jueves, 19 de septiembre de 2024

DELIO PANIZZA

Por José Antonio Artusi

El año que viene se cumplirán sesenta años de la muerte de Delio Panizza. Quizás sea una buena oportunidad para homenajearlo, para rescatarlo un poco del olvido, y para valorar las diversas facetas de su personalidad: poeta, historiador, investigador, coleccionista, político.  

Delio Panizza nació en Rosario del Tala el 26 de enero de 1893 y murió en Concepción del Uruguay el 7 de agosto de 1965. Tras cursar la escuela primaria en su ciudad natal concurrió al Colegio del Uruguay, del que egresó como bachiller. Posteriormente se trasladó a Buenos Aires, donde se graduó como escribano en la Facultad de Derecho de la UBA obteniendo la medalla de oro de su promoción en 1915. Más tarde se recibió de abogado en 1918 y de doctor en jurisprudencia en 1919, con una tesis doctoral referida la municipalización de los servicios públicos.

Tras unos pocos años viviendo en Gualeguay se radicó en Concepción del Uruguay, donde formó su familia y desarrolló su carrera profesional, política y literaria. En 1926 adquirió la vieja casona en la que hoy funciona el museo municipal que lleva su nombre, en la que fue atesorando un riquísimo patrimonio artístico, histórico y documental, y en la que vivió hasta su muerte. La casa fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1975.     

En 1923 publicó su primer libro “Cardos en flor”, y en 1965, a modo de homenaje de su esposa e hijos interpretando su deseo, se publicó su obra póstuma “Versos del mar”, que su autor había dedicado “a cada uno de los amigos en prenda de amistad y gratitud”. La pluma de Delio Panizza también nos dejó obras como “De Tierra Adentro”, “Ramírez”, “Poemita de Estío”, “Letanías de Ausencia”, “Guitarras y Lanzas”, “La luna Nueva”, “Dianas Heroicas”, “Mi homenaje” (al Colegio Nacional del Uruguay “Justo José de Urquiza” en su centenario), “Artigas”, “Canto de la Liberación”, entre otras; así como poemas publicados en diversos periódicos.

Atesoro en mi biblioteca, heredados de mi abuelo, algunos de sus libros, pero me temo que comprarlos hoy no debe ser tarea fácil. El sexagésimo aniversario de su muerte, por ese fetichismo de los números redondos, podría ser una buena ocasión para que alguna editorial se entusiasme con la idea de publicar sus obras completas. Debe destacarse que la Editorial de Entre Ríos publicó en 2022 “Ramírez”, en el marco de las conmemoraciones por los 200 años de la trágica muerte del Supremo Entrerriano, en 1821.

Aún así, si su obra literaria es más o menos recordada, su labor como dirigente político y hombre público aparece bastante más relegada y desconocida. Tarea para futuros investigadores, quizás.

Delio Panizza mantuvo un compromiso indeclinable con el radicalismo yrigoyenista. Uno de los tantos testimonios de esa identidad política lo constituye un poema de su autoría que publicó el diario Los Principios el 6 de Julio de 1933, en homenaje a Hipólito Yrigoyen a 3 días de su muerte, en el que culmina diciendo: “Y allá su nombre va, como una flecha, a clavarse magnífica y derecha, en el bronce de la Inmortalidad”.

En 1931 fue electo concejal, cargo que ocupó nuevamente entre 1935 y 1939, durante la gestión como presidente municipal de Justo Ravenna. En esa ocasión integró, junto a Alberto Carosini, un bloque del “radicalismo yrigoyenista”, escindido en ese momento de la mayoría oficialista del “radicalismo unificado”. Como concejal impulsó diversas iniciativas, entre ellas una tendiente a dotar a la ciudad de un parque nacional en la zona de la Salamanca, que se habría llamado “3 de febrero”, y que obviamente no se concretó. Un proyecto de su autoría que sí prosperó fue la erección del monumento que recuerda el nacimiento de Justo José de Urquiza, ubicado en la intersección del arroyo que hoy lleva su nombre con el viejo camino a Colón. En ocasión de su inauguración en 1937 Delio Panizza brindó un discurso y recitó su poema “El talar”.

Ciudadano solidario y consustanciado con su comunidad, también colaboró en instituciones que llegó a presidir, tales como la Biblioteca Popular “El Porvenir”, el Centro Comercial y la Universidad Popular. En 1928 integró la Asociación “Cultura”, que tuvo a su cargo la realización de un censo municipal.       

Su obra poética le sirvió tanto para cantar a su tierra y para exaltar las tradiciones populares como para manifestar su credo político, exteriorizar sus convicciones más profundas y para hacer una interpretación de nuestro pasado histórico. Buscó denodadamente unir y hermanar las costas del río Uruguay. No vio contradicción alguna en la reivindicación simultánea de Artigas, Ramírez y Urquiza, como próceres a los que no despojaba de su condición humana.    

Le tocó actuar en épocas de fraude y de autoritarismo y su poesía se torna a veces un instrumento proselitista. En el prólogo a “Los mismos”, de Pablo Schvartzman, dice que “no vivimos en horas de cantar a las mariposas o a las ninfas. Hay que seguir el consejo de Fierro: cantar opinando y en cosas de fundamento”.  

Tras su muerte, desde el otro lado del río Anibal Sampayo le dedicó una hermosísima milonga, titulada “Señor de Montiel”, en la que lo despidió diciendo: “lo llora Entre Ríos, al amanecer; y aquí en la otra banda lo lloran también. Poeta montonero, Señor de Montiel; se quedó en su pluma sangrando un laurel… En décimas suyas vibra el Uruguay, los hijos de Artigas no lo olvidarán”.      

Seguramente algunos se sorprenderán del término “poeta montonero” con el que lo describe su amigo sanducero. Cabe puntualizar que la palabra “montonero” no tenía en 1965 la connotación política que tiene hoy. No deja de ser una divertida ironía del destino que reciba esa caracterización alguien como Don Delio, el autor de un libro que los actuales “montoneros” no vacilarían en calificar como escandalosamente “gorila”. Me refiero a “Canto de la liberación”, publicado en 1955, tras la caída del gobierno de Perón, al que condena en esa obra en los más duros términos.

Delio Panizza pidió ser enterrado de pie, como había vivido.    

 

Publicado en el diario La Calle el 15 de septiembre de 2024.-

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jueves, 12 de septiembre de 2024

ES LA HORA DE LA REFORMA POLÍTICA EN LA PROVINCIA DE ENTRE RÍOS

Por José Antonio Artusi

El 17 de marzo de 2010 el diputado provincial Marcelo López presentó un proyecto de ley de reforma del régimen electoral y del sistema de partidos políticos, que contó con el acompañamiento de quienes integrábamos entonces el bloque de la Unión Cívica Radical. Esa iniciativa fue la primera en la que se propuso el sistema de Boleta Única de Papel, en sustitución del mecanismo de boletas partidarias que hemos venido utilizando ahora.

Además de esa innovación ese proyecto pretendía introducir mejoras en el funcionamiento del Tribunal Electoral y de los partidos políticos, procurando fortalecer su rol, en línea con lo dispuesto en el artículo 29 de la Constitución provincial reformada en 2008 que, entre otras disposiciones establece que “todos los ciudadanos tienen el derecho de asociarse libremente en partidos políticos. Se reconoce y garantiza la existencia de aquellos en cuya organización y funcionamiento se observen: la democracia interna, la adecuada y proporcional representación de las minorías y demás principios constitucionales. Son instituciones fundamentales del sistema democrático, concurren a la formación y expresión de la voluntad política del pueblo, son instrumentos de participación ciudadana, formulación de la política e integración del gobierno. Sólo a ellas compete postular candidatos para cargos públicos electivos”. Por otro lado, se proponía fijar la fecha de las elecciones generales el último domingo del mes de septiembre del año en que deban renovarse las autoridades. En materia de regulación de los partidos ese proyecto pionero proponía crear el fondo partidario permanente previsto en el texto constitucional. Esa iniciativa no prosperó y fue archivada en 2015 pero constituye un antecedente valioso que contribuyó a alimentar un debate imprescindible sobre la necesidad de introducir reformas que perfeccionen los procedimientos para manifestar la voluntad popular.

En el siguiente período el diputado Agustín Federik presentó un proyecto similar, que tampoco tuvo tratamiento legislativo y pasó al archivo en 2016. El 24 de agosto de 2018 presenté otro proyecto de ley de reforma política, pero centrado en este caso en el régimen de los partidos. Tampoco en esta ocasión se pudo avanzar y la iniciativa fue archivada en 2023. En ese mismo período acompañé un proyecto de la diputada Gabriela Lena, dirigido a una reforma electoral. En esa iniciativa se insistía con el sistema de boleta única de papel y se proponían límites a la reelección de los legisladores provinciales. Como los anteriores, este proyecto pasó al archivo. También en 2018 el gobernador Bordet envió un proyecto a la Legislatura, en el que proponía una reforma electoral, y que tampoco logró convertirse en ley, a pesar de contar el oficialismo con mayoría en ambas cámaras.

Es así como llegamos a 2024. El pasado día 28 de agosto ingresó en la Cámara de Diputados un proyecto enviado por el gobernador Rogelio Frigerio.  En el mensaje se sostiene que “la actual ley electoral ha tenido vigencia durante los últimos noventa años de la historia de nuestra provincia. A través de la Ley N° 2.988 del año 1934, se sentaron los principios generales relativos a los procesos electorales para elegir autoridades provinciales y locales, garantizando el marco legal de acceso a la competencia en la provincia. Esta normativa se modificó en diversos aspectos, comprendiendo sus cambios más recientes la introducción de primarias abiertas y simultáneas y su reemplazo por las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias”. También se asevera que se “busca mejorar el proceso electoral en la provincia de Entre Ríos de manera integral, brindándole coherencia desde lo normativo para transformarlo en un sistema con mayor transparencia, con reglas claras para las agrupaciones políticas que participan y para la ciudadanía para motivar su participación. Uno de los aspectos centrales del proyecto que se eleva para su tratamiento refiere a la modificación del instrumento de votación, a través de la incorporación de la Boleta Única Papel (BUP), en reemplazo de la tradicional boleta partidaria”. A su vez se enfatiza que “esta forma de emisión del sufragio no es una novedad, la mayor parte de las democracias del mundo eligen a sus representantes de esta forma. Sin embargo, para la provincia representa la oportunidad de generar una experiencia innovadora, como la que han desarrollado Santa Fe y Córdoba, hermanas provincias de la Región Centro y que, en 2023, implementó también Mendoza”.

Con respecto al cronograma electoral se “busca dar certezas respecto de las fechas de realización de las elecciones. La provincia de Entre Ríos reconoce la facultad al Poder Ejecutivo, o en su defecto, a la Asamblea Legislativa, de convocar a elecciones, pudiendo ser estas concurrentes o desdobladas de los comicios nacionales. En este sentido, para los casos en que las elecciones se realicen de manera separada y, a los fines organizativos de las agrupaciones políticas y de la logística electoral por parte de las autoridades judiciales electorales, se propone una fecha cierta para la celebración de los mismos. Así también se evitan discrecionalidades y se le da certidumbre al proceso electoral”. La fecha cierta, en este caso, es el primer domingo de mayo para las PASO y el cuarto domingo de junio para las generales. 

Con respecto a los procedimientos para la selección de candidatos “se sostienen las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO), consideradas como un instrumento de selección de candidaturas y como ordenador democrático de la competencia interna”.

En línea con lo dispuesto en el Artículo 29° de la Constitución provincial se establece la creación del “Fondo para el Financiamiento de Campañas Electorales”, se procura regular el financiamiento privado de las campañas y establecer las condiciones para la rendición de cuentas. Por otro lado, se limita la publicidad oficial, prohibiendo la inclusión de cualquier tipo de elemento que promueva la captación del sufragio. También se restringe la realización de actos inaugurales, el lanzamiento de nuevas líneas de acción, la realización de actos de gobierno o publicidad oficial, etc.  

Estamos ante una oportunidad histórica para mejorar nuestras prácticas democráticas. Sepamos aprovecharla adecuadamente. -


Publicado en el diario La Calle el día 8 de septiembre de 2024.-  

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domingo, 1 de septiembre de 2024

A 85 AÑOS DEL INICIO DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL LA CONDENA A LA BARBARIE NAZI SIGUE SIENDO NECESARIA

Por José Antonio Artusi

El 1º de septiembre de 1939 las fuerzas armadas de la Alemania nazi invadieron Polonia, dando de esa manera inicio a un conflicto bélico que sería conocido como la Segunda Guerra Mundial; trágica página histórica del siglo XX en la que se desarrollaría el Holocausto, el mayor intento de genocidio del pueblo judío, que determinó que millones de personas inocentes fueron aniquiladas por el sólo hecho de ser judíos. Y otros por el sólo hecho de ser gitanos, o sufrir alguna patología, o por no ser nazis, etc..

El periodista norteamericano William L. Shirer, en su monumental obra “Ascenso y caída del Tercer Reich”, nos dice sobre ese día: “Al amanecer del 1º de septiembre de 1939, la fecha exacta que Hitler había fijado en su primera directiva el 3 de abril, los ejércitos alemanes cruzaron la frontera polaca y convergieron sobre Varsovia desde el norte, el sur y el oeste. Los aviones de guerra alemanes rugían hacia sus objetivos: columnas de tropas polacas y depósitos de municiones, puentes, vías férreas y ciudades abiertas. En pocos minutos estaban dando a los polacos, soldados y civiles por igual, el primer sabor de muerte súbita y destrucción desde el cielo jamás experimentado a gran escala en la Tierra, inaugurando así un terror que se volvería terriblemente familiar para cientos de millones de hombres, mujeres y niños en Europa y Asia durante los siguientes seis años, y cuya sombra, después de la llegada de las bombas nucleares, perseguiría a toda la humanidad con la amenaza de la extinción total”.  

Las señales de advertencia habían sido dadas, de manera reiterada y contundente, pero buena parte de una Europa adormecida y pusilánime no las quiso o no las supo ver. Líderes resueltos como Winston Churchill y Charles de Gaulle, y combatientes comprometidos y valientes como los republicanos españoles de “la 9” que fueron los primeros en entrar en la París liberada, y tantos otros que dieron su sangre por la libertad, fueron determinantes para el obtener la derrota del oprobioso régimen nazi. Es verdad que tal derrota también estuvo vinculada con el aporte que en el frente oriental hizo el Ejército Rojo de la Unión Soviética liderada por Stalin. Y también es verdad, aunque se tomó cabal conciencia de ello mucho después, que – tal como lo declaró la Unión Europea en 2019 – el stalinismo hizo méritos para que se lo equipare con los nazis, ya que “ambos regímenes cometieron asesinatos en masa, genocidios y deportaciones, y fueron los causantes de una pérdida de vidas humanas y de libertad a una escala hasta entonces nunca vista en la historia de la Humanidad”.

Hoy lo peor del nazismo (y del stalinismo) reaparece con nuevos ropajes, con otro discurso, con otros sujetos y otros planteos, y hasta con otra estética; pero con la misma devoción por la muerte y el mismo desprecio por la vida, la libertad y la democracia. El mismo antisemitismo, ahora disfrazado de antisionismo, se exhibe descaradamente en las calles europeas y en los campus universitarios de Estados Unidos, arropado por una “izquierda” que perdió totalmente el rumbo hace rato, que degrada la universalidad de los derechos humanos con la excusa del relativismo cultural y que resulta funcional a los regímenes más autoritarios, reaccionarios, teocráticos y misóginos del mundo. Una Europa desorientada no atina a reaccionar y transmite sus dudas y desvaríos a todo Occidente.      

El expresidente uruguayo Julio María Sanguinetti recordó en un artículo publicado por el diario El País de Montevideo en 2006 que “cuando el ejército norteamericano llegó a los campos nazis de exterminio, el General Eisenhower hizo desfilar a todas sus tropas, a los prisioneros adversarios y hasta desplazó una división porque – dijo – esto algún día será negado y precisamos un millón de testigos. La anécdota ha sido contada de maneras diversas, pero en cualquiera de sus versiones alude a la clarividencia del inmortal comandante de Normandía. En aquellos años parecía imposible que alguien pudiera desconocer aquella evidencia horrorosa, especialmente cuando se diseminaron por el mundo los testimonios dramáticos de los sobrevivientes. Hoy, sin embargo, estamos ante el hecho y estos días, sin ir más lejos, hemos recibido las sobrecogedoras noticias del congreso organizado en Teherán por el presidente Mahmud Ahmadineyad para dudar de la existencia del Holocausto judío y anunciar “la pronta desaparición de Israel”, que caerá, según él, como cayó la Unión Soviética”. Las lúcidas palabras del exmandatario oriental, escritas hace casi 18 años, adquieren hoy una renovada vigencia, tras el brutal atentado de Hamas el 7 de Octubre de 2023 y en pleno desarrollo de la guerra entre Israel e Irán y sus brazos armados.

Bastante antes, en 1979, Julio María Sanguinetti nos había advertido, en otro artículo publicado esta vez en el diario El Día, que “como dice uno de los personajes del film de Bergman” - se refiere a la película “El huevo de la serpiente”, dirigida por Ingmar Bergman y protagonizada por Liv Ullman y David Carradine – “el huevo de la serpiente permite ver, a través de sus finas membranas, el monstruo que se está engendrando. ¿Hay que renunciar a esa visión para que él nazca o advertirlo a tiempo para que muera antes de nacer? Saber, en ciertos casos, es un deber. E ignorar – o pretender ignorar -, una inmoralidad”. Antes, en esa columna Sanguinetti sostenía que “sin una clara conciencia del pasado, los jóvenes no podrán encontrar los caminos del porvenir. Siempre ha sido así, por otra parte, y así lo han entendido los mayores constructores de pueblos y Estados”. Curiosamente, ese mismo año, 1979, marcó el fin de la monarquía iraní y el inicio del régimen teocrático que impera desde entonces bajo la denominación de “República Islámica de Irán”, combinación de palabras que es un verdadero oxímoron y una afrenta a los ideales republicanos de libertad e igualdad.

Ojalá no renunciemos a ver lo que necesitamos ver. –

 

Publicado en el diario La Calle el 1º de septiembre de 2024. - 

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lunes, 26 de agosto de 2024

DAVID RICARDO

Por José Antonio Artusi

David Ricardo nació en Londres el 18 de abril de 1772 y murió en Gatcombe Park el 11 de septiembre de 1823. Perteneció a una familia judía sefardí que se asentó en Inglaterra procedente de Holanda. Fue uno de los economistas liberales clásicos más influyentes, junto a Adam Smith y John Stuart Mill. Juan Carlos De Pablo nos dice que “fue el único, de los padres fundadores del análisis económico, que no fue alumno ni profesor universitario; no obstante lo cual, fue el más riguroso de todos” 1. Como le sucede a buena parte de los economistas clásicos, los creadores del verdadero pensamiento liberal, sus ideas son a menudo mal interpretadas o tergiversadas. Por es bueno recurrir a los comentarios de economistas que rescatan su pensamiento, y que destacan la vigencia de su doctrina en muchos aspectos. 

Enrique Feás 2 sostiene que “cuando David Ricardo leía "La riqueza de las naciones" de Adam Smith reparó en un párrafo que decía: "la renta de la tierra, considerada como el precio pagado por el uso de la tierra, es naturalmente un precio de monopolio. No está relacionada en absoluto con el desembolso del propietario para la mejora de la tierra, o con lo que éste puede permitirse aceptar, sino con lo que el agricultor puede permitirse ofrecer". Ricardo imaginó entonces una región extensa, como la del Nuevo Mundo, donde agricultores inmigrantes ocupaban las tierras fértiles que deseaban, sin pagar renta alguna por ellas. E imaginó después una segunda fase, en la que las mejores tierras ya habrían sido ocupadas, y en la que los inmigrantes tendrían que conformarse con ocupar y cultivar tierras menos fértiles. Si en ese momento el dueño de alguna de las tierras iniciales decidiera ceder su terreno para labrar, podría exigir como renta la diferencia entre la producción que se podía obtener en su tierra y la que se podría obtener en una de las tierras de segunda calidad. Hoy los terrenos agrícolas no son tan importantes, pero el razonamiento se puede aplicar a los inmuebles urbanos y sus tres elementos más importantes: "location, location, location". Y es que pocos bienes como los inmuebles urbanos vinculan tanto su precio a su ubicación y a la proximidad de otros bienes similares e infraestructuras disponibles”. Más adelante Feás asevera que “quizás porque la ciencia económica se desarrolló sobre todo en Estados Unidos, donde había pocos problemas de escasez de suelo, o porque la tecnología permitió que beneficios y salarios aumentaran a la par que las rentas de la tierra, lo cierto es que cuando los economistas pensaban en capital, tendían a pensar en bienes de equipo, y no tanto en inmuebles, en cuyo valor influyen el valor de la edificación, y sobre todo el valor del suelo determinado por su ubicación. Hay una excepción: Henry George, quien a finales del siglo XIX insistió en la necesidad de imponer un impuesto sobre el suelo o su ubicación (y no sobre los edificios, ya que eso distorsiona la inversión en mantenimiento). Para George, este impuesto sobre el valor de la tierra era en realidad el único impuesto imprescindible, ya que los restantes impuestos sobre el trabajo o el capital serían distorsionadores”. Finalmente, el mencionado autor concluye que “sin embargo, lo cierto es que pocos impuestos hay en la teoría económica que hayan sido tan unánimemente defendidos como los impuestos sobre la propiedad inmobiliaria: son fáciles de recaudar, difíciles de eludir (a diferencia de aquellos sobre el capital mobiliario), recaen sobre el valor del activo (reduciendo su precio por el valor actual de los impuestos futuros) y poco distorsionadores del ahorro y del crecimiento (Arnold et al., 2011). No sólo los defendían Adam Smith ("nada puede ser más razonable"), David Ricardo o Henry George, sino también desde Churchill ("el terrateniente no contribuye en nada al proceso del que se deriva su enriquecimiento") hasta Stiglitz ("puede llevar a una mayor renta y menor desigualdad"), pasando por gente tan poco sospechosa como Milton Friedman ("el menos malo de los impuestos"), la OCDE ("es el menos perjudicial para el crecimiento"), el FMI ("es mucho mejor que otros impuestos en términos de crecimiento a largo plazo") o The Economist”.

Eduardo Conesa 3 señala que “se trata de reivindicar, al menos en parte, al factor tierra como factor de nuestro desarrollo. Para ello se debe volver a la idea de David Ricardo sobre el impuesto al valor de mercado de la tierra libre de mejoras. En este trillado tema, la vieja escuela liberal clásica se cubrió de gloria ante de los estudiosos de la economía y las ciencias sociales y políticas. En efecto, el impuesto al valor de mercado de la tierra libre de mejoras debió ser la base de un sistema impositivo destinado a liberar las energías sociales, promover la eficiencia y el crecimiento, sin distorsionar la asignación de los recursos, y por sobre todo ello, tendiente a la materializar un ideal de justicia distributiva”. Agrega Conesa que “muchos políticos y economistas en nuestro país impulsaron las ideas de Ricardo y Henry George sobre el impuesto a la tierra libre de mejoras, especialmente los conservadores progresistas de principios del siglo XX como por ejemplo el presidente Roque Saenz Peña…”.

David Ricardo planteó sus teorías haciendo hincapié en la renta del suelo rural, agrícola, como era natural a principios del siglo XIX. No obstante, sus ideas han sido revalorizadas por economistas contemporáneos como marco téorico general para entender las dinámicas de los mercados de suelo urbano, y para fundamentar mecanismos de recuperación de la valorización del suelo generada por la inversión pública en infraestructura para financiar esas mismas inversiones. Es así que en una publicación del BID 4 se señala que “el marco conceptual de la captura de plusvalías se basa en la idea de usar la valorización del precio del suelo producida por la urbanización para financiar la infraestructura y servicios que la hacen posible. En la medida en que la demanda por suelo es una demanda derivada y su precio depende de lo que se pueda hacer con él, elementos clave del desarrollo urbano como la transformación del uso del suelo de rural a urbano, la instalación de infraestructura o la densificación, permiten incrementar los beneficios potenciales derivados de un terreno o propiedad. Esto a su vez resultará en mayores precios del suelo. Esta valorización, llamada ‘plusvalía’, es susceptible a ser ‘capturada’ para el beneficio de la comunidad en la medida en que los factores generadores que la producen sean consecuencia de decisiones o acciones públicas. La idea original tiene una amplia tradición en el estudio de la economía, siendo proponentes de algunos de sus elementos base autores como Henry George y David Ricardo”.

A más de 200 años de su muerte, las ideas de David Ricardo nos pueden seguir iluminando.

1)      https://www.econstor.eu/bitstream/10419/272321/1/1803973838.pdf

2)      https://blognewdeal.com/enrique-feas/riqueza-inmobiliaria-ciudades-y-desigualdad/

3)      https://eduardoconesa.com.ar/pdf/a-2014i.pdf

4)      https://repositorio.21.edu.ar/bitstream/handle/ues21/13083/El-potencial-de-la-captura-de-plusvalias-para-la-financiacion-de-proyectos-urbanos-consideraciones-metodologicas-y-casos-practicos.pdf?sequence=1&isAllowed=y

 

Publicado en el diario La Calle el 25 de agosto de 2024. -

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lunes, 19 de agosto de 2024

DEL PLANUR AL PIMUS, 40 AÑOS DE PLANIFICACIÓN TERRITORIAL (Y SU AUSENCIA) EN CONCEPCIÓN DEL URUGUAY

Por José Antonio Artusi

Hace 40 años concurrí al Auditorio “Arturo Umberto Illia” de la Municipalidad de Concepción del Uruguay para participar en una de las Jornadas de la Ciudad que se desarrollaron en el marco del proceso de elaboración del PLANUR (Plan de Ordenamiento Urbano), valioso y pionero intento de planificación del desarrollo de la ciudad que había puesto en marcha la gestión encabezada por el entonces presidente municipal Juan Carlos Lucio Godoy.  Y el miércoles pasado concurrí al mismo auditorio, que ya no es el mismo, a participar en el lanzamiento del PIMUS (Plan Integral de Movilidad Urbana Sostenible), iniciativa que ha comenzado a desarrollar el actual presidente municipal José Eduardo Lauritto.  Antes que nada, digamos que debe ser bienvenido todo intento de planificación, y que ojalá tenga éxito. Dicho eso, surgen naturalmente algunos interrogantes y ciertas reflexiones.

Pero volvamos a 1984 y al PLANUR. La democracia recién recuperada transitaba sus primeros pasos y todos teníamos expectativas y sueños, pero también temores de que esa normalidad constitucional y el Estado de derecho que tanto había costado instaurar pudieran interrumpirse en cualquier momento. Después, pasaron cosas; en el mundo, en la Argentina, y en Concepción del Uruguay. Y aquí el PLANUR cayó en el olvido luego de la gestión que lo impulsó, y no logró en consecuencia transformarse en un plan completo, o sea – tomando la definición de Carlos Matus – en “el cálculo que precede y preside a la acción”. Vale decir que un verdadero plan implica la programación de lo que hay que hacer, pero queda “rengo” si eso no se hace; o sea, si el “cálculo” no se acompaña con la consiguiente “acción”. Una tira cómica que los que tienen mi edad o más recordarán lo ilustra mejor que cualquier frase con lenguaje académico: Olaf el Vikingo está descansando plácidamente en una hamaca paraguaya y se aproxima su mujer, Helga, quien le pregunta con rostro adusto, señalando el jardín; ¿“Olaf, no tenías planificado cortar el césped?”. Y Olaf le responde, sin inmutarse ni levantarse de su hamaca; “Eso sigue siendo un plan”.  Buena parte de la historia de la planificación, lamentablemente, está resumida en esa pieza humorística.

El PLANUR quedó abandonado en un cajón, y después le siguieron otros intentos de poner en marcha procesos de planificación, en una cantidad realmente inusual para una ciudad intermedia como la nuestra:          

-          La Reformulación del PLANUR, a mediados de los ´90.

-          El Plan Estratégico de Concepción del Uruguay (PECU), a fines de los ´90, que dio origen al Código de Ordenamiento Urbano (COU).

-          La Reformulación del PECU, en 2010.

-          La revisión del COU y elaboración del Código de Ordenamiento Ambiental y Territorial (COTA) en 2022/2023.

Todas esas instancias, excluyendo quizás la del COTA, sobre la que sería prematuro sacar conclusiones, tuvieron – más allá de sus diferencias, algunos rasgos comunes:

-          Fueron discontinuadas; a pesar de prever en algunos casos propuestas para crear mecanismos de institucionalización de sistemas permanentes de planificación y gestión que no lograron concretarse.

-          No consiguieron constituir plenamente ejemplos de “planificación”, como mediación entre el conocimiento y la acción, entre la teoría y la práctica, entre la programación y la gestión concreta. En general, por diversas razones y más allá de sus méritos, quedaron reducidos a “planes – libro”, publicaciones poco difundidas y hasta difíciles de encontrar, como en el caso del PLANUR.

La realidad muestra que la ciudad ha crecido en estos 40 años de manera bastante desordenada, y en muchos casos ha sido el propio Estado el responsable de fomentar pautas de expansión urbana disociadas de cualquier plan, con impactos negativos de todo tipo en las condiciones de vida de la población, sobre todo de sus sectores más vulnerables. Un ejemplo típico (compartido con muchas otras ciudades) es la tendencia a la localización periférica de la vivienda de interés social financiada con recursos públicos en áreas desprovistas de adecuadas redes de infraestructura y equipamientos comunitarios, que fomenta una irracional e insostenible expansión de la mancha urbana con patrones de baja densidad, segregación social, fomento de la especulación inmobiliaria y degradación del espacio público. Se ha venido dando de esa manera una curiosa paradoja, una ciudad que “de lejos” parece hiper planificada (¿qué otra ciudad intermedia de la Argentina puede mostrar al menos 5 “planes” en 40 años?), pero que en realidad ha venido creciendo con decisiones espasmódicas, a menudo improvisadas, y en algunos casos contradictorias, que no pueden encuadrarse en un verdadero proceso de planificación.

Yendo específicamente a la cuestión de la movilidad, ¿qué diagnosticaban y proponían algunos de esos planes? (parte de la “historia clínica” de este peculiar “paciente” que es la Capital Histórica de Entre Ríos):

-          El resumen global del diagnóstico del PLANUR identificaba algunos problemas centrales: crisis de la conformación monocéntrica, desorganización y crecimiento extensivo de la periferia, ausencia de un sistema integral de transporte, congestión del área central, etc. Y se proponía, entre otras acciones, la jerarquización del sistema vial con corredores preferenciales y el reordenamiento del sistema de transporte colectivo con líneas troncales en dichos corredores, etc.

-          El PECU, dentro del Eje Estratégico 4 (Implementar un plan urbanístico), incluía una línea de acción que consistía en repensar los problemas referidos al transporte, el tránsito y los estacionamientos.

-          En la Reformulación del PECU de 2010 (que tenía como horizonte temporal el 2025; sí, el año que viene) se incluyó un proyecto denominado “Plan director vial urbano”, que debía contemplar “la vialidad urbana no sólo como tránsito vehicular sino también como tránsito peatonal y de ciclistas como una demanda integrada e indivisible”. A su vez se proponía un parque lineal aprovechando la traza de las vías del ferrocarril y el mejoramiento del área central, incluyendo el ordenamiento del tránsito y del estacionamiento.

-          En la revisión del COU que dio origen al COTA, en 2022, en uno de los talleres participativos, esta consigna concitó un amplio apoyo (87% completamente de acuerdo, 13% parcialmente de acuerdo): “La movilidad demanda un replanteo profundo, que incorpore nuevos criterios de cuidado ambiental construyendo un paisaje urbano más amigable, que priorice el transporte público, el “caminar y pedalear”, y le quite progresivamente protagonismo al automóvil”.            

Teniendo en cuenta todos estos antecedentes surge inevitablemente un interrogante: ¿es posible (y conveniente) planificar la movilidad sin planificar los usos del suelo y otras dimensiones de la realidad urbana tales como las infraestructuras, los equipamientos, los espacios verdes, etc.? La teoría indica que no, por lo que surge otra pregunta: ¿Cuál es el plan estratégico territorial (o como se lo quiera llamar), de carácter global, que comprende todas esas “capas” de la realidad, que los urbanistas y los cartógrafos representan a veces en mapas separados pero que es una sola e indivisible, compleja y cambiante? Las respuestas a esta pregunta pueden ser diversas; alguien podría pensar que ese plan todavía no está y lo vamos a construir (el “modelo de ciudad” al que se hizo referencia en la presentación del PIMUS), o bien se podría argumentar que en realidad el plan y ese modelo deseado están implícitos en el COTA, que es una serie de normas vigentes y que no fueron mencionadas.

Podríamos pensar en otros interrogantes:

¿Cómo va a influir la definición de densidades producto de las alturas máximas de edificación permitidas en las demandas de desplazamientos y en los modos de transporte?

¿Cómo va a armonizarse la casi siempre conflictiva relación entre tránsito vehicular y estacionamiento con los demás usos del espacio público?

¿Cuál va a ser el impacto de los proyectos de movilidad en los precios del suelo y consiguientemente en la asequibilidad a la vivienda? ¿Cómo se van a financiar las obras y servicios que demande el plan? ¿Podrían utilizarse algunos de los instrumentos de recuperación de plusvalías urbanas incluidos en el COTA para mejoras en movilidad? Etc., etc...  

La realidad develará estos interrogantes, y otros que irán surgiendo. Veremos…     

 

Publicado en el diario La Calle el 18 de agosto de 2024.-

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lunes, 12 de agosto de 2024

MASIH ALINEJAD

Por José Antonio Artusi

En Mujeres, vida, libertad, publicado en La Calle el 9 de octubre de 2022 sostuve que “la lección de lucidez y coraje que las valientes mujeres iraníes nos están dando a todos los amantes de la libertad es conmovedora, y demanda solidaridad y respeto de todos nosotros. Lamentablemente, en todo Occidente, y en particular en la Argentina, el silencio y la indiferencia de muchas organizaciones que deberían estar consustanciadas con la defensa incondicional de los derechos humanos y sobre todo con los de las mujeres, ha sido ensordecedor”.

Hoy toca hablar de una de esas mujeres. Masih Alinejad nació el 11 de septiembre de 1976 en Ghomikola, Irán. En la página web de My Stealthy Freedom, organización que fundó y preside, puede leerse que “obligada a abandonar el país en 2009 tras las controvertidas elecciones presidenciales iraníes, Masih pasó cinco años documentando abusos de los derechos humanos en la República Islámica. Masih ha escrito una autobiografía: El viento en mi cara, mi lucha por la libertad en el Irán moderno, una historia íntima de su vida desde su infancia en un pueblo hasta sus campañas en defensa de los derechos de las mujeres”.

En una entrevista publicada por la revista Time el 3 de febrero de 2023 Astha Rajvanshi escribió lo siguiente: “Han pasado 13 años desde que Masih Alinejad abrazó a su madre… Exiliada de Irán desde 2009, la periodista y activista ha hablado durante mucho tiempo contra las restricciones de Irán a las mujeres, llamando al hijab obligatorio “el Muro de Berlín” del régimen. Su campaña alarmó al líder supremo, el ayatolá Ali Khamenei, quien no solo la ataca en discursos, sino que incluso envió a sus secuaces a secuestrarla en julio de 2021. Un año después, un complot similar fue planificado para asesinarla”.

El Domingo pasado vi en su cuenta de Twitter un video y sentí la obligación de compartirlo, agregándole esta frase: “La deuda del mundo libre, y en especial de las mujeres, con Masih Alinejad será inconmensurable. Si te consideras progresista y feminista no te pierdas este video”. Se trata de un reportaje que le hace el escritor canadiense Jonathan Kay frente a un auditorio. En su comentario Masih Alinejad nos advierte: “A aquellos en Occidente que dicen que no estamos en guerra con la República Islámica, déjenme decirles: la República Islámica está en guerra con nosotros. El mundo se ha puesto patas arriba. Se espera que permanezcamos en silencio para proteger los sentimientos de acosadores como los partidarios de Hamás. ¡Pero debemos negarnos a que nos silencien! Vean mi desafío a los estudiantes universitarios que gritan "¡Soy Hamás!".”

Dirigiéndose a quien la va a entrevistar tras ingresar al escenario y gritar con la mano en alto “Mujeres, vida, libertad”, la periodista iraní dice: “Dame un abrazo, abrazarse entre hombres y mujeres está prohibido en Irán. Este es un acto de desobediencia civil”. 

En el transcurso de la entrevista, con su estilo apasionado y vibrante, Masih Alinejad dice verdades que no necesitan aditamento. Hoy, esta columna casi se limita a darle voz, en castellano, a esta valiente mujer que puede disfrutar en Estados Unidos de los derechos que les están vedados a sus compatriotas y a mujeres sojuzgadas por otros regímenes teocráticos integristas.

Dirigiéndose a las mujeres del auditorio: “Ustedes usan espejos, para lucir hermosas; para convertirse en la que quieren ser. Pero en mi hermoso país, Irán, las mujeres usan espejos para hacer de ellas lo que los mullahs atrasados quieren que sean. Por eso mi pelo, ya sé que es un hermoso pelo, pero es una declaración, no sólo para mí, para muchas mujeres, nuestro pelo se convirtió en un instrumento para luchar contra un régimen reaccionario y decirle que no”.  

Más adelante: “Hace 10 años, cuando lancé mi campaña contra la imposición obligatoria del hijab; adivinen qué; mujeres iraníes me enviaron videos, fui bombardeada con videos, mujeres caminando sin velo, que es un crimen punible. Pero dirigentes de Occidente, mis hermanas occidentales, especialmente mujeres políticas, pretendían educarme a mí sobre mi propia cultura; ellas me decían que el hijab es parte de nuestra cultura, “no queremos tocar ese tema, es la ley de tu tierra”. La esclavitud solía ser legal, si nadie la objetaba hoy la esclavitud podría estar entre nosotros. La cultura es flexible, no está escrita en una piedra. Mujeres sacrifican sus vidas año tras año para cambiar una mala cultura. Y es un insulto a nuestra nación decir que una ley propia de la barbarie es parte de nuestra cultura”.

Masih Alinejad continúa: “cuando veo gente, mujeres, estudiantes, ocultando su cara y diciendo “soy Hamas”, me rompe el corazón, porque la República Islámica de Irán está apoyando a Hamas para violar mujeres, porque mis mujeres en Irán están sometidas a violaciones, a acoso sexual en las calles por el solo hecho de caminar sin velo. Cuando escucho a personas llamarse a sí mismos “activistas” y “disidentes”, pero jamás cantan contra el apartheid de género del régimen de Irán, y de Afganistán, me rompe el corazón. La disidencia, el activismo, tienen un significado; hay mujeres que sacrifican su vida. Yo tengo guardaespaldas aquí… pero yo quiero que el gobierno norteamericano proteja la democracia en vez de protegerme a mí. Y quiero que ustedes se unan a mí, y se unan a las mujeres de Irán y Afganistán, para educar a los líderes democráticos, los líderes del mundo libre, para que se unan a nosotros. Si no terminamos con el régimen de la república islámica y los talibanes, créanme, ellos se unirán y terminarán con la democracia aquí en suelo estadounidense, y en todo el mundo”.

Algún día, ojalá, los regímenes de los ayatolas, los talibanes, y Hamas serán un mal recuerdo de un pasado oprobioso y Masih Alinejad podrá volver a su patria y abrazar a su madre, y caminar libremente por la calles de Teherán luciendo su hermoso pelo sin que nadie la moleste. Que no esté sola. -               

 

Publicado en el diario La Calle el 11 de agosto de 2024.-

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martes, 6 de agosto de 2024

ROBESPIERRE

Por José Antonio Artusi

Maximilien Robespierre nació en Arras el 6 de mayo de 1758 y murió en París, decapitado en la guillotina, el 28 de julio de 1794, cuando contaba con apenas treinta y seis años.

La relación de Robespierre con la pena de muerte es paradójica. Como abogado y como juez antes de la Revolución Francesa y como diputado en la convención constituyente fue un decidido opositor a la pena capital, como gobernante revolucionario durante el período conocido como el Terror la aplicó y justificó y finalmente terminó siendo su víctima, hace doscientos treinta años.

Robespierre, conocido como “el incorruptible”, fue una figura clave en el proceso de la Revolución Francesa. Su legado es complejo y ha dado lugar a controversias y disputas, y podríamos decir que sigue abierto a nuevas lecturas e interpretaciones. Sus detractores y sus defensores han encontrado argumentos válidos tanto para condenarlo como para rescatarlo, y quizás ahí radique buena parte del interés que su figura sigue despertando. Quienes lo defienden lo ven como un impulsor apasionado de la igualdad y de la justicia, y como un abogado de los sectores más desposeídos de la sociedad; quienes lo critican ven su papel en la ejecución de miles de personas acusadas de ser enemigos de la revolución, de poner en marcha un aparato represivo que hoy definiríamos como terrorismo de Estado. En definitiva, sus errores y pecados, que los tuvo, no invalidan necesariamente todas sus ideas.

La reflexión sobre la vida y la obra de Robespierre nos puede resultar útil para formularnos algunos interrogantes que exceden su tiempo histórico y que siguen siendo pertinentes en el siglo XXI:

¿Cuáles fueron las circunstancias y condiciones que llevaron a Robespierre a adoptar posturas tan extremas, a sacrificar tanto los medios en el altar del logro de los fines?

¿Cómo puede lograrse un equilibrio entre la persecución de la igualdad y la justicia con la garantía universal de la protección de los derechos humanos y la plena vigencia de las libertades individuales para todos?

¿Qué lecciones podemos aprender a partir del estudio de las ideas de Robespierre y de las circunstancias en las que le tocó actuar; y cómo podemos adaptar esas lecciones para aplicarlas a los desafíos del presente?      

Un aspecto que ha sido objeto de particular atención en las últimas décadas es el vínculo entre el ideario de Robespierre y el desarrollo del concepto moderno de ingreso ciudadano o ingreso básico universal. Es así que David Casassas1 ubica a Robespierre, junto a otros, en el campo ideológico de lo que él denomina republicanismo democrático, en contraposición a un republicanismo oligárquico: “cuando se entiende y propone que esa libertad republicana como no dominación ha de (tender a) alcanzar al conjunto de la población sin exclusiones de ningún tipo - pensemos en Pericles y Aspasia, en Robespierre o en Thomas Paine -, hablamos de formas democráticas de republicanismo…”.               

Daniel Raventós2 elige para comenzar su libro, no casualmente titulado “Las condiciones materiales de la libertad”, una frase del propio Robespierre: “De todos los derechos, el primero es el de existir. Por tanto, la primera ley social es aquella que garantiza a todos los miembros de la sociedad los medios para existir; todas las demás leyes están subordinadas a esta ley social”. En el prólogo de la obra de Raventós Antoni Domenech se refiere a esa frase: “Quien por vez primera habló de “derecho a la existencia” fue Robespierre, en un discurso celebérrimo”, y luego vincula las ideas de Robespierre con las del revolucionario republicano inglés Thomas Paine, uno de los ideólogos de la independencia norteamericana que participó también en la Revolución Francesa y sufrió los rigores de la cárcel durante el Terror. Domenech señala que “se puede observar el origen europeo de estas ideas republicano-democráticas de Paine y de Robespierre” y las compara con las de Jefferson: “compartía con Paine y con Robespierre la idea republicana de libertad (ser libre es por lo pronto no tener que pedir permiso a nadie para vivir, gozar de una base material independiente de existencia), así como – menos radicalmente – la idea democrática de universalizar esa libertad por incorporación de los pobres a la República. Pero, ajeno por completo a los acelerados procesos de desposesión en curso en Europa (e insensible a la desposesión de los indígenas americanos), Jefferson siguió buscando la base social de la democracia republicana norteamericana exclusivamente en la universalización de la pequeña propiedad agraria individual”. En esa estrategia, sólo posible (o al menos más factible) en países nuevos como Estados Unidos (o la Argentina) radica buena parte de la explicación de la prosperidad posterior de la patria de Jefferson.

Volvamos a Robespierre. Daniel Raventós destaca que “la insistencia en la idea de que no toda propiedad es legítima recorre la obra de Robespierre. Si atenta contra la libertad, la propiedad no es legítima… Para Robespierre, la gran desigualdad económica es la raíz de la destrucción de la libertad… Casi como conclusión de la exposición de su concepción de la propiedad, de la libertad y de las grandes desigualdades sociales, Robespierre hace reiteradas muestras de una profunda convicción relativa a la necesidad de que la sociedad garantice la existencia material de la ciudadanía”.

Y volvamos, finalmente, al vínculo entre Robespierre y Thomas Paine; María Luisa Soriano González3 considera que “el parecido de Paine con Robespierre es enorme. Ambos pertenecen al ala radical de las revoluciones americana y europea; ambos también se caracterizan por la defensa de la república, la libertad religiosa, la igualdad en el disfrute de los derechos políticos y la supresión de la pobreza. El parecido es tan grande que ambos también sufrieron el olvido y desprecio de generaciones posteriores hasta que finalmente han sido rehabilitados y hoy son considerados como relevantes artífices de las revoluciones de la segunda mitad del siglo XVIII”.   

 

1)      Casassas, David; Libertad incondicional. El derecho a la renta básica universal, Buenos Aires, Continente, 2020.

2)      Raventós, Daniel; Las condiciones materiales de la libertad, El Viejo Topo, España, 2007.

3)      https://www.researchgate.net/publication/358251916_La_defensa_de_la_Republica_y_los_derechos_a_la_renta_del_suelo_y_a_la_existencia_en_Thomas_Paine_y_Maximilen_Robespierre_Analisis_comparativo     

 

Publicado en el diario La Calle el 28 de julio de 2024.-

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lunes, 22 de julio de 2024

EDUARDO LAURENCENA Y LA REELECCIÓN QUE NO FUE

Por José Antonio Artusi

Eduardo María Dionisio Laurencena Beheretche nació el 9 de octubre de 1885 en Paraná, dónde murió el 19 de junio de 1959. Su padre, Miguel María Laurencena, fue uno de los fundadores del radicalismo entrerriano, y el primer gobernador surgido de sus filas. Eduardo Laurencena transitó una extensa carrera política que lo llevó ocupar numerosas responsabilidades y a ser electo dos veces gobernador, aunque sólo llegó a ejercer su primer mandato.

En 1912 fue electo diputado provincial y renunció dos años más tarde, con motivo de haber sido su padre electo gobernador. En 1918 fue designado Fiscal de Estado por el gobernador Celestino Marcó y entre 1919 y 1922 se desempeñó como ministro de Hacienda. En 1922 Marcelo de Alvear le confió la responsabilidad de dirigir la Inspección Nacional de Justicia.

En las elecciones que lo consagraron gobernador Laurencena encabezó la fórmula de la UCR antipersonalista acompañado por José María Garayalde, que debió enfrentar al radicalismo yrigoyenista, que llevó como candidato a gobernador a Francisco Beiró, y a una coalición conservadora que propuso a Fortunato Solanas. Los comicios del 6 de junio de 1926 arrojaron el siguiente resultado: Laurencena 39,48%, Beiró 33,50%, Solanas 27,02%. En ese momento la elección era indirecta, no se votaba a gobernador sino a electores, y Laurencena no llegó a obtener la mayoría del colegio electoral, pero fue de todos modos apoyado por los electores conservadores que respetaron su legitimidad. Obsérvese la fortaleza del radicalismo en su conjunto, que sumando sus dos ramas superaba el 70% de los sufragios; y podía por lo tanto darse el “lujo” de ir dividido a los comicios. Una década más tarde tales lujos ya no serán posibles, y la reunificación se impondrá.  

El cisma del radicalismo no fue gratuito. Tal como señala Enrique Pereira1, “el gobierno de Laurencena, el primero con el radicalismo dividido, debió realizarse con una Legislatura trabada por carecer de mayoría en el Senado”. De todos modos, “este período fue fecundo en realizaciones e iniciativas, especialmente en materia vial y educacional”, y “la ejemplar dedicación de Laurencena hizo que su figura, polémica y controvertida, se convirtiera, con el paso de los años y especialmente tras la unificación de 1935, en la principal del radicalismo entrerriano”. A tal punto fue duro el enfrentamiento entre antipersonalistas e yrigoyenistas que Laurencena debió enfrentar dos proyectos de ley disponiendo la intervención federal de la provincia, que no prosperaron, promovidos en 1926 por los diputados nacionales Carmelo Astesiano y Ambrosio Artusi y en 1928 por Enrique Mihura.

Beatriz Bosch2 comenta así la gestión de gobierno de Laurencena: “Conviene subdividir las tierras y propagar el policultivo. El primer lugar en la producción agrícola corresponde ahora al lino. La Cooperativa Saladeril de Concordia y el Frigorífico Gualeguaychú industrializan los productos de una ganadería todavía floreciente. Una completa red de caminos abovedados de 3.500 kilómetros…, obra de consorcios camineros en varios tramos, …  satisfacen las exigencias del transporte de la hora. Los bancos agrícolas regionales … se convierten en focos de orientación técnica para el agricultor”.

Manuel Macchi y Alberto Masramón3 enfatizan otros aspectos de su gestión: “al finalizar su primer año de labor, se inauguraron las obras sanitarias de la provincia, en Victoria, Gualeguay y Gualeguaychú… Con el apoyo del gobierno nacional, el Dr. Laurencena logró el establecimiento de balsas automóviles entre Paraná y Santa Fe”; a la vez que recuerdan que “ocurrida la revolución del 6 de septiembre de 1930 contra el presidente Hipólito Yrigoyen, Entre Ríos, conjuntamente con San Luis, no fueron intervenidas por el gobierno de facto”. Esta circunstancia determinó que Laurencena pudiera entregar el mando al gobernador Herminio Quirós, también del sector antipersonalista, que se había impuesto – con el apoyo de los conservadores – al candidato yrigoyenista Enrique Mihura.

Entre 1932 y 1943 Eduardo Laurencena ocupó una banca en el Senado de la Nación, y también presidió la convención que reformó la Constitución de la provincia en 1933.

En 1943 fue nuevamente electo gobernador, para suceder a Enrique Mihura, ya con el radicalismo unificado. En las elecciones del 21 de marzo de 1943 Laurencena encabezó una fórmula acompañado por Fermín Garay, que obtuvo el 50,40% de los sufragios. La lista radical contó con el apoyo del Partido Demócrata Progresista, el Partido Socialista y el Partido Comunista. En segundo lugar se ubicó el Partido Demócrata Nacional, que llevaba nuevamente como candidato a Pedro Radio. La fórmula conservadora fue respaldada por el 48,35% del electorado. El golpe del 4 de Junio y la intervención de la provincia impidieron que Laurencena pueda asumir por segunda vez como gobernador.          

Entre 1946 y 1948 presidió la UCR a nivel nacional. Al respecto Enrique Pereira señala que “otra etapa se inicia en la vida del viejo luchador: una oposición franca y dura, que lo lleva a la presidencia del Comité Nacional, con el resultado conocido: el estrecho triunfo de la fórmula Perón – Quijano”. Y agrega que “Jorge Farías Gómez dijo aquello de “comando de la derrota”, acusando al Comité Nacional de lo ocurrido. Lo real, a los efectos de comparar actitudes, es que a los pocos meses el Sr. Farías Gómez se había mudado al oficialismo y que Laurencena siguió en su trinchera, siendo encarcelado y perseguido”. En 1956 el presidente de facto Pedro Eugenio Aramburu lo designó presidente del Banco Central, cargo que ocupó hasta 1958.  

Laurencena fue uno de los fundadores del unionismo, sector interno del radicalismo enfrentado a la intransigencia. Paradójicamente, allí se encontró con viejos correligionarios de acendrado yrigoyenismo.Enrique Pereira lo describe como un hombre “parco y estudioso, de férrea austeridad… cortés y respetuoso con todos, era un hombre sincero, alejado de la ostentación y la vanidad”. –

 

   1)         Pereira, Enrique. Mil nombres del radicalismo entrerriano, Santa Fe, UNL, 1992.

2)            Bosch, Beatriz. Historia de Entre Ríos, Buenos Aires, Plus Ultra, 1978.

3)            Macchi, Manuel y Masramón, Alberto. Entre Ríos – Síntesis histórica, Concepción del Uruguay, Sacha, 1977.

 

Publicado en el diario La Calle el 21 de julio de 2024.-

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ENRIQUE MIHURA

Por José Antonio Artusi

Enrique Fermín Mihura nació en Paraná el 7 de junio de 1895 y murió en Córdoba el 13 de septiembre de 1951. Estudió abogacía en la Universidad de Buenos Aires y tras obtener su título regresó a Paraná, donde llevó adelante una intensa carrera política. Fue concejal y más tarde diputado nacional en dos ocasiones, entre 1928 y 1930 y entre 1936 y 1939.

Resulta curioso que Wikipedia señale, erróneamente, que Mihura “adhirió a la corriente antipersonalista del radicalismo” cuando en realidad fue uno de los más fervientes defensores del yrigoyenismo y un encarnizado rival de los antipersonalistas. Ambos sectores de la UCR estuvieron separados y compitieron duramente entre sí desde mediados de la década del 20 hasta 1935. A tal punto llegaron esos enfrentamientos que una de las primeras iniciativas que impulsó como diputado nacional fue un proyecto de ley de intervención federal a la Provincia de Entre Ríos en 1928, por entonces gobernada por Eduardo Laurencena, que se sumaba a otro similar presentado en 1926 por Carmelo Astesiano y Ambrosio Artusi. En la reseña biográfica de este último he señalado que “en los fundamentos del proyecto pueden leerse consideraciones que hoy indudablemente causan asombro y que sólo pueden comprenderse a la luz de los arduos enfrentamientos de la época”. Y me preguntaba: “¿Se habrán arrepentido los yrigoyenistas de tal actitud? ¿Se habrán arrepentido luego los antipersonalistas de conductas que terminaron siendo funcionales a la asonada de 1930? Podemos arriesgar que – al menos en parte – así debe haber sido. La reunificación partidaria de 1935 actúa como la principal evidencia en este sentido. Enrique Pereira1 presenta a Enrique Mihura como “un decidido partidario de la fusión” y “uno de sus hacedores”. Más tarde Mihura verá como su propio gobierno es intervenido, pero no ya por una ley del Congreso, sino por un decreto del gobierno de facto instalado tras el golpe del 4 de junio de 1943. Curiosamente, casi como una paradoja del destino, el gobernador electo para suceder a Mihura, que obviamente no pudo asumir por la interrupción del orden constitucional, era nada más y nada menos que Eduardo Laurencena…”.

En 1930 Mihura encabezó como candidato a gobernador la fórmula del yrigoyenismo, acompañado por Domingo Dasso. En esa elección se impuso la fórmula antipersonalista, integrada por Herminio Quirós y Cándido Uranga. En 1938, tal como relata Enrique Pereira, Mihura “probó en el Congreso, sin lugar a duda alguna, la perpetración del fraude electoral por parte de los conservadores”.

En las elecciones de 1939 para suceder al gobernador Tibiletti, Mihura – acompañado por el uruguayense Cipriano Marcó, del sector antipersonalista, como candidato a vicegobernador - encabezó la fórmula del radicalismo, ya unificado desde la elección anterior, que a su vez integró una coalición con el Partido Socialista Obrero; denominada Alianza Obrera y Democrática. Si bien ambos partidos llevaban la misma fórmula, presentaban boletas propias, por lo que puede observarse el aporte de cada uno: el radicalismo obtuvo el 51.29% de los sufragios y el Partido Socialista Obrero el 0,59%, sumando el 51,87% para la alianza. La elección se polarizó con otra coalición conservadora integrada por el Partido Demócrata Nacional y un sector minoritario proveniente del yrigoyenismo que no había aceptado la unificación del viejo tronco radical. La fórmula en este caso fue integrada por Pedro Radio y Gregorio Morán. El PDN obtuvo el 43.07% de los votos y la paradójicamente denominada UCR antipersonalista el 4,29%, sumando un 47,36% para la Concordancia.

Enrique Pereira refiere que “muy difíciles fueron los años de Mihura en el gobierno, agravada la situación por la decadencia física del presidente Ortiz… a lo cual se unía todo lo derivado de la segunda guerra mundial... En medio de ese torbellino, el gobierno radical, con don Enrique Mihura al frente, se las arregló para realizar una importante, sensata y progresista labor…”.

Beatriz Bosch2 resalta que “a causa de la disparidad política con quienes están a cargo de los poderes nacionales, Entre Ríos obtiene escaso beneficio de los planes de obras públicas generales. Desmedro que pronto importará verdadera rémora”.  Manuel Macchi y Alberto Masramón3 destacan que “en su gobierno hubo una sana política administrativa” y mencionan que “prosiguieron las obras viales” y “hubo un creciente desarrollo de la avicultura”.

Cabe recordar que “durante su gestión… prohibió las persecuciones por motivos raciales, políticos o religiosos, penalizando a partidos que los pregonasen, en el marco de una creciente actividad pública de grupos nazistas, fascistas, franquistas y nacionalistas”4. Una muestra cabal de la isla de libertad que constituía Entre Ríos en ese momento se refleja en esta circunstancia que nos narra Enrique Pereira: “Entre Ríos fue casi el único sitio argentino en el que pudo verse “El gran dictador”, la genial película de Chaplin”.  Con relación a la obra de gobierno, menciona la “legislación para combatir la desocupación, ampliación de hospitales, modificación del método de valuación de la propiedad inmueble, eximición de impuestos provinciales y comunales a cada primera industria, eximición de contribución directa a determinados productores rurales... Pero fue en el área de la educación donde se dejó notar con mayor singularidad la obra del Dr. Mihura, ya que desde el levantamiento del censo escolar, que fue la base del Censo Escolar Permanente, hasta la ampliación del presupuesto para educación, la equiparación de los maestros rurales a los urbanos, el fomento a la educación física, la erección de nuevas escuelas, establecimiento del concurso riguroso para el ingreso a la docencia, etc.; todo deja traslucir la preocupación esencial del gobernante, que tuvo la posibilidad de decir, con sano orgullo, que en Entre Ríos había muchos más maestros que vigilantes”. -  

 

1)            Pereira, Enrique. Mil nombres del radicalismo entrerriano, Santa Fe, UNL, 1992.

2)            Bosch, Beatriz. Historia de Entre Ríos, Buenos Aires, Plus Ultra, 1978.

3)            Macchi, Manuel y Masramón, Alberto. Entre Ríos – Síntesis histórica, Concepción del Uruguay, Sacha, 1977.

4) http://www.efemeridesradicales.com.ar/Indice/E/Enrique_Mihura/Enrique_Mihura.html

 

Publicado en el diario La Calle el 14 de julio de 2024.-

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A 140 AÑOS DE LA LEY 1420, POCO QUE FESTEJAR (Y MUCHO POR RECUPERAR) II

Por José Antonio Artusi

Mañana se cumplirán 140 años de la ley nacional 1420; de educación común, pública, laica, gratuita y obligatoria.  El 8 de Julio de 1884 el presidente Julio Argentino Roca y su ministro de Instrucción, Eduardo Wilde, promulgaron la norma que había sido sancionada por el Congreso luego de duros y apasionados debates. Discusiones y controversias que seguirían luego, y que llegarían incluso hasta el siglo XX.  

Ya hemos dicho en esta hoja que “la tarea para llegar a esa ley trascendente no había sido sencilla ni había estado exenta de conflictos y arduas polémicas. Lo que no había logrado el erudito Sarmiento lo conseguía el militar Roca, acompañado del médico Wilde y del abogado Onésimo Leguizamón, en ese entonces diputado nacional, otro ex alumno del histórico colegio”; en referencia al Colegio del Uruguay fundado por Urquiza, el primero laico del país.  

Reivindicar la ley 1420 y el legado de sus impulsores dista de constituir una mera actitud nostálgica y trasciende la formalidad de las efemérides. Se torna más bien una necesidad imperiosa, en momentos en los que los valores de la modernidad son asediados en todo el mundo por tendencias reaccionarias de diverso signo basadas en dogmatismos intolerantes y en concepciones totalitarias e integristas que resultan absolutamente incompatibles con la esencia del sistema republicano consagrado en nuestra sabia Constitución nacional de 1853. 

Una democracia republicana madura y consolidada requiere hacer realidad el mandato sarmientino de “educar al soberano”; demanda ciudadanos responsables, formados e informados, que participen activamente en la cosa pública, que asuman plenamente su rol de mandantes de los funcionarios públicos, circunstanciales mandatarios designados por la voluntad popular para desempeñar responsabilidades públicas en períodos acotados de tiempo. En esa tarea, el sistema educativo que iguala, que libera, que nos hace compatriotas, que enseña e inculca los valores de la libertad, la igualdad y la fraternidad adquiere una significación política trascendente.    

También cobra relevancia el rol de la educación en el desafío de brindar herramientas para que todas las personas adquieran habilidades y capacidades para desempeñarse en el ámbito económico, contribuyendo con su trabajo a la prosperidad general, incorporando elementos que son cada vez más necesarios en una sociedad en la que la economía del conocimiento y la innovación tecnológica serán determinantes.

No menos significativa es la necesidad de contar con un sistema educativo que integre y fortalezca los vínculos de solidaridad social, que haga que las nuevas generaciones se sientan parte de una comunidad que no sólo comparte un pasado histórico, sino que también es capaz de confluir en un proyecto común a futuro, en la búsqueda del logro paulatino de mejores condiciones de vida para todos. 

Adrián Pignatelli1, refiriéndose al presidente Roca, señala que “los furibundos ataques de la iglesia y el enfrentamiento producido por la ley 1420, sumadas a la creación del registro civil hizo que expulsara al nuncio apostólico Luis Mattera y se rompieran relaciones con la Santa Sede, que él se ocuparía de reestablecer durante su segunda presidencia… Por la ley del Registro Civil, la iglesia católica perdía las atribuciones de siglos de anotar nacimientos, casamientos y defunciones” y recuerda que Félix Luna, en “Soy Roca”, le hace decir que esa norma y la ley 1420 “eran tributos indispensables a la afluencia de extranjeros, que debían encontrar un país neutral en materia religiosa, donde cada uno pudiera adorar a su dios libremente, casarse y educar a sus hijos según sus convicciones”.

Haydée Breslav 2 recuerda que “la ley rigió sin mayores inconvenientes durante 46 años. Vale la pena recordar en ese sentido los conceptos del presidente Hipólito Yrigoyen, quien, en 1921, aseguró que “las luchas religiosas que dividieron a la humanidad pertenecen ya a una época remota” y que “renovar esa discusión podría parecer inusitado”; y agrega que “el escenario cambió con el golpe militar de 1930… Así, entre 1936 y 1937 se sancionaron leyes, decretos o resoluciones que implantaron la enseñanza de la religión católica en nueve provincias. Por su parte, el gobierno militar surgido del golpe del 4 de junio de 1943 –que tenía por finalidad, según su proclama, “acercar a los niños a la doctrina de Jesucristo” y “educar a la juventud en el respeto a Dios”– dictó el último día de ese año, con el país bajo estado de sitio, el decreto ley 18.411, cuyo primer artículo disponía: “En todas las escuelas públicas de enseñanza primaria, postprimaria, secundaria y especial, la enseñanza de la Religión Católica será impartida como materia ordinaria de los respectivos planes de estudio” (sic). En cuanto a los docentes que debían impartirla, serían “designados por el gobierno, debiendo recaer los nombramientos en personas autorizadas por la autoridad eclesiástica”. El decreto fue redactado por el ministro de Educación, el conocido nazi-fascista Gustavo Martínez Zuviría”. Esta autora narra el proceso que dio origen a “la ley 12.978, de enseñanza católica, que se promulgó el 29 de abril de 1947 y rigió hasta mayo de 1955 cuando, a raíz y en medio de la creciente confrontación entre el gobierno peronista y la Iglesia, fue derogada por el Congreso. En esa oportunidad se manifestaron partidarios convencidos de las bondades del laicismo escolar muchos legisladores oficialistas que ocho años antes se habían proclamado fervorosos defensores de la enseñanza religiosa. Entre ellos se encontraba el diputado Héctor J. Cámpora”.

José Luis Romero 3 considera que “la sanción de una ley de enseñanza popular correspondía a una preocupación profunda por el problema de la educación. Era la misma preocupación que Sarmiento había tenido durante toda su existencia y que había inspirado las páginas de “Educación popular”; ahora, en sus herederos, se mantenían algunos de los principios prácticos de quien había erigido en preocupación primera de su vida la de “educar al soberano”. -

 

1)      https://www.infobae.com/sociedad/2023/07/28/los-dos-gobiernos-de-julio-a-roca-segun-el-historiador-felix-luna-paz-administracion-y-respeto-a-la-constitucion/

2)      https://trascarton.com.ar/aniversarios/ley-1420-sancion-y-primera-derogacion

3)      https://jlromero.com.ar/textos/el-desarrollo-de-las-ideas-en-la-sociedad-argentina-del-siglo-xx-1965/

 

Publicado en el diario La Calle el día 7 de julio de 2024.-

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