particular en la Argentina: “La gestión pública es, en general, desilusionante. No apunta al blanco de los problemas… Hay un abismo entre el retraso de la política y el avance de las ciencias. La primera ignora las segundas. A su vez, las segundas progresan de un modo que ignora la acción práctica de enfrentamiento de los problemas colectivos de la vida cotidiana, aportan poco a la calidad de la gestión pública. Hay una crisis de capacidad de gobierno”.  Continuando, describe el panorama de muchas democracias liberales occidentales a fines del siglo pasado: “Con el término de la guerra fía, la democracia gana terreno frente al autoritarismo, pero se debilita por sus desiguales y pobres resultados. Desilusionado, el ciudadano común se aparta de la política, y ésta se encierra cada vez más en círculos pequeños. El gobierno y las ciencias están de espaldas. La democracia pierde terreno, pero no tiene competidores viables. Los defensores de la democracia no saben defenderla. Sobrevive ante al vacío de otras opciones”.

Matus es lapidario: “La práctica política ha creado sus propios problemas. Y ellos son en gran parte ajenos a los problemas de la gente y de la sociedad. Así, los problemas de la sociedad y del hombre común no coinciden significativamente con los problemas de la política y los políticos. Los políticos se dedican principalmente a resolver los problemas internos que ellos mismos crean en la lucha por el poder. La competencia por ser el brujo de la tribu ha llegado a ser más importante que la capacidad de curar”. 

Así, cabe preguntarnos acerca de cómo hacer para que el electorado sea capaz de distinguir bien entre aquel al que sólo le interesa ser el brujo de la tribu y aquel al que le interesa realmente curar; y el problema nos remite a la cuestión de cómo lograr que en la oferta electoral haya alguien que sepa curar. En Argentina, siguiendo con esta metáfora, desde hace décadas ningún hechicero es capaz de conjurar, entre otros tantos problemas, el embrujo de una inflación persistente, que deteriora los ingresos de los sectores más vulnerables.

Se supone que el saber científico que permite “curar” está básicamente en las universidades y en los centros de investigación, en la academia. Recurrimos nuevamente a Carlos Matus, cuando se pregunta; “¿por qué hay un divorcio entre la universidad y los gobiernos?”, y cuando nos dice que “la realidad tiene problemas, las universidades tienen facultades, y la planificación tradicional trabaja por sectores, ¿quién piensa por problemas?”. O sea, formula una crítica al saber especializado y compartimentado y a la gestión pública aislada en “sectores”, que no son suficientes para entender en toda su complejidad y conflictividad los problemas sociales, y mucho menos son eficaces para resolverlos, y menos aún para prevenirlos.   

La planificación territorial es a la vez una disciplina (o una interdisciplina), una práctica profesional y una política pública. Es imperioso revertir el divorcio entre el Estado y las universidades. Desde la academia se deberían formar recursos humanos capacitados adecuadamente, generar y transferir conocimiento útil y pertinente a través de la investigación y la extensión, al servicio del diseño de programas y proyectos que estén basados en marcos teóricos robustos y en evidencia empírica. Desde el Estado se debería a su vez generar condiciones para que la disciplina pueda trabajar con los insumos que necesita, datos, estadísticas, etc. (aunque parezca mentira todavía no tenemos los datos de población por localidad del Censo del 2022). Y obviamente, presupuestos. Por otro lado, las políticas públicas de planificación territorial necesitan voluntad política, marcos normativos e institucionales, e instrumentos de gestión, en los tres niveles del Estado, articulados entre sí. Nuestro país carece, a pesar los acuerdos logrados por todas las provincias hace algunos años en el marco del COFEPLAN, de una ley nacional de ordenamiento territorial, y son muy pocas las provincias que tienen una norma en la materia. La mayoría de los gobiernos locales se ven en dificultades de todo tipo para planificar y gestionar de modo tal de dar respuesta a las demandas de la población con relación al territorio; habitacionales, ambientales, laborales, etc.

En 2018 el gobierno nacional publicó un poco conocido documento de Política Nacional Urbana, en el que se detalla un crudo diagnóstico: “La ausencia del Estado en la planificación y la gestión territorial ha contribuido a la expansión urbana de baja densidad y a la consolidación de un mercado de suelo urbano caracterizado por la usurpación, la especulación y la desigualdad. La escasez de instrumentos que regulen el mercado de suelo, junto con instrumentos de gestión local ineficientes e instituciones debilitadas, han favorecido el desarrollo de ciudades desiguales, socialmente excluyentes, espacialmente segregadas y ambientalmente insostenibles. En las últimas décadas, el déficit habitacional en Argentina se ha incrementado, los mecanismos de acceso al crédito han resultado insuficientes y los asentamientos informales se han convertido en la principal estrategia de acceso al suelo y a la vivienda de los sectores de menores ingresos. Asimismo, el surgimiento de barrios cerrados no sólo da cuenta de un modelo de ciudad fragmentado socio-espacialmente, sino que su localización en áreas ambientalmente frágiles y vulnerables ha generado un alto impacto ambiental”.

¿Cómo revertir este panorama desolador? Está claro que no será volviendo a modelos fracasados en los que la planificación era más una declamación que una realidad; pero la improvisación y la ausencia del Estado en la planificación territorial tampoco son las mejores respuestas. En sociedades democráticas con sistemas capitalistas competitivos el Estado necesita ser innovador y eficiente, pero en ningún caso puede abandonar su rol planificador. Recordemos a Mario Bunge, cuando señaló que “quien no planifica es víctima del planificador que obra por cuenta de otros”. –

 

Publicado en el diario La Calle el 9 de junio de 2024.-  

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jueves, 6 de junio de 2024

CONDORCET

Por José Antonio Artusi

Marie-Jean-Antoine Nicolas de Caritat, más conocido como el marqués de Condorcet nació en Ribemont el 17 de septiembre de 1743 y murió en Bourg-la-Reine, el 28 o 29 de marzo de 1794.  

Se formó en un colegio jesuita, lo que no le impidió más tarde ser un agudo crítico de la orden, de la Iglesia Católica, y de las instituciones religiosas en general. Figura estelar de la Ilustración francesa, descolló en diversos campos del conocimiento - matemática, filosofía, economía, ciencia política, sociología - a la vez que participó activamente en las luchas políticas de su tiempo.

Liberal, republicano, laicista, feminista, progresista, su concepción universalista de los derechos humanos lo llevó a defender a las víctimas de discriminación y sojuzgamiento en virtud de su sexo, etnia o religión, y fue por ende solidario con las mujeres, los negros y los judíos.   

En 1774 Condorcet fue designado Inspector General de la Moneda por Turgot, uno de los economistas destacados dentro de la escuela de los fisiócratas franceses. Turgot es recordado por sus aportes a la defensa de las bondades del libre comercio y a la formulación de la teoría del “impuesto único”, que señala que la única materia imponible debería ser la renta del suelo, liberando de todo tributo al trabajo y al capital; teorías que serían retomadas por los liberales clásicos británicos y sobre todo por el economista norteamericano Henry George a fines del siglo XIX. Turgot terminó siendo destituido de su cargo de inspector general de finanzas en 1776 y Condorcet se solidarizó presentando su renuncia, pero fue obligado a permanecer en el cargo hasta 1791. En 1786 Condorcet escribió una biografía de Turgot en la que avala sus ideas económicas.    

En el proceso de la Revolución Francesa Condorcet se enroló en el bando reformista de los girondinos, y sufrió la persecución de los extremistas jacobinos. En 1791 fue electo representante de París en la Asamblea Nacional, de la que llegó a ser secretario. A instancias suyas se avanzó en la instauración del laicismo en la educación pública.  Tras oponerse a la ejecución de Luis XVI y criticar el proyecto de constitución de los jacobinos fue acusado y condenado por traición, lo que lo obligó a refugiarse en la casa de una amiga durante algunos meses. Intentó huir de París, pero fue detenido. A los pocos días murió en su celda. Algunos han señalado al suicidio como probable causa de muerte.

Philippe Van Parijs 1 lo incluye en su galería de precursores de la idea del ingreso ciudadano y señala que “hacia finales del siglo XVIII surgió una idea diferente que iba a desempeñar un papel aún mayor en el alivio de la pobreza en toda Europa. La primera persona conocida que esbozó la idea fue el matemático, filósofo y activista político Antoine Caritat, marqués de Condorcet… Mientras estuvo escondido, escribió su obra más sistemática, el “Esbozo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano” (publicado póstumamente por su viuda en 1795), cuyo último capítulo contiene un breve esbozo de cómo podría ser un seguro social y cómo podría reducir la desigualdad, la inseguridad y la pobreza”.

Dejemos que Condorcet lo diga con sus propias palabras: “Existe, por tanto, una causa necesaria de desigualdad, de dependencia e incluso de miseria, que amenaza constantemente a la clase más numerosa y activa de nuestras sociedades. Demostraremos que podemos eliminarla en gran medida, oponiendo la suerte a sí misma, asegurando a quienes llegan a la vejez un alivio que es producto de lo que ahorró, pero aumentado por los ahorros de aquellos que hicieron el mismo sacrificio pero murieron antes de que llegara el momento en que necesitaban recoger su fruto; utilizando una compensación similar para proporcionar a las mujeres y a los niños, en el momento de perder a sus maridos o a sus padres, recursos del mismo nivel y adquiridos al mismo precio, ya sea que la familia en cuestión haya sufrido una muerte prematura…; y, finalmente, dando a aquellos niños que tienen edad suficiente para trabajar por sí solos y fundan una nueva familia, la ventaja de un capital necesario para el desarrollo de su actividad”.  Es decir, tal como plantea Van Parijs, que “esta idea distinta terminará dando forma, un siglo después, al desarrollo de los masivos sistemas de seguridad social de Europa, comenzando con los planes de pensiones de vejez y de seguro médico de Otto von Bismarck para la fuerza laboral industrial de la Alemania unificada (desde 1883 en adelante)”.

Pjilippe Van Parijs enfatiza que “es el mismo Marqués de Condorcet quien fue el primero en mencionar brevemente, en el contexto de su discusión sobre el seguro social, la idea de una prestación no restringida ni a los pobres (merecedores de nuestra compasión) ni a los asegurados (acreedores a una indemnización si el riesgo se materializa), es decir, la idea de “dar a aquellos niños que tengan edad suficiente para trabajar por sí mismos y fundar una nueva familia la ventaja de un capital necesario para el desarrollo de su actividad”. No se sabe que el propio Condorcet haya dicho o escrito nada más sobre el tema, pero su amigo cercano y miembro de la Convención Thomas Paine (1737-1809) desarrolló la idea con mucho mayor detalle, dos años después de la muerte de Condorcet”. Es evidente que Thomas Paine puede haberse nutrido de las ideas de su amigo, con quien también compartió el destino de la persecución y la cárcel, aunque el revolucionario inglés pudo salir de ella con vida.    

¿Qué hace que sea pertinente recordar y rescatar hoy el legado intelectual de Condorcet?  Las respuestas pueden ser variadas, pero podríamos arriesgar que sus ideas podrían ser particularmente valiosas y fecundas en un momento histórico en el que Occidente se encuentra asediado por dentro y por fuera, por dentro por parte de quienes aparecen – a izquierda y derecha - como los traidores de sus mejores tradiciones liberales y humanistas. - 

 

Publicado en el diario la Calle el 2 de Junio de 2024.-

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martes, 28 de mayo de 2024

JUAN LUIS VIVES Y LA ERRADICACIÓN DE LA POBREZA

Por José Antonio Artusi

Juan Luis Vives nació en Valencia el 6 de marzo de 1492 y murió en Brujas el 6 de mayo de 1540. 25 días después de su nacimiento los Reyes Católicos, Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, promulgaron – a instancias de la Inquisición - el Decreto de Granada, por el que se expulsó a los judíos de España. Aunque suene extraño, tal norma fue derogada oficialmente recién en 1969, por el dictador Francisco Franco. 

Vives pertenecía a una familia de judíos conversos. Su padre fue condenado por la Inquisición y ejecutado en la hoguera, acusado de haber seguido profesando la religión de sus mayores. Los restos de su madre, que había muerto víctima de la peste, fueron desenterrados y quemados. Para ese momento Juan Luis ya había abandonado España, y tras enterarse de la tragedia de su padre juró nunca más volver a su tierra natal. Cabe acotar que desde 2015 una ley otorga el derecho a obtener la ciudadanía española a los descendientes de judíos sefardíes expulsados de España en 1492.

El Ministerio de Cultura del Reino de España lo recordó así en 2023: “figura destacada del humanismo renacentista en Europa, Vives fue un hombre ecléctico y universalista, que avanzó ideas innovadoras en múltiples materias, y propuso acciones en favor de la paz y unión de los europeos y la atención a los pobres”. Amigo de Erasmo de Rotterdam y de Thomas More, Vives desarrolló una intensa labor intelectual y académica en Brujas, Lovaina, Oxford y Londres. 

En 1526 publicó en Brujas un tratado que ha sido considerado uno de los antecedentes de la idea del ingreso ciudadano o ingreso básico universal, De subventione pauperum.

El economista y político brasileño Eduardo Matarazzo Suplicy 1 señala que “al escribir Utopía en 1516, Tomás Moro observó la inutilidad de la pena de muerte, que él argumentó no había logrado reducir los robos, asaltos y homicidios en la Inglaterra del siglo XVI, y que sería mejor sustituirla por un ingreso universal, que eliminaría la “espantosa necesidad de convertirse primero en ladrón y luego en cadáver”. Años más tarde, basándose en las reflexiones de Moro, un amigo suyo, Juan Luis Vives, hizo la primera propuesta para un ingreso básico mínimo en De subventione pauperum, que comunicó al alcalde de Brujas, ciudad flamenca de Bélgica entonces bajo control español. Las obras de Moro y Vives tuvieron gran influencia en las “leyes de pobres” creadas en Inglaterra y más tarde en España”. Matarazzo Suplicy comenta que esas leyes fueron duramente criticadas tanto por Adam Smith como por Carlos Marx, por atentar contra la libertad de los pobres al condenarlos a permanecer dentro de determinado territorio a cambio de la asistencia que recibían. 

Otros autores son más cautos, y entienden que el vínculo entre la obra de Vives y el desarrollo del concepto contemporáneo de ingreso ciudadano, universal e incondicional, si bien no puede negarse, es más bien indirecto. Philippe Van Parijs 2 considera que  “es un amigo íntimo de Tomás Moro quien puede ser considerado como el verdadero padre de la idea de un sistema de ingreso mínimo administrado públicamente, el antecesor de los numerosos sistemas nacionales de asistencia pública actuales y, por lo tanto, podría decirse que es un trampolín crucial en el camino hacia un ingreso básico incondicional” y sostiene que Vives “fue el primero en elaborar un esquema detallado y desarrollar un argumento integral para ello, basado tanto en consideraciones teológicas como pragmáticas”.

Van Parijs sostiene que “el tratado de Vives es la primera expresión sistemática de una larga tradición de pensamiento social y reforma institucional centrada en el ejercicio público de la compasión a través de planes gubernamentales dirigidos a los pobres en función de los recursos económicos. A pesar de las dificultades y dudas que suscitó el funcionamiento de las Poor Laws, los pensadores del nuevo régimen hicieron de la asistencia pública una función esencial del gobierno. Así, Montesquieu en L’Esprit des Lois (1748): “El Estado debe a todos sus ciudadanos una subsistencia segura, una alimentación, un vestido adecuado y un modo de vida que no perjudique su salud”. Esta línea de pensamiento finalmente condujo al establecimiento de esquemas integrales de ingreso mínimo garantizado financiados a nivel nacional en un número creciente de países, más recientemente, el reddito di cittadinanza de Italia (2019) y el ingreso mínimo vital de España (2020)”.

Es importante advertir, tal como lo plantea José Manuel Panea Márquez 3, que “Vives en ningún momento pretende dibujar una semblanza idealizada del pobre. Sabe que en muchas ocasiones no le son imputables la calamidad en la que viven él y los suyos. Y en su crudo enfoque sobre la pobreza llega incluso a considerarla como una enfermedad que, como tal, si no se atiende correctamente, correremos el riesgo de que se extienda como una plaga sobre toda la sociedad”. A su vez, este autor nos alerta que “no debemos pensar que, pese a las críticas de Vives a la acumulación sin escrúpulos de riqueza, éste estaría proponiendo abolir la propiedad privada. Tal inferencia no sería correcta. Vives cuestiona el afán desmedido de lucro, o los modos inapropiados de obtenerlo, mas no la propiedad”.

A casi 500 años de la publicación de De subventione pauperum, los interrogantes que se planteara Juan Luis Vives acerca de las causas y las consecuencias de la pobreza nos siguen interpelando. Las propuestas que el exiliado valenciano imaginó para su tiempo histórico seguramente no nos servirán como recetas para el presente, pero sus ideas siguen constituyendo un valioso aporte a un debate más vigente y necesario que nunca. Un debate que debería llevarnos a idear e implementar las medidas que nos permitan algún día erradicar la pobreza y recordarla como una odiosa rémora del pasado, incompatible con una verdadera democracia republicana. -      

 

1)      https://www.wilsoncenter.org/publication/citizens-basic-income

2)      https://basicincome.org/history/

3)      https://revistas.comillas.edu/index.php/pensamiento/article/view/8345/7964

 

 

Publicado en el diario La Calle el 26 de Mayo de 2024.-

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martes, 21 de mayo de 2024

THOMAS MORE, ENTRE EL VALOR DE LAS UTOPÍAS Y EL RIESGO DE LAS DISTOPÍAS

Por José Antonio Artusi

Se cumplen 89 años de la canonización de Thomas More como santo de la Iglesia Católica por el Papa Pío XI, el 19 de mayo de 1935. En 2000 el papa Juan Pablo II lo proclamó santo patrón de los políticos y los gobernantes, tras una petición de numerosos jefes de Estado y de gobierno y parlamentarios, que surgió como iniciativa del expresidente italiano Francesco Cossiga.

Thomas More, más conocido en el mundo de habla hispana como Tomás Moro, nació en Londres el 7 de febrero de 1478 y murió el 6 de julio de 1535, decapitado tras haber sido condenado en un juicio ordenado por el rey Enrique VIII.

Thomas More incursionó en el campo del derecho, la poesía, la literatura, la filosofía y lo que hoy denominamos ciencia política. Su obra más famosa es “Utopía”, una novela en la que por vía de la ficción literaria busca mostrar los rasgos de una sociedad ideal. Las interpretaciones y los juicios sobre la obra de Thomas More fueron y siguen siendo diversos y han generado polémicas e interpretaciones divergentes. De todos modos, sus ideas han sido rescatadas como sustento común para diferentes ideologías.

Algunos autores comparten una corriente de pensamiento que ubica a Thomas More como uno de los pioneros de la idea del ingreso ciudadano o ingreso básico universal, o en realidad de conceptos que pueden tomarse como antecedentes. Philippe van Parijs lo contextualiza argumentando que “con el surgimiento del Renacimiento, la tarea de preocuparse del bienestar de los pobres dejó de ser considerada como un ámbito exclusivo de la Iglesia y de individuos caritativos”. Daniel Raventós, por su lado, en “Las condiciones materiales de la libertad” nos dice que “los antecedentes históricos de la propuesta de la renta básica se remontan bastante lejos en el tiempo. Autores de muy distintas procedencias intelectuales han ido aportando propuestas, ideas, debates que, sin llegar a constituir una proto renta básica, constituyen unos antecedentes cuando menos a tener en cuenta desde una perspectiva histórica”, y señala que “una tenue referencia puede encontrarse ya en la famosa obra “La Utopía” de Tomás Moro”. Otros antecedentes pueden encontrarse en la obra de Joan Lluis Vives (1492 – 1540), amigo de Tomás Moro, un humanista español descendiente de judíos conversos que había huído de la Inquisición y se había afincado en la ciudad de Brujas. Tal como plantea José Manuel Panea Márquez, “para Vives, y aquí estará la originalidad y firmeza de su planteamiento, el problema de la pobreza no puede seguir quedando en el plano de la charitas individual. Tal problemática exigiría, además, una respuesta institucional”.            

Rutger Bregman, un autor holandés que en 2016 publicó un libro titulado no casualmente “Utopía para realistas”, en el que aboga a favor de la renta básica universal, tal como se denomina generalmente en España al ingreso ciudadano, plantea una interesante distinción entre “dos formas de pensamiento utópico. El primero es el más conocido, la utopía del modelo cerrado”; y señala que “en lugar de ideales abstractos, los modelos cerrados consisten en reglas inmutables que no toleran ninguna disensión”. Bregman da como ejemplo de modelo cerrado a “La ciudad del sol” (1602), del poeta italiano Tommaso Campanella… en su utopía, o más bien distopía, la propiedad individual está estrictamente prohibida, todo el mundo está obligado a amar a los demás y pelearse se castiga con la muerte. La vida privada está controlada por el Estado, incluida la procreación”. La conclusión de Rutger Bregman es clara: “víendolo en retrospectiva, cualquiera que lea hoy el libro de Campanella verá indicios escalofriantes de fascismo, estalinismo y genocidio”. Por otro lado, expresa que “sin embargo, existe otra vía de pensamiento utópico que está casi olvidada. Si el modelo cerrado es una foto de alta resolución, entonces este otro modelo es un mero esbozo. No ofrece soluciones, sino guías de buenas prácticas”; y argumenta que “fue con este espíritu con el que el filósofo británico Tomás Moro escribió su libro sobre la utopía (y con él acuñó el término). Más que un modelo cerrado que debe aplicarse de manera inflexible, su utopía era sobre todo una crítica a una aristocracia avariciosa que exigía más lujos mientras la gente común vivía en la pobreza extrema. Moro comprendió que la utopía es peligrosa cuando se toma demasiado en serio”. Rutger Bregman concluye que “las utopías no ofrecen respuestas concretas, y mucho menos soluciones. Tan sólo plantean las preguntas correctas”, pero a la vez reconoce que “ciertamente, la historia está llena de ejemplos terribles de la utopía (el fascismo, el comunismo, el nazismo), igual que toda religión también ha generado sectas fanáticas”, y se pregunta y se responde: “… si un agitador religioso incita a la violencia, ¿deberíamos descartar automáticamente toda la religión? Entonces ¿por qué eliminar la utopía? ¿Deberíamos renunciar por completo al sueño de un mundo mejor? No, por supuesto que no”. Más adelante, asevera que “sin utopía, estamos perdidos. No es que el presente sea malo, al contrario. Sin embargo, si no albergamos la esperanza de algo mejor, se vuelve sombrío. “Para ser feliz, el hombre necesita no sólo el disfrute de esto o lo otro, sino esperanza, iniciativa y cambio”, escribió en cierta ocasión el filósofo británico Bertrand Russell. Y también añadió: “No es una Utopía acabada lo que deberíamos desear, sino un mundo donde la imaginación y la esperanza estén vivos y activos”.”             

Quizás uno de los que con mayor precisión y poesía describió el valor de las utopías haya sido Oscar Wilde, cuando expresó que “un mapa del mundo que no incluya Utopía no es digno de consultarse, pues carece del único país en el que la humanidad siempre acaba desembarcando. Y cuando lo hace, otea el horizonte y al descubrir un país mejor, zarpa de nuevo. El progreso es la realización de Utopías”.-   

 

Publicado en el diario La Calle el 19 de mayo de 2024.-

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miércoles, 15 de mayo de 2024

EL IMPULSO SUICIDA DE OCCIDENTE

Por José Antonio Artusi

Tras el pogromo del 7 de Octubre del año pasado, el peor atentado contra judíos después del Holocausto, en el que miles de personas inocentes e indefensas fueron masacradas, violadas, torturadas y secuestradas, incluyendo bebés y ancianos  - recordémoslo -  por el solo hecho de ser judíos, una ominosa y perversa ola de antisemitismo y antisionismo recorre Occidente, y llega, lamentablemente, a nuestro país.

La actitud de ciertos sectores en Estados Unidos y Europa, por ahora afortunadamente minoritarios, no puede sino ser calificada como una verdadera conducta suicida, propia de quienes sufren una ingenuidad rayana en la estupidez. En las más prestigiosas universidades norteamericanas, y en algunas europeas, estudiantes radicalizados se manifiestan en contra de Israel y supuestamente a favor del pueblo palestino, pero no pueden evitar ser cómplices de organizaciones terroristas y fundamentalistas como Hamas y Hezbolla, y del régimen iraní que los financia y promueve. En una tergiversación perversa y macabra de los hechos se presentan las barbaridades inenarrables del 7O como un acto de legítima resistencia frente a la opresión y se evita prolijamente cualquier forma de solidaridad y reclamo por la liberación de los secuestrados que siguen viviendo la peor de las pesadillas. Una de las acusaciones más absurdas que se hacen sobre Israel consiste en la de perpetrar un genocidio contra el pueblo palestino. En realidad, genocidio es lo que Hamas quiere hacer contra Israel; y es lo que Israel podría hacer y no quiere.

En escenas grotescas que darían risa sino fueran tan patéticas vemos a supuestas feministas y defensores de las minorías sexuales repetir como loros consignas absurdas, cuando precisamente las mujeres y los homosexuales son discriminados y sojuzgados de las maneras más crueles en los países donde rigen los preceptos del integrismo islamista, que negando siglos de avance en pos de la democratización y la secularización de las sociedades, pretenden dar a los mandatos totalitarios de una determinada religión el valor de una ley obligatoria para todos. Seudo feministas omitiendo la denuncia de las horrorosas vejaciones de las que fueron víctimas mujeres judías, evitando solidarizarse tanto con ellas como con las mujeres palestinas e iraníes que sufren la represión de regímenes teocráticos y absolutistas, han hecho decir a la periodista catalana Pilar Rahola, no sin algo de razón, que el feminismo ha muerto. En realidad el feminismo vive, pero no en las imposturas del identitarismo woke occidental, sino en las valientes mujeres iraníes que desafían a los ayatollas, y en las mujeres israelíes que no vacilan en tomar las armas para defender su país y su libertad.      

Militantes de extrema izquierda que no durarían una semana con vida, o al menos en libertad, si osaran repetir sus consignas delirantes en Gaza o Teherán creen ver en el pañuelo palestino la remera del Che y no dejan falacia y tontería por repetir, tergiversando y confundiendo todo de una manera tan evidente que probablemente a los historiadores del futuro les costará explicar tantos dislates. Si el máximo líder de la sangrienta teocracia iraní te felicita es difícil que te puedas percibir socialista, pacifista, laicista y feminista, pero los disparates de la cultura woke parecen obrar milagros.  

En el camino, el antisemitismo campea a sus anchas en los campus universitarios estadounidenses y en las calles de ciudades europeas, tal como en la Alemania nazi de la década del 30 del siglo pasado. Es hora de reconocer que el monstruo ha vuelto, bien que con un ropaje bien distinto, que no logra de todos modos ocultar su esencia perversa. El disfraz más usual consiste en negar que ese discurso reaccionario de odio es antisemita y postular en cambio que se trata de antisionista, como si ser sionista fuera un crimen; cuando en realidad el sionismo no es otra cosa que un movimiento de liberación nacional que defiende el derecho del pueblo judío a la autodeterminación y a tener su propio Estado legitimado y reconocido por la comunidad internacional como garantía última de su supervivencia, en su tierra ancestral. Desde su creación el Estado de Israel no inició ninguna guerra, pero se impuso en todas; entre otras por una razón muy sencilla, Israel no tiene otra alternativa que la victoria, una derrota lo enfrentaría a la trágica perspectiva de su desaparición, con lo que ello significaría para los judíos en todo el mundo. Y agrego, con lo que ello significaría para todos quienes se identifican con la libertad y la democracia. Israel enfrenta, casi solo, una guerra que no terminaría allí si la consigna genocida “desde el río hasta el mar”- o sea, borrar a Israel del mapa - se convirtiera en realidad. El integrismo salafista iría por todo, tal como se encargan de proclamarlo con absoluta sinceridad y honestidad intelectual sus ideólogos. Ahí están las persecuciones y matanzas de cristianos en países africanos y asiáticos para corroborarlo. Persecuciones que no despiertan la más mínima compasión ni solidaridad en el Occidente cristiano, por extraño que parezca. El integrismo yihadista no sólo mata en Medio Oriente, ya lo ha hecho en New York, París y Buenos Aires. Y sus líderes admiten orgullosos y entusiastas que lo volverían a hacer en pos de instaurar un califato global. ¿Qué más hace falta para que les creamos?       

Israel es el canario de Occidente. Tal como los canarios avisaban a los mineros cuando empezaba a faltar el oxígeno, lo que le pase a Israel y a los judíos sólo adelanta lo que le podría pasar a otros. Que el Estado de Israel, la única democracia liberal en Medio Oriente, se imponga frente a quienes abogan por su desaparición, y que el régimen oscurantista de Irán dé paso a un gobierno democrático que devuelva las libertades a su pueblo es un tema que debería importarnos a todos. Si no es por solidaridad y compromiso con ideales humanistas que por lo menos sea por interés.-

 

Publicado en el diario La Calle el 12 de mayo de 2024.-  

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martes, 7 de mayo de 2024

LUIS MARÍA RODRÍGUEZ Y LAS FINANZAS PÚBLICAS PROVINCIALES

Por José Antonio Artusi

Luis María Rodríguez nació en 1901 y murió el 7 de Noviembre de 1981, poco antes de cumplir 80 años. Al igual que dos de sus hermanos, José Antonio y Héctor, abrazó la causa del radicalismo yrigoyenista. Víctor, por su parte, fue uno de los principales dirigentes del Partido Comunista en Concepción del Uruguay (una calle de nuestra ciudad lleva su nombre).

Enrique Pereira lo recuerda así en su reseña biográfica: “ciudadano probo, inteligente, sencillo, y portador del singular apodo de Solapa”.

“Solapa” Rodríguez estudió abogacía en la Universidad de Buenos Aires y tras regresar a su ciudad natal se desempeñó como defensor de pobres y menores y posteriormente fiscal en el Juzgado Federal.

Tuvo una intensa y prolongada actuación en la Unión Cívica Radical, donde llegó a ejercer numerosas responsabilidades a nivel departamental, provincial y nacional. Internamente militó en las filas del unionismo, junto a destacadas figuras de la época como Silvano Santander, a quien lo unió una estrecha amistad. En épocas de intolerancia y autoritarismo ayudó a numerosos perseguidos por el gobierno a cruzar a la República Oriental del Uruguay en procura de asilo político    

En 1935, con sólo 33 años, Luis María Rodríguez fue designado por el Gobernador Eduardo Tibiletti como Ministro de Hacienda de la provincia de Entre Ríos, cargo que ocupó hasta 1939, al decir de Enrique Pereira “con eficiencia y sentido de progreso”. Durante la gestión de Ambrosio Artusi como Presidente Municipal entre 1939 y 1943 estuvo a cargo, ad honorem, de la asesoría letrada del municipio.  En 1943 fue electo senador por el departamento Uruguay, pero el golpe del 4 de Junio de ese año y la intervención de la provincia le impidieron ejercer la representación de la voluntad popular. En 1963 su prestigio y predicamento lo llevaron a presidir el Colegio Electoral que consagró la fórmula integrada por Arturo Umberto Illia y Carlos Humberto Perette como Presidente y Vice de la Nación respectivamente. El Presidente Illia lo designó vicepresidente de la empresa Agua y Energía Eléctrica.

Su pasión por la política y su dedicación a la función pública estuvieron acompañadas por su participación en diversas entidades y su labor como productor agropecuario. Presidió el Colegio de Abogados de Entre Ríos y la Sociedad Rural de Concepción del Uruguay, y fue uno de los fundadores de la Cooperativa Ganadera “El Pronunciamiento”.

En Enero de 1936 la revista “Hechos e Ideas” publicó un artículo de su autoría titulado “Las finanzas entrerrianas”. La redacción del medio presentaba al autor como “el joven y dinámico Ministro de Hacienda”. Es interesante recordar algunos de los párrafos de ese trabajo; muchos de sus conceptos gozan de una extraordinaria vigencia, y ciertas expresiones podrían perfectamente ser enunciadas hoy por cualquier ministro de economía de las provincias argentinas:

“Es muy fácil equilibrar el Presupuesto haciendo cálculos alegres sobre una recaudación que no es probable ni posible. Cuando hablo de equilibrar el Presupuesto para terminar con los déficits, lo hago con la convicción profunda de servir los intereses de la Provincia, que también son los intereses de la Nación. Es necesario para siempre, aunque considero una obra ciclópea, terminar con los sucesivos déficits que están lastrando la vida de la administración”.

“El papel del Ministro de Hacienda en las actuales circunstancias es el más difícil, cumple la función más ardua. En todas partes se le aconseja que introduzca severas economías y, al mismo tiempo, se le pide que haga obra de gobierno”.

“He creído que la única forma de hacer finanzas sanas es hacer resurgir la economía. Pero si hacemos un cálculo exagerado y gastamos de acuerdo con ese optimismo, tendríamos que cubrir los nuevos déficits con nuevas gabelas, o lanzar otros empréstitos de consolidación”.

“… demostré con cifras y porcentajes que los impuestos de Entre Ríos eran los más moderados del país…; … la contribución territorial de la Provincia de Entre Ríos es también un impuesto leve, uno de los más moderados de todo el país. … Conceptúo que si alguna rebaja debe hacerse conforme a los principios preconizados por la ciencia financiera no es precisamente en los gravámenes sobre la tierra, porque precisamente los sociólogos y economistas, entre ellos Stuart Mill, Wallace, y principalmente Henry George, consideran que debe ser la única materia imponible por ser la contribución más justa ya que incide sobre aquel que tiene el privilegio de tener el dominio y la posesión de la tierra, factor principal de la producción y de la renta. Sin embargo, se pide la rebaja de esa contribución que es el gravamen más justo y equitativo que existe en todos los regímenes financieros del mundo y mucho más en nuestra provincia que es un Estado nuevo en pleno crecimiento y desarrollo. Injustos son los impuesto al consumo… y esa gabela que tantos recursos da al Estado grava a las clases humildes, a los trabajadores… Establecía el Profesor Jeze en el estudio sobre las finanzas argentinas que el impuesto más justo, el impuesto socialmente más equitativo, era precisamente el impuesto de contribución directa a la tierra porque aquí, país nuevo en pleno crecimiento, todas las fortunas se han hecho por el mayor valor que día a día adquiere la tierra, no por el esfuerzo exclusivo del propietario sino por el trabajo social de todos los componentes de la República. Tenemos la prueba aquí y en muchas partes del país”.          

Cabe aclarar que los impuestos al consumo mencionados son el equivalente al actual impuesto a los ingresos brutos, mientras que la contribución territorial se asemeja al actual impuesto inmobiliario, pero con una salvedad; regía desde 1934 la ley 3006, promulgada en el gobierno de Luis Lorenzo Etchevehere, que establecía sabiamente que “el impuesto de contribución directa rural y urbana se abonará sobre el valor de la tierra libre de mejoras”, vale decir que – a diferencia de lo que sucede actualmente – estaban completamente exentas del tributo las construcciones y mejoras.-

 

Publicado en el diario La Calle el 5 de Mayo de 2024.-          

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