martes, 28 de mayo de 2024

JUAN LUIS VIVES Y LA ERRADICACIÓN DE LA POBREZA

Por José Antonio Artusi

Juan Luis Vives nació en Valencia el 6 de marzo de 1492 y murió en Brujas el 6 de mayo de 1540. 25 días después de su nacimiento los Reyes Católicos, Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, promulgaron – a instancias de la Inquisición - el Decreto de Granada, por el que se expulsó a los judíos de España. Aunque suene extraño, tal norma fue derogada oficialmente recién en 1969, por el dictador Francisco Franco. 

Vives pertenecía a una familia de judíos conversos. Su padre fue condenado por la Inquisición y ejecutado en la hoguera, acusado de haber seguido profesando la religión de sus mayores. Los restos de su madre, que había muerto víctima de la peste, fueron desenterrados y quemados. Para ese momento Juan Luis ya había abandonado España, y tras enterarse de la tragedia de su padre juró nunca más volver a su tierra natal. Cabe acotar que desde 2015 una ley otorga el derecho a obtener la ciudadanía española a los descendientes de judíos sefardíes expulsados de España en 1492.

El Ministerio de Cultura del Reino de España lo recordó así en 2023: “figura destacada del humanismo renacentista en Europa, Vives fue un hombre ecléctico y universalista, que avanzó ideas innovadoras en múltiples materias, y propuso acciones en favor de la paz y unión de los europeos y la atención a los pobres”. Amigo de Erasmo de Rotterdam y de Thomas More, Vives desarrolló una intensa labor intelectual y académica en Brujas, Lovaina, Oxford y Londres. 

En 1526 publicó en Brujas un tratado que ha sido considerado uno de los antecedentes de la idea del ingreso ciudadano o ingreso básico universal, De subventione pauperum.

El economista y político brasileño Eduardo Matarazzo Suplicy 1 señala que “al escribir Utopía en 1516, Tomás Moro observó la inutilidad de la pena de muerte, que él argumentó no había logrado reducir los robos, asaltos y homicidios en la Inglaterra del siglo XVI, y que sería mejor sustituirla por un ingreso universal, que eliminaría la “espantosa necesidad de convertirse primero en ladrón y luego en cadáver”. Años más tarde, basándose en las reflexiones de Moro, un amigo suyo, Juan Luis Vives, hizo la primera propuesta para un ingreso básico mínimo en De subventione pauperum, que comunicó al alcalde de Brujas, ciudad flamenca de Bélgica entonces bajo control español. Las obras de Moro y Vives tuvieron gran influencia en las “leyes de pobres” creadas en Inglaterra y más tarde en España”. Matarazzo Suplicy comenta que esas leyes fueron duramente criticadas tanto por Adam Smith como por Carlos Marx, por atentar contra la libertad de los pobres al condenarlos a permanecer dentro de determinado territorio a cambio de la asistencia que recibían. 

Otros autores son más cautos, y entienden que el vínculo entre la obra de Vives y el desarrollo del concepto contemporáneo de ingreso ciudadano, universal e incondicional, si bien no puede negarse, es más bien indirecto. Philippe Van Parijs 2 considera que  “es un amigo íntimo de Tomás Moro quien puede ser considerado como el verdadero padre de la idea de un sistema de ingreso mínimo administrado públicamente, el antecesor de los numerosos sistemas nacionales de asistencia pública actuales y, por lo tanto, podría decirse que es un trampolín crucial en el camino hacia un ingreso básico incondicional” y sostiene que Vives “fue el primero en elaborar un esquema detallado y desarrollar un argumento integral para ello, basado tanto en consideraciones teológicas como pragmáticas”.

Van Parijs sostiene que “el tratado de Vives es la primera expresión sistemática de una larga tradición de pensamiento social y reforma institucional centrada en el ejercicio público de la compasión a través de planes gubernamentales dirigidos a los pobres en función de los recursos económicos. A pesar de las dificultades y dudas que suscitó el funcionamiento de las Poor Laws, los pensadores del nuevo régimen hicieron de la asistencia pública una función esencial del gobierno. Así, Montesquieu en L’Esprit des Lois (1748): “El Estado debe a todos sus ciudadanos una subsistencia segura, una alimentación, un vestido adecuado y un modo de vida que no perjudique su salud”. Esta línea de pensamiento finalmente condujo al establecimiento de esquemas integrales de ingreso mínimo garantizado financiados a nivel nacional en un número creciente de países, más recientemente, el reddito di cittadinanza de Italia (2019) y el ingreso mínimo vital de España (2020)”.

Es importante advertir, tal como lo plantea José Manuel Panea Márquez 3, que “Vives en ningún momento pretende dibujar una semblanza idealizada del pobre. Sabe que en muchas ocasiones no le son imputables la calamidad en la que viven él y los suyos. Y en su crudo enfoque sobre la pobreza llega incluso a considerarla como una enfermedad que, como tal, si no se atiende correctamente, correremos el riesgo de que se extienda como una plaga sobre toda la sociedad”. A su vez, este autor nos alerta que “no debemos pensar que, pese a las críticas de Vives a la acumulación sin escrúpulos de riqueza, éste estaría proponiendo abolir la propiedad privada. Tal inferencia no sería correcta. Vives cuestiona el afán desmedido de lucro, o los modos inapropiados de obtenerlo, mas no la propiedad”.

A casi 500 años de la publicación de De subventione pauperum, los interrogantes que se planteara Juan Luis Vives acerca de las causas y las consecuencias de la pobreza nos siguen interpelando. Las propuestas que el exiliado valenciano imaginó para su tiempo histórico seguramente no nos servirán como recetas para el presente, pero sus ideas siguen constituyendo un valioso aporte a un debate más vigente y necesario que nunca. Un debate que debería llevarnos a idear e implementar las medidas que nos permitan algún día erradicar la pobreza y recordarla como una odiosa rémora del pasado, incompatible con una verdadera democracia republicana. -      

 

1)      https://www.wilsoncenter.org/publication/citizens-basic-income

2)      https://basicincome.org/history/

3)      https://revistas.comillas.edu/index.php/pensamiento/article/view/8345/7964

 

 

Publicado en el diario La Calle el 26 de Mayo de 2024.-

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martes, 21 de mayo de 2024

THOMAS MORE, ENTRE EL VALOR DE LAS UTOPÍAS Y EL RIESGO DE LAS DISTOPÍAS

Por José Antonio Artusi

Se cumplen 89 años de la canonización de Thomas More como santo de la Iglesia Católica por el Papa Pío XI, el 19 de mayo de 1935. En 2000 el papa Juan Pablo II lo proclamó santo patrón de los políticos y los gobernantes,​ tras una petición de numerosos jefes de Estado y de gobierno y parlamentarios, que surgió como iniciativa del expresidente italiano Francesco Cossiga.

Thomas More, más conocido en el mundo de habla hispana como Tomás Moro, nació en Londres el 7 de febrero de 1478 y murió el 6 de julio de 1535, decapitado tras haber sido condenado en un juicio ordenado por el rey Enrique VIII.

Thomas More incursionó en el campo del derecho, la poesía, la literatura, la filosofía y lo que hoy denominamos ciencia política. Su obra más famosa es “Utopía”, una novela en la que por vía de la ficción literaria busca mostrar los rasgos de una sociedad ideal. Las interpretaciones y los juicios sobre la obra de Thomas More fueron y siguen siendo diversos y han generado polémicas e interpretaciones divergentes. De todos modos, sus ideas han sido rescatadas como sustento común para diferentes ideologías.

Algunos autores comparten una corriente de pensamiento que ubica a Thomas More como uno de los pioneros de la idea del ingreso ciudadano o ingreso básico universal, o en realidad de conceptos que pueden tomarse como antecedentes. Philippe van Parijs lo contextualiza argumentando que “con el surgimiento del Renacimiento, la tarea de preocuparse del bienestar de los pobres dejó de ser considerada como un ámbito exclusivo de la Iglesia y de individuos caritativos”. Daniel Raventós, por su lado, en “Las condiciones materiales de la libertad” nos dice que “los antecedentes históricos de la propuesta de la renta básica se remontan bastante lejos en el tiempo. Autores de muy distintas procedencias intelectuales han ido aportando propuestas, ideas, debates que, sin llegar a constituir una proto renta básica, constituyen unos antecedentes cuando menos a tener en cuenta desde una perspectiva histórica”, y señala que “una tenue referencia puede encontrarse ya en la famosa obra “La Utopía” de Tomás Moro”. Otros antecedentes pueden encontrarse en la obra de Joan Lluis Vives (1492 – 1540), amigo de Tomás Moro, un humanista español descendiente de judíos conversos que había huído de la Inquisición y se había afincado en la ciudad de Brujas. Tal como plantea José Manuel Panea Márquez, “para Vives, y aquí estará la originalidad y firmeza de su planteamiento, el problema de la pobreza no puede seguir quedando en el plano de la charitas individual. Tal problemática exigiría, además, una respuesta institucional”.            

Rutger Bregman, un autor holandés que en 2016 publicó un libro titulado no casualmente “Utopía para realistas”, en el que aboga a favor de la renta básica universal, tal como se denomina generalmente en España al ingreso ciudadano, plantea una interesante distinción entre “dos formas de pensamiento utópico. El primero es el más conocido, la utopía del modelo cerrado”; y señala que “en lugar de ideales abstractos, los modelos cerrados consisten en reglas inmutables que no toleran ninguna disensión”. Bregman da como ejemplo de modelo cerrado a “La ciudad del sol” (1602), del poeta italiano Tommaso Campanella… en su utopía, o más bien distopía, la propiedad individual está estrictamente prohibida, todo el mundo está obligado a amar a los demás y pelearse se castiga con la muerte. La vida privada está controlada por el Estado, incluida la procreación”. La conclusión de Rutger Bregman es clara: “víendolo en retrospectiva, cualquiera que lea hoy el libro de Campanella verá indicios escalofriantes de fascismo, estalinismo y genocidio”. Por otro lado, expresa que “sin embargo, existe otra vía de pensamiento utópico que está casi olvidada. Si el modelo cerrado es una foto de alta resolución, entonces este otro modelo es un mero esbozo. No ofrece soluciones, sino guías de buenas prácticas”; y argumenta que “fue con este espíritu con el que el filósofo británico Tomás Moro escribió su libro sobre la utopía (y con él acuñó el término). Más que un modelo cerrado que debe aplicarse de manera inflexible, su utopía era sobre todo una crítica a una aristocracia avariciosa que exigía más lujos mientras la gente común vivía en la pobreza extrema. Moro comprendió que la utopía es peligrosa cuando se toma demasiado en serio”. Rutger Bregman concluye que “las utopías no ofrecen respuestas concretas, y mucho menos soluciones. Tan sólo plantean las preguntas correctas”, pero a la vez reconoce que “ciertamente, la historia está llena de ejemplos terribles de la utopía (el fascismo, el comunismo, el nazismo), igual que toda religión también ha generado sectas fanáticas”, y se pregunta y se responde: “… si un agitador religioso incita a la violencia, ¿deberíamos descartar automáticamente toda la religión? Entonces ¿por qué eliminar la utopía? ¿Deberíamos renunciar por completo al sueño de un mundo mejor? No, por supuesto que no”. Más adelante, asevera que “sin utopía, estamos perdidos. No es que el presente sea malo, al contrario. Sin embargo, si no albergamos la esperanza de algo mejor, se vuelve sombrío. “Para ser feliz, el hombre necesita no sólo el disfrute de esto o lo otro, sino esperanza, iniciativa y cambio”, escribió en cierta ocasión el filósofo británico Bertrand Russell. Y también añadió: “No es una Utopía acabada lo que deberíamos desear, sino un mundo donde la imaginación y la esperanza estén vivos y activos”.”             

Quizás uno de los que con mayor precisión y poesía describió el valor de las utopías haya sido Oscar Wilde, cuando expresó que “un mapa del mundo que no incluya Utopía no es digno de consultarse, pues carece del único país en el que la humanidad siempre acaba desembarcando. Y cuando lo hace, otea el horizonte y al descubrir un país mejor, zarpa de nuevo. El progreso es la realización de Utopías”.-   

 

Publicado en el diario La Calle el 19 de mayo de 2024.-

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miércoles, 15 de mayo de 2024

EL IMPULSO SUICIDA DE OCCIDENTE

Por José Antonio Artusi

Tras el pogromo del 7 de Octubre del año pasado, el peor atentado contra judíos después del Holocausto, en el que miles de personas inocentes e indefensas fueron masacradas, violadas, torturadas y secuestradas, incluyendo bebés y ancianos  - recordémoslo -  por el solo hecho de ser judíos, una ominosa y perversa ola de antisemitismo y antisionismo recorre Occidente, y llega, lamentablemente, a nuestro país.

La actitud de ciertos sectores en Estados Unidos y Europa, por ahora afortunadamente minoritarios, no puede sino ser calificada como una verdadera conducta suicida, propia de quienes sufren una ingenuidad rayana en la estupidez. En las más prestigiosas universidades norteamericanas, y en algunas europeas, estudiantes radicalizados se manifiestan en contra de Israel y supuestamente a favor del pueblo palestino, pero no pueden evitar ser cómplices de organizaciones terroristas y fundamentalistas como Hamas y Hezbolla, y del régimen iraní que los financia y promueve. En una tergiversación perversa y macabra de los hechos se presentan las barbaridades inenarrables del 7O como un acto de legítima resistencia frente a la opresión y se evita prolijamente cualquier forma de solidaridad y reclamo por la liberación de los secuestrados que siguen viviendo la peor de las pesadillas. Una de las acusaciones más absurdas que se hacen sobre Israel consiste en la de perpetrar un genocidio contra el pueblo palestino. En realidad, genocidio es lo que Hamas quiere hacer contra Israel; y es lo que Israel podría hacer y no quiere.

En escenas grotescas que darían risa sino fueran tan patéticas vemos a supuestas feministas y defensores de las minorías sexuales repetir como loros consignas absurdas, cuando precisamente las mujeres y los homosexuales son discriminados y sojuzgados de las maneras más crueles en los países donde rigen los preceptos del integrismo islamista, que negando siglos de avance en pos de la democratización y la secularización de las sociedades, pretenden dar a los mandatos totalitarios de una determinada religión el valor de una ley obligatoria para todos. Seudo feministas omitiendo la denuncia de las horrorosas vejaciones de las que fueron víctimas mujeres judías, evitando solidarizarse tanto con ellas como con las mujeres palestinas e iraníes que sufren la represión de regímenes teocráticos y absolutistas, han hecho decir a la periodista catalana Pilar Rahola, no sin algo de razón, que el feminismo ha muerto. En realidad el feminismo vive, pero no en las imposturas del identitarismo woke occidental, sino en las valientes mujeres iraníes que desafían a los ayatollas, y en las mujeres israelíes que no vacilan en tomar las armas para defender su país y su libertad.      

Militantes de extrema izquierda que no durarían una semana con vida, o al menos en libertad, si osaran repetir sus consignas delirantes en Gaza o Teherán creen ver en el pañuelo palestino la remera del Che y no dejan falacia y tontería por repetir, tergiversando y confundiendo todo de una manera tan evidente que probablemente a los historiadores del futuro les costará explicar tantos dislates. Si el máximo líder de la sangrienta teocracia iraní te felicita es difícil que te puedas percibir socialista, pacifista, laicista y feminista, pero los disparates de la cultura woke parecen obrar milagros.  

En el camino, el antisemitismo campea a sus anchas en los campus universitarios estadounidenses y en las calles de ciudades europeas, tal como en la Alemania nazi de la década del 30 del siglo pasado. Es hora de reconocer que el monstruo ha vuelto, bien que con un ropaje bien distinto, que no logra de todos modos ocultar su esencia perversa. El disfraz más usual consiste en negar que ese discurso reaccionario de odio es antisemita y postular en cambio que se trata de antisionista, como si ser sionista fuera un crimen; cuando en realidad el sionismo no es otra cosa que un movimiento de liberación nacional que defiende el derecho del pueblo judío a la autodeterminación y a tener su propio Estado legitimado y reconocido por la comunidad internacional como garantía última de su supervivencia, en su tierra ancestral. Desde su creación el Estado de Israel no inició ninguna guerra, pero se impuso en todas; entre otras por una razón muy sencilla, Israel no tiene otra alternativa que la victoria, una derrota lo enfrentaría a la trágica perspectiva de su desaparición, con lo que ello significaría para los judíos en todo el mundo. Y agrego, con lo que ello significaría para todos quienes se identifican con la libertad y la democracia. Israel enfrenta, casi solo, una guerra que no terminaría allí si la consigna genocida “desde el río hasta el mar”- o sea, borrar a Israel del mapa - se convirtiera en realidad. El integrismo salafista iría por todo, tal como se encargan de proclamarlo con absoluta sinceridad y honestidad intelectual sus ideólogos. Ahí están las persecuciones y matanzas de cristianos en países africanos y asiáticos para corroborarlo. Persecuciones que no despiertan la más mínima compasión ni solidaridad en el Occidente cristiano, por extraño que parezca. El integrismo yihadista no sólo mata en Medio Oriente, ya lo ha hecho en New York, París y Buenos Aires. Y sus líderes admiten orgullosos y entusiastas que lo volverían a hacer en pos de instaurar un califato global. ¿Qué más hace falta para que les creamos?       

Israel es el canario de Occidente. Tal como los canarios avisaban a los mineros cuando empezaba a faltar el oxígeno, lo que le pase a Israel y a los judíos sólo adelanta lo que le podría pasar a otros. Que el Estado de Israel, la única democracia liberal en Medio Oriente, se imponga frente a quienes abogan por su desaparición, y que el régimen oscurantista de Irán dé paso a un gobierno democrático que devuelva las libertades a su pueblo es un tema que debería importarnos a todos. Si no es por solidaridad y compromiso con ideales humanistas que por lo menos sea por interés.-

 

Publicado en el diario La Calle el 12 de mayo de 2024.-  

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martes, 7 de mayo de 2024

LUIS MARÍA RODRÍGUEZ Y LAS FINANZAS PÚBLICAS PROVINCIALES

Por José Antonio Artusi

Luis María Rodríguez nació en 1901 y murió el 7 de Noviembre de 1981, poco antes de cumplir 80 años. Al igual que dos de sus hermanos, José Antonio y Héctor, abrazó la causa del radicalismo yrigoyenista. Víctor, por su parte, fue uno de los principales dirigentes del Partido Comunista en Concepción del Uruguay (una calle de nuestra ciudad lleva su nombre).

Enrique Pereira lo recuerda así en su reseña biográfica: “ciudadano probo, inteligente, sencillo, y portador del singular apodo de Solapa”.

“Solapa” Rodríguez estudió abogacía en la Universidad de Buenos Aires y tras regresar a su ciudad natal se desempeñó como defensor de pobres y menores y posteriormente fiscal en el Juzgado Federal.

Tuvo una intensa y prolongada actuación en la Unión Cívica Radical, donde llegó a ejercer numerosas responsabilidades a nivel departamental, provincial y nacional. Internamente militó en las filas del unionismo, junto a destacadas figuras de la época como Silvano Santander, a quien lo unió una estrecha amistad. En épocas de intolerancia y autoritarismo ayudó a numerosos perseguidos por el gobierno a cruzar a la República Oriental del Uruguay en procura de asilo político    

En 1935, con sólo 33 años, Luis María Rodríguez fue designado por el Gobernador Eduardo Tibiletti como Ministro de Hacienda de la provincia de Entre Ríos, cargo que ocupó hasta 1939, al decir de Enrique Pereira “con eficiencia y sentido de progreso”. Durante la gestión de Ambrosio Artusi como Presidente Municipal entre 1939 y 1943 estuvo a cargo, ad honorem, de la asesoría letrada del municipio.  En 1943 fue electo senador por el departamento Uruguay, pero el golpe del 4 de Junio de ese año y la intervención de la provincia le impidieron ejercer la representación de la voluntad popular. En 1963 su prestigio y predicamento lo llevaron a presidir el Colegio Electoral que consagró la fórmula integrada por Arturo Umberto Illia y Carlos Humberto Perette como Presidente y Vice de la Nación respectivamente. El Presidente Illia lo designó vicepresidente de la empresa Agua y Energía Eléctrica.

Su pasión por la política y su dedicación a la función pública estuvieron acompañadas por su participación en diversas entidades y su labor como productor agropecuario. Presidió el Colegio de Abogados de Entre Ríos y la Sociedad Rural de Concepción del Uruguay, y fue uno de los fundadores de la Cooperativa Ganadera “El Pronunciamiento”.

En Enero de 1936 la revista “Hechos e Ideas” publicó un artículo de su autoría titulado “Las finanzas entrerrianas”. La redacción del medio presentaba al autor como “el joven y dinámico Ministro de Hacienda”. Es interesante recordar algunos de los párrafos de ese trabajo; muchos de sus conceptos gozan de una extraordinaria vigencia, y ciertas expresiones podrían perfectamente ser enunciadas hoy por cualquier ministro de economía de las provincias argentinas:

“Es muy fácil equilibrar el Presupuesto haciendo cálculos alegres sobre una recaudación que no es probable ni posible. Cuando hablo de equilibrar el Presupuesto para terminar con los déficits, lo hago con la convicción profunda de servir los intereses de la Provincia, que también son los intereses de la Nación. Es necesario para siempre, aunque considero una obra ciclópea, terminar con los sucesivos déficits que están lastrando la vida de la administración”.

“El papel del Ministro de Hacienda en las actuales circunstancias es el más difícil, cumple la función más ardua. En todas partes se le aconseja que introduzca severas economías y, al mismo tiempo, se le pide que haga obra de gobierno”.

“He creído que la única forma de hacer finanzas sanas es hacer resurgir la economía. Pero si hacemos un cálculo exagerado y gastamos de acuerdo con ese optimismo, tendríamos que cubrir los nuevos déficits con nuevas gabelas, o lanzar otros empréstitos de consolidación”.

“… demostré con cifras y porcentajes que los impuestos de Entre Ríos eran los más moderados del país…; … la contribución territorial de la Provincia de Entre Ríos es también un impuesto leve, uno de los más moderados de todo el país. … Conceptúo que si alguna rebaja debe hacerse conforme a los principios preconizados por la ciencia financiera no es precisamente en los gravámenes sobre la tierra, porque precisamente los sociólogos y economistas, entre ellos Stuart Mill, Wallace, y principalmente Henry George, consideran que debe ser la única materia imponible por ser la contribución más justa ya que incide sobre aquel que tiene el privilegio de tener el dominio y la posesión de la tierra, factor principal de la producción y de la renta. Sin embargo, se pide la rebaja de esa contribución que es el gravamen más justo y equitativo que existe en todos los regímenes financieros del mundo y mucho más en nuestra provincia que es un Estado nuevo en pleno crecimiento y desarrollo. Injustos son los impuesto al consumo… y esa gabela que tantos recursos da al Estado grava a las clases humildes, a los trabajadores… Establecía el Profesor Jeze en el estudio sobre las finanzas argentinas que el impuesto más justo, el impuesto socialmente más equitativo, era precisamente el impuesto de contribución directa a la tierra porque aquí, país nuevo en pleno crecimiento, todas las fortunas se han hecho por el mayor valor que día a día adquiere la tierra, no por el esfuerzo exclusivo del propietario sino por el trabajo social de todos los componentes de la República. Tenemos la prueba aquí y en muchas partes del país”.          

Cabe aclarar que los impuestos al consumo mencionados son el equivalente al actual impuesto a los ingresos brutos, mientras que la contribución territorial se asemeja al actual impuesto inmobiliario, pero con una salvedad; regía desde 1934 la ley 3006, promulgada en el gobierno de Luis Lorenzo Etchevehere, que establecía sabiamente que “el impuesto de contribución directa rural y urbana se abonará sobre el valor de la tierra libre de mejoras”, vale decir que – a diferencia de lo que sucede actualmente – estaban completamente exentas del tributo las construcciones y mejoras.-

 

Publicado en el diario La Calle el 5 de Mayo de 2024.-          

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lunes, 29 de abril de 2024

JOSÉ BENJAMÍN ZUBIAUR Y LA EDUCACIÓN PÚBLICA

Por José Antonio Artusi

José Benjamín Zubiaur nació el 31 de Marzo de 1856 en Paraná y murió en Buenos Aires el 6 de Septiembre de 1921. Estudió en el Colegio del Uruguay, en el que luego fue profesor, y fue uno de los promotores y el primer presidente de la Asociación Educacionista La Fraternidad. Egresó con el título de abogado de la Universidad de Buenos Aires pero no ejerció la profesión y dedicó sus mejores esfuerzos a la mejora de la educación pública.  En 1886 fue uno de los fundadores de la revista pedagógica La Educación. En 1889 fue delegado por el gobierno nacional y por las provincias de Entre Ríos y Corrientes al Congreso Pedagógico Internacional que se realizó en París, en el ámbito de la Exposición Universal, en ocasión del Centenario de la Revolución Francesa. Allí conoció al Baron de Coubertin, quien lo propuso en 1894 para integrar el primer Comité Olímpico Internacional. Zubiaur ejerció la rectoría del Colegio del Uruguay entre 1892 y 1899 y posteriormente se desempeñó como Director General de Escuelas de la Provincia de Corrientes y Director de Instrucción Pública del Ministerio de Educación de la Nación, cargo desde el que impulsó la creación de escuelas rurales en La Pampa y Misiones. Aunque se mantuvo alejado de la actividad política, en 1903 integró la convención que reformó la Constitución de la Provincia de Entre Ríos en, única ocasión en la que desempeñó un cargo electivo. Se lo recuerda a Zubiaur como un pionero defensor de la educación física, de los viajes educativos, de la creación de escuelas industriales y de adultos, y de la incorporación de actividades prácticas e innovadoras como la fotografía, etc.

En momentos en que la educación pública, laica, gratuita y obligatoria recibe embates desde diversas posiciones, es oportuno recordar la prédica de Zubiaur, y verificar como sus propias palabras adquieren una renovada vigencia en algunos aspectos y conservan en otros algunas rémoras propias de su tiempo:

El 9 de Septiembre de 1896 José Benjamín Zubiaur pronunció una conferencia en los salones de la Sociedad Unión Uruguaya, cuya transcripción fue publicada en un folleto titulado “Gobernar es Educar”, del que extraemos el siguiente párrafo:

“La fórmula de Alberdi “gobernar es poblar” ha hecho ya su reinado, no porque el país no necesite más población extranjera que signifique progreso moral o material, sino porque la corriente inmigratoria está ya establecida debido a la libertad de nuestras leyes y a la fecundidad y riqueza de nuestro suelo, y que debe ser reemplazada por la que tienda a mantener, estimular y desarrollar el espíritu genuinamente nacional-americano y democrático-liberal. La nueva fórmula que responda a ese ideal no puede surgir sino desde la educación, yunque en que se forja el destino de los individuos y de las colectividades…”.  

Por otro lado, si bien el propio Zubiaur se jacta en la mencionada conferencia de haber sido “el primero en abrir a la mujer argentina la cátedra secundaria”, su posición está lejos de plantear una concepción igualitaria y no deja de caer en una injusta discriminación machista, en buena medida generalizada en ese tiempo histórico: “fuera de la ciencia, que no necesita dominar, la mujer debe saber lavar, planchar, coser, remendar, cocinar, etc; para ser la reina y señora del hogar y factor más eficiente para la estabilidad y progreso de las naciones. Este no excluye, por supuesto, que ellas puedan participar de los estudios superiores casi exclusivamente destinados a los hombres hasta la fecha. Vayan hacia ellos también, que bien pueden hacerlo sin mengua de su gran misión, pero sin olvidarla”. El mismo Zubiaur reconoce que “no quiere ser sindicado tampoco de que, a trueque de rendir tributo a preocupaciones del momento, desconozca lo que, a su juicio, es la verdadera misión de la mujer en el mundo”.    

Zubiaur no ignora el peso de la educación en la configuración de las condiciones materiales que permiten el ejercicio de las libertades y la construcción de una ciudadanía efectivamente democrática. Diversos fragmentos de textos de su autoría dan cuenta de esa preocupación:

“No son grupos selectos, sino masas ilustradas y trabajadoras las que constituyen la base firme de los pueblos democráticos, en los que cada ciudadano no debe ser solamente actor de sus propios destinos sino de los de la sociedad en que vive y actúa”.

“El día en que la mayoría se convierta en productora o distribuidora de la producción nacional o extranjera, ese día marcará la era positiva de la nacionalidad argentina, porque sólo entonces tendrá garantizada su independencia económica, base inconmovible de su soberanía, puramente teórica si sólo ha sido declarada en constituciones o leyes o se funda sólo en antiguas acciones gloriosas”.

Para Zubiaur, en síntesis, la educación pública debía propender a formar “seres robustos de cuerpo, inteligencia y carácter y cuya independencia económica esté garantizada mediante una ocupación o aptitud manual, deben ser los productos de una buena educación democrática y humana, que excluya lo sobrenatural, pero intensifique el ideal y tienda a suprimir la clase, ampliando cada vez más la esfera de la igualdad. El progreso, a que está sujeto el ser humano, impone el trabajo como primera condición de vida”.- 

 

Publicado en el diario La Calle el 28 de Abril de 2024.-

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martes, 23 de abril de 2024

VOLVER A ALBERDI

Por José Antonio Artusi

Juan Bautista Alberdi nació en Tucumán el 29 de Agosto de 1810 y murió en Neuilly-sur-Seine, Francia,  el 19 de junio de 1884. Por diversas razones, cerca del 140º aniversario de su muerte, Alberdi vuelve a estar de moda, lo que no deja de ser una buena noticia. En tanto moda, el renovado interés en el autor de las “Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina” puede ser una cuestión meramente superficial y pasajera, o bien puede constituir un rescate genuino de su pensamiento, trayéndolo al presente desde su conocimiento cabal y desde un análisis riguroso de la vigencia de sus postulados.   

Para Roberto Cortés Conde “Alberdi como Sarmiento y los hombres de su generación no escribían por un interés solamente intelectual; su propósito era, por sobre todo, influir en los acontecimientos, explicar, divulgar y promover ideas que contribuyeran al progreso del país”. Cortés Conde asevera que Alberdi “sostuvo que el sistema económico de nuestra Constitución es uno de libertad tal como lo había concebido Adam Smith”, y en el prólogo de una edición de su libro “Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina según la Constitución de 1853”, plantea que “en esta obra Alberdi delineó el programa económico de la Constitución que, finalmente organizada la Nación, se llevó a la práctica con notable éxito”.       

El economista Eduardo Conesa señala que “Alberdi, el diseñador de las grandes líneas de nuestra Constitución histórica conocía perfectamente la obra y la escuela de Adam Smith. Y luego de prodigar elogios sin par a este autor por ensalzar el valor del trabajo como fuente verdadera y última de la riqueza, dice sin medias tintas en su ya citado libro sobre el sistema económico y rentístico de la Constitución Argentina: “A esta escuela de libertad pertenece la doctrina económica de la Constitución Argentina y fuera de ella no se deben buscar comentarios ni medios auxiliares para la sanción del derecho orgánico de esta Constitución”. Es interesante destacar que Conesa hace esos comentario sobre Alberdi en el marco de la fundamentación de su propuesta de una reforma al sistema impositivo argentino, al establecer un impuesto nacional  al valor venal de las tierras urbanas y rurales libres de mejoras en sustitución de los impuestos a los ingresos brutos provinciales y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que “tendría consecuencias sinérgicas importantes para el aumento de la producción agropecuaria, la expansión de la industria de la construcción, la creación de empleos, el aumento de los salarios reales en un 12%, la mejora en la recaudación impositiva provincial, municipal y nacional. Además de promover la correspondencia fiscal, la reducción de la evasión y la justicia distributiva conjuntamente con la eficiencia económica”. No casualmente, también recurre a Adam Smith para fundamentar su propuesta: “ya en el Libro V Capítulo 2 de La riqueza de las Naciones de 1776, parece favorecer el impuesto a la renta de la tierra y hace referencias a la “ingeniosa teoría” de los fisiócratas franceses al respecto”.

Dejemos, para finalizar, que Alberdi nos hable con sus propias palabras, en su “Sistema económico y rentístico…”:

“Los medios ordinarios del llamado sistema protector o proteccionista consistente en la prohibición de importar ciertos productos son vedados de todo punto por la Constitución Argentina... semejantes medios son la protección dada a la estupidez y a la pereza, el más torpe de los privilegios”.

“En el interés de la población y del bienestar y prosperidad de la República Argentina, propósitos supremos de su Constitución vigente, la ley orgánica, inspirada en esas miras, debe reglar el sistema del arrendamiento territorial, de modo que sirva para colocar la tierra al alcance de los inmigrantes y nuevos pobladores. Conviene reorganizar el arrendamiento territorial en provecho del arrendatario, y no del propietario ocioso y explotador, al revés de nuestro actual sistema de origen romano-feudal, ineconómico y estéril, que sacrifica el trabajo, la población y la riqueza al ascendiente de los señores de la tierra.”

“No tengo noticia de que Constitución alguna de ambas Américas, ni de ningún país del mundo, iguale a la Argentina en espíritu de hospitalidad y de fraternidad hacia el extranjero;…”

“La Aduana entra pues, en el número de los males inevitables de la República Argentina, como figura en las rentas de los países más libres de la Tierra. Es un legado doloroso de los errores de otros siglos. Sin embargo, al legislador le incumbe reducirlo a sus menores dimensiones…”.

“Lo que agota y destruye la riqueza privada no es la contribución, pues al contrario ésta la defiende y conserva; es el despojo, el pillaje que hace el despotismo, no para sus gastos, sino para sus excesos. Aunque el despotismo suele nacer por su propio instinto, como cualquier animal dañino, uno de los medios de provocar su aparición, es negar la contribución legítima al gobierno de libertad. Si matáis por hambre al gobierno legítimo, le reemplaza el despotismo, que con sable en mano os arrebata el pan de la boca y os reduce a la desnudez. El gobierno libre come lo mismo que el gobierno tirano, y de eso vive. La contribución es su alimento; arrebatársela es fundar el despotismo, y perder toda la fortuna por haber querido ahorrar una pequeña parte.”

Volvamos a Alberdi, pero en serio. Volvamos a un liberalismo republicano e igualitario, cerca de nuestras mejores tradiciones, y lejos de inconducentes delirios anarquistas.-        

 

Publicado en el diario La Calle el día 21 de Abril de 2024.-

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sábado, 20 de abril de 2024

LA SEGUNDA REPÚBLICA ESPAÑOLA Y LA EDUCACIÓN

Por José Antonio Artusi

Se cumplen 93 años de la proclamación de la Segunda República Española. El 14 de Abril de 1931, tras las elecciones de concejales en las que las fuerzas republicanas se impusieron en la mayoría de las ciudades más importantes, el rey Alfonso XIII marchó al exilio y se proclamó el nuevo régimen político que sucedió a la monarquía. El poeta Antonio Machado saludó la ilusión que generaba ese histórico acontecimiento: «¡Aquellas horas, Dios mío, tejidas todas ellas con el más puro lino de la esperanza, cuando unos viejos republicanos izamos la bandera tricolor en el Ayuntamiento de Segovia!».​ El período republicano sería breve, traumático, y culminaría abruptamente tras la cruenta guerra civil que se libró a partir de 1936, el 1º de Abril de 1939, dando paso a la dilatada dictadura franquista.  

El historiador Rafael Linde Ruiz* nos dice que “en 1931 España era un país con un número insuficiente de escuelas, muchas de las cuales eran muy pequeñas, simples habitaciones incluso. El número de maestros era muy bajo y su formación, muy pobre. Los diferentes gobiernos republicanos establecieron un plan en Educación que estaba centrado en la construcción de más escuelas, la mejora de la formación de los docentes, su mejora salarial, y la introducción de aspectos como el laicismo, que hubiera niños y niñas en la misma clase, enseñanza gratuita, etc. Este programa de reformas se aplicó con gran esfuerzo por parte de la República, ya que la Crisis económica internacional de 1929 influyó mucho en España y en el resto de Europa. Dicho programa se encontró con la oposición de la cúpula de la Iglesia Católica y parte de los políticos conservadores estaban en contra de esta reforma educativa porque la veían como una amenaza a sus privilegios y a lo que ellos entendían como la tradicional moral cristiana. Después del golpe de Estado político – militar de 1936 y la guerra, el plan educativo fue suspendido en el territorio rebelde (con quema de libros incluida en muchas ciudades de nuestro país) y cancelado definitivamente tras 1939.”

Continúa el mencionado historiador español señalando que “tras la proclamación de la República en abril de 1931, se quiso hacer de la Educación uno de los proyectos estrella de la democracia republicana. Para ello, y acorde con el proyecto reformista general, se reformó la educación en todos sus niveles. Se apoyó la promoción de metodologías de enseñanza activas, la creación de escuelas públicas, la reforma de los planes de estudio existentes o la implantación de la coeducación (niños y niñas juntos en la misma aula) y la laicidad de la educación. Un Decreto del 15 de abril de 1931 del Gobierno provisional resumía la importancia que iba a tener la educación desde el primer momento: “El gobierno Provisional de la República sitúa en el primer plano de sus preocupaciones, los problemas que hacen referencia a la educación del pueblo. España no sería una auténtica democracia mientras la mayoría de sus hijos por falta de escuelas se vean condenados a la perpetua ignorancia”. Otra historiadora española, Consuelo Domínguez, abona el razonamiento: “Efectivamente, [la Educación] fue la piedra angular de todas las reformas: había que implantar un Estado democrático y se necesitaba un pueblo alfabetizado. Era el Estado educador”. ¡Cómo no reconocer en las palabras de ambos un vínculo con la prédica de Sarmiento y tantos otros de nuestros próceres del siglo XIX!

Rafael Linde Ruiz menciona que ”las influencias para aplicar este plan fueron varias: El regeneracionismo de Costa, la Institución Libre de Enseñanza (ILE, fundada en 1876 por Julián Sanz del Río), los grupos de pedagogos que habían viajado sobre todo por Francia, Reino Unido y la Alemania de Weimar, que aprendieron las teorías educativas de los teóricos de la enseñanza de ese momento. Una de estas figuras fue el pedagogo manchego Lorenzo Luzuriaga (1889-1959), que decía que la educación debía ser laica, gratuita, mixta y administrada por el Estado”. A su vez enfatiza que “a las dificultades financieras que hubo para sacar adelante estas medidas educativas, hubo que sumar la oposición que los obispos de la época presentaron contra el programa educativo laico del gobierno republicano español, a la que llegaron a implicar al conservador Papa Pio XI (Papa que luego sería tristemente famoso por varias polémicas debido a su ambigüedad con los fascismos en los años de la 2GM)”.

El artículo 48 de la Constitución de 1931 establecía que “el servicio de la cultura es atribución esencial del Estado, y lo prestará mediante instituciones educativas enlazadas por el sistema de la escuela unificada. La enseñanza primaria será gratuita y obligatoria. Los maestros, profesores y catedráticos de la enseñanza oficial son funcionarios públicos. La libertad de cátedra queda reconocida y garantizada. La República legislará en el sentido de facilitar a los españoles económicamente necesitados el acceso a todos los grados de enseñanza, a fin de que no se halle condicionado más que por la aptitud y la vocación. La enseñanza será laica, hará del trabajo el eje de su actividad metodológica y se inspirará en ideales de solidaridad humana…”.

En la República Argentina la educación era laica, gratuita, mixta y administrada por el Estado desde 1884, cuando esos principios fueron consagrados por la ley 1420, que el próximo 8 de Julio cumplirá 140 años. Y el conflicto con la Iglesia Católica había sido resuelto con firmeza no exenta de diplomacia por el presidente Julio Argentino Roca medio siglo antes.-

* La Educación durante la II República Española (II)

 https://www.lavozdelarepublica.es/2021/04/la-educacion-durante-la-ii-republica.html

 

 

Publicado en el diario La Calle el 14 de Abril de 2024.-

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lunes, 8 de abril de 2024

LA DECLARACIÓN DE AVELLANEDA Y LA “INTANGIBILIDAD DE LAS LIBERTADES”

Por José Antonio Artusi

Se cumplieron el 4 de Abril 79 años de la “Declaración de Avellaneda”, documento político emitido por el Movimiento de Intransigencia y Renovación de la Unión Cívica Radical en la localidad bonaerense que le da su nombre. La comisión redactora estuvo integrada por Gabriel del Mazo, Arturo Frondizi, Moisés Lebensohn y Antonio Sobral. Entre los firmantes aparecen figuras relevantes del radicalismo como el entrerriano Bernardino Horne, Crisólogo Larralde, y Ricardo Balbín.

Acusada a menudo de socializante, reivindicada por algunos entonces y ahora, y a la vez criticada por propios y extraños en diversos momentos históricos, podría especularse que una adecuada interpretación de tan relevante documento es aún una asignatura pendiente.  

Es frecuente observar en quienes, desde adentro o afuera, reclaman la necesidad de que el radicalismo vuelva a sus fuentes liberales, generalmente referenciadas en las ideas de Alem y Alvear, una crítica acerba del contenido de la Declaración de Avellaneda, visualizándola como una suerte de desviación del cuerpo doctrinario original de la UCR. Estas líneas pretenden ser una invitación a mirar críticamente tal visión, y apuntan a concluir que, en realidad, la Declaración de Avellaneda no fue más que una actualización de la vieja identidad radical, adecuada a las exigencias del mundo de mediados del siglo XX, y más aún, que conserva en buena medida plena vigencia.

Suele contraponerse el término “social demócrata” al término “liberal”. Sostengo que es una concepción limitada y que conduce a equívocos. La Declaración de Avellaneda marcó el rumbo que debía asumir un partido liberal, y a la vez social demócrata, y no incurrió en ninguna contradicción.

Veamos concretamente algunos de sus contenidos y analícémoslos en profundidad.

“En lo político, afirmamos el régimen republicano, representativo, federal y parlamentario, fundado en el voto secreto, universal y obligatorio, con exclusión de toda forma corporativa que intente sustituir la voluntad nacional que reside en el pueblo. Pero para que este sistema político alcance todas sus posibilidades de desarrollo, debe alentarse el renacimiento de la vida municipal, ya que el municipio está en la base de toda estructura democrática”. Liberalismo puro y duro, en la línea de la sabia Constitución Nacional de 1853. La reforma de 1994 y la enorme mayoría de las constituciones provinciales recogieron luego el principio de la autonomía municipal.

“La tierra será para los que la trabajen, individual o cooperativamente, es decir, dejará de ser un medio de renta y especulación para transformarse en un instrumento de trabajo y de beneficio nacional y la producción agraria será defendida de la acción de los monopolios y de los acaparadores”. Es este párrafo seguramente uno de los que dio lugar a mayor cantidad de malos entendidos. No se trata de una reforma agraria colectivizante lo que se propone, sino todo lo contrario, de poner la tierra al alcance de quienes quieran trabajarla en condiciones de libre competencia, de ahí la necesidad de la lucha contra los monopolios. Y la forma de lograrlo está estipulada a continuación en otro párrafo, cuando se propone una “reforma financiera que libere al trabajo de las gabelas que lo agobian y haga recaer el impuesto en forma progresiva sobre las rentas no ganadas con la labor personal restituyendo a las provincias las atribuciones económicas y financieras que le corresponden dentro de nuestro sistema federal de gobierno”. Cuando se habla de las “rentas no ganadas” es imposible no escuchar el eco de las ideas de economistas liberales clásicos como Adam Smith o John Stuart Mill, que abogaban por gravar las rentas del suelo, por diversas razones de eficiencia y equidad, y que llevaron luego a un insospechado de comunismo como Milton Friedman a aseverar que la vieja idea de Henry George, el impuesto a la tierra libre de mejoras, era el menos malo de los impuestos.  

“Nacionalización de todas las fuentes de energía natural”. He aquí otro enunciado que ha sido mal interpretado. Nacionalizar los hidrocarburos, como querían Yrigoyen y Mosconi, no es otra cosa que lo que hizo Arturo Frondizi siendo presidente, haciendo realidad uno de los postulados de la Declaración de Avellaneda. Y no se trató de ninguna medida de tinte comunista. Se trató simplemente de asegurar que los bienes creados por la naturaleza sean del dominio de la Nación, más allá de que luego su explotación pueda ser llevada adelante por empresas estatales o privadas, tal como lúcidamente lo entendió el Presidente Frondizi, sin desviarse un ápice de la ortodoxia doctrinaria del radicalismo hasta ese momento. Es sabido que lamentablemente luego en 1994 ni el radicalismo ni el peronismo sostuvieron la tesis nacionalista y quedó consagrada una seudo provincialización de funestas consecuencias, todavía no suficientemente advertidas.   

“A todas las actividades económicas que no estén comprendidas en ese proceso de nacionalización debe asegurárseles una amplia libertad económica, sin trabas artificiales creadas por los poderes públicos, por la especulación o por las grandes concentraciones de capitales. En tal forma se concilian los intereses de la Nación, que es la que debe orientar nuestro desarrollo material, con el principio de la libertad económica, que dentro de un plan para el progreso social argentino, tiene una función creadora que desempeñar mediante la iniciativa privada”. Liberalismo del bueno, alejado de visiones reduccionistas, ingenuas o fundamentalistas.

“La concepción integral que tiene la Unión Cívica Radical sobre los problemas argentinos, hace que no se reconozca sentido ni trascendencia a ninguna política económica, social, cultural e internacional, si no es sobre la base de la intangibilidad de las libertades individuales…”. O sea, el liberalismo económico no puede sino ir de la mano del liberalismo político, social y cultural.  

A 79 años de su proclamación, la Declaración de Avellaneda nos sigue alentando a debatir en serio, con pensamiento crítico y sin prejuicios ni simplificaciones inconducentes.-

 

Publicado en el diario La Calle el día 7 de Abril de 2024.-

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martes, 2 de abril de 2024

A 140 AÑOS DE LA LEY 1420, POCO QUE FESTEJAR (Y MUCHO POR RECUPERAR)

Por José Antonio Artusi

El 8 de Julio de 1884, con las firmas del Presidente Julio Argentino Roca y el Ministro de Justicia e Instrucción Pública Eduardo Wilde, se promulgó la ley 1420 de educación común, pública, laica, gratuita y obligatoria. Ambos, ya lo hemos recordado en otra oportunidad, habían estudiado en el Colegio del Uruguay fundado por Justo José de Urquiza, el primero laico de la República Argentina. Se cumplirán dentro de poco 140 años de esa histórica norma, pilar fundamental en la construcción del sistema educativo de nuestro país.

La tarea para llegar a esa ley trascendente no había sido sencilla ni había estado exenta de conflictos y arduas polémicas. Lo que no había logrado el erudito Sarmiento lo conseguía el militar Roca, acompañado del médico Wilde y del abogado Onésimo Leguizamón, en ese entonces diputado nacional, otro ex alumno del histórico colegio.

Un enorme caudal de inmigrantes de las más diversas culturas y religiones encontró en la Argentina un lugar donde vivir en paz y progresar. Si no vinieron más, y si muchos se volvieron o buscaron otros destinos obedece a otras causas, y es obvio que ese déficit no puede atribuirse al sistema educativo. Por el contrario, la escuela pública argentina integró e hizo conciudadanos y compatriotas a niños y jóvenes que a menudo no compartían origen, ni religión, ni clase social.

Los edificios escolares como palacios cívicos con los que soñaba Sarmiento, al servicio de la construcción de ciudadanía que significaba “educar al soberano” de una república comenzaron a dejar su huella indeleble en toda la geografía nacional. La arquitectura, “testigo insobornable de la Historia”, al decir de Octavio Paz, nos sigue aún hablando de una época en la que el Estado asignaba a la educación común una importancia primordial, que no se agotaba en las normas sino que se corporizaba en los presupuestos y en la inspiración de las políticas públicas.

La educación como eje estratégico de un proceso de consolidación del sistema representativo consagrado en la Constitución sufriría embates luego a partir de 1930 y 1943, incluyendo la derogación del contenido laicista de la ley 1420. Pero de todos modos el sistema educativo argentino, edificado sobre cimientos tan fuertes y nobles, logró perdurar, aún  en medio de crisis recurrentes, como una herramienta que favoreció la integración social, la movilidad social ascendente y algunos logros notables en materia de desarrollo científico y tecnológico, con repercusiones en la industrialización y el crecimiento económico.     

Cada vez que se discutieron las implicancias de la ley 1420 se debatió mucho más que un mero programa educativo. En esencia, aún con matices, lo que estuvo en disputa fue un conflicto entre una visión liberal, progresista y republicana, enfrentada a otra conservadora, integrista y reaccionaria.

En 1947, en ocasión de tratarse en la Cámara de Diputados de la Nación la ratificación del decreto ley dispuesto por un gobierno de facto en 1943, que reformó el artículo 8º de la ley 1420 e impuso la enseñanza religiosa en las escuelas públicas, se pudieron escuchar algunas voces que dieron cuenta del significado profundo de tal reforma.   

Silvano Santander recordó en esa oportunidad que “el Estado – bien lo dijo ese otro romántico enamorado de la libertad que fue Esteban Echeverría – como cuerpo político, no puede tener una religión, porque no siendo persona individual carece de conciencia propia; agregando que el principio de la libertad de conciencia jamás podrá conciliarse con el dogma de la religión del Estado”. Agregó el diputado Santander, a propósito de los debates que derivaron en la sanción de la ley, que “se impuso en definitiva el punto de vista laicista. Esa ley fue el mejor tributo conciliador para nuestro futuro. Los árboles, dice el Eclesiastés, se juzgan por su frutos. ¿Cuáles han sido los resultados de esta ley? Una Argentina alfabetizada, sin problemas raciales y religiosos”.

Más cerca en el tiempo, en 1995, en su libro “Sur, penuria y después”, y sobre otros aspectos como la gratuidad y el deterioro de la escuela pública, Aldo Neri alertaba que “a veces, para ser realmente progresista, hay que elegir opciones conservadoras de viejas prácticas: la gratuidad estatal en el nivel básico fue una política exitosa en aquellos países latinoamericanos que la aplicaron durante décadas. Su paulatino desplazamiento hacia la privatización y el servicio educativo fue el resultado de la decadencia del viejo Estado y la simultánea mayor fractura social. No sería legítimo prohibir estas tendencias contemporáneas, pero menos aún lo sería estimularlas. La construcción del nuevo Estado para una sociedad de bienestar exige su protagonismo principal en este nivel, así como una muy severa revisión de los criterios con que el Estado asegura hoy subsidios al sector privado educativo, con efecto social y económico regresivo.” Aldo Neri enfatizaba que “la mezcla de clases permite recuperar para el bien común impulsos que habitualmente se canalizaban hacia la segregación y el privilegio”, y contrasta “lo que fue la calidad de la escuela estatal multiclasista, durante buena parte de este siglo, en Uruguay y la Argentina, contra su actual decadencia y vaciamiento progresivo de los sectores medios”.   

Rescatar la vigencia de los postulados de la ley 1420 nos llevaría a más laicismo, universalidad y gratuidad de la educación pública, de calidad, al servicio de una sociedad más democrática, próspera, integrada y equitativa. Emprender el camino opuesto sólo augura mayor fractura y exclusión social, y por ende una sociedad más segregada, violenta e insegura.         

¿Cómo conmemoraremos el próximo 8 de Julio el 140º aniversario de la ley 1420? La pregunta, y las posibles respuestas, no son una cuestión insignificante. La interpretación del pasado siempre es un tema relevante en la construcción del futuro.-     

 

Publicado en el diario La Calle el día 31 de Marzo de 2024.-

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FRANCISCO BEIRÓ, EL VICEPRESIDENTE QUE NO FUE


Por José Antonio Artusi

Se cumplen 96 años de la proclamación de la fórmula Hipólito Yrigoyen – Francisco Beiró. El 24 de Marzo de 1928, en el teatro Opera de la Ciudad de Buenos Aires, la Convención Nacional de la Unión Cívica Radical proclamó por aclamación a Hipólito Yrigoyen como candidato a Presidente de la República, acompañado por el entrerriano Francisco Beiró como candidato a Vicepresidente. En las elecciones generales que tuvieron lugar el 1º de Abril de ese año los electores radicales – recordemos que en ese entonces regía el sistema de elección indirecta que sería modificado en la reforma constitucional de 1994 – obtuvieron más del 61% de los sufragios emitidos. Lamentablemente Francisco Beiró murió el 22 de Julio de 1928, con sólo 51 años de edad, por lo que el Colegio Electoral, a instancias de la Convención Nacional de la UCR, designó a Enrique Martínez, en ese momento Gobernador de Córdoba, para reemplazarlo. Yrigoyen y Martínez asumieron el 12 de Octubre de 1928 y fueron depuestos por la funesta asonada del 6 de Septiembre de 1930, que inauguraría un ominoso ciclo de más de 50 años de inestabilidad política, violencia y apartamiento de las reglas constitucionales. No tiene demasiado sentido intentar esbozar una historia contrafáctica, pero no son pocos los que imaginan que el desenlace pudo haber sido bien diferente con Francisco Beiró a cargo de la Vicepresidencia en esos aciagos días de Septiembre, dadas su representatividad y su carácter.     

Francisco Beiró nació en Rosario del Tala el 19 de Septiembre de 1876. Cursó sus estudios secundarios en el Colegio del Uruguay, y posteriormente la carrera de Derecho en la Universidad de Buenos Aires. Junto a Hortensio Quijano es uno de los dos ex alumnos del histórico colegio fundado por Urquiza que fueron electos para ejercer la Vicepresidencia. Sendos retratos suyos pueden apreciarse en el salón de actos Alejo Peyret. Desde muy joven canalizó su voluntad de participación política en el ámbito del radicalismo, y más específicamente en el yrigoyenismo. Actuó tanto en Entre Ríos como en la Capital Federal. Beiró ocupó diversos cargos partidarios, llegando a ejercer la presidencia del Comité Nacional y de la Convención Nacional de la Unión Cívica Radical. En 1916 integró el Colegio Electoral que consagró Presidente a Hipólito Yrigoyen, con quien lo unía una estrecha amistad. En la ciudad de Buenos aires se desempeñó como concejal e intendente interino y sus gestiones fueron significativas para el progreso del barrio de Villa Devoto ya que impulsó el empedrado de calles y la instalación del alumbrado público. Fue electo diputado nacional en 1918 y renunció a su banca para ejercer el cargo de Ministro del Interior por un breve período, en el final de la primera presidencia de Yrigoyen, entre el 23 de Marzo y el 12 de Octubre de 1922.

En 1926 Francisco Beiró fue candidato a gobernador de Entre Ríos por el radicalismo yrigoyenista, acompañado en la fórmula por Gregorio Morán. Se trató de la primera vez en la que el partido radical concurrió dividido a los comicios. El sector afín a Yrigoyen fue derrotado en esa ocasión por la fórmula del radicalismo de Entre Ríos, tal como se denominaba la rama antipersonalista, integrada por Eduardo Laurencena y José María Garayalde.

El historiador Diego Barovero señala, en un artículo publicado en La Prensa el 14 de Diciembre de 2022 que “sin ánimo de introducir aquí especulaciones de carácter ucrónico ni de intentar hacerle decir a la historia lo que no sucedió, la circunstancia de la elección de Beiró como compañero de fórmula por parte de Yrigoyen, un líder de carácter indiscutiblemente personalista, pero también consciente de sus años, además de convencido del carácter regeneracionista del gobierno que pretendía encabezar al ser reelecto, permite inferir que lo que quería era asegurar la continuidad del sentido de su misión. Beiró había dado pruebas categóricas y concretas de su solidaridad política con Yrigoyen. Había sido su ministro político en el tramo final de su primera presidencia asegurando la sucesión de Alvear (que internamente le había resultado compleja en las propia filas por parte de seguidores que creían tener mayores méritos que el elegido), había encabezado la fracción yrigoyenista que enfrentó a los radicales antipersonalistas entrerrianos, a sabiendas de que era un destino de fracaso conocedor como era de su provincia natal; había presidido los órganos de conducción partidaria como el Comité Nacional y la Convención Nacional con probada lealtad. Todo hace pensar que Yrigoyen ya anciano pensó su propia continuidad en la permanencia de Beiró al frente del Ejecutivo ante cualquier contingencia. La diosa Fortuna dio por tierra con cualquier deseo o proyecto en ese sentido…”. Barovero concluye que “Francisco Beiró quedó en la memoria de los ciudadanos como el vicepresidente que no fue, casi 20 años más joven que su compañero de fórmula y jefe político, podría haber heredado su liderazgo si lo hubiera sobrevivido, lo que no ocurrió”.-

 

Publicado en el diario La Calle el 24 de Marzo de 2024.-

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