miércoles, 22 de febrero de 2023

POTENCIAR EL TURISMO NAUTICO

Por José Antonio Artusi              

En columnas anteriores nos referimos a los desafíos de recuperar Banco Pelay y el borde ribereño en su conjunto. Esas ideas deberían complementarse con otra, la que señala la necesidad de aprovechar adecuadamente el enorme potencial que significa el desarrollo del turismo náutico en Concepción del Uruguay. 

El turismo náutico es un tipo de turismo no tradicional en crecimiento en muchos lugares del mundo. Algunos lo caracterizan como vacaciones activas en contacto con el agua, mediante la realización de actividades tales como la navegación en embarcaciones a vela o motorizadas, así como otras actividades lúdicas, recreativas y deportivas que impliquen el disfrute de la naturaleza y la cultura. Obviamente el turismo náutico puede y debe complementarse de manera sinérgica con los demás atractivos y oferta de servicios de alojamiento, gastronomía, recreación, etc. Algunos especialistas consideran que el turismo náutico ha adquirido una relevancia cada vez mayor sobre todo porque complementa y diversifica la tradicional fórmula de “sol y playa”.  

El turismo náutico podría constituir un poderoso factor de fomento del desarrollo económico local, dado que su crecimiento permitiría que numerosos prestadores locales puedan brindar  servicios de diversa índole: amarras y guarderías, venta y mantenimiento de embarcaciones,  alquiler de lanchas y motos de agua, escuelas de navegación y deportes náuticos, competencias y espectáculos, excursiones por las islas de la región, safaris fotográficos, etc.; con el consiguiente impacto  en la mejora de la rentabilidad y la generación de empleos de calidad. No debería descartarse la posibilidad de explorar la viabilidad de cruceros que partan de grandes ciudades y amarren en nuestro puerto.    

Nuestra ciudad no cuenta todavía con una infraestructura adecuada y suficiente para desarrollar este sector en plenitud, pero sí tiene una serie de fortalezas que es necesario reconocer y potenciar; un parque náutico significativo, clubes y empresas locales con larga tradición y experiencia, y una naturaleza privilegiada con atractivos y paisajes magníficos en nuestras playas, costas e islas, que han hecho que algunos denominen a este tramo del río Uruguay el “Caribe entrerriano”. 

Cabe señalar que la promoción de la náutica no debería partir desde una concepción elitista y excluyente, sino todo lo contrario. Debería tener como una de sus premisas fundamentales garantizar el libre acceso público y gratuito a los paseos ribereños y playas y además procurar que la valorización del suelo y la renta que se genere como producto de inversiones públicas sea debidamente recuperada y reinvertida con sentido de redistribución, de inclusión social y de igualación de oportunidades. Existen numerosos antecedentes en nuestro país y en el extranjero de ciudades que han sabido, o no, desarrollar con éxito sus atractivos vinculados al turismo náutico. Seguramente hay mucho por aprender de esas experiencias.   

Se necesita un programa específico de desarrollo del turismo náutico a mediano y largo plazo, que se articule de manera virtuosa con los demás sub sectores turísticos y con la planificación estratégica y el ordenamiento territorial de la ciudad en su conjunto. Hay mucho por hacer, pero la oportunidad está. No la dejemos pasar.-  


Publicado en el diario La Calle el día 19 de Febrero de 2023.-

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miércoles, 15 de febrero de 2023

UN MUSEO AL AIRE LIBRE EN EL CENTRO HISTÓRICO DE CONCEPCIÓN DEL URUGUAY

Por José Antonio Artusi              

“Los museos de la ciudad”, publicada el 5 de Febrero, tuvo algunos comentarios que valoro y agradezco, que me motivaron a seguir reflexionando sobre el tema, y ahí surgió la idea de concebir al espacio público del centro histórico que vincula a los museos uruguayenses como un museo más; en este caso un museo al aire libre.  Un museo es, siguiendo la definición de la Real Academia Española,  en primer término un “lugar en que se conservan y exponen colecciones de objetos artísticos, científicos, etc.”, y una segunda acepción indica que se trata de una “institución, sin fines de lucro, cuya finalidad consiste en la adquisición, conservación, estudio y exposición al público de objetos de interés cultural”. Por su parte, el Consejo Internacional de Museos aprobó el 24 de Agosto de 2022 una nueva definición, que señala que “un museo es una institución sin ánimo de lucro, permanente y al servicio de la sociedad, que investiga, colecciona, conserva, interpreta y exhibe el patrimonio material e inmaterial. Abiertos al público, accesibles e inclusivos, los museos fomentan la diversidad y la sostenibilidad. Con la participación de las comunidades, los museos operan y comunican ética y profesionalmente, ofreciendo experiencias variadas para la educación, el disfrute, la reflexión y el intercambio de conocimientos”. Estas definiciones admiten claramente la posibilidad de un museo al aire libre y de hecho podemos encontrar unos cuantos ejemplos muy interesantes en diversos países, en lo que parece constituir una nueva tendencia en ascenso, incluso en la Argentina.

El museo al aire libre de Concepción del Uruguay debería tener su epicentro en la Plaza Ramírez y abarcar algunas cuadras aledañas a determinar, de modo tal de vincular los principales museos y sitios históricos, fortaleciendo su sinergia y su integración. Obviamente requeriría un rediseño del espacio público, adecuando solados, niveles, mobiliario, señalética, luminarias, vegetación, etc; y seguramente debería requerir una política de restricción del acceso y circulación de vehículos motorizados. El museo tendría una fortísima dimensión histórica, y podría contribuir a mejorar el conocimiento de nuestro pasado por parte de ciudadanos y visitantes, con elementos que permitan recrear eventos trascendentes, muchos de ellos en el sitio exacto en el que se desarrollaron, tales como el Pronunciamiento, la creación del Colegio del Uruguay y la Escuela Normal, etc. Las nuevas tecnologías podrían a su vez contribuir al logro de un museo que tenga también su faceta digital, con placas con códigos QR en que remitan a un sitio en internet que narre nuestra historia y detalle la vida de sus protagonistas. Nuevas esculturas, monumentos y murales podrían enriquecer y hacer más atractivo al museo. Pero además podrían concebirse muestras temporarias en instalaciones diseñadas al efecto, en las que se exhiban obras de artistas plásticos, escultores, fotógrafos, cineastas, músicos, escritores, actores, etc.

Cabe formular una advertencia. El término “museo al aire libre” también puede encontrarse utilizado con una connotación negativa; por ejemplo en el caso de ciudades europeas de enorme valor patrimonial que atraen cantidades masivas de turistas y cuyos centros históricos se van quedando sin población local. Afortunadamente nuestro centro histórico sigue teniendo un intenso carácter residencial, que no debería perder. Por el contrario, debería fortalecer su característica mixtura de actividades; viviendas, comercios, actividades administrativas, educativas, culturales, etc. Me imagino un museo vivo, atractivo, moderno, interactivo, participativo, de calidad, que nos ayude a conocer e interpretar mejor nuestra historia, pero que también nos permita disfrutar en un ámbito común de la belleza del arte y la cultura y a la vez mejorar de manera significativa nuestra oferta de atractivos turísticos.-


Publicado en el diario La Calle el día 12 de Febrero de 2023.- 

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martes, 7 de febrero de 2023

LOS MUSEOS DE LA CIUDAD

Por José Antonio Artusi              

El 3 de Febrero se inauguró el Museo de la Ciudad, que funcionará en el edificio primigenio de la Escuela Normal de Concepción del Uruguay, la primera de mujeres del país, y que constituyó entre 1925 y 1984 la sede del municipio. La iniciativa es loable y debería consolidarse y fortalecerse.  Los promotores del proyecto lo presentan como “un espacio de encuentro y representación de nuestra comunidad” y plantean que pretende ser un “lugar dinámico, es decir completamente vivo y activo”.      

Mientras recorría la muestra inaugural no podía dejar de imaginarme al museo dentro de unos años, ampliado y perfeccionado; pero además formando parte de un sistema, de una red uruguayense de museos y lugares que preserven nuestra historia y contribuyan a investigarla, conocerla y comunicarla. No podía dejar de pensar en lo interesante que sería un circuito que, por ejemplo, vaya desde el Museo Casa de Delio Panizza hasta la Basílica de la Inmaculada Concepción, pasando por el Museo de la Ciudad, el Museo de la Organización Nacional en la casa de Urquiza donde hoy funciona el correo, el Museo Andrés García, la Plaza Ramírez, y el Colegio del Uruguay. Esa imagen de un futuro posible no consta de una serie de edificios aislados, sino, por el contrario, vinculados de manera armónica por el espacio público que los une, con solados adecuados a nivel pensados más para las personas que para los vehículos, un diseño que respete el valor patrimonial y la carga histórica del entorno, etc..

Se abre para nuestra ciudad una oportunidad que no deberíamos dejar pasar. Como producto de la perseverancia del Centro Cultural José de Urquiza, autoridades nacionales y provinciales ya hablan de recuperar la casa de Urquiza, y por lo tanto la viabilidad del Museo de la Organización Nacional va en aumento.

Los museos del presente y los del futuro no serán como los del siglo XIX y XX. El desafío de lograr museos modernos, atractivos, de vanguardia, nos plantea la posibilidad de fortalecer el carácter de nuestra ciudad, Capital Histórica de la provincia de Entre Ríos y Cuna de la Organización Nacional. Tenemos todo para construir un complejo de museos y sitios históricos que cumplan de manera complementaria funciones diversas: reservorio de nuestro patrimonio cultural material e inmaterial, ámbito de protección y comunicación de nuestra historia y nuestra identidad, soporte de actividades educativas, científicas, culturales y artísticas; pero además un formidable atractivo turístico, que se combine con nuestras bellezas naturales.       

Que el Museo de la Ciudad sea un paso más en el logro de esos objetivos.-   


Publicado en el diario La Calle el día 5 de Febrero de 2023.-  

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sábado, 4 de febrero de 2023

RECUPEREMOS EL BORDE RIBEREÑO

Por José Antonio Artusi              

“Recuperemos Banco Pelay”, publicada el 8 de Enero pasado, recibió numerosos comentarios, que valoro y agradezco. Algunos se referían a la necesidad de no limitarnos a Banco Pelay sino tomar en cuenta el borde ribereño de Concepción del Uruguay en su totalidad. La sugerencia es válida y me motiva por lo tanto a compartir algunas reflexiones al respecto.

Digamos antes que nada que la cuestión es a la vez relevante y compleja. Relevante porque para los uruguayenses nuestro borde costero es un área estratégica, desde diversos puntos de vista; en lo ambiental, en lo paisajístico, como recurso recreativo y turístico, como soporte de actividades logísticas, etc.. Compleja porque se trata de un territorio sensible, en el que se deben lograr condiciones que hagan compatibles y puedan convivir en armonía y preservando y mejorando la salud ambiental, actividades muy diversas, el puerto de ultramar, la náutica, zonas recreativas y deportivas, atractivos turísticos, etc.

Lo primero que habría que hacer es tener un proyecto integral, a corto, mediano y largo plazo, inserto en un plan estratégico de ordenamiento territorial y de desarrollo de la ciudad en su conjunto. El plan maestro del borde costero o ribereño de la ciudad, o como se lo llame, debería ordenar y articular la toma de decisiones tanto por el sector público como el privado, promoviendo la sinergia entre las acciones de todos los actores involucrados y evitando que se adopten medidas que luego resulten contraproducentes o que haya que revertir.   

Desde Santa Cándida hasta Paso Vera, por lo menos, el potencial que tiene nuestra ribera es inmenso; en términos paisajísticos, recreativos, turísticos, etc. Un aspecto especial a considerar es el desafío de desarrollar y aprovechar la actividad náutica garantizando a la vez el mayor acceso público posible a la costa para uruguayenses y visitantes, en entornos de calidad ambiental y estética.

Como en el caso de Banco Pelay, se argumentará seguramente con escepticismo que se trata de objetivos ambiciosos que requieren enorme financiamiento. Y es verdad, pero ello no debería constituir una barrera infranqueable que impida la concreción de la idea. Con un buen plan integral se pueden ir configurando proyectos parciales en los que la inversión requerida puede lograrse a través de empresas privadas seleccionadas por medio de licitaciones públicas. Una cuestión clave que debería garantizarse en todos los casos es procurar la recuperación y la reinversión, con criterios de equidad social, de la valorización del suelo que se genere por efecto de los proyectos, a través de diversos mecanismos. Existen algunos antecedentes en ese sentido en nuestro país que podrían servir como ejemplos para intentar aprender de otras experiencias.

Tengo un sueño. Playas limpias y bellas, con buenos equipamientos; parques náuticos de calidad que aprovechen el enorme atractivo de nuestro río y sus islas; costaneras de acceso público seguras y atractivas las 24 horas; un puerto pujante conviviendo de manera lo más armónica posible con la ciudad; el edificio del ministerio revitalizado, complejos turísticos que saquen provecho de nuestros hermosos paisajes, áreas protegidas, complejos deportivos, un teatro al aire libre para la Fiesta de la Playa, etc., etc…. Hagámoslo realidad.-         


Publicado en el diario La Calle el día 29 de Enero de 2023.-               

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sábado, 28 de enero de 2023

LOS 150 AÑOS DE LA MUNICIPALIDAD Y LA CARTA ORGÁNICA

 

Por José Antonio Artusi              

Se cumplieron el 1º de Enero 150 años del inicio del funcionamiento institucional de la Municipalidad de Concepción del Uruguay. La ocasión es propicia para reflexionar acerca de su  pasado, su presente y su futuro, tratando de encontrar en la Historia pistas que nos permitan comprender mejor sus problemas y potencialidades, y sobre esa base poder visualizar qué se necesita para tener un mejor estado municipal, acorde a las demandas del siglo XXI pero también a la altura de nuestras glorias pasadas. Por eso es saludable y encomiable todo lo que se haga para conocer mejor y difundir nuestra propia historia, cargada de sucesos y protagonistas a menudo mucho menos conocidos que los del orden nacional o provincial.

Ha pasado mucha agua bajo el puente desde el 1º de Enero de 1873 y lógicamente la Municipalidad ha ido evolucionando de acuerdo a las circunstancias de cada época. Un hito clave en ese proceso fue la reforma de la Constitución provincial en 1933, durante el gobierno de Luis Lorenzo Etchevehere. Esa Constitución progresista y de avanzada consagró un régimen municipal moderno y que otorgaba a los municipios un amplio conjunto de competencias y responsabilidades, y dispuso la elección popular directa del presidente municipal, dando fin de esa manera a la designación por parte del gobernador, sistema que generó innumerables problemas y conflictos, como es fácil de suponer. Esa Constitución rigió hasta 2008, en el que un nuevo proceso reformista otorgó a los municipios la autonomía de manera expresa, en línea con las disposiciones de la Constitución nacional reformada en 1994. Para los municipios de más de 10.000 habitantes se previó la posibilidad de sancionar sus propias cartas orgánicas. Sin embargo, llamativamente, ningún municipio ha avanzado en ese camino.

El sesquicentenario de la Municipalidad de Concepción del Uruguay es una buena oportunidad para plantearse el reto de dar un nuevo salto de calidad en la configuración del Estado municipal, a través del dictado de nuestra propia carta orgánica.  Se requiere para ello un amplio debate, que incluya obviamente a los partidos políticos pero que no se agote allí, sino que abarque también a las universidades y a las organizaciones de la sociedad civil.

La Constitución nacional de 1853 y la Constitución provincial de 1933 fueron mucho más que meros libritos. Configuraron un modelo de país y de provincia, y dispusieron las bases y puntos de partida para implementar un plan de desarrollo, en pos de una sociedad mejor. Propongo debatir la necesidad de una carta orgánica para Concepción del Uruguay con ese espíritu, la carta orgánica como un plan, que contenga los grandes ejes estratégicos para construir una ciudad mejor, más justa, democrática, linda, saludable, segura y sostenible.

Concepción del Uruguay fue pionera de la independencia, baluarte del federalismo  republicano, cuna de la organización nacional y de la educación laica, entre otros tantos logros. La Capital Histórica de la Provincia de Entre Ríos no puede resignarse a naturalizar ciertos problemas y déficits que nos afectan. Debe por el contrario plantearse el desafío ambicioso pero realista de ser una ciudad que recupere su liderazgo y su protagonismo, que brinde mejores condiciones de vida para todos los uruguayenses, y que ofrezca a quienes quieran venir un ámbito hospitalario para vivir, trabajar y estudiar. Una carta orgánica moderna y adecuada a los requerimientos del futuro puede ser un buen aporte en ese sentido. Empecemos a debatir su contenido.-           


Publicado en el diario La Calle el día 16 de Enero de 2023.-  

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miércoles, 11 de enero de 2023

RECUPEREMOS BANCO PELAY


 Por José Antonio Artusi              

A los que tuvimos la suerte de conocer y disfrutar Banco Pelay en sus mejores épocas no nos puede resultar indiferente ver el estado de postración y deterioro en el que se encuentra actualmente. Pero la indignación, útil a veces para reaccionar frente a cosas que no nos gustan o para evitar naturalizar problemas que podrían solucionarse, de poco vale si no la acompañamos con algo más que la queja y la atribución de culpas; básicamente con ideas y propuestas. Las que esbozo de manera preliminar acá no pretenden ser la única alternativa. Son más bien un modesto aporte a un debate que deberíamos estar dando de manera amplia.

Considero que el primer paso no debe ser otro que adoptar la consigna del título, en toda su dimensión; evitar la resignación y el lamento plañidero y nostálgico que añora un pasado que no va volver pero que se agota en sí mismo. Propongo por el contrario que nos tracemos, con visión de futuro, un objetivo ambicioso, que recupere y valorice lo mejor que tuvimos pero que también le adicione algo más. O sea, volver a tener la mejor playa de río de la Argentina, con todos los servicios que ello implica, complementada con un camping en condiciones adecuadas, complejos de cabañas y servicios de alojamiento y gastronómicos, un sitio para amarre de embarcaciones, un parque y reserva natural, etc..

Puedo imaginar al lector, en este punto, coincidiendo más o menos con los objetivos pero planteando dos objeciones centrales. Primera: Pelay se inunda y el río se llevó la arena, no se puede evitar. Segunda: nadie va a poner las inversiones que se requieren para un objetivo tan ambicioso; ergo, “no se puede”.  Pretendo demostrar que, por el contrario, se puede superar esos escollos, que obviamente existen y requieren decisiones correctas para sortearlos.

En primer lugar, las condiciones naturales del lugar no deberían ser un obstáculo que impida que se transforme en un sitio atractivo para uruguayenses y visitantes, básicamente en verano pero también durante todo el año, si se lo acondiciona con las mejoras que se requieren a tal efecto. Construcciones palafíticas, elevadas y resueltas con materiales y tecnologías que tengan en cuenta los desafíos de la condición de “área de paisaje frágil”, tal como se la considera en la propuesta de nuevo código de ordenamiento territorial que seguramente tendrá tratamiento legislativo en el concejo deliberante de Concepción del Uruguay en 2023, pueden constituir una respuesta adecuada al carácter de inundable que presenta el sitio. La calidad de la playa podría asegurarse con refulado y con acciones complementarias. Adicionalmente, en etapas posteriores, podría pensarse en un puente y un camino más elevados que los actuales.

Con respecto a la segunda objeción podría pensarse en un esquema financiero que recurra a la inversión privada y demande $ 0 de recursos públicos. El camino a seguir podría constar de los siguientes pasos:

-          Elaborar un proyecto a largo plazo, con etapas intermedias sucesivas; definiendo un programa de necesidades y las obras que se requieren; paradores, bares, comedores, cabañas, bungalows, sanitarios, lavaderos, sectores de camping, amarras náuticas, miradores, senderos, áreas deportivas y de juegos, reserva natural, etc.. El proyecto podría surgir de un concurso nacional de ideas y anteproyectos.

-          Convocar a una licitación pública (o varias) para concesionar la explotación de los servicios de todo tipo que se presten en el complejo turístico y recreativo. El concesionario obtendría la posibilidad de explotarlo por un período extenso de tiempo, de modo tal de permitir las inversiones que se requieran.    

Todo el proyecto debería contemplar de modo especial el cuidado de la calidad ambiental con criterios de sostenibilidad, incluyendo planes de gestión de residuos, de saneamiento, de manejo de la biodiversidad y los ecosistemas, etc..

Hay otros caminos posibles? Debería haberlos. Bienvenidos al debate y la discusión de ideas. Lo que no podemos hacer de ninguna manera es resignarnos y aceptar mansamente que no se puede. Recuperemos Banco Pelay. Se puede.-         


Publicado en el diario La Calle el día 8 de Enero de 2023.-

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martes, 3 de enero de 2023

QATARSIS

Por José Antonio Artusi              

Tras el Mundial y la alegría por la tercera, algunas reflexiones.

Qatarsis 1: Gracias!

A los argentinos y a muchos amantes del fútbol que no son nuestros compatriotas Messi y la Scaloneta nos regalaron en pocos días algunos momentos de intensa felicidad, muchos pasajes hermosos de juego colectivo en la competencia más exigente del mundo, goles maravillosos, y la satisfacción de ver cómo un equipo argentino, combinando talento con esfuerzo, entrega y organización, lograba un objetivo que no se alcanzaba desde hace mucho tiempo. Cada uno tendrá sus propias razones para un agradecimiento especial a Messi. Estas son las mías.  “Messi es lo mejor que tenemos”, dijo Luis Scola, otro grande, en una entrevista con Luis Novaresio en 2019. Sus sabias palabras, dichas en las malas, merecen recordarse en las buenas: “pongo a Messi por arriba como lo mejor que tenemos por mucho más de lo que hace adentro de la cancha… esta cultura de la viveza, esta cultura de la media trampa, esta cultura de los “huevos”, y de ganarlo con las camiseta y demás, realmente es un ancla para nosotros, como deportistas, y



como país probablemente también, porque el deporte es un reflejo de muchas más cosas… No podés ganar con viveza, vos tenés que ganar con talento, vos tenés que ganar con entrenamiento, vos tenés que ganar con esfuerzo…”. Creas en lo que creas, en Dios, en la Pachamama, en Tutatis, en los dioses del Olimpo o en la lotería de genes, Messi nació con un don extraordinario, ser un superdotado para jugar a la pelota con 10 compañeros siguiendo las reglas de un juego espectacular que inventaron unos ingleses. Pero ese talento de poco le habría servido sin esfuerzo y sin disciplina. Estamos aprendiendo casi de memoria las imbatibles estadísticas de Messi, pero hay algunas que no se mencionan. ¿Cuantas horas de entrenamiento y de charlas técnicas tendrá Messi? ¿Cuántos tiros libres y penales habrá practicado en su vida? ¿Cuántas horas de viaje antes de cada competencia, sumadas? ¿Cuántos días en concentraciones?. Solamente un bobo podía pensar que Messi nos debía algo, pero él nos dio, a pesar de todo, una vez más, una magnífica lección, que se constituye en un verdadero ejemplo que trasciende lo deportivo. Sus propias palabras lo expresan con claridad: “Siempre tuve el sueño de ser Campeón del Mundo y no quería dejar de intentarlo, aún sabiendo que quizá nunca se daría… Muchas veces el fracaso es parte del camino y del aprendizaje y sin las decepciones es imposible que lleguen los éxitos.” Quizás como nunca antes, muchos queríamos que la selección gane la Copa del Mundo porque somos argentinos, pero también porque queríamos que la gane Messi, porque nos parecía injusto que no la pueda levantar, porque si hay alguien que se la merecía era él. Por el fútbol, por la belleza, por la alegría compartida, por el ejemplo, por la conducta, porque nadie nos representó mejor estos días, adentro y afuera de un campo de juego, eternamente gracias Sr. Lionel Andrés Messi!   

Qatarsis 2: Vergüenza

El Mundial de Fútbol jamás debió haberse disputado en Qatar. Admitámoslo sin vueltas y sin intentar justificar lo injustificable. La FIFA le agregó un baldón más a la larga historia de su lado más oscuro. Que una competencia internacional de tanta relevancia se desarrolle en un país gobernado por una monarquía teocrática que no pasa el más mínimo de test de respeto a los derechos humanos es una atrocidad espantosa. Norma Morandini lo expresó con claridad meridiana en La Nación: “…quedará también como el Mundial de la violación de los derechos humanos, tan planetarios como el fútbol, por la situación de las mujeres y los más de seis mil trabajadores muertos por haber trabajado como esclavos para construir los faraónicos estadios. Semejante poder que pone en pausa los males del mundo, sin embargo, se manifestó impotente para evitar que en Irán sean condenados a muerte los jóvenes que salieron a la calle para demandar derechos, entre ellos varios deportistas.” No hay relativismo cultural ni ninguna otra consideración pragmática que pueda legitimar que Qatar haya sido el escenario del Mundial. Quienes se comen el amague, para decirlo en términos futboleros, de expresiones falaces tales como “es otra cultura”, o “en la práctica no es tan así”, deberían revisar su posición. Los derechos humanos son universales y se defienden en todos lados, siempre.-  


Publicado en el diario La Calle el día 24 de Diciembrede 2022.-      

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lunes, 19 de diciembre de 2022

CASEROS


Por José Antonio Artusi

Mucho se ha escrito acerca de la significación histórica de la batalla de Caseros, y de los comandantes que se enfrentaron en ella.

 Oscar Fernando Urquiza Almandoz nos dice que “… Caseros no fue un fin en sí mismo. Fue tan sólo una etapa. Como antes lo había sido el Pronunciamiento, como después lo será el Acuerdo de San Nicolás. El norte, el objetivo final de la revolución de Urquiza contra Rosas fue la libertad y la Constitución Nacional. El predominio de la finalidad propuesta y una conducta consagrada al servicio de la causa, hicieron que Urquiza no fuera un revolucionario más; que no pasara simplemente a integrar esa tradición luctuosa y triste de América, de hombres levantados en armas con propósitos y juramentos que glorificaban su rebelión, pero que, en definitiva, caían en el sensualismo de un gobierno más pernicioso e ilegal que el depuesto. Urquiza no fue, pues, un apóstata. Tuvo la gloria de cumplir su promesa ante el país, causa y fin de su revolución contra Rosas, la libertad y la organización constitucional.” 

También es muy ilustrativo tener en cuenta los conceptos de uno de sus biógrafos, Isidoro Ruiz Moreno, cuando se refiere a la trascendencia de Urquiza: “Figura extraordinaria, en el cabal sentido del término como fuera de lo común, fue don Justo Urquiza. Dotado de fuerte carácter y de claros objetivos, puso ambos factores en acción para el logro de sus empeños. Pacificó la anárquica Provincia de Entre Ríos primero y luego organizó a la misma Confederación Argentina, que convertida en república constitucional, logró unificar definitivamente. Buscó, además, conquistar el Desierto – lo que anunció como candidato presidencial en 1868 -, plan que hubiese completado la geografía nacional, pero las etapas del progreso requieren su tiempo. Cuando se tiene en cuenta lo que era nuestra Argentina en aquellos años, y se considera la transformación que realizaron los esfuerzos que condujo, no puede considerarse de otra manera al General Urquiza sino como a una de las figuras más grandes de la Patria, a despecho de los errores que cometió, que poco pesan en el balance de su existencia… El tiempo transcurrido desde entonces permite aquilatar sin pasión los resultados dejados por la acción del General Urquiza en beneficio de la República Argentina. La gloria por sus beneficios realizados, inigualados en el país durante el transcurso de su prolongada actuación – Libertad, Constitución y Unidad Nacional – son de proyección permanente, a despecho de humanas falencias, lo que permite consagrarlo como a uno de sus más claros próceres”. Es pertinente también observar la caracterización que hace el mencionado autor del régimen rosista: “El Gobernador de Buenos Aires concluía en 1850 otro período de mando (iniciado en 1835); y firme su poder, sin adversario alguno que lo amenazara, el General Juan Manuel de Rosas había alcanzado el cenit de su mando. Nada podía conmoverlo: el sometimiento a su voluntad de toda la Confederación era absoluto. Comenzó entonces un movimiento tendiente a perpetuarlo sin ningún tipo de límite, ni de facultades ni de términos, sin renuncias y reelecciones. La suma del Poder Público con que fuera investido en su Provincia debía extenderse formalmente a todas las demás… El vasallaje imperante hasta en la vida cotidiana (vestidos, adornos, colores, celebraciones religiosas, festivales populares, atalaje de caballos), lo demostraba concluyentemente… Gozando de la suma del poder público, Juan Manuel de Rosas era el Estado, como le Roi Soleil otrora. Jueces y legisladores le estaban subordinados, y como carecía de sucesor – había sido propuesta como tal su hija, lo que no prosperó – le fue concedida por ley, como se ha visto, la Dictadura vitalicia… Las manifestaciones que se le dirigían no pecaban por falta de elogios y adjetivos superlativos.”    

Complementando lo anterior, podríamos considerar lo que Luis Alberto Romero escribió sobre el gobierno de Rosas, enfatizando entre otros rasgos la pretensión de unanimidad, la permanente propaganda oficial y oficiosa, el terrorismo de Estado o paraestatal y el culto a la personalidad, rasgos típicos de tantas tiranías a lo largo de la Historia: “… la opinión unánime era construida cotidianamente. Para evitar las disidencias, desaparecieron las asociaciones, clubes, tertulias o cenáculos de sociabilidad política, que habían florecido desde 1810. Lo mismo ocurrió con la prensa opositora, muy activa al comienzo del régimen. La prensa adicta, escrita en registros cultos o populares, exponía una militancia sin fisuras. En la calle, los opositores eran individualizados por la manera de hablar o de vestirse - lo testimonió Echeverría en El Matadero - , y la cinta punzó era impuesta a hombres y mujeres. Las fiestas públicas, celebrando las fechas patrias o simplemente en homenaje al gobernador o a su hija -alguien la propuso como sucesora del padre- combinaban el entretenimiento con la exaltación simbólica de la figura de Rosas. En suma, hoy un ministro de Cultura y Medios lo habría aprobado. Pero además, la opinión unánime se respaldaba en la intimidación o eliminación de los enemigos, los tibios y los indiferentes. Se realizaba a través de las autoridades locales, de la policía o de la Mazorca, una asociación civil privada, integrada en su mayoría por policías, que asesinaba a quienes eran señalados por el gobierno. En ciertas coyunturas, como en 1840 o 1842, en Buenos Aires el terror fue masivo e indiscriminado. El de Rosas no fue ni el primer ni el último régimen que combinó apoyo popular masivo y terror represivo.” Es muy interesante detenerse a reflexionar acerca de lo que este autor manifiesta en relación a la movilización y participación regimentada de las masas y la elección de un enemigo al que atribuirle todos los males, al que por otra parte se deshumaniza – en este caso la difusa y ominosa categoría de “salvajes unitarios”, para quienes sólo cabía la muerte - como estrategia de consolidación de un poder hegemónico, característica que va luego va a ser distintiva de los movimientos y tendencias fascistas del siglo XX: “La lucha facciosa se potenció con la creciente movilización de los sectores populares, urbanos y rurales. Los enfrentamientos políticos, muy violentos, alteraron profundamente la vida social. La apelación al orden, que Rosas asumió, tenía un amplio apoyo en buena parte de la sociedad, particularmente entre los sectores propietarios, incluyendo a muchos que a la larga engrosarían el bando opositor. La singularidad de la fórmula rosista consistió en llegar al orden por la vía de la exacerbación y canalización de la movilización popular facciosa. Con ella disciplinó y expurgó a las elites. Muchos descubrieron, entonces y después, que la politización unánime, administrada, canalizada, convocada y desconvocada, se parecía mucho a la despolitización. Solo requería de un enemigo contra quien dirigirse. Un enemigo permanentemente derrotado pero, como la hidra de mil cabezas, siempre renaciente. Tal la función de los “unitarios”, denominación con la que el discurso del régimen englobó las más diversas formas de oposición.”

En esta línea de pensamiento se podrían enmarcar los argumentos de Juan José Sebreli para caracterizar a Rosas como un bonapartista o un protofascista, cuando considera que “…el movilizador de masas fue el rosismo, que fue un protofascismo, en un momento donde no existía nada parecido en Europa ni América. Fue un régimen totalitario en sentido estricto… Es la desaparición de los límites entre sociedad civil y Estado. La vida cotidiana, hasta los aspectos más íntimos, como la sexualidad, es controlada y existe una ideologización de todo.” O cuando plantea que “el caso de Rosas es realmente muy curioso. Es una especie de fascismo avant la lettre. Fue un típico bonapartista, con elementos mucho más fascistas de lo que pudieron haber sido los bonapartistas del siglo XIX, Bismarck o Napoleón III, con esa puesta en escena de toda una ciudad que es típica de los totalitarismos del siglo XX… La imaginería, la ciudad pintada de rojo, las divisas, el retrato de Rosas en todas partes, incluidas las iglesias… Es decir: la introducción de la política en la vida cotidiana, la desaparición de los límites entre lo privado y lo público. Eso lo hace por vez primera Rosas. En ese sentido, es casi un caso único en el siglo XIX. Ni los bonapartismos europeos llegaron a ese punto.”

Sarmiento supo ver las íntimas relaciones entre las estructuras socio – económicas y culturales con los modos de organización y dominación política. Por eso en el Facundo se pregunta lo siguiente, tratando de comprender y caracterizar correctamente al régimen de Rosas: “¿Dónde, pues, ha estudiado este hombre el plan de innovaciones que introduce en su gobierno, en desprecio del sentido común, de la tradición, de la conciencia y de la práctica inmemorial de los pueblos civilizados? Dios me perdone si me equivoco, pero esta idea me domina hace tiempo: en la estancia de ganados, en que ha pasado toda su vida y en la Inquisición, en cuya tradición ha sido educado.” Y por eso su programa, coincidente con el de Urquiza, será su contracara; la colonización agropecuaria, el acceso a la tierra, el libre comercio, la educación pública y el laicismo. Las palabras que el genial sanjuanino eligió para su epitafio en notable síntesis no podrían ser más esclarecedoras: “Una América toda, asilo de los dioses todos, con lengua, tierra y ríos libres para todos”.

Conviene otorgar un párrafo aparte a la ley de enfiteusis de Rivadavia, generalmente mal interpretada y valorada, y al papel que tuvo Rosas en su administración. Recurrimos en ese sentido a la obra del uruguayo Andrés Lamas. En las primeras palabras del prólogo de su libro “Rivadavia y la legislación de las tierras públicas”, seguramente sorprendentes para muchos, Manuel Herrera y Reissig sostiene que “la República Argentina puede reclamar el honor de haber sido, con Francia, la cuna de las ideas del Impuesto Único en el mundo”. El prologuista se refiere a las ideas en las que los fisiócratas franceses – Quesnay, Turgot -, habían sido pioneros, complementadas luego por los aportes teóricos de los economistas clásicos liberales británicos – Adam Smith, David Ricardo – y perfeccionadas, sistematizadas y explicadas con claridad más tarde por el norteamericano Henry George, a partir de la publicación de su célebre obra “Progreso y Miseria” en 1879. Henry George advirtió con lucidez el rol de la renta del suelo en los procesos de crecimiento de las economías capitalistas, y demostró contundentemente cómo si no median eficaces políticas tributarias el crecimiento económico puede llevar al aumento de la riqueza pero también de la pobreza. El remedio que propuso George fue precisamente dejar de gravar por completo el trabajo y la inversión de capital e imponer tributos solamente al mayor valor del suelo generado por la comunidad, recuperando de esa manera para el Estado los ingresos no ganados percibidos por el propietario del suelo sin que éste haya realizado ningún tipo de esfuerzo. De ahí la denominación de impuesto único, el “single tax”. Henry George era partidario también del más amplio libre comercio, entre persones y entre países. Las ventajas del impuesto al valor del suelo libre de mejoras (único o no, hoy seguramente sería imposible prescindir absolutamente de todos los demás impuestos) han sido reconocidas por la enorme mayoría de los economistas, entre ellos muchísimos premios Nobel. Uno de ellos, Milton Friedman, llegó a decir que era “el menos malo” de todos los impuestos. Dos ventajas clave de este tributo son que se trata del único impuesto que no puede trasladarse a los precios – por el contrario, tiende a aumentar la oferta y por ende a reducirlos – y que es el único que no genera pérdida de eficiencia económica.  Refiriéndose a Rivadavia, continúa Herrera y Reissig en el prólogo del libro de Lamas diciendo que “la obra más grande, más original y más trascendente de aquel ilustre argentino… no es su obra política, constitucional, administrativa, docente y cultural… sino aquella gran reforma, aquella gran conquista que todavía, cien años después, no han logrado alcanzar las naciones más libres y avanzadas de la tierra: la libertad económica fundada en la liberación de la tierra, supremo desiderátum de las Democracias…”. En su libro Andrés Lamas nos dice que la legislación agraria de Rivadavia “tenía por base la conservación del dominio natural y directo del Estado sobre las tierras públicas, que declaraba inalienables. Conservando con la propiedad, la libre disponibilidad de sus tierras, el Estado podía proceder, sin reato alguno, a su mejor distribución, consultando las necesidades y las conveniencias generales; el bienestar y el aumento de la población, la extensión, la diversidad y el perfeccionamiento de las culturas, la buena distribución de la riqueza, y con ella la justicia social y las condiciones esenciales de la organización política de una sociedad democrática. Mediante la propiedad de la tierra, el Estado recibía, por medio del canon con el que la entregaba al cultivo, la renta que le correspondía; y como esta renta nace del trabajo social, Rivadavia esperaba, y con razón, que ella llegaría a ser, con el transcurso del tiempo, la fuente única de los recursos del tesoro público, suprimiéndose, en consecuencia, los impuestos que gravan el trabajo y los capitales individuales.” En síntesis, este autor oriental llega la conclusión de que “la absorción por el Estado del valor social de la tierra creado por el esfuerzo colectivo, el reconocimiento de la igualdad de derechos a la tierra, la proscripción de todos los impuestos sobre el trabajo y el capital y sobre todas las formas de la actividad económica, la libertad de trabajo en todas sus manifestaciones y el libre cambio en su sentido más lato y absoluto, es decir, no sólo entre las naciones, sino entre los individuos, tales fueron los propósitos y finalidades del sistema agrario de Rivadavia de 1826, como son las del impuesto único…”. De esta manera, lo que la tesis de Lamas y las expresiones de Reissig nos están mostrando es un Rivadavia adelantado a su tiempo, casi podríamos decir un georgista antes que Henry George.

Eduardo Conesa abona esta teoría, al expresar que “en nuestro país, en el decenio de 1820, bajo la presidencial del liberal Bernardino Rivadavia, un entusiasta de los economistas ingleses de la época, hubo un intento frustrado de establecer este sistema, por la vía del derecho de enfiteusis. Se trataba de un arrendamiento a largo plazo que hacía el Estado de la abundante tierra fiscal. El largo plazo pactado en los contratos tenía el propósito de estimular al arrendatario o enfiteuta a invertir en mejoras. El Estado arrendaba la tierra fiscal a cambio del pago de un canon anual por parte del enfiteuta. Este canon hacía las veces de un impuesto. Con el advenimiento de la dictadura de Rosas en los dos siguientes decenios, el sistema fracasó, y fue definitivamente abandonado en el decenio de 1850”. Además, Conesa considera que la “omisión de un impuesto liberal a la tierra libre de mejoras” es la principal objeción a formular a la Generación del 80; y  - tras recordar el frustrado proyecto del Presidente Roque Saenz Peña -, señala no obstante que “muchos otros brillantes hombres de la gloriosa generación de 1880 defendieron esta idea progresista”, pero aclara que “en rigor se remonta al decenio de 1820 cuando la propuso el ilustrado y entusiasta de la naciente ciencia de la Economía Política… Bernardino Rivadavia con su ley de enfiteusis”. Evidentemente, ningún país del mundo estaba en ese entonces, en condiciones de llevar adelante una reforma de ese tipo en toda su dimensión y alcance, mucho menos la Argentina anárquica y desarticulada de aquel momento.

Veamos ahora el papel de Rosas en esta cuestión. Recurrimos para ello a los datos y consideraciones de Horacio Giberti: “Teóricamente la ley se proponía una distribución racional de la tierra, una diversificación de la producción rural, fomentando la agricultura y la creación de una nueva clase media que enfrentara a la oligarquía terrateniente. Pero al ser llevada a la práctica esta ley produjo su propia negación: no fueron los inmigrantes labriegos, con los que soñaba utópicamente Rivadavia, quienes se repartían la tierra, sino precisamente la gran oligarquía terrateniente y hacendada… Basta leer la lista de enfiteutas para comprobarlo… Los inmigrantes que quería Rivadavia, por supuesto, no llegaron nunca a ocupar esas tierras. Es fácil prever cómo se sabotearía el proyecto de inmigración, si observamos que la comisión para organizar la contratación de inmigrantes europeos – creada por decreto de Rivadavia del año 1824 – estaba presidida por el primo de Anchorena, Juan Pedro Aguirre, e integrada entre otros por el propio Juan Manuel de Rosas. En un debate de la Legislatura llevado a cabo en Enero de 1829, el general Viamonte combatió la cláusula de la ley que prohibía a los enfiteutas adquirir nuevas tierras… Tomás de Anchorena sostuvo el proyecto de reforma en el sentido en que lo promulgaba Viamonte. De este modo la ley de enfiteusis perdía hasta su último rasgo progresista, para convertirse lisa y llanamente en el gran negociado de la burguesía terrateniente bonaerense… Durante el gobierno de Rosas no le resultaría muy difícil a esta misma oligarquía, que seguía vinculada al gobierno, conseguir que éste les concediera la propiedad privada de las tierras que les habían sido entregadas en carácter de enfiteusis. El despojo quedaba de ese modo legalizado. En 1837 vencían los diez años de plazo otorgado a la enfiteusis: se aumentaba a partir de entonces el canon al doble. El gobierno de Rosas, mediante un decreto del 19 de mayo de 1836, vendió 1.427 leguas – de las otorgadas en enfiteusis – a 253 adquirentes…”. Emilio Coni publicó en 1927 un trabajo en el que señala, en relación a la ley de enfiteusis, que “dos hombres solamente la habían estudiado, y superficialmente, Andrés Lamas, panegirista de Rivadavia, y Nicolás Avellaneda...” y resalta la “opinión francamente contraria a la enfiteusis de todos los hombres de valor que actuaron después de Caseros y que habían sido testigos del sistema. Mitre, Sarmiento, Tejedor, Alberdi y Vélez Sarsfield, por no citar sino a los principales, fustigaron a la enfiteusis con frases lapidarias y la calificaron de perniciosa”. Es evidente que aquella reforma rivadaviana fracasó estrepitosamente, por diversas razones que tuvieron que ver con su tergiversación y no con los principios y marco teórico que la inspiraron, pero de todas maneras el nombre de la enfiteusis quedó desprestigiado, y probablemente además muchos de los gobernantes posteriores a Caseros no entendieron su verdadera significación y alcance. Mitre llegó al despropósito de tildarla de comunista. Por ende, más allá de que ni Urquiza ni Sarmiento la reivindicaron expresamente, sí comparten con Rivadavia, - y en se sentido se alejan de Rosas - la aspiración de transformar el campo argentino por medio de la facilitación del acceso a la tierra, la inmigración, la colonización en unidades productivas diversificadas, la promoción de la agricultura y el comercio, la democracia municipal, la educación rural, etc. Si las realizaciones efectivas de ambos no alcanzaron las dimensiones de sus anhelos fue por la resistencia que encontraron, y por las falencias de quienes los sucedieron. Ricardo de Titto recuerda las propias palabras de Sarmiento al respecto: “Enfrentado al latifundismo –“una oligarquía con olor a bosta”– promueve la pequeña propiedad: “La posesión es el germen fecundo de la población. Donde este derecho no fue respetado, el capital, el favor y la corrupción del poder distribuyeron la tierra entre especuladores y poderosos y permaneció por siglos inculta, despoblada e indivisa”.” No obstante, las colonias santafesinas, San José y sus desprendimientos en Entre Ríos, y Chivilcoy en Buenos Aires, entre otras colonias y pueblos, quedaron como testimonio del potencial de transformación del campo argentino. En alguna medida, sigue siendo una asignatura pendiente, aunque con problemas y desafíos de diferente índole.                         

Pero volvamos a Urquiza. En ocasión del centenario del nacimiento del prócer uruguayense, con motivo de la iniciativa de erigir un monumento que rindiera homenaje a su memoria, ni Mitre pudo evitar reconocer - quizás un poco a desgano, o tal vez valorando sinceramente tras tantos años la estatura histórica de Urquiza  -  que “el libertador de la República que derribó en Caseros la bárbara tiranía y que inició posteriormente la organización constitucional de la República, era merecedor a este honor póstumo”. Y por lo tanto sumó su adhesión a la idea de “realizar el monumento nacional que el país debe a la memoria del vencedor de Caseros y del libertador de la República.”

Finalmente, recordemos las palabras de Sarmiento, a 12 años de la tragedia de San José, publicadas en las páginas del diario El Nacional de Buenos Aires: “El General Urquiza ha sobrevivido a su muerte violenta. La Constitución Argentina y la reunión de la República bajo las mismas instituciones de Gobierno, lo tienen a su frente. Y si el 3 de Febrero perpetúa el día en que fueron tronchadas las cadenas, el de su muerte serviría sólo para deplorar un crimen inútil, pues que la gloria legítima resiste la destrucción del tiempo, que es lo único que puede alcanzar el puñal”.-

 

Bibliografía

Caligaris, Hugo. «El escritor Juan José Sebreli contra todos.» Revista ADNcultura , 3 de Enero de 2009.

Conesa, Eduardo, y Luis Alberto Rey . Economía Polìtica Argentina. Buenos Aires: Prosa Editores, 2020.

Coni, Emilio Angel. La verdad sobre la enfiteusis de Rivadavia. Buenos Aires: Universidad de Buenos Aires, 1927.

de Titto, Ricardo. «Domingo ayer...Sarmiento hoy.» Clarín. 15 de Febrero de 2022. https://www.clarin.com/opinion/domingo-ayer-sarmiento-hoy_0_a6kSflBL8c.html (último acceso: 15 de Febrero de 2022).

Giberti, Horacio C. Historia económica de la ganadería argentina. Buenos Aires: Solar / Hachete, 1970.

Hora , Roy. «El latifundio como idea: Argentina, 1850-2010.» Universidad Nacional de La Pampa. s.f. https://cerac.unlpam.edu.ar/index.php/pys/article/view/3016/3495 (último acceso: 12 de Febrero de 2022).

Lamas , Andrés. «Rivadavia y la legislación de las tierras públicas.» Anáforas - Biblioteca digital de autores uruguayos. Universidad de la República. s.f. https://anaforas.fic.edu.uy/jspui/handle/123456789/48335 (último acceso: 13 de Febrero de 2022).

Revista Ñ. «Juan José Sebreli: “En la Argentina son todos populistas”.» 16 de Noviembre de 2012.

Romero, Luis Alberto. «Reelección: una obsesión de Rosas.» Centro de Estudios de Historia Política. Universidad Nacional de San Martín. 2012 de Febrero de 2012. http://www.unsam.edu.ar/escuelas/politica/centro_historia_politica/romero/rosas%20perfil.pdf (último acceso: 12 de Febrero de 2022).

Ruiz Moreno, Isidoro J. . Vida de Urquiza . Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Claridad, 2017.

Urquiza Almandoz, Oscar Fernando. Hechos, personajes y costumbres de nuestro pasado. Entre Ríos: el autor, 2010.


Publicado en el diario La Calle en cuatro entregas, los días 27 de Noviembre y 4, 11 y 18 de diciembre de 2022.- 

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miércoles, 23 de noviembre de 2022

CARLOS MATUS

Por José Antonio Artusi

No recuerdo bien cuál fue el primer texto de Carlos Matus que leí, pero sí que me cautivó. Me atrajo profundamente la claridad conceptual de sus escritos, la apelación a un razonamiento lógico riguroso, su vinculación elegante entre ideas abstractas y sus experiencias concretas, la vinculación de teoría y praxis, y su llamado a tecnificar la política y a politizar la técnica. Y su enorme y honesta capacidad de autocrítica, de reconocer y aprender de los propios errores.

Carlos Matus nació en Santiago de Chile el 19 de Noviembre de 1931 y murió en Caracas el 21 de Diciembre de 1998. Economista formado en Harvard, fue uno de los colaboradores más cercanos del Presidente Salvador Allende, depuesto por el infausto golpe de Estado del General Augusto Pinochet el 11 de Septiembre de 1973. Durante ese gobierno se desempeñó como Ministro de Economía y Presidente del Banco Central de Chile. Tras el golpe, primero en la cárcel y luego en el exilio tuvo tiempo para reflexionar profundamente sobre los errores de aquella gestión de gobierno. Indagando críticamente en las causas de los fracasos de ese proyecto bien intencionado y honesto pero - en sus propias palabras - “no correcto”, llegó a construir un formidable cuerpo teórico que revolucionó el campo de la planificación y de las técnicas y métodos de gobierno. La influencia de sus ideas permeó diversas disciplinas y cuestionó la validez de los procedimientos de todos los sectores de las políticas públicas. Sus aportes epistemológicos y metodológicos en el ámbito de la planificación estratégica resultaron sumamente valiosos y dejaron atrás paradigmas y procedimientos obsoletos. Las lecciones de Matus siguen constituyendo herramientas muy útiles, si se las interpreta correctamente y no se las congela como un dogma, tanto para urbanistas, economistas, sanitaristas, políticos, etc.

Las preguntas que Matus formuló en una entrevista televisiva en Buenos Aires nos siguen interpelando: “¿Cómo se puede gobernar? ¿Se puede gobernar improvisadamente? ¿Los partidos políticos pueden seguir siendo cómo son? ¿O realmente necesitamos teoría y método para gobernar?” Usando, en sus propias palabras, “el lenguaje duro que exige un estilo anestesiado de hacer política”, muchas de sus provocativas afirmaciones de ese día mantienen, a pesar de los años, lamentablemente, una notable vigencia: 

“¿Qué es lo que caracteriza el estilo de hacer política en América Latina? La mediocridad… un estilo mediocre de hacer política; lo que genera una bajísima credibilidad… ese estilo mediocre de hacer política no puede dar resultados; la gente espera que le solucionen sus problemas, para eso elige a sus gobernantes… No es un problema intelectual, en América Latina sobra inteligencia… Son 5 problemas: 1) La política en nuestros países está desenfocada de los problemas de la gente, la política genera sus propios problemas, y los políticos se dedican a resolver los problemas de la política, no los problemas de la gente… 2) Las dirigencias políticas creen que basta con la improvisación, la experiencia, el buen sentido, y la profesión que han adquirido en la universidad, para gobernar; o sea, creen que un buen médico puede ser un buen ministro de salud, que un buen economista puede hacer buena política económica. Falso. No pueden. Hay ciencias y técnicas de gobierno que se han ido desarrollando a lo largo de los años y que en general los políticos ignoran. Y en esto existe lo que podríamos llamar una disfunción de segundo orden: no saben que no saben… no pueden aprender, y de ahí es que están anestesiados... 3) En nuestros países domina lo que podríamos llamar un sistema de baja responsabilidad; nadie le cobra cuentas por desempeño a nadie, por consiguiente da lo mismo hacerlo bien que mal… eso facilita el estancamiento y la mediocridad… 4) Los partidos políticos son clubes electorales en nuestros países… no tienen centros de formación de sus dirigentes, no se preocupan de la formación de sus líderes, no tienen centros para pensar su país…5) Son sistemas ultra centralizados, están muy distantes de la gente… hay un problema de democratización que pasa por la descentralización profunda del sistema político que tiene que ser abordado”.

Las críticas de Matus exceden el ámbito de la política. Dijo también en esa oportunidad lo siguiente a propósito de las universidades: “No hay ninguna universidad en América Latina donde se enseñe teoría de las macro organizaciones; ¿cómo van a modernizar el aparato público? O sea, hay un problema en la universidad,… está de espaldas a los problemas de gobierno, desde el punto de vista teórico… ¿qué es esta ciencia horizontal, por qué no está en la universidad?”. En Matus la crítica es siempre producto de la autocrítica previa: “… a eso me he dedicado, por haber cometido los errores que cometí”.  Como dice el refrán, al que le quepa el sayo que se lo ponga.

Me animaría a decir que leer a Matus es casi imprescindible para cualquier persona que se quiera adentrar en el mundo de la política y de la gestión pública. Escribió varios libros, todos muy valiosos. Quizás, por el estilo, por la carga emotiva, por ser una extraña combinación de novela y ensayo, sobresale una de sus obras más conocidas, “Adiós Sr. Presidente”, en la que advierte que “hay dos extremos peligrosos. El barbarismo político tradicional, intenso e intrascendente, donde todo se resuelve con anestesia populista, y el barbarismo tecnocrático de moda, que ofrece cirugía radical con olvido de anestesia. La planificación moderna es una respuesta a ambos tipos de barbarismo… Es necesario también que el lector esté advertido del abuso casi extravagante de la palabra estrategia en la literatura sobre planificación para disfrazar viejas concepciones determinísticas. La esencia de la reflexión estratégica reside en el cálculo interactivo propio del juego, donde el otro representa siempre la amenaza de impedir que yo tenga éxito en el logro de las metas de mi plan”.

Me resulta imposible dejar de recomendar - sobre todo a quien tenga o vaya a tener responsabilidades concretas de gobierno – la lectura de una obra posterior, de mediados de los ´90, “Los tres cinturones de gobierno”; en la que señala sin medias tintas que “en general, los líderes políticos tienen una pericia mutilada. Son proclives al inmediatismo, la micropolítica , y a un exceso de confianza en el arte, con menosprecio de los métodos de gobierno. La atracción de la política es tan fuerte, que aún los políticos con buena formación académica y buen nivel intelectual caen en las mismas deficiencias. Son personas inteligentes que han superado un proceso de selección muy duro. Alcanzan experiencia, tienen o desarrollan capacidad de liderazgo, pero poseen una formación intelectual departamentalizada. Son abogados, economistas, ingenieros, sociólogos, médicos, y otros profesionales especializados en alguna disciplina vertical. No saben de métodos de gobierno. No pueden aprender, porque no saben que no saben. Pero, la práctica política ignora esta carencia, porque asume que saben de lo que no saben”. -


Publicado en el diario La Calle, en dos partes, los días 13 y 20 de Noviembre de 2022.- 

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SILVANO SANTANDER (II)

Por José Antonio Artusi

En la Argentina populista parece no haber demasiado espacio para recordar a Silvano Santander. Quizás porque jamás hizo concesiones a la demagogia ni a la corrección política. Decir sus verdades le costó a veces la cárcel, el exilio, y perder elecciones, pero jamás traicionó ni ocultó sus propias convicciones. Muchas de sus frases mantienen plena vigencia, pero quizás pocas han envejecido tan bien como esta: “La demagogia es incompatible con el verdadero sentido y función del gobierno democrático. El demagogo no sólo no soluciona los problemas sociales, sino, por el contrario, los crea, porque es su única forma de gobernar”. Una calle recuerda su nombre en la ciudad de Paraná, pero no es una figura demasiado recordada, aún entre las filas de su propio partido, la UCR. 

Entre las muchas intervenciones memorables que tuvo en la Cámara de Diputados de la Nación vale la pena recordar una en la que expuso con particular elocuencia y lucidez, cuando se debatió en 1947 la ratificación legislativa del decreto ley que reformó el artículo 8º de la ley 1.420 de educación común e implantó la enseñanza religiosa en las escuelas públicas. Expresó en ese momento el legislador entrerriano:

“Yo siento hasta como una necesidad física de rendir mi emocionado homenaje a la ilustre generación del 80, que contribuyó a plasmar el espíritu argentino. Ellos dieron vida y sustancia a las directivas de los Constituyentes del 53, concretaron formas orgánicas y arquitectónicas a nuestra magnífica Constitución, sancionando una serie de leyes que forman el mejor acervo de nuestra legislación, entre ellas la ley 1.420 cuyo espíritu hoy, con total desaprensión, se quiere hacer desaparecer. Los debates de esos días del Congreso argentino siempre tendrán que ser recordados y quedarán ahí, como normas indestructibles, las palabras de prominentes argentinos. Se impuso en definitiva el punto de vista laicista. Esa ley fue el mejor tributo conciliador para nuestro futuro. Los árboles, dice el Eclesiastés, se juzgan por sus frutos. ¿Cuáles han sido los resultados de esta ley? Una Argentina alfabetizada, sin problemas raciales y religiosos. ¿La sanción de la ley 1.420 fue sólo la interpretación de una cláusula constitucional? ¿Se tuvo en cuenta la conformación de nuestro conglomerado social heterogéneo por naturaleza, para que no se produjeran choques entre sus componentes? ¿Se tuvo en cuenta también la necesidad de formar generaciones respetadas y respetuosas, que libremente ofrendaran su fe al Dios de sus creencias? Todo eso, señor presidente, y algo más. Salíamos de la noche de ignominia de la tiranía, en que al grito de “Facundo” y de “Mazorca”, se proclamaba la consigna siniestra “Religión o muerte”, grito revivido hoy en las calles de nuestra metrópoli, asociando el nombre de Cristo Rey con el de Juan Manuel de Rosas. ¡Blasfemia moral, blasfemia histórica, blasfemia argentina, porque no pueden conciliarse dos nombres, aunque sean simbólicos, cuando el uno representa aspiraciones de perfección y solidaridad humana, de felicidad y de grandeza moral, y el otro, dolor, miseria y sangre!”.                

En su libro “Nazismo en Argentina” Silvano Santander también se refiere a la educación. En la parte final del texto expresa lo siguiente:

“No fue suficiente la implantación de la enseñanza religiosa compulsiva, acentuadamente racista. Era menester algo más para no dejar ninguna duda respecto al camino que se seguía. En ocasión de celebrarse el aniversario de la revolución de junio, (se refiere el golpe del 4 de junio de 1943) se dispuso que en todas las escuelas se dieran clases alusivas, exaltando virtudes y valores espirituales que no son los que conforman nuestra tradición histórica”.

Tras citar textualmente los principios a los que debían sujetarse las clases para los grados superiores, Santander los analiza con detenimiento, y por momentos hasta con humor, subrayando “algunas frases que no son sino la repetición de leyendas conocidas”. 

“Primero la Patria que perdura; después las instituciones que cambian”. La Patria es una abstracción. Las instituciones le dan contenido ideal y son su fundamento. Sin éstas, aquella no es nada más que una expresión geográfica. Pero la intención es evidente: hay que cambiar las instituciones.

“La Patria siempre tiene razón”. Así, tomada la expresión en su sentido lato, esto es un disparate. ¿Cómo se podría concretar la premisa? Más, con extensión especulativa, mirando hacia Alemania o hacia la Italia que fue, la frase tiene su hondo sentido. Hitler siempre tiene razón. El Duce siempre tiene razón…

“Somos una nación libertadora e institutora. Por eso tenemos el derecho inalienable de desempeñar una gran función en América”. La circular de los jóvenes militares del Apéndice 1º condensa este pensamiento. El bloque Austral. Tutoría. Imperialismo, en una palabra.

“Debemos cultivar y mantener nuestra personalidad diferenciada dentro del tronco institutor, que es criollo, por lo tanto hispánico y católico”. Hispanidad. Pudo agregarse, aunque fuere como una definición original, que Dios es criollo.

“Ser argentino no constituye una posición pacífica, especulativa o literaria. Ser argentino es una condición dinámica, esencialmente activa”. El sentido heroico de la vida de Mussolini. El dinamismo conceptual de Goebbels.

“Un hijo más es un nuevo centinela de la soberanía”. Un hijo para el Führer, clamaban en Alemania; otro para el Duce pedían en Italia. ¿Para quién será ese hijo en la Argentina?

Vemos, de este modo, que ha invadido la escuela -¡la escuela de Sarmiento!- la ponzoña nazi, con todas las derivaciones destructoras para la niñez argentina, como un tremendo desafío a las generaciones que construyeron el edificio moral y espiritual de nuestro país.”   

Silvano Santander no alcanzó a ver la trágica noche de la dictadura que comenzó el 24 de Marzo de 1976, ni las manifestaciones del terrorismo de Estado que la antecedieron. Sí pudo ver en sus últimos días algunas derivas violentas de movimientos populares. Buena parte de su prédica estuvo dirigida a alertarnos acerca de los riesgos de las doctrinas que sustentaron la acción de quienes por izquierda o por derecha buscaron caminos basadas en la violencia y el autoritarismo.-       


Publicado en el diario La Calle el 6 de Noviembre de 2022.- 


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